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23 de julio de 2017

Los cinco sentidos de Jan Miense Molenaer

Marga Fdez-Villaverde
Jan Miense MolenaerEl Tacto (1637, Mauritshuis, La Haya)
Después de disfrutar de la delicada serie de Los cinco sentidos de Brueghel y Rubens que vimos la semana pasada, una joya de la pintura flamenca barroca, nos trasladamos a Holanda para ver otra serie sobre el mismo tema pintada por Jan Miense Molenaer, esposo de la pintora Judith Leyster (uno de los pocos casos en la historia del arte en los que ella es más conocida que él).

Como vimos en las tablas de Brueghel y Rubens, las alegorías de los sentidos generalmente tenían como trasfondo una moraleja que nos alertaba sobre los peligros de los placeres mundanos. Mientras que la enseñanza de estos dos pintores flamencos era elegante y sutil, Molenaer nos baja a la tierra de un zapatillazo tan doloroso como el que está recibiendo el protagonista del sentido de El tacto. ¿Qué ha hecho este señor con cara de pillo para que le castiguen con la zapatilla y un buen tirón de pelo? Evidentemente, propasarse con el toqueteo que intentaba administrarle a la mujer bajo la falda, sin el permiso de esta última. En cuestión de segundos, el sentido del tacto pasa del placer al dolor, igual que sucedía en el cuadro de Brueghel y Rubens.

Jan Miense Molenaer, El Gusto (1637, Mauritshuis, La Haya)
El sentido de El Gusto está protagonizado por dos hombres que fuman y beben, sin medida, en una taberna. No necesitamos banquete pantagruélico para captar la idea de que los excesos no son buenos. Se nos encharca el estómago solo con ver el ansia con la que el señor de rojo apura su jarra.

Para representar los sentidos de El Oído y La Vista, Molenaer vuelve a recurrir al alcohol. En el primero, vemos a tres borrachines montando jaleo en un local. Están pintados con tanta naturalidad que casi podemos escuchar las risotadas etílicas del tipo de la camisa verde. En La Vista, un hombre y su esposa observan desolados su jarra vacía a la luz de una vela, mientras un tercer personaje algo guarrete aprovecha el anonimato de las sombras para aliviar el exceso de agua de su organismo contra la pared del fondo.

Jan Miense MolenaerEl Oído (1637, Mauritshuis, La Haya)
Jan Miense MolenaerLa Vista (1637, Mauritshuis, La Haya)
Pero sin duda, el que se lleva el premio gordo es El Olfato, una escena costumbrista bastante escatológica que no necesita explicación. ¿No os parece genial el sentido del humor de los pintores holandeses? Solo ellos eran capaces de bajar a la tierra las enseñanzas morales de una forma tan irónica y directa.

Jan Miense MolenaerEl Olfato (1637, Mauritshuis, La Haya)

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

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