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27 de junio de 2017

Los sufridos maniquíes de los artistas

Marga Fdez-Villaverde
Alan Beeton, Reposing (h. 1929, colección particular)
En torno a 1929, el británico Alan Beeton pintó una curiosa serie de cuadros protagonizados por el maniquí que tenía en su estudio. Estos muñecos articulados llevaban utilizándose desde el Renacimiento y eran una herramienta muy práctica en el taller de cualquier artista. En vez de tener al modelo de turno posando día tras día con el disfraz puesto, el artista podía encasquetarle la ropa a este doble inanimado y pintar tranquilamente, sin estresarse, las telas y las joyas, recreándose a placer en los pliegues y los detalles. Evidentemente, para pintar el rostro y las manos de las figuras hacía falta tener delante un humano, pero el resto del trabajo podían hacerlo los maniquíes. Eran los ayudantes perfectos: estaban quietos y callados, no protestaban por los calambres y el dolor de espalda y encima no cobraban.

En el siglo XIX, los mejores maniquíes venían de Francia. De todos ellos, los del taller de Paul Huot eran la crème de la crème, el colmo del realismo para los estándares de la época. Eran carísimos, pero aun así había lista de espera para conseguir uno. Tenían el esqueleto de hierro y madera, y estaban recubiertos por un acolchado que pretendía simular, hasta cierto punto, los músculos y las mollas propias del ser humano. La cabeza era de papel maché o de cera y se le podía enganchar una peluca. Esta señorita que veis en la foto fue un encargo que le hizo en 1817 un pintor alemán llamado August von der Embde, conocido en su casa a la hora de comer.

Paul Huot, maniquí femenino (h.1816), Museumslandschaft Hessen, Kassel, Sammlung Angewandte Kunst
Lo divertido de esta serie de cuadros de Alan Beeton, otro artista que ha pasado casi al anonimato, es que rompen las reglas de uso de este tipo de objetos. Beeton no oculta al maniquí debajo de una apariencia humana, sino que lo pinta como lo que realmente es, un muñeco que imita las posturas del ser humano. Los títulos de estas obras son un ingenioso juego de palabras, todas ellas derivadas del verbo "posar" (to pose) y que pierden la gracia al traducirse: Posing (Posando), Reposing (Reposando), Composing (Dibujando) y Decomposing (Descomponiendo). En estos cuadros, el compañero de taller de Beeton aparece posando de pie en su soporte de hierro, repantingado en una butaca, dibujando muy concentrado frente a un pupitre y decapitado, cubierto por una sábana. (No he encontrado fotos buenas de todos ellos, así que os tendréis que conformar con estas.)

Alan Beeton, Posing (h. 1929, Fitzwilliam Museum, Cambridge)
Alan Beeton, Reposing (h. 1929, Fitzwilliam Museum, Cambridge) 
Alan Beeton, Composing (h. 1929, colección particular)
Alan Beeton, Decomposing (h. 1929, Tate Gallery, Londres)

Alan Beeton no fue el único que pintó maniquíes sin camuflar. Años antes, Edgar Degas también había incluido uno en el retrato que hizo de su amigo el pintor Henri Michel-Lévy, que ya comenté hace tiempo en el blog El cuadro del día. La muñeca que está utilizando Michel-Lévy para pintar el lienzo que vemos a la izquierda está tirada en el suelo del estudio, en una postura de lo más inquietante que nos hace pensar en un cadáver. En esta obra, Degas está haciendo una reflexión sobre la esencia del arte, sobre los límites entre la realidad y la ilusión. Cuando Michel-Lévy acabe su cuadro, la muñeca inanimada se convertirá en una señora de rosa apoyada en un árbol.

Edgar Degas, Retrato de Henri Michel-Lévy (h, 1878, Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa)
El pintor prerrafaelita John Everett Millais utilizó un maniquí infantil para dos retratos que hizo de sus hijas pequeñas, que como era de esperar no eran las modelos ideales para estarse quietecitas durante largos periodos de tiempo, por mucha pintura que llevasen en las venas. En vez de comprar el muñeco, lo que hizo fue alquilarlo en una tienda. Por suerte para nosotros, todavía se conserva con el nombre genérico de Child nº 98. El rostro es bastante ambiguo, así que bastaba con cambiarle la ropa y la peluca para que funcionase como niño o como niña, a gusto del consumidor. El cuerpecito mullido de Child nº 98 es el que vemos en los dos retratos de Mary y Carrie Millais, Waking (Despertando) y Sleeping (Durmiendo), pero esta vez sin que se note que es un muñeco, como mandan los cánones.

Child nº 98, maniquí infantil usado por Millais para los retratos de sus hijas
John Everett Millais, Waking (1865, Perth Museum and Art Gallery)
John Everett Millais, Sleeping (1866, colección particular)
Los dadaístas y los surrealistas utilizaron mucho los maniquíes en sus obras, ahora ya sin disfrazar, como seres humanos mecanizados. Un buen ejemplo podría ser el famoso Celebes de Max Ernst (explicado aquí), que aunque cueste creerlo es más antiguo que los maniquíes pintados por Alan Beeton, o el lienzo de Héctor  y Andrómaca de Giorgio de Chirico, que deshumaniza una de las historias de amor más románticas de la Ilíada convirtiendo a sus protagonistas en dos muñecos sin rostro.

Max Ernst, Celebes (1921, Tate Modern, Londres)
Giorgio de Chirico, Héctor y Andrómaca (1946, colección particular)

No podemos acabar este artículo sin mencionar, aunque sea de pasada, a la famosa muñeca de Oskar Kokoschka, que mandó fabricar cuando Alma Mahler le mandó a freír espárragos, para tratar de sustituirla. Aunque aparece en algunas de sus obras, la muñeca de Kokoschka no era un maniquí de artista, era una compañera, con todo lo que eso conlleva (pensad mal y acertareis). Ya hablé largo y tendido de esta fémina peluda en este blog, así que quien necesite saciar su curiosidad puede hacerlo en este enlace: Alma Mahler, Kokoschka y la muñeca vestida de azul. La historia no tiene desperdicio.

La doble de Alma Mahler tumbada cual odalisca
Oskar Kokoschka, Mujer de azul (1919, Staatsgalerie, Stuttgart)
Y para acabar, me despido con una de las imágenes del simpático kamasutra fotográfico que hizo Man Ray con sus maniquíes de madera: Mr. and Mrs. Woodman.

Man Ray, Mr. and Mrs. Woodman (1970)

Para saber más sobre este tema, te recomiendo visitar la web de la exposición Silent Partners: Artist & Mannequin, from Function to Fetish (Museo Fitzwilliam, Cambridge, 14 octubre 2014 - 25 enero 2015).

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

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