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2 de junio de 2017

La llegada imprevista de Vincent Van Gogh a París

Marga Fdez-Villaverde
Con esta breve nota, escrita rápidamente a lápiz en un trozo de papel arrancado de su libreta de apuntes, Vincent Van Gogh avisaba a su hermano Theo de que acababa de llegar a París, el 28 de febrero de 1886:
Mi querido Theo:
No te enfades porque haya venido tan de repente. He reflexionado mucho y creo que de este modo ganaremos tiempo. Estaré en el Louvre a partir del mediodía, o antes si lo prefieres. Respóndeme, por favor, para saber a qué hora podrás venir al Salón Carrée. Y en cuanto a los gastos, te repito que viene a ser lo mismo. Me queda algo de dinero, no hace falta decirlo, y quiero hablar contigo antes de hacer ningún gasto. Nos las arreglaremos, ya lo verás. Así que ven lo antes posible. Un apretón de manos.
Atentamente,
Vincent
Theo había convencido a su hermano mayor para que fuese a París a estudiar en el taller de Fernand Cormon, una academia de arte privada a la que iban a estudiar artistas jóvenes y modernillos, como Émile Bernard y Toulouse-Lautrec, de los que Vincent se haría buen amigo. En esta foto podéis ver como era el taller Cormon en la época en la que asistió Van Gogh. No le busquéis porque no está, la foto debieron hacerla poco antes de que llegase. Los que sí que están son Toulouse-Lautrec (en la esquina inferior izquierda, sentado en un taburete de espaldas) y Émile Bernard (el tipo flacucho que está a la derecha, de pie en la última fila, al lado de un señor borroso con barba que se parece a Van Gogh, pero que no es él).

Atelier Cormon (1885)
Como era habitual en él, a Vincent le entraron las prisas y llegó a París antes de lo planeado (por eso se disculpa en la carta). Theo estaba buscando un apartamento más grande en el que pudiesen vivir cómodamente los dos juntos, pero la llegada imprevista de su hermano mayor frustró temporalmente sus planes y tuvieron que apretarse en su mini piso de la rue Laval durante un par de meses, hasta que pudieron mudarse en junio a uno mayor en el número 54 de la rue Lepic.

Vincent estuvo viviendo en París hasta principios de 1888, dos años enteros que a Theo se le hicieron muy, pero que muy largos. Aparte de sus repentinos cambios de humor y su afán por discutirlo todo, Vincent era bastante guarrete y desordenado. Theo se quejaba de que sus amigos habían dejado de visitarle por ese motivo. A veces, cuando llegaba a casa cansado, después de estar trabajando todo el día en la galería, se iba a la cama a dormir, pero Vincent, en pleno ataque de verborrea, cogía una silla y se sentaba junto a la cabecera para meterle la chapa. Como compañero de piso, Vincent era bastante intenso.
Es como si hubiese dos personas dentro de él, una encantadora y delicada, y la otra egoísta y despiadada. Van alternando, de modo que primero escuchas hablar a una y luego a la otra, y siempre con argumentos para probar los pros y los contras. Es una pena que sea su propio enemigo, porque hace la vida difícil, no solo para el resto, sino también para sí mismo. (Carta de Theo Van Gogh a su hermana Wil)
Durante su estancia en París, Vincent Van Gogh cambió radicalmente su forma de pintar. Abandonó los temas realistas y los colores terrosos de Los comedores de patatas y empezó a imitar los tonos claros y alegres que estaban de moda en la capital. Una de las obras que pintó, y que está directamente relacionada con su vida en común con Theo, es esta vista de la ciudad de París desde una de las ventanas del apartamento de la Rue Lepic, pintada con pinceladas muy cortitas, al estilo de los puntillistas. Pintó varias obras utilizando esta técnica, pero acabó por abandonarla porque no le permitía expresarse con libertad. Él necesitaba pintar rápido, plasmando en el lienzo los sentimientos que le provocaba lo que tenía delante de los ojos, y la técnica puntillista no admitía prisas.
Vincent Van Gogh, Vista desde el apartamento de Theo en la Rue Lepic
(marzo-abril 1887, Museo Van Gogh, Ámsterdam)
Resulta curioso comparar el cuadro acabado con un dibujo que había hecho poco antes de ese mismo paisaje urbano. Fijaos en el sombreado meticuloso, perfecto, de líneas paralelas horizontales y verticales. Está claro que Vincent solo era desordenado en cuestiones domésticas. En cuanto empezaba a pintar o a dibujar, se le pasaban todos los males.

Vincent Van Gogh, Vista desde el apartamento de la Rue Lepic
(febrero-marzo 1887, Museo Van Gogh, Ámsterdam) 


Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

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