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16 de julio de 2017

Los cinco sentidos de Brueghel y Rubens

Marga Fdez-Villaverde
Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul RubensLa Vista (detalle, 1617, Museo del Prado, Madrid) 
La serie de Los cinco sentidos del Museo del Prado es una de las colaboraciones artísticas más prodigiosas del Barroco, cinco tablas pintadas a dos manos por Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens en 1617. Aunque la verdad sea dicha, Rubens no se mató mucho. Se limitó a pintar a las cinco protagonistas femeninas y a sus acompañantes. El resto lo hizo todo Brueghel.

Los dos pintores eran buenos amigos e hicieron juntos bastantes obras. Cada uno estaba especializado en una cosa: Rubens era muy bueno haciendo figuras y a Brueghel se le daban estupendamente los animales, los bodegones y los paisajes. Uniendo fuerzas, conseguían crear obras en las que cada uno podía aportar lo mejor de sí mismo. En aquella época, este tipo de colaboraciones era frecuente. Los artistas no tenían problema en compartir la autoría de las obras, incluso aunque su nombre no apareciese luego en los créditos. De hecho, en este caso, el que firma algunas de las tablas, y no todas, es Brueghel. El nombre de Rubens no aparece por ningún lado.

Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul RubensLa infanta Isabel Clara Eugenia (h. 1818-20, Museo del Prado, Madrid)
Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul RubensEl archiduque Alberto de Austria (h. 1818-20, Museo del Prado, Madrid)
Rubens y Brueghel trabajaban como pintores de corte para los archiduques Alberto de Austria e Isabel Clara Eugenia, los gobernantes de los Países Bajos. A los archiduques les interesaba tener en nómina a artistas famosos, así que para tenerlos contentos les permitieron seguir viviendo en Amberes, en vez de trasladarlos a la corte, que estaba en Bruselas. Los dos amigos colaboraron también para pintar sus retratos. Brueghel se encargó del paisaje y Rubens, con ayuda de su taller, de las figuras. Algunos de los elementos de la serie de Los cinco sentidos tienen relación directa con los archiduques, pero no se sabe si la encargaron ellos o alguien cercano a la corte.

Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens, El Olfato (1617, Museo del Prado, Madrid)
En el cuadro de El Olfato, vemos a una mujer desnuda en un idílico jardín lleno de flores, en el que no pueden faltar una fuente de chorrito y una pareja de pavos reales. Las flores eran una de las especialidades de Brueghel, como podréis comprobar ampliando la imagen. La variedad es infinita y todas ellas están pintadas con un mimo extremo. A los pies de la mujer, vemos varios botes de ungüentos y perfumes y una civeta africana, un mamífero cuyo culo huele a flores (de sus glándulas anales se extrae un almizcle muy costoso). En el arte, el animal que simboliza el sentido del olfato, por tenerlo muy desarrollado, es el perro. El pobre can que está detrás de la mujer tiene que estar sufriendo una auténtica tortura con esta sobredosis aromática (la sección de perfumes del Corte Inglés elevada a la enésima potencia).

Detalle curioso: las dos cobayas que están bajo la civeta son clavaditas a las que había pintado Brueghel en el lienzo de El jardín del Edén, que hizo en colaboración con Rubens pocos años antes. Aunque las manchas no coinciden del todo, estoy convencida de que las modelos son las mismas.
Las cobayas de Brueghel: El Oído (izda) y El jardín del Edén (dcha)
Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul RubensEl Oído (1617, Museo del Prado, Madrid)
En El Oído, la protagonista está dentro de una sala palaciega con un mirador que se abre a un paisaje de perspectiva casi infinita. Al fondo de la estancia, a la izquierda, un grupo gente canta y toca instrumentos. La mujer está interpretando la melodía de la partitura que sujeta el putto, al que tiene trabajando de atril. Sobre la mesa, hay una partitura abierta de Pietro Philippi Inglese, organista oficial de los archiduques, con el escudo de armas de la pareja.

Aparte de los instrumentos musicales que, aunque no lo parezca, están amontonados siguiendo un cierto orden (cuerda, viento madera, percusión y viento metal), la mayoría de los objetos de la sala emiten sonidos: los relojes, el pájaro mecánico de la jaula, las aves no mecánicas que pululan por la estancia, las armas de fuego... La armonía debe ser nula y el que la sufre es el ciervo, el animal que simboliza este sentido por tener un oído muy fino. El cuadro de arriba a la derecha es una representación de Orfeo calmando a los animales con su lira.

Detalle curioso: el castillo que está al fondo es el de Mariemont, una de las residencias de los archiduques, que también aparece en el retrato de Isabel Clara Eugenia que vimos más arriba.

El castillo de Mariemont en El Oído (izda) y en el Retrato de Isabel Clara Eugenia (dcha)
Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens, El Tacto (1617, Museo del Prado, Madrid)
En El Tacto, la mujer está abrazando y besando al amorcillo que la acompaña. El beso era una de las formas tradicionales de representar este sentido. El ambiente que les rodea es totalmente surrealista, con una combinación de objetos que no tiene lógica ninguna, sin embargo todos ellos tienen relación con el sentido representado. Aparte de incluir objetos con diferentes cualidades táctiles (flores, uvas, metal, cristal, tejidos, papel...), Brueghel nos recuerda que el tacto puede proporcionarnos placer, a través del beso, la suavidad de la alfombra o el calorcito del brasero, pero también puede provocar dolor, por eso ha llenado el cuadro de armas y armaduras, que aparte de transmitir el tacto frío del metal, representan el dolor físico de la guerra. La tortuga que pulula por el suelo es uno de los animales que se usan para simbolizar este sentido.

Detalle curioso: la flagelación de Cristo, el maltrato salvaje a un pobre burro, el perro que muerde el cuello de un ciervo (justo detrás del beso de los protagonistas), el látigo y la sierra de amputar que están en la mesa... La cosa no está para nada compensada, hay muchos más elementos dolorosos que placenteros. ¿Por qué? Porque en ocasiones, las alegorías de los sentidos tienen un trasfondo moralizante que nos advierte del carácter fugaz y pecaminoso del placer sensorial.

El placer de las figuras está rodeado por símbolos que representan el dolor
Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens, El Gusto (1617, Museo del Prado, Madrid)
En El Gusto, nuestra protagonista se ha vestido para darse un homenaje con un banquete pantagruélico que empacha visualmente a cualquiera. El amorcillo ha sido sustituido por un fauno, que está llenando solícito la copa de la dama (una especie de cubalitro en versión fina). Como la pobre mujer no tiene suficiente con lo que hay en la mesa, los criados están en la cocina preparando más alimentos. Está claro que en esa época lo de la pirámide nutricional no lo tenían muy claro: proteína a mansalva, unas uvas, un poco de melón y un bol lleno de galletas y dulces. El mono que está sentado en el respaldo de la silla es el animal que simboliza el sentido del gusto.

El cuadro de la izquierda, es una obra de Jan Brueghel y Hendrick van Balen titulada Cibeles recibiendo regalos de las cuatro estaciones, y los dos de la pared representan un banquete popular y las Bodas de Caná, con Jesucristo convirtiendo el agua en vino.

Detalle curioso: al fondo podemos ver otro de los castillos de los archiduques, el de Tervuren, que aparece también en el retrato de Alberto de Austria que vimos al principio.

El castillo de Tervuren en El Gusto (izda) y en el Retrato de Alberto de Austria (dcha)
Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens, La Vista (1617, Museo del Prado, Madrid)
En el sentido de La Vista, la protagonista está contemplando embelesada un cuadro que le enseña un amorcillo bien alimentado. Es el más complejo de los cuatro cuadros y el mejor con diferencia, lleno de detalles geniales, como el del mono que observa atento la marina del suelo, con las gafas en la mano. Todos los elementos que hay por ahí desperdigados tienen relación con la vista: cuadros, grabados, esculturas, bustos, tapices, colecciones de monedas, piezas de orfebrería y porcelana, instrumentos de astronomía, telescopio, gafas... Algunos de los cuadros son copias en miniatura de obras de los propios artistas, como La caza del tigre de Rubens o La Virgen y el Niño en una guirnalda, que también pintaron juntos. En la mesa de la izquierda, hay un retrato de los archiduques, en el suelo otro retrato del archiduque a caballo y en la lámpara del techo está el águila bicéfala de los Habsburgo. El águila es el animal que simboliza el sentido de la vista.

Detalle curioso: las pulseras que están sobre la mesa en la que se apoya la mujer son iguales que las que tenían Isabella Brant, la esposa de Rubens, y Catherina van Mariënbergh, la esposa de Brueghel, y que se supone que eran regalos de boda.

Detalle de las pulseras que pueden verse en los tres cuadros
Peter Paul Rubens, Autorretrato con Isabella Brant (h. 1609, Alte Pinakothek, Munich) y La familia de Jan Brueghel el Viejo (h. 1613-15, Courtauld Gallery, Londres)
Más o menos en la misma época en la que estaba pintando estas cinco tablas, Brueghel hizo otros dos cuadros sobre el tema de los sentidos que le encargó el Ayuntamiento de Amberes como regalo para los archiduques. En estas obras no participó Rubens, pero le ayudaron otros artistas locales. Son muy similares a la serie de Los cinco sentidos, aunque aquí aparecen agrupados, por un lado La vista y el olfato, y por otro El Oído, el Tacto y el Gusto. Los originales se quemaron en un incendio que hubo en el palacio de Bruselas, pero el Museo del Prado conserva dos copias de los mismos que se hicieron poco después.

Réplica de Jan Brueghel y otros artistas, El Oído, el Tacto y el Gusto (h. 1620, Museo del Prado, Madrid)
Réplica de Jan Brueghel y otros artistasLa Vista y el Olfato (h. 1620, Museo del Prado, Madrid)
Principales fuentes utilizadas para escribir este artículo:
Anne T. Woollett y Ariane van Suchtelen, Rubens and Brueghel. A Working Friendship
Museo del Prado, fichas de las obras: El Gusto, La Vista, El Tacto, El Olfato, El Oído, Retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia, Retrato del archiduque Alberto de Austria, La Vista y el Olfato, El Gusto, el Oído y el Tacto.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

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