10 de agosto de 2014

Las ranas y los sapos de la Grenouillère

Cartel publicitario de la Grenouillère, con los horarios del tren de París (1880)

En el verano de 1869, Claude Monet y Pierre-Auguste Renoir estuvieron pintando juntos en la Grenouillère, una de las guinguettes más conocidas del momento. Las guinguettes eran establecimientos al aire libre, normalmente situados a orillas del Sena, en los suburbios de París, donde la gente iba los fines de semana a bailar, comer y emborracharse por muy poco dinero (al estar fuera de la capital, los propietarios se ahorraban un buen pico en impuestos). Gracias a la red de ferrocarriles, los parisinos podían ir a pasar el día a estos lugares, que se pusieron muy de moda en la segunda mitad del siglo XIX.

La ubicación de la Grenouillère era privilegiada. Estaba en Croissy-sur-Seine, una isla situada en medio del Sena, al noroeste de París. Antes de que se abriese el establecimiento, la isla ya se había convertido en un lugar habitual de baño y ocio. Los de por allí la llamaban la "Madagascar del Sena" por su espesa vegetación y por el carácter algo salvaje de sus visitantes, que tenían la sana costumbre de bañarse en cueros. El ambiente debía ser tan erótico-festivo que en 1852, las autoridades emitieron un edicto que obligaba a utilizar traje de baño (algo que nunca se respetó del todo).

Ese fue precisamente el año en que François Severin inauguró la Grenouillère, el único bar de la isla. Además de esa licencia, Severin, que era un tipo avispado, había conseguido una concesión para transportar a los viajeros desde las estaciones de tren de ambas orillas del Sena (Chatou-Croissy y Ruel-Malmaison) hasta la isla, con parada obligatoria en su establecimiento. Cuando unos años más tarde se construyeron dos puentes para facilitar el acceso a la isla, a Severín ya le salían los clientes por las orejas. Las instalaciones de la Grenouillère consistían en un enorme salón de baile-restaurante, construido sobre un malecón flotante, una hilera de casetas para los bañistas y un puesto de alquiler de botes (el remo era el deporte de moda). Todos los jueves por la noche, había baile.

Paul Destez y Adolphe Gusman, El baile del jueves por la noche en la Grenouillère (1885)

En aquella época, las zonas de baño de hombres y mujeres estaban siempre convenientemente separadas, para evitar miradas indiscretas y roces disimulados. La Grenouillère era el único establecimiento de los alrededores de París en que estaban permitidos los baños mixtos, un importante incentivo a la hora de atraer público, aunque solo fuese para ver chicas en traje de baño. La traducción literal de grenouillère sería "estanque de ranas". Sin embargo, en el argot francés, la palabra grenouille (rana) también se utilizaba para designar a las chicas del demi-monde parisino: mujeres atractivas, sin ataduras, dispuestas a pasárselo en grande, que cambiaban de amante como de chaqueta y que se tomaban a pitorreo las habladurías de la gente. La Grenouillère estaba llena de "ranas" y "sapos" que se bañaban juntos y revueltos en las aguas del Sena, bebían como cosacos y bailaban hasta caer exhaustos. Pero también estaba plagada de aristócratas, burgueses, obreros, escritores, artistas, costureras... A la Grenouillère podía ir cualquiera. De hecho, en agosto de 1869 recibieron la visita del emperador Napoleón III y su esposa Eugenia de Montijo, que también se sintieron atraídos por la fama del local.

Anthony Morlon, Ah! La belle tête (plataforma junto al lateral del café flotante)
Edouard Riou, La Grenouillère (el café flotante a la izquierda y la zona de casetas de baño a la derecha)

Ahora que ya sabemos cómo era la Grenouillère, volvamos a nuestros amigos los impresionistas, que inmortalizaron el lugar en 1869. Por aquel entonces, los padres de Renoir vivían relativamente cerca de allí (a una hora caminando por la orilla del Sena). Su hijo iba a visitarles a menudo, para desconectar de París y para alimentarse decentemente, puesto que la urbe vivía casi en la miseria. Por su parte Monet, que era todavía más pobre que Renoir, había tenido que mudarse con su compañera Camille y su hijo a Bougival, donde los alquileres eran bastante más baratos. Muchos días, después de comer, Renoir se acercaba andando hasta su casa para llevarles la comida que había sobrado de la mesa de sus padres.

Pierre-Auguste Renoir, Bañistas en el Sena o La Grenouillère (1868), Museo Pushkin, Moscú

Renoir ya había pintado la Grenouillère el año anterior, en un cuadro que actualmente se exhibe en el Museo Pushkin de Moscú. Así que podemos suponer que fue él quien arrastró a Monet hasta la isla de Croissy. La Grenouillère el tema perfecto para los impresionistas, una combinación alegre y despreocupada de naturaleza y vida moderna. Renoir y Monet plantaron sus caballetes en la orilla del Sena, uno junto al otro, y pintaron exactamente la misma escena.

Esa especie de islote con árbol que vemos en el centro de los dos cuadros era uno de los elementos más característicos de la Grenouillère (si os fijáis, aparece en casi todos los grabados y caricaturas que se conservan). Estaba unido a la orilla del río y al café flotante mediante pasarelas y casi todos lo llamaban el Camembert, por su forma circular, aunque los más finos preferían decir Pot à fleurs (maceta de flores). Justo a la derecha, está el puesto de alquiler de botes, de cuya barandilla cuelga una chaqueta blanca. Sabemos que los dos cuadros se pintaron a la vez porque la luz es similar, con la zona de las barcas y el Camembert a la sombra y el fondo iluminado por un sol intenso (se ve mejor en la versión de Monet). Comparando ambos lienzos, podemos apreciar las diferencias de estilo entre uno y otro artista. Mientras que Renoir le da más preminencia a las figuras humanas, Manet parece centrarse más en el paisaje, con esos espectaculares reflejos en el agua.

Claude Monet, La Grenouillère (1869), Metropolitan Museum, Nueva York
Pierre-Auguste Renoir, La Grenouillère (1869), Museo Nacional de Estocolmo

Una vez que acabaron estos dos cuadros, movieron un poco los caballetes y pintaron otra vista, continuación de la anterior (en la versión de Renoir, se sigue viendo el Camembert). La pasarela que aparecía en el primer cuadro a la izquierda, forma aquí el eje horizontal de ambas composiciones, con una serie de barcas en primer término y los bañistas nadando al fondo. Al igual que ocurría antes, el lienzo de Renoir está mucho más lleno de gente y sus figuras no están tan abocetadas.

Claude Monet, La Grenouillère (1869), National Gallery, Londres
Pierre-Auguste Renoir, La Grenouillère (1869), Colección Oskar Reinhart, Winterthur

Lo importante de estas cuatro obras, que hoy nos parecen el sumun del impresionismo, es que son muy tempranas. De hecho, se pintaron cuando el impresionismo aún no existía. La primera exposición del grupo, que es la que marca el inicio de este nuevo estilo, se celebraría en París en 1874, cinco años más tarde. Cuando Monet y Renoir hicieron estos cuadros, los impresionistas aún no habían empezado a pintar así. Aunque le daban mucha importancia a la pintura al aire libre, sus composiciones eran todavía bastante elaboradas, sin la espontaneidad e inmediatez que vemos aquí. Para Monet, estos dos cuadros no eran más que un par de estudios que le servirían como base para crear una obra más trabajada y definida. En una carta que le escribe a su amigo Bazille, el 25 de septiembre de ese año, dice:
J'ai bien un rêve, un tableau, les bains de la Grenouillère pour lequel j'ai fait quelques mauvaises pochades, mais c'est un rêve. Renoir, qui vient de passer deux mois ici, veut faire aussi cet tableau. (Tengo un sueño, una pintura, los baños de la Grenouillère, para los que hice unos malos bocetos, pero es un sueño. Renoir, que ha pasado dos meses aquí, también quiere pintar este cuadro.)
Se cree que el cuadro al que se refiere Monet es un lienzo que estaba en la colección Arnhold de Berlín, pero que hoy está desaparecido (probablemente fue destruido). En la fotografía que se conserva, podemos ver que la obra final incluía parte de los dos bocetos que pintó in situ, a los que luego añadió unos vistosos veleros.

Claude Monet, La Grenouillere (1869), colección Arnhold, actualmente desaparecido.

Aunque Monet consideraba que estos bocetos eran una birria (no sabemos lo que opinaba Renoir de los suyos), hoy en día son dos obras clave del impresionismo. Y es que el artista, en ese momento, no podía sospechar que su estilo acabaría derivando en obras como estas, pintadas en el momento, rápidamente, sin una composición previa. Para él solo eran estudios, pero para nosotros constituyen un preludio de los cuadros que vendrían luego.

Para acabar, os dejo con algunas imágenes más de la Grenouillère y sus gentes. Si alguno va a París, que no se moleste en buscar el sitio. En 1889, las instalaciones fueron destruidas por un incendio. Intentaron reconstruirlo al año siguiente, utilizando los restos del pabellón sueco de la Exposición universal, pero ya no tuvo el mismo éxito y desapareció definitivamente a finales de los años veinte.

Miranda, La Grenouillère (con el Camembert, el café flotante y el puesto de alquiler de botes)
Ferdinand Lunel, La Grenouillère (interior del café flotante)
Crafty yVictor Geruzez, Paris dans l'eau. La Grenouillère (1868)
Le monde illustré, noticia del incendio de la Grenouillère (2 noviembre 1889)

Fotografía del Camembert (posterior al incendio)

4 comentarios:

  1. Fascinante tu lección de hoy. Muchas gracias de nuevo. La verdad es que no conocía con detalle la historia de estas obras. Esta pagina es un soplo de aire fresco.

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    1. Muchas gracias a ti por comentar y leer y dar ánimos. La verdad es que me encanta rebuscar y encontrar historietas que hagan a los artistas más humanos y menos divos. Explicar cómo era la vida entonces ayuda a entender sus obras y nos permite darnos cuenta de lo rompedoras que eran en ese tiempo.

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  2. Me parece muy interesante este artículo y muy bien documentado

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  3. Enhorabuena por un post tan completo, tan documentado desde el punto de vista tanto gráfico como textual y tan bien escrito, con su pizca de humor. Mi hijo está estudiando Renoir y su obra y este post le ha servido para entender perfectamente cómo trabajaban los impresionistas. Muchas gracias, de verdad. Chapeau!

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