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3 de julio de 2017

La Ofelia de John Everett Millais, Lizzie Siddal y Shakespeare

Marga Fdez-Villaverde
John Everett Millais, Ofelia (detalle, 1851-1852, Tate Britain, Londres) 
El pintor John Everett Millais, la modelo Lizzie Siddal y el Hamlet de Shakespeare son los tres protagonistas de este maravilloso cuadro, uno de los grandes hitos del arte prerrafaelita y de la pintura británica en general. La Ofelia de Millais es la Gioconda de la Tate Britain, la obra que nadie puede perderse cuando visita este museo. De primeras, sorprende por su tamaño. En foto parece más monumental y al natural no lo es tanto, es un lienzo mediano que mide poco más de un metro de largo. Pero cuando la observas con detenimiento y te percatas de lo diminutos que son los detalles y la precisión extrema con la que están pintados, te sorprende por segunda vez. Y vuelve a sorprenderte una vez más cuando te paras a pensar lo mucho que estás disfrutando, estéticamente hablando, con la representación visual de una muerte. Es entonces cuando te da el primer escalofrío. Sin que te hayas dado cuenta, Millais ha conseguido llevarte a su terreno, a esa morbosa mentalidad victoriana que se deleitaba hasta el delirio con los temas góticos y oscuritos.

Dante Gabriel Rossetti, Elizabeth Siddal (1854, Delaware Art Museum)
Pero aparte de sus cualidades pictóricas, la Ofelia de Millais está envuelta en un aura de romanticismo por toda la historia que rodea a la obra y por el trágico destino de la joven que posó para ella, Elizabeth Eleanor Siddal, más conocida como Lizzie Siddal, una chica que trabajaba en una tienda de sombreros y que los prerrafaelitas contrataron como modelo para algunos de sus cuadros. Tratar de encontrar a la verdadera Lizzie Siddal no es tarea fácil. No hay muchos datos biográficos y gran parte de la información que tenemos de ella procede de los miembros del grupo, que la idealizaron en sus cuadros, escritos y poemas, haciéndola pasar a la posteridad como una mujer enfermiza, etérea y delicada, de una belleza casi sobrenatural.

Sin embargo, lo cierto es que Walter Deverell, el pintor que la "descubrió", la contrató precisamente porque era una chica del montón, alta y con buen porte, eso sí, pero no espectacular. Deverell estaba buscando una modelo pelirroja para pintar la figura de Viola en su cuadro The Twelfth Night, otro lienzo inspirado en una obra de Shakespeare. En esta escena, Viola aparece disfrazada de chico, mirando embobada al conde Orsino, del que está secretamente enamorada, mientras el conde piensa a su vez en otra mujer que le ha dado calabazas. Este fue el primer cuadro para el que posó Lizzie Siddal, vestida con una túnica corta que dejaba sus piernas al descubierto, una indecencia para la época. Orsino es el propio Deverell y el que hace de bufón es el pintor Dante Gabriel Rossetti, con quien Lizzie acabaría casándose años más tarde.

Walter Deverell, The Twelfth Night (1849-1850, colección particular)
Walter DeverellThe Twelfth Night (detalle)
Después de posar para Deverell, Lizzie Siddal aceptó trabajar para otros artistas del círculo prerrafaelita, como William Holman Hunt y John Everett Millais. Al fin y al cabo, aunque el oficio de modelo no estaba muy bien visto, era bastante más rentable que arreglar sombreros.

En junio de 1851, Millais y Hunt se trasladaron a Ewell, en el condado de Surrey. Alquilaron una cabaña y estuvieron allí hasta el mes de diciembre pintando los exteriores de sus próximas obras. Los prerrafaelitas pintaban siempre del natural, así que para poder hacer los paisajes de sus cuadros no les quedaba otra que sacar el caballete al campo. Siempre que podían, pintaban las figuras en el exterior, pero a veces era imposible y tenían que hacerlo dentro del estudio. Mientras William Holman Hunt trabajaba en una de sus obras más famosas, The Hireling Shepherd (explicada aquí), Millais estaba de lo más entretenido pintando un pequeño recodo del arroyo de Hogsmill, el escenario de su Ofelia. Tal y como le cuenta en una irónica carta a su amiga Mrs. Combe, la tarea no fue precisamente agradable.

William Holman Hunt, The Hireling Shepherd (1851, Manchester Art Gallery)
"Es el mayor martirio que he tenido que soportar jamás. Las moscas de Surrey son más robustas y más aficionadas a catar la carne humana. Nuestra primera dificultad fue conseguir habitaciones. Las que tenemos ahora están a casi cuatro millas del lugar que está pintando Hunt y a dos del mío, así que llegamos cansados y con una temperatura corporal ligeramente superior a la necesaria para empezar a trabajar con calma. Durante once horas, me tengo que sentar muy digno bajo un paraguas que arroja una sombra poco mayor que una moneda de medio penique, con una taza infantil al alcance de la mano para poder saciar la sed en el arroyo que tengo al lado. Vivo con la amenaza de que me envíen al juez por haber atravesado un campo y arruinar el heno; y también por la llegada de un toro a ese mismo campo, después de que segasen el heno. Corro el riesgo de que el viento me arrastre al agua y empatizar con los sentimientos de Ofelia, cuando la dama se hundió en una "muerte embarrada"; también, aunque menos probable, de desaparecer completamente víctima de la voracidad de las moscas. Hay dos cisnes contribuyen a mi miseria, que se empeñan en observarme desde el punto exacto que quiero pintar y destrozan todas las plantas acuáticas que están a su alcance. Pintar un cuadro en estas circunstancias sería, para un asesino, un castigo peor que la horca."

Millais retratado por Holman Hunt (izda.) y Holman Hunt retratado por Millais (dcha.) (1853, National Portrait Gallery, Londres)
Por mucho que protestase, Millais volvió a Londres con un paisaje espectacular debajo del brazo. Ahora sólo tenía que conseguir a la modelo perfecta para el personaje de Ofelia y esa no era otra que Lizzie Siddal. La chica aceptó posar para él a partir de diciembre, en su estudio de Gower Street, pero justo en esa época falleció uno de sus hermanos y las sesiones no debieron empezar hasta enero. Lo primero que pintó Millais fue la cabeza. En uno de los pocos dibujos preparatorios que hizo, podemos ver a Lizzie con la cabeza apoyada en una almohada o sofá.

John Everett Millais, Boceto para la cabeza de Ofelia (1852, Birmingham Museums and Art Gallery)
Una vez acabado el rostro de Ofelia, Lizzie tuvo que posar sumergida en una bañera de agua tibia, ataviada con un vestido antiguo bordado en plata que Millais había comprado de segunda mano. Para evitar que el agua se enfriase demasiado, el artista colocaba unas lámparas de aceite bajo la bañera. Según parece, uno de esos días Millais estaba trabajando tan concentrado que no se dio cuenta de que las lámparas se habían apagado. Lizzie, que era una modelo muy profesional, no se quejó y aguantó estoicamente hasta que no pudo más. Salió de la bañera aterida de frío y acabó enfermando, probablemente de neumonía. El padre de la chica le reclamó al artista una buena suma para costear la factura del médico y compensar a Lizzie por los días que había tenido que estar de baja.

Dante Gabriel Rossetti, Hamlet y Ofelia (1858, British Museum, Londres)
En el Hamlet de Shakespeare, la muerte de Ofelia no aparece en escena. Se la cuenta la reina Gertrud a Laertes, el hermano de la chica, al final del acto IV. Después de que el príncipe Hamlet la rechace de forma cruel y acto seguido asesine a su padre Polonio, la muchacha pierde la razón y se dedica a vagar por los alrededores del castillo recogiendo flores. Tratando de colgar una guirnalda de la rama de un sauce, cae a un río y fallece ahogada, arrastrada por el peso de sus propias ropas.

"There is a willow grows askant the brook,
That shows his hoar leaves in the glassy stream.
Therewith fantastic garlands did she make
Of crowflowers, nettles, daisies, and long purples
That liberal shepherds give a grosser name,
But our cold maids do dead-men’s-fingers call them.
There on the pendent boughs her crownet weeds
Clambering to hang, an envious sliver broke,
When down her weedy trophies and herself
Fell in the weeping brook. Her clothes spread wide,
And mermaid-like awhile they bore her up;
Which time she chanted snatches of old tunes,
As one incapable of her own distress,
Or like a creature native and indued
Unto that element. But long it could not be
Till that her garments, heavy with their drink,
Pulled the poor wretch from her melodious lay
To muddy death."

(Sobre un arroyo, crece inclinado un sauce que muestra sus hojas plateadas en la corriente cristalina. Con ellas, fabricó fantásticas guirnaldas de ranúnculos, ortigas, margaritas y púrpuras alargadas, a las que los rudos pastores dan un nombre grosero y nuestras castas doncellas llaman dedos de muerto. Allí, trepando para colgar en las ramas sus guirnaldas, una astilla envidiosa se partió y sus trofeos vegetales cayeron, junto con ella, al lloroso arroyo. Sus ropas se extendieron y la mantuvieron a flote un tiempo, como una sirena. Mientras tanto, ella cantaba fragmentos de viejas tonadas, ignorante de su desgracia, o como una criatura nacida y criada en ese elemento. Pero no pasó mucho hasta que sus vestidos, saciados de agua, arrastraron a la pobre desgraciada con sus melodías a una muerte embarrada.)

John Everett MillaisOfelia (1851-1852, Tate Britain, Londres) 
Millais es fiel al texto de Shakespeare, un autor al que los prerrafaelitas reverenciaban. Podemos ver el sauce inclinado por el que trepó Ofelia y a ella flotando en el agua, cantando fragmentos de antiguas tonadas, con el vestido extendido a su alrededor y las flores que ha recogido esparcidas junto a ella. La expresión neutra del rostro y la posición de las manos es demoledora. Es imposible no apiadarse de esta joven que parece entregarse a la muerte sin oponer resistencia.

La vegetación es de un realismo impactante. Los colores son muy vivos, más que los que vemos en el campo, pero Millais no trata de mejorar la naturaleza, la pinta como un científico, con paciencia infinita, hoja a hoja, pétalo a pétalo, rama a rama, las que ya están secas junto a las que acaban de brotar. En esto sigue los preceptos del crítico de arte John Ruskin, que decía que para honrar la naturaleza había que pintarla "sin rechazar nada, sin seleccionar nada y sin desdeñar nada".

John Everett MillaisOfelia (detalle, 1851-1852, Tate Britain, Londres) 
Las flores están pintadas de forma exquisita, repartidas estratégicamente por todo el lienzo para darle pequeñas notas de color. Muchas de ellas aparecen mencionadas en el texto de Shakespeare, como las margaritas, las violetas o las rosas. El resto tienen un significado simbólico: las amapolas representan el sueño y la muerte, y los pensamientos y nomeolvides lo que su propio nombre indica.

Detalle de algunas de las flores de Ofelia
El pequeño petirrojo que está posado en el árbol lo menciona Ofelia en uno de los versos de sus canciones: "For bonny sweet Robin is all my joy". La palabra robin significa petirrojo, pero en lenguaje vulgar podía asociarse también al órgano sexual masculino. En este verso, lo que puede entenderse es que el motivo principal de la locura de Ofelia es el rechazo de Hamlet y que la joven se lamenta de no haber podido disfrutar de unas buenas sesiones de cama con él. Según el relato de la reina Gertrud, entre las flores que recoge Ofelia antes de caer al río hay unas "púrpuras alargadas" a las que los pastores dan un "nombre grosero". La flor en cuestión es la arum maculatum, que en esa época se pensaba que tenía propiedades afrodisíacas y cuya forma no puede ser más fálica. Uno de los nombres que recibía en el siglo XVI era el de wake-robin (erección matutina, hablando en plata). He estado rebuscando en el cuadro de Millais y no las he encontrado, así que dudo mucho que el artista tuviese esta interpretación en mente cuando pintaba la obra. De todos modos, me ha parecido interesante mencionarlo, porque da una visión no tan inocente del personaje de Ofelia que puede rastrearse en otras menciones similares a lo largo del texto.

El petirrojo (robin) del cuadro de Ofelia
Los prerrafaelitas tenían predilección por los temas literarios y medievales, pero muchas de estas historias escondían en realidad problemas de su propio tiempo. En el caso de Ofelia, el destino incierto de aquellas mujeres que eran rechazadas por sus amantes y quedaban marcadas de por vida ante los ojos de la sociedad. Incluso cuando no había relaciones sexuales de por medio, el hecho de ser cortejada y dejarse cortejar por un hombre, complicaba mucho cualquier posibilidad de matrimonio posterior. La mujer pasaba a ser mercancía de segunda mano y muy pocos hombres estaban dispuestos a aceptar esta situación. En las clases trabajadoras, la moral era más laxa (muchas parejas vivían juntas sin pasar por vicaría) y además las mujeres podían trabajar para salir adelante. Pero para las clases medias con pretensiones, esto era un problema de primer orden. Millais ya había tratado este mismo tema en su cuadro Mariana, en el que representó otro de los personajes femeninos de Shakespeare y que ya hemos visto en El cuadro del día.

John Everett Millais, Mariana (1851, Tate Britain, Londres)
A partir de 1852, Lizzie Siddal ya solo posaría para su amante Dante Gabriel Rossetti, que le dio clases de pintura y la animó a dedicarse al arte de forma profesional. Tres años más tarde, el influyente crítico de arte John Ruskin, viendo que la chica tenía potencial, se ofreció a pagarle una cantidad fija de 150 libras al año a cambio de sus obras.

Dante Gabriel Rossetti, Rossetti posando para Elizabeth Siddal (1853, Birmingham Museums and Art Gallery)
Elizabeth Eleanor Siddal, Sir Patrick Spens (1856, Tate Britain, Londres)
Su relación con Rossetti fue una auténtica montaña rusa, llena de altibajos, de rupturas y reencuentros. Tuvo que esperar hasta 1860 para que el artista aceptase legalizar su situación y casarse con ella. En esa época, Lizzie estaba ya muy enferma y era adicta al láudano. Se quedó embarazada pocos meses después, pero semanas antes de dar a luz, la niña que esperaba falleció y tuvieron que provocarle el parto. Fue un golpe muy duro y sufrió una fuerte depresión. El 11 de febrero de 1862, embarazada por segunda vez, Lizzie se pasó con el láudano y murió de sobredosis con tan solo 32 años. Rossetti quedó devastado y metió en el ataúd de su esposa su único manuscrito de poemas (aparte de pintor, era un poeta magnífico). Años más tarde quiso publicarlos y pidió permiso para exhumar el cadáver y poder recuperar los textos, que estaban muy dañados y parcialmente comidos por los gusanos. Como veréis, la historia no puede ser más victoriana.

Another Love, una de las pocas hojas que se conservan del manuscrito de Rossetti (British Library, Londres)
En la obra de Hamlet, Shakespeare es bastante ambiguo en lo que respecta a la muerte de Ofelia. La narración de Gertrud nos hace pensar que todo ha sido un desafortunado incidente, pero más adelante, el enterrador nos da a entender que en realidad ha sido un suicidio. Con la muerte de Lizzie Siddal sucedió más o menos lo mismo, nunca acabó de quedar claro si la sobredosis fue accidental o voluntaria. Una de esas crueles ironías del destino.

Estoy convencida de que después de ver el rostro de Lizzie Siddal en tantas obras, estáis deseando saber cómo era en realidad. En mi opinión, uno de los retratos más realistas que pintó Rossetti de ella, fue el que hizo con motivo de su boda, Regina Cordium. También hay un autorretrato de la propia Lizzie, pero era la primera vez que utilizaba la pintura al óleo y el resultado, aunque franco y directo, podría estar desvirtuado por su falta de práctica. La imagen más fiel seguramente sea la de una fotografía que Rossetti retocó con gouache y que supuestamente le regaló, después de la muerte de su esposa, a la enfermera que la había atendido en el parto. ¿Con cuál os quedáis vosotros?

Dante Gabriel Rossetti, Regina Cordium (1860, Galería de Arte de Johannesburgo)
Fotografía de Elizabeth Siddal retocada por Rossetti (186-1861, Walters Gallery, Baltimore)
Elizabeth Eleanor Siddal, Autorretrato (1853-1854, colección particular)
Principales fuentes utilizadas para escribir este artículo:
Jan Marsh, Pre-Raphaelite Women: Images of Femininity in Pre-Raphaelite Art
Jan Marsh, The Pre-Raphaelite Sisterhood
Tate Britain, Ophelia Learning Resource
Shakespeare, Hamlet, Prince of Denmark
Harry Morris, Ophelia's "Bonny Sweet Robin"
The Rossetti Archive
Todas las traducciones son mías, así que perdón por los posibles errores.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

4 comentarios:

  1. Precioso apunte que, de forma llana, nos introduce en el curioso y fascinante mundo prerafaelita.Me quedo con el retrato de Siddal pintado en 1854 en el cual ella está preciosa y es todo un paradigma de las mujeres prerafaelitas. También me gusta mucho Ofelia y el boceto que yo jamás había visto. La observación de la naturaleza por tu parte me hace ver un pintor más profundo de lo que yo hubiera sido capaz de captar.
    Me llamo Olympia en In fernem Land. Un saludo.

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    1. Me sonaba muchísimo tu nombre y ahora te ubico :-) Gracias Gloria por tu comentario. Hay tantos retratos de ella que cuesta escoger, porque muchos son preciosos. Los prerrafaelitas me fascinan, sus obras cuentan mucho más de lo que parece a simple vista, todo el pensamiento de su época está ahí, prejuicios incluidos. Las protagonistas principales de sus obras son las mujeres, pintadas de forma muy bella, pero estas representaciones muestran una sociedad muy dura para las féminas, con muchísimas barreras. Esa lectura de sus obras me parece fascinante. Es la que hace Jan Marsh en muchos de sus libros.

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