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15 de agosto de 2014

Léon Köella, el hijo secreto de Manet

Marga Fdez-Villaverde
Édouard Manet, Almuerzo en el estudio (1868), Neue Pinakothek, Munich
Édouard Manet, Almuerzo en el estudio (detalle, 1868), Neue Pinakothek, Munich. 
Este chaval de la foto es Léon Köella, el supuesto hijo de Édouard Manet. Y escribo "supuesto" porque a día de hoy sigue sin poderse demostrar el parentesco entre ambos. Lo que sí es seguro es que el chico posó para muchas de la obras del artista y acabó heredando su fortuna. Pero mejor empecemos por el principio...

La historia comienza en 1849, cuando los padres de Manet contratan a una pianista holandesa de veinte años para dar clase a sus dos hijos mayores, Édouard y Eugène. La joven se llamaba Suzanne Leenhoff y era una mocetona rubicunda, de ojos claros y carácter apacible. Las generosas curvas de la profesora de piano fueron demasiada tentación para un adolescente de diecisiete primaveras con las hormonas alteradas. Antes de que pasase un año, Édouard y Suzanne ya estaban secretamente liados y, a mediados de 1851, ella le anunció que estaba embarazada. El joven Édouard estaba enamorado hasta las cachas de su holandesa, pero era consciente de que no podía casarse con ella. La familia de Manet pertenecía a la alta burguesía y el padre, un reputado juez parisino, jamás habría consentido que su primogénito contrajese matrimonio con una chica de una clase social más baja y para colmo de males, preñada. Angustiado, fue a pedirle ayuda a su madre, que ideó un plan perfecto para que nadie se enterase del desliz, ni siquiera su marido.

Édouard Manet, Retrato de los padres del artista, Auguste y Eugénie Manet (1860), Museo d'Orsay, París
Édouard Manet, Retrato de los padres del artista, Auguste y Eugénie Manet (1860), Museo d'Orsay, París
Édouard Manet, La ninfa sorprendida (retrato de Suzanne Leenhoff, 1861), Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires
Édouard Manet, La ninfa sorprendida (retrato de Suzanne Leenhoff, 1861), Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires
Avisaron a la madre de Suzanne, que abandonó Holanda para instalarse en París junto a su hija. Cuando nació el niño, el 28 de enero de 1852, le inscribieron en el registro como "Léon-Édouard Köella, hijo de Köella y de Suzanne Leenhoff". Evidentemente, el tal Köella no existía (hay quien dice que era el apellido de soltera de la madre de Suzanne), pero el segundo nombre de la criatura coincidía sospechosamente con el de su supuesto padre. A partir de ese momento, Léon fue presentado en sociedad como el hermano pequeño de Suzanne. Por su parte, Manet seguía viviendo con sus progenitores pero, en cuanto tenía un minuto libre, corría a reunirse con su nueva familia. Un poco lioso, ¿verdad? Pues esto no es nada, porque en 1855, cuando por fin se decidieron a bautizar al niño, Manet se convirtió oficialmente en el padrino de Léon y Suzanne, en su madrina. Así que ahí tenemos a esta pobre criatura, que creció feliz y contento, llamando "mamá" a su abuela, "madrina" o "hermana" a su madre, y "padrino" o "cuñado" a su padre.

Uno de los primeros retratos que hizo Manet de Léon Köella fue Niño con espada. Es un tributo a la obra de Velázquez, uno de los pintores preferidos de Manet. El crío debía tener por entonces nueve años y Manet le pinta como si fuese un paje español del siglo XVII, cargando con la enorme espada de su señor. El cuello blanco y la cabeza rubia del niño destacan poderosamente sobre el fondo ocre y oscuro, típico de la pintura velazqueña. Léon nos mira fijamente, muy serio y con ese rostro impenetrable con el que Manet le retrataría siempre. En ninguno de sus cuadros le veremos sonreír, ni podremos saber qué está pensando.

Édouard Manet, Niño con espada (1861), Metropolitan Museum, Nueva York
Édouard Manet, Niño con espada (1861), Metropolitan Museum, Nueva York
Manet estuvo llevando esta doble vida durante diez largos años, hasta la muerte de su padre en 1862. Una vez liberado de las trabas sociales y con dinero fresco en el bolsillo, pudo casarse al fin con Suzanne, el 28 de octubre de 1863. Y para celebrarlo, pintó el cuadro más horroroso de toda su carrera: La pesca. Está inspirado en una serie de paisajes que pintó Rubens al poco tiempo de casarse con su segunda esposa, Helena Fourment, en su recién adquirido palacete de Heet Steen. En la esquina inferior derecha, Manet se autorretrata junto a Suzanne, los dos vestidos con ropas del siglo XVII, como si fuesen Rubens y su señora. Con un dedo señala a un niño que está pescando en la otra orilla y que no es otro que Léon. La obra está llena de símbolos propios de novela rosa, como el perro (fidelidad), la iglesia (matrimonio), el arcoiris (compromiso) o el paisaje (la nueva vida que se abre ante ellos). Lo más probable es que el título sea un juego de palabras: en francés, pêcher (pesca) y pécher (pecar) se pronuncian casi igual. Es como si el artista hubiese querido purgar sus faltas con esta obra. Los pecadillos pueden perdonarse, pero que pintase esta cosa tan fea, no.

Édouard Manet, La pesca (1862-1863), Metropolitan Museum, Nueva York
Édouard Manet, La pesca (1862-1863), Metropolitan Museum, Nueva York
Lo raro de todo este asunto es que a pesar de casarse con Suzanne, Manet nunca reconoció a Léon como hijo suyo. Para el chico, Manet seguía siendo su padrino y Suzanne, su hermana. Puede que ella no quisiera admitir públicamente ese desliz de juventud, ahora que era una respetada señora burguesa, o quizás no se atrevían a contarle la verdad a Léon para no provocarle una crisis de identidad. Las malas lenguas se inclinan, sin embargo, por una explicación bastante más sórdida: el padre del niño no era en realidad Manet, sino su padre Auguste, el "respetable" juez, que habría tenido un affaire con la profesora de sus hijos. La teoría no se sostiene, más que nada porque parece poco probable que una chica tan sencilla y pacífica como Suzanne pudiese estar compartiendo cama con padre e hijo.

El caso es que el chico siguió viviendo en la ignorancia más absoluta hasta los veinte años, cuando fue a inscribirse para hacer el servicio militar y descubrió horrorizado que su verdadera madre era Suzanne y que su apellido era Köella, en vez de Leenhoff (que era el que siempre había utilizado). Según admitió más adelante, nunca jamás le dijeron quién era su padre, pero tampoco sufría por ello. Suzanne y su "padrino" se desvivían para que disfrutase de una vida cómoda y sin preocupaciones.

Sea como sea, Léon seguía apareciendo periódicamente en los cuadros de Manet, como en Chico haciendo pompas de jabón, una alegoría sobre la fugacidad de la vida que explicamos en un post anterior, o en Joven pelando una pera. Cuando posó para estas dos obras, tenía quince y dieciséis años respectivamente.

Édouard Manet, Chico haciendo pompas de jabón (1867), Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa
Édouard Manet, Chico haciendo pompas de jabón (1867), Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa
Édouard Manet, Joven pelando una pera (1868), Museo Nacional de Estocolmo
Édouard Manet, Joven pelando una pera (1868), Museo Nacional de Estocolmo
El mejor retrato que hizo Manet de Léon Köella, El almuerzo en el estudio, es a la vez una de sus obras más enigmáticas. Nadie sabe bien qué significa y muchos han tratado de buscar en ella claves ocultas que certifiquen la paternidad de Manet (como si fuese una vulgar prueba de ADN). Las figuras de la criada y del hombre con la pipa que aparecen detrás de Léon no se han podido identificar. Algunos piensan que son una representación simbólica de Suzanne y el propio Manet, puesto que en la cafetera de plata que lleva ella se ve una "M" grabada. Yo lo veo un poco cogido por los pelos, la verdad, si bien es cierto que como escena no tiene mucho sentido.

Édouard Manet, El almuerzo en el estudio (1868), Neue Pinakothek, Munich
Édouard Manet, El almuerzo en el estudio (1868), Neue Pinakothek, Munich
¿Qué hacen un yelmo y una espada encima de un sillón? ¿Y ese gato negro, lamiéndose sus partes? ¿Qué paladar exquisito es capaz de tomar café al mismo tiempo que unas ostras? ¿Por qué Léon está sentado sobre la mesa, en vez de estar detrás, preparado para comer? Si prescindiésemos de las figuras, estaríamos ante un típico bodegón del siglo XVII o XVIII, como los de Willem Claeszon Heda (Bodegón con ostras, copa, limón y taza de plata, 1634) o los de Jean-Simeon Chardin (La raya, 1728): el mantel, el cuchillo, las ostras, el limón a medio pelar, el gato, los distintos tipos de copas, vasos y jarras, que permitían al artista lucirse pintando texturas variadas (vidrio, metales, porcelana), e incluso las armas, que también aparecen en muchos bodegones de este tipo. Lo que nos sobra, por tanto, son las figuras. Pero quizás solo están ahí para darle el toque de modernidad a este tema clásico de la pintura, algo que a Manet le encantaba hacer, intentar trasladar una composición pictórica del pasado a la época en la que vivía (como había hecho con Olympia, por ejemplo). Tratar de darle a esta obra un significado oculto, más allá de esto, creo que es buscarle tres pies al gato.

El único documento que nos puede confirmar la paternidad de Manet es su testamento, que escribió de su puño y letra a los cincuenta años, siete meses antes de morir de sífilis. En él, deja claras sus últimas voluntades:
"J’institue Suzanne Leenhoff, ma femme légitime, ma légataire universelle. Elle laissera par testament tout ce que je lui ai laissé à Léon Koëlla, dit Leenhoff, qui m’a donné les soins les plus dévoués ; et je crois que mes frères trouveront ces dispositions toutes naturelles." (Nombro a Suzanne Leenhoff, mi legítima esposa, como mi única heredera. Ella deberá dejar en su testamento todo lo que yo le he dado a Léon Köella, también llamado Leenhoff, que me ha cuidado siempre con el mayor afecto; creo que mis hermanos encontrarán estas disposiciones totalmente naturales.)
 ¿Qué más pruebas hacen falta?

Édouard Manet, Interior en Arcachon. Suzanne y Léon Leenhoff (1871), Clark Art Institute, Williamstown

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

6 comentarios:

  1. Como siempre un post interesante y excelentemente documentado.
    Una abraçada

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  2. Muchas gracias Josep :-) En este tipo de historietas de artistas, aparte de la documentación tradicional (papeles, cartas, documentos...), también se pueden utilizar los cuadros para sacar información interesante (sin pasarse, claro). Espero que ya estés recuperado o casi.

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  3. luego de esta anotación esto ya es irrefutable, que, que, que , no se que es lo que quiere decir, pero que me pasa con el teclado lo mismo que a Manet con las rubicundas, que le doy "intro" sin pensar antes ....
    Un saludo

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    Respuestas
    1. Perdona por no haberte contestado antes... No veas lo que me reí con el "intro" cuando vi el comentario (lo que pasa es que lo vi en la cama, antes de levantarme, y dije, "luego contesto"... y hasta hoy).

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  4. Sí que es feo el cuadro La Pesca sí... y pensar que se parece muchísimo a los cuadros de caza que andan por las casas de las abuelas!

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