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3 de agosto de 2014

Haciendo pompas de jabón

Marga Fdez-Villaverde
Édouard Manet, Chico haciendo pompas de jabón (1867), Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa. 
A Édouard Manet se le daba muy bien hacer reinterpretaciones modernas de sus obras de arte favoritas. En este lienzo, que se inspira en un cuadro del siglo XVIII de Jean-Siméon Chardin, retrata a su supuesto hijo Léon-Édouard Koëlla haciendo pompas de jabón. (La historia de Léon la he dejado para esta otra entrada, porque como culebrón no tiene desperdicio y es demasiado embrollada para poder despacharla en un par de líneas.) Quitando el murete de abajo, que también aparece en la obra de Chardin, el fondo neutro del cuadro nos recuerda a los que utilizaba Velázquez, uno de los pintores fetiche de Manet, y el niño, a los chavalines que pintaba Murillo.

Cuando Manet pintó la obra, Léon Köella tenía unos quince años y quizás estaba un poco mayorcito para jugar a las pompitas. Sin embargo, el artista no pretendía pintar un cuadro naturalista, sino una alegoría sobre la fugacidad de la vida, que en la iconografía artística se representa a veces mediante las pompas de jabón. Los primeros en incluirlas en los cuadros fueron los pintores flamencos y holandeses del siglo XVII, como podemos ver en este impresionante autorretrato-bodegón de David Bailly.

David Bailly, Autorretrato con símbolos de vanitas (1651), Stedelijk Museum De Lakenhal, Leiden
El artista se autorretrata a la izquierda, junto a una mesa repleta de trastos varios. Lo curioso es que cuando pintó la obra, Bailly tenía sesenta y siete años. Como podréis suponer, ni se conservaba tan bien, ni había hecho un pacto con el diablo. Su verdadera efigie de ese momento es la del cuadrito que sujeta bajo su mano izquierda. Este doble retrato es una forma muy elegante de aludir al paso del tiempo y a la juventud perdida.

Encima de la mesa, Bailly pinta lo que se llama una vanitas, es decir, un bodegón formado por elementos que nos recuerdan en todo momento que somos mortales: la calavera y la vela apagada (símbolos tradicionales de la muerte), los libros, la flauta, las esculturas y las herramientas del pintor (porque el arte, la música y la cultura ya no importarán nada cuando estemos criando malvas), el collar de perlas y las flores (símbolos de la belleza que se marchita con los años), las monedas (porque de nada nos vale ser los más ricos del cementerio), la pipa y la vasija de vino tumbada (los placeres pasajeros de la vida), el reloj de arena (el paso del tiempo)... Y por encima de todos estos objetos, flotando en el aire, las frágiles pompas de jabón.

Frans van Mieris el Viejo, Niño haciendo pompas de jabón (1663), Mauritshuis, La Haya
Sin embargo, no hacía falta utilizar tanta cosa para representar la fugacidad de la vida. Con un niño asomado a la ventana haciendo pompas, era más que suficiente (hay qué ver el amor que tenían los pintores holandeses a las ventanas). En este cuadro de Frans van Mieris, vemos a un niño soplando con la pajita dentro de una concha llena de agua con jabón, mientras su madre nos mira desde la retaguardia con el brazo apoyado sobre su voluminosa panza. Las flores que tienen en el alféizar ya hemos visto lo que significan y el sombrero con la pluma puede estar haciendo alusión a la vanidad. El artista ha fechado la obra con unos números romanos enormes tallados bajo la ventana, sobre los que se pasea tranquilamente un caracol con una concha casi tan frágil como las pompas de jabón del niño.

Jean-Siméon Chardin, Pompas de jabón (h.1733-1734), National Gallery of Art, Washington
Por fin llegamos al cuadro de Jean-Siméon Chardin que inspiró a Manet, que a su vez se inspiraba en las obras holandesas del XVII. Este que vemos arriba, es una de las tres versiones que hizo Chardin del tema (las otras dos están en el Metropolitan Museum de Nueva York y en el Los Angeles County Museum). Se cree que estos cuadros hacían pareja con otros que representaban a un niño construyendo un castillo de naipes, y que tienen un significado similar (ya vimos uno de ellos hace unos meses en nuestro otro blog: Jean-Siméon Chardin - El castillo de naipes). Al igual que sucedía en la obra de Frans van Mieris, el chico está asomado a una ventana sobre la que cuelga una parra, pero esta vez quien le observa no es su madre, sino un niño más pequeño con un gorro parecido al de los pitufos, y que suponemos que se ha puesto de puntillas para cotillear lo que hace su hermano mayor. El chaval de las pompas está concentradísimo en la tarea y su tensión es evidente en los dedos enrojecidos con los que se agarra al alféizar.

Thomas Couture, Pompas de jabón (h. 1859), Metropolitan Museum, Nueva York
Y para acabar, otro chaval con pompitas, esta vez pintado por Thomas Couture, que había sido maestro de Manet y de muchos otros artistas de esa época. En vez de estar haciendo los deberes como un niño decente (aún tiene los libros atados con la correa encima del escritorio), el protagonista de esta obra prefiere perder la tarde miserablemente haciendo pompitas de jabón, y cuando acabe, seguramente empezará a darle a la peonza que tiene al lado del vaso. La corona de laurel de la pared, un poco marchita, es un símbolo de lo efímeros que son los triunfos. En el marco que está apoyado en la pared, se lee la palabra immortalité. ¿Qué querrá decirnos Couture con ella? No lo tengo claro del todo, pero sospecho que podría ser una alusión a la inmortalidad que puede conseguir un artista gracias a sus obras de arte, que a diferencia de su cuerpo serrano, seguirán vivas para la posteridad.

Esta versión es más naturalista que la que haría luego Manet y se aleja de la iconografía habitual de la ventana, pero en mi opinión es demasiado académica y melancólica. Y es que los niños de esa edad no suelen quedarse mirando al infinito con esa cara de poetas depresivos.



Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

2 comentarios:

  1. Magnífico trabajo sobre estas "burbujitas" en la pintura. Seguro que habia visto alguno de estos cuadros peró, me habian pasado totalmente inadvertidos por la intranscedéncia del tema pompas-jaboneras.
    Una abraçada

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    Respuestas
    1. Pues ya ves todo lo que cuentan las pompitas, aunque parezcan una chorrada... Supongo que cuando aparecen en los dibujos animados cursis (estilo Barbie) no quieren decir lo mismo.

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