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1 de febrero de 2015

Salomé, la stripper de la Biblia (2)

Marga Fdez-Villaverde
El banquete de Herodes, The Tarnmouth Hours (Inglaterra, 1325-1350)
British Library, Londres. 
Nota: esta entrada forma parte de una serie. Si no te quieres perder nada, te recomendamos leer primero Salomé, la stripper de la Biblia (1).

Ahora que ya conocemos la historia de Salomé y sabemos cómo distinguir la figura de San Juan Bautista en cualquier cuadro, podemos empezar a ver algunas de las representaciones artísticas que se han hecho de este tema iconográfico. La primera versión conocida pertenece al Codex Sinopensis, un manuscrito bizantino del siglo VI que se encontró cerca del Mar Negro. Actualmente solo se conservan unas pocas hojas sueltas del evangelio de San Mateo, pero en origen debió ser un libro lujosísimo, fabricado con hojas de pergamino teñidas de púrpura, con el texto escrito en oro e ilustraciones en la parte inferior de la página (por si el dueño era de los que prefería mirar los santos, en vez de leer). Cada una de las miniaturas está flanqueada por una pareja de profetas que certifican que la escena representada es verídica y que el artista no se ha inventado nada (el hecho de que el mismo artista haya pintado también a los profetas no parece importar mucho).

En esta miniatura, podemos ver a Herodes y a sus invitados tumbados alrededor de una mesa con comida. Salomé está frente a ellos, recibiendo la bandeja con la cabeza del Bautista, y la casita de la derecha es la cárcel, donde un par de discípulos acaban de encontrarse con el cadáver decapitado de su maestro (el artista ha tenido el detalle de quitarle el techo para que podamos ver lo que pasa dentro). Un banquete de cumpleaños para cuatro comensales queda un poco pobre, es más bien una celebración en familia, pero el espacio del que dispone un miniaturista es siempre muy limitado y cuantos menos personajes introduzca en él más fácil será interpretar la escena. Estos pocos elementos bastan y sobran para contar la historia.

El banquete de Herodes, Codex Sinopensis (Sinope, siglo VI), Biblioteca Nacional del Francia, París
A lo largo de toda la Edad Media, las representaciones del tema de Salomé seguirán siendo igual de esquemáticas que la del Codex Sinopensis, aunque con ligeras variantes: ahora los protagonistas van vestidos a la moda medieval y comen en una mesa con mantel. En vez de estar bailando, Salomé se dedica a hacer contorsiones y acrobacias, bastante más circenses que sensuales. (Es de suponer que al rey y a sus invitados les gustaban este tipo de exhibiciones gimnásticas.) Herodes y Herodías se distinguen del resto de los comensales porque llevan corona; ella tiene un aspecto más juvenil, mientras que Herodes es hombre mayor, con la barba y el cabello blancos (un viejo verde, vamos).

El banquete de Herodes, The Tarnmouth Hours (Inglaterra, 1325-1350)
British Library, Londres
El banquete de Herodes, Flabellum de Hohenbourg (Francia/Alemania, 1125-1150)
British Library, Londres
Hasta el siglo XVI, los artistas no se limitaban a escoger un momento concreto de la historia, sino que la representaban entera. Si estaban ilustrando un libro y tenían espacio suficiente, colocaban la decapitación en una página distinta, separándola de la escena del banquete. Generalmente, Salomé está esperando de pie junto al verdugo, con la bandeja vacía entre las manos, como podemos ver en esta miniatura inglesa del siglo XIV. En este caso, el pobre San Juan ha tenido la mala suerte de dar con un verdugo poco experimentado que no ha conseguido cortarle la cabeza del primer tajo. A pesar de que se está desangrando, el hombre es tan piadoso que sigue rezando como si tal cosa. (Evidentemente, San Juan Bautista siempre tiene el pelo largo, para que el matarife pueda agarrarle por las melenas.)

La decapitación del Bautista, The Tarnmouth Hours (Inglaterra, 1325-1350)
British Library, Londres
Sin embargo, la mayoría de veces el artista andaba corto de espacio y tenía que recurrir a su ingenio para representar todas las escenas juntas, aunque no hubiesen sucedido al mismo tiempo. Siempre que veamos a un personaje repetido varias veces, significa que tenemos que leer la imagen como si fuese un cómic. En el ejemplo siguiente, el miniaturista ha dividido la composición en dos mitades: arriba el palacio de Herodes y abajo la cárcel. En la primera escena, Herodes le pide a Salomé que baile para él y ella acepta con una sonrisa. La segunda Salomé aprovecha que está haciendo el puente para hablar discretamente con Herodías, que le sugiere que pida como pago la cabeza del Bautista (por eso está señalando con el dedo hacia abajo). En el piso inferior, el verdugo acaba de cortarle la cabeza al profeta, cuyo cuerpo decapitado sigue milagrosamente inclinado hacia delante, sin caer al suelo. La tercera Salomé recoge la cabeza en un cuenco y mira hacia su madre, que extiende las manos para recibir el trofeo. Está claro que aquí la mala es Herodías y que Salomé se limita a cumplir órdenes (que es exactamente lo que dice el texto de Biblia).

El banquete de Herodes y la decapitación del Bautista, Salterio Dorado de Munich (Inglaterra, 1200-1225)
Bayerische Staatsbibliothek, Munich
Esta otra ilustración es una copia de la que acabamos de ver, pero como el miniaturista tenía menos espacio se ha visto obligado a resumirla aún más, eliminando dos comensales y colocando la escena de la decapitación justo delante de la mesa. Los invitados no se inmutan, pero no porque sean unos desaprensivos, sino porque supuestamente estas dos escenas están sucediendo en dos momentos y espacios diferentes.

El banquete de Herodes y la decapitación del Bautista, Salterio Arundel 157 (Inglaterra, h.1240)
British Library, Londres
Otro ejemplo medieval que me gusta mucho es el de las puertas de la basílica de San Zenón de Verona, decoradas en el siglo XI con unos expresivos relieves de bronce. En la parte inferior de la puerta izquierda, hay tres placas que narran la ejecución de San Juan Bautista con gran economía de medios: la decapitación, el banquete de Herodes y la entrega de la cabeza a Herodías. El artista ha logrado crear un hilo narrativo entre ellas utilizando la figura repetida de un criado, que parece ir avanzando de unas a otras llevando la cabeza del profeta entre las manos. La escena de la placa central tiene lugar en el interior del palacio de Herodes, como nos indica esa serie de torrecillas y tejados que vemos arriba. El rey está sentado a la mesa con dos invitados, mirando como Salomé hace la rosquilla. El criado, que viene de la cárcel (representada en la placa anterior), entra por la izquierda y les planta la cabeza sanguinolenta del Bautista en medio de la mesa. Herodes se lleva la mano a la cara horrorizado (no es para menos) y le dice al criado que se marche con viento fresco. Éste sale con la cabeza por la derecha, en dirección a la placa siguiente, donde se la entregará a Herodías. Este gesto de repulsa de Herodes lo veremos en muchas representaciones a partir de ahora (la Biblia deja claro que él no quería ejecutar al profeta, pero que no tuvo más remedio que aceptar para no faltar a su palabra).

El banquete de Herodes, puertas de la basílica de San Zenón (siglo XI), Verona
Y acabamos con la joya de la corona, el famoso capitel de Gilabertus, tallado para el claustro románico de la catedral de Saint-Étienne. Las escenas no están ordenadas, pero ahora que nos sabemos bien la historia nos resultarán más fáciles de leer. En uno de los laterales, Gilabertus ha esculpido la danza de Salomé, una de las imágenes más bellas de todo el arte románico. La joven lleva el cabello suelto y viste una túnica de gasa que marca su anatomía. Los pies cruzados nos indican que está bailando (las acrobacias han pasado a la historia). Herodes, sentado en el trono, le sujeta la barbilla con la mano izquierda para mirarle a los ojos. El cabello, los pliegues y los adornos de la ropa están tallados de una forma tan minuciosa que parece imposible que puedan estar esculpidos en piedra. Es casi la labor de un orfebre.

Gilabertus, La danza de Salomé (1120-1140), Musée des Agustines, Toulouse
En el otro lateral, está representada la decapitación del Bautista. El verdugo acaba de atravesar con su espada el cuello del profeta. El cuerpo del Bautista está colocado en una postura similar a la que veíamos en las dos últimas miniaturas, pero en este caso está representado de forma mucho más naturalista. Mientras que en las ilustraciones parecía un muñeco, aquí se nota que está cayendo (podemos sentir su peso). En la parte superior del capitel, Dios asoma la cabeza entre las nubes y recibe con un abrazo el alma del Bautista, que es esa figurilla desnuda que le sale de la espalda.

Gilabertus, La decapitación del Bautista (1120-1140), Musée des Agustines, Toulouse
El frontal del capitel es algo más confuso, ya que mezcla tres escenas diferentes. A la derecha, el verdugo le está entregando a Salomé la bandeja con la cabeza del Bautista. Acto seguido, la chica (que aparece dos veces superpuesta), se la pasa a su madre Herodías, que está sentada a la mesa con dos invitados. Fijaos en que el comensal de la izquierda está vuelto hacia la esquina, mirando como baila Salomé. En realidad, esta mesa representa dos momentos diferentes del banquete de Herodes: antes de la decapitación (el baile de Salomé) y después de la misma (la entrega de la cabeza a Herodías). La capacidad que tenían los artistas medievales para sintetizar las historias es como para quitarse el sombrero y hacerles una reverencia.

Gilabertus, El banquete de Herodes (1120-1140), Musée des Agustines, Toulouse
Y esto es todo por hoy. Otro día, si no se tuerce nada, veremos como representaban el tema de Salomé los artistas renacentistas y barrocos. ¡Hasta entonces!

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