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21 de septiembre de 2014

El señor y la señora Collier se pintan mutuamente

Marga Fdez-Villaverde
John Maler Collier, Retrato de Marian Collier (1882-1883), National Portrait Gallery, Londres. 
Hace algunos días, mientras estaba rebuscando cuadros para el otro blog (El cuadro del día), me topé con esta curiosa pareja artística. No son muy conocidos y la verdad es que tampoco he podido encontrar mucha información sobre ellos, pero considero que los retratos que pintaron uno del otro bien merecen una entrada, aunque sea corta.

Esta joven tan elegante que veis en la imagen es la pintora Marian Collier (Marian Huxley, de soltera). Era una de las hijas del famoso naturalista británico Thomas Henry Huxley, también conocido como "el bulldog de Darwin", por el ahínco con el que defendía sus teorías evolucionistas. En 1879, Marian contrajo matrimonio con el pintor John Maler Collier, que por aquel entonces ya era un retratista bastante famoso. Los dos habían estudiado en la Slade School of Fine Art de Londres, aunque no a la vez (John le sacaba nueve años a Marian).

Nada más casarse, John y Marian se fueron a vivir al Chelsea Embankment, donde habilitaron un estudio común para poder trabajar. Allí es donde John Collier pintó este bonito retrato de su esposa, que expuso en 1882 en la Grosvenor Gallery. En vez de intentar integrar la figura con el fondo, difuminando un poco los contornos (como si hubiese aire de por medio), el artista ha preferido delinear exageradamente la silueta. Este contraste tan marcado entre una figura con volumen y un fondo prácticamente plano, hace que casi parezca una imagen 3D. La flor roja la añadió a posteriori (no estaba cuando expuso la obra) y aunque permite resaltar el rubor de las mejillas de la modelo y le da más vida al cuadro, también le quita ese aire sobrio y elegante que tenía el vestido negro (probad a taparlas con la mano y me decís; a mí me gusta más sin ellas, pero es una opinión totalmente personal).

Marian Collier, Retrato de John Collier (1882-1883), National Portrait Gallery, Londres
Lo curioso es que Marian también estaba retratando a su marido mientras pintaba esta obra en su estudio (me los imagino turnándose para posar). Seguro que os habéis dado cuenta de que el cuadro que vemos en el caballete no es exactamente igual que el que había pintado John. Estos cambios no son un capricho de la artista, tienen su explicación. En primer lugar, el retrato pintado en el cuadro está invertido respecto al original. Al invertir la imagen, Marian Collier consigue que los dos personajes queden frente a frente (hubiese quedado muy feo que se pintase dándole la espalda a su marido). En segundo lugar, le ha añadido un cuello de encaje blanco al vestido. Esto le permite darle mayor visibilidad al cuerpo. A esa distancia, el vestido negro quedaría como un manchurrón oscuro y el cuadro apenas destacaría sobre el fondo lleno de trastos del estudio. La figura de John está bastante lograda, aunque es un pelín rígida (según cómo la mires, parece un maniquí). Me encanta que le haya retratado con uno de los pinceles entre los dientes, queda muy natural, pero lo que no le perdono es que no le haya pintado ni una sola mancha en el traje o en las manos. Por muy pulcro que fuese trabajando, es imposible que no se manchase ni siquiera un poco. Al igual que su marido, Marian expuso este retrato en la Grosvenor Gallery, pero un año más tarde, en 1883, con el título An Artist at Work (Un artista trabajando). La obra gustó bastante, pero le criticaron que el fondo estuviese tan abarrotado (totalmente de acuerdo).

En 1884, nació su primera y única hija, Joyce Collier, que con el tiempo se convertiría en miniaturista, haciendo honor a sus genes. Marian sufrió una fuerte depresión postparto y tres años después le diagnosticaron una "histeria nerviosa". El médico les recomendó que fuesen a París, donde podrían encontrar mejor tratamiento. Pero la salud de Marian no era buena y falleció de neumonía al poco de llegar a Francia, con solo veintisiete años.

¿Y qué hizo el desconsolado viudo? Dejar pasar dos años de duelo y casarse con la hermana menor de Marian, Ethel Huxley (no he podido encontrar ningún retrato suyo). Los Huxley eran buena gente y se llevaba estupendamente con ellos, ¿para qué arriesgarse a cambiar de familia política?

(Por cierto, John Collier es el señor que pintó el cuadro de Lady Godiva que vimos hace poco en el otro blog.)

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

2 comentarios:

  1. está en el momento justo de pillarle el gesto, eso que hacen los pintores como que se quedan abstraidos, sin saber donde están, antes de empezar a pintar (quizás por eso no está manchado),

    es como una foto instantanea.

    Un saludo

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    Respuestas
    1. Pues sí, puede que aún no haya empezado, pero sigue sin parecerme un atuendo adecuado para enguarrarse. Imagínate cómo le quedarán los puños de la camisa cuando se acerque a la pintura húmeda para hacer un retoque...

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