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18 de enero de 2015

El espárrago de Manet

Marga Fdez-Villaverde
Henri Fantin-Latour, Retrato de Édouard Manet (1867), Art Institute, Chicago. 
Dado que el título de esta entrada puede dar lugar a equívocos, me gustaría aclarar de antemano que no vamos a hablar de "ese" espárrago de Manet, del que no disponemos de información suficiente, sino de su espárrago artístico. A pesar de haber revolucionado el mundo del arte con sus escandalosas pinturas, Manet fue durante toda su vida un dandy de manual, como podemos ver en este magnífico retrato de Fantin-Latour. A los parisinos de esa época, les costaba reconciliar la imagen de este caballero de buena familia con el artista bohemio que pintaba prostitutas sin despeinarse siquiera. Quizás por ese motivo, Fantin-Latour envió este retrato al Salón de París de 1867, para demostrar que el señor Manet, cuyas obras habían sido rechazadas por el jurado, era un hombre de lo más respetable. Y quizás por ese motivo, el hombre respetable había reaccionado al rechazo del Salón pagando de su bolsillo el alquiler de un pabellón para mostrar sus mejores cuadros al público. Pero nada mejor que la famosa anécdota del espárrago para ilustrar la elegancia y el ingenio de este artista genial.

El otro protagonista de la historia es Charles Ephrussi, un importante coleccionista y mecenas que, con muy buen ojo crítico, les compró un montón de obras a los impresionistas cuando aún eran denostados por casi todo el mundo. Charles Ephrussi, que procedía de una familia de empresarios y banqueros de origen ucraniano, era otro dandy al que le salían los billetes por las orejas. Marcel Proust se inspiró en él para crear al duque de Guermantes, uno de los personajes de En busca del tiempo perdido. La historia comienza cuando Ephrussi decide comprarle a Manet este bodegón que veis aquí abajo.

Édouard Manet, Manojo de espárragos (1880), Museo Wallraf-Ritchartz, Colonia
Este delicioso manojo de espárragos estaba inspirado en los bodegones holandeses del Siglo de Oro. Como ya hemos dicho más veces, a Manet le encantaba reinterpretar con su particular estilo pictórico las obras del pasado. El cuadro en cuestión recuerda mucho a los bodegones del pintor barroco Adriaen Coorte, un artista que también fue revolucionario en su momento por sus obras minimalistas y sin pretensiones. En esa época, lo que estaba de moda eran los llamados "bodegones suntuosos" o pronkstilleven, llenos de objetos lujosos y alimentos carísimos que reflejaban el poderío económico del comprador. Las obras de Adriaen Coorte eran todo lo contrario: un fondo oscuro y unas pocas frutas o verduras colocadas sobre una base de piedra e iluminadas fuertemente desde un lateral; bastante más parecidas a los sobrios bodegones españoles de Zurbarán o Sánchez Cotán que a los de sus contemporáneos holandeses. Curiosamente, el tema favorito de Coorte eran los espárragos, de los que pintó varias versiones. ¿Pero conocía Manet las obras de este artista? Es poco probable, ya que fue un pintor prácticamente desconocido hasta los años cincuenta del pasado siglo (como vulgarmente se dice, solo le conocían en su pueblo, la ciudad de Middelburg). La esposa de Manet, Suzanne Leenhoff, era holandesa y Manet visitó varias veces ese país con ella, pero no sabemos con certeza si tuvo la oportunidad de ver alguna obra de Coorte o no.

Adriaen Coorte, Bodegón con espárragos (1697), Rijksmuseum, Amsterdam
El precio que Manet le había puesto al cuadro era de ochocientos francos, pero a Ephrussi le gustó tanto que decidió pagarle mil. Lo de dar la vuelta era un poco cutre para dos señoritingos como ellos, así que Manet se puso manos a la obra y pintó otro bodegón, de menor tamaño, con un único espárrago y se lo envió a Ephrussi con la siguiente nota: "Il en manquait une à votre botte" (le faltaba uno a su manojo). Clase y distinción elevadas al cuadrado.

El bodegón del manojo de espárragos es una maravilla, con ese contraste entre el fondo oscuro, el verde de las hojas y los tonos crema, gris y malva de los espárragos. A pesar de que las pinceladas son rápidas y muy visibles, los espárragos de Manet son tan apetitosos y realistas como los de Coorte, que tenía una técnica mucho más minuciosa. Sin embargo, la composición frontal con los espárragos en el centro es bastante tradicional, cosa que no sucede en el cuadrito del espárrago suelto. Manet lo coloca totalmente descentrado, en la parte inferior del lienzo, sobresaliendo ligeramente de la mesa de mármol y visto desde arriba. El contraste ha desaparecido. El espárrago y el fondo son prácticamente del mismo color, pero Manet se las ha arreglado para conseguir que destaque sobre la mesa utilizando una variedad de matices enorme. Un bodegón sencillísimo, pero lleno de virtuosismo técnico.

Por cierto, ¿os habéis fijado que en el bodegón de Coorte también hay un espárrago suelto?

Édouard Manet, Espárrago (1880), Museo d'Orsay, París

4 de enero de 2015

Unos Reyes Magos prerrafaelitas

Marga Fdez-Villaverde
Edward Burne-Jones y Morris and Co., detalle del tapiz de La adoración de los Magos (1901)
Art Gallery of South Australia, Adelaide. 
Edward Burne-Jones y William Morris se hicieron amigos cuando estudiaban en el Exeter College de Oxford. Los dos eran muy aficionados a la poesía y a todo lo que sonase a medieval, así que no tardaron en presentarse a Dante Gabriel Rossetti, el líder de los pintores prerrafaelitas, que les apadrinó en sus primeros proyectos y se hizo muy amigo de ellos. La ideología socialista de Morris le llevó a fundar en 1861 una compañía llamada Morris and Co. Su objetivo principal era la lucha contra la industrialización, creando de forma artesanal objetos domésticos diseñados por los propios prerrafaelitas: alfombras, tapices, libros ilustrados, vidrieras, telas estampadas... De este modo, el arte podría ser accesible para todos los estratos sociales. En teoría, la idea estaba muy bien pero, en la práctica, la fabricación de estos objetos resultaba muy cara y el precio final no estaba, ni mucho menos, al alcance de cualquiera. Sea como sea, el movimiento Arts and Crafts iniciado por William Morris, revolucionó para siempre el mundo del diseño.

Frederick Hollyer, Edward Burne-Jones (izda.) y William Morris (dcha.) hacia 1890
En 1866, John Prideaux Lightfoot, rector del Exeter College, les encargó a Morris y Burne-Jones un tapiz con el tema de la adoración de los Reyes Magos para la capilla del colegio. Como antiguos alumnos de la institución, aceptaron encantados. Burne-Jones se puso manos a la obra y dibujó el boceto de la composición, con el portal de Belén, los tres Reyes Magos y un ángel sujetando la estrella entre sus manos. Cuando lo dio por concluido, fabricaron el cartón para el tapiz, haciendo ampliaciones fotográficas del boceto original y pintando más detalles sobre ellas.

Edward Burne-Jones, boceto para La adoración de los Magos (1887), colección particular
Edward Burne-Jones, cartón para el tapiz de La adoración de los Magos (1888)
Victoria and Albert Museum, Londres
Como puede verse, Burne-Jones no se esforzó mucho en pintar los fondos, que iban a estar cubiertos por los espectaculares diseños florales de John Henry Dearle, otro de los colaboradores habituales de Morris and Co. Los colores tenían que ser muy intensos para que el tapiz destacase en el interior de la capilla, un edificio neogótico lleno de vidrieras. Los empleados de Morris tardaron cerca de dos años en tejerlo. Lo hicieron en Merton Abbey, un enorme complejo textil situado al sur de Londres que Morris había adquirido para instalar sus talleres. Cuando finalmente fue expuesto en 1890, tuvo tanto éxito que acabaron tejiendo nueve tapices más, todos iguales (solo cambian algunos detalles del borde). Lamentablemente, no he conseguido encontrar ninguna fotografía decente del primer tapiz, que a día de hoy sigue colgado en la capilla del Exeter College, así que nos tendremos que conformar con el que se conserva en la Art Gallery of South Australia (podéis ampliar la imagen para verlo con más detalle). Al final del post, os dejo una lista con la ubicación del resto de tapices.

Edward Burne-Jones y Morris and Co., La adoración de los Magos (1901)
Art Gallery of South Australia, Adelaide
La corona que vemos en el suelo, justo debajo de los pies del ángel, simboliza el reinado de Jesucristo sobre la humanidad y es una copia descarada de la que pintó Jan van Eyck, en el siglo XV, para la figura de la Virgen del Políptico de Gante, también conocido como La adoración del Cordero Místico (un retablo que, por sí solo, justifica una visita a la ciudad belga).

Jan van Eyck, fragmento del Políptico de Gante (1432), Catedral de San Bavón, Gante
Jan van Eyck, detalle de la corona de la Virgen (1432)
Antes de que acabasen de fabricar el primer tapiz, la ciudad de Birmingham le encargó a Burne-Jones una obra de gran formato para el museo municipal. El artista, que había nacido allí, no pudo negarse y acudió a su boceto de La adoración de los Magos para pintar una gigantesca acuarela sobre papel de casi cuatro metros de anchura (más o menos el tamaño que tenían los tapices), que tituló La estrella de Belén. La fotógrafa Barbara Leighton inmortalizó a Burne-Jones subido a una escalera frente a la obra, la acuarela más grande de todo el siglo XIX.

La composición es prácticamente la misma pero, en este caso, Burne-Jones sustituye los floripondios de Dearle por un prado verde y se recrea más en los detalles de las joyas y las vestimentas (el diseño de un tapiz no puede ser excesivamente detallado, porque sería imposible tejerlo). Las figuras son elegantes y estilizadas, como todas las que pintaba el artista, y el cuadro es precioso, pero muy incongruente. San José va tapado hasta el cuello y ha cortado con el hacha unas ramitas para encender una hoguera. Se supone que es invierno y que hace frío, ¿qué pinta entonces en el cuadro un prado verde y florecido, típicamente primaveral? Y lo más importante de todo, ¿qué narices hace el niño desnudo? Si los servicios sociales hubiesen pasado por allí, la historia habría sido muy distinta. La afición de los prerrafaelitas por lo medieval queda patente en la figura de Gaspar, que Burne-Jones ha convertido en un auténtico caballero de la Tabla Redonda. Sin duda, es el Gaspar más sexy de la historia de la pintura.

Edward Burne-Jones, La estrella de Belén (1887-1890), Birmingham Museum and Art Gallery
Barbara Leighton, Burne-Jones pintando La estrella de Belén (1890)
Durante varios años, Burne-Jones se dedicó a matar el tiempo pintando una serie de treinta y ocho acuarelas circulares inspiradas en nombres de flores, que fue pegando en un libro que tituló The Flower Book. Curiosamente, volvió a utilizar la figura del ángel flotante de La adoración de los Magos, con ligeros cambios, para ilustrar la página de una flor comunmente llamada "estrella de Belén" (nombre científico Ornithogalum umbellatum). Tras la muerte del artista, su viuda Georgiana Burne-Jones, decidió publicar una edición de 300 copias del libro y luego vendió el original al Museo Británico. No puede negarse que supieron sacarle partido al boceto inicial...

Edward Burne-Jones, ilustración para la Ornithogalum umbellatum
Libro de las flores (1882-1898), British Museum, Londres
(*) Ubicación actual de algunos de los tapices de La adoración de los Magos: capilla del Exeter College (Oxford), capilla del Eton College (Windsor), Museo Hermitage (San Petersburgo), Universidad Metropolitana de Manchester, Museum für Kunst und Gewerbe (Hamburgo), Art Gallery of South Australia (Adelaide), Castle Museum (Norwich), Iglesia de Saint Andrew (Roker) y Museo d'Orsay (París).

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