13 de julio de 2014

Pasado y presente, un culebrón victoriano

Augustus Leopold Egg, Pasado y presente (1858), Tate Britain, Londres

En 1858, el pintor británico Augustus Leopold Egg expuso en la Royal Academy de Londres un curioso tríptico moralizante que metía miedo a las señoras casadas para que no les pusieran los cuernos a sus maridos. Los tres lienzos juntos narraban una historia bastante truculenta sobre las consecuencias del adulterio femenino en una familia de la época victoriana (los deslices de los hombres no contaban, era algo que se daba por hecho). Lo más llamativo de este conjunto es su carácter cinematográfico: los cuadros de los extremos son dos escenas simultaneas del presente, mientras que el del centro es un flashback que nos permite entender lo que está sucediendo. El tríptico no tenía título, pero estaba acompañado de un breve texto que parecía sacado de un diario personal (para darle mayor realismo) y que ponía al espectador en contexto:
August the 4th - Have just heard that B - has been dead more than a fortnight, so his poor children have now lost both parents. I hear she was seen on Friday last near the Strand, evidently without a place to lay her head. What a fall hers has been! (4 de agosto - Acabo de enterarme de que B falleció hace más de quince días; las pobres niñas han perdido a ambos progenitores. He oído que el viernes pasado la vieron cerca de la calle Strand, sin un techo bajo el que cobijarse. ¡Qué caída en desgracia la suya!)
Para no liarnos mucho con saltos temporales, empezaremos por el principio del culebrón: el cuadro central. (Me invento los nombres de los personajes para darle más vidilla a la historia.) Estamos en un saloncito burgués de clase media alta. Archibald Hamilton acaba de enterarse de la infidelidad de su esposa Gwendolyn y le ha dicho que coja sus maletas y salga con viento fresco por la puerta (esa que se ve reflejada en el espejo del fondo). Mientras ella se revuelca por el suelo llorando, como una consumada actriz venezolana, Archibald permanece sentado junto a la mesa con la mirada perdida, arrugando la prueba del delito entre sus dedos y aplastando con el pie la miniatura del galán. Sus hijitas, Emma y Emily, apenas reaccionan ante la melodramática escena (supongo que estarán acostumbradas a movidas de este calibre).

Augustus Leopold Egg, Pasado y presente, nº 1 (1858), Tate Britain, Londres

Como es habitual en este tipo de obras, la habitación está llena de símbolos que es fácil pasar por alto. En un ataque de furia, Archibald ha apuñalado a una pobre manzana que estaba sobre la mesa. La mitad que tiene el cuchillo clavado es su propio corazón, y la que está tirada en el suelo es el de Gwendolyn, la mujer caída en desgracia. A ambos lados del espejo, podemos ver colgados los retratos de la pareja, cada uno con un cuadro más grande encima. Sobre el retrato de Gwendolyn está la expulsión del Paraíso de Adán y Eva, y sobre el retrato de Archibald, un naufragio titulado Abandoned (Abandonado). El castillo de naipes que están construyendo Emma y Emily y que puede derrumbarse en cualquier momento simboliza la fragilidad del matrimonio o de la familia (premio para ellas por haber sido capaces de llegar al tercer piso con la que está cayendo en casa en ese momento). Está colocado encima de una novela de Balzac, un autor que trataba frecuentemente el tema del adulterio en sus novelas.

Augustus Leopold Egg, Pasado y presente, nº 2 (1858), Tate Britain, Londres

Han pasado varios años (estamos en el 4 de agosto del que habla el texto que acompañaba al tríptico). Emma y Emily están en la edad del pavo y tras la repentina muerte de Archibald, han tenido que mudarse a un apartamento bastante menos lujoso. Conservan en su dormitorio los retratos de sus progenitores (ahora separados por la ventana). Emma está sentada junto a la ventana, mirando la luna con aire melancólico, mientas Emily le pringa la falda de mocos y lágrimas. No han vuelto a ver a su madre desde aquel fatídico día y ahora que están solas, piensan en ella.

Augustus Leopold Egg, Pasado y presente, nº 3 (1858), Tate Britain, Londres
En ese preciso momento, Gwendolyn eleva los ojos hacia el cielo y contempla también la luna (es exactamente la misma luna, con la nubecilla alargada debajo, hábil recurso del artista para decirnos que las dos escenas están sucediendo al mismo tiempo). Vive en la más completa indigencia con el pequeño Oliver, hijo del pecado, que asoma sus piececillos desnudos por debajo de la capa de su madre. Se cobijan del frío bajo los arcos de los edificios Adelphi, a orillas del Támesis. Era uno de los lugares más chungos del Londres de la época, plagado de delincuentes y prostitutas, cerca de la calle Strand (que según el texto de arriba es donde habían visto deambulando a Gwendolyn). Los carteles publicitarios de la pared aluden a lo que ha ocurrido. El del Haymarket Theatre anuncia las obras de teatro Victims (Víctimas) y The Cure for Love (La cura para el amor). Un poco más allá vemos otro que anuncia en letras grandes Pleasure Excursions to Paris (Excursiones de placer a París).

El final de este dramón os lo podéis inventar. Dickens seguro que lo haría estupendamente.

5 comentarios:

  1. pos un Egg, para Leopol, porque todos los dioses saben que la culpa es de la envidiosa de la vecina, y no aparecen en el triptico.

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    1. La chismosa de la vecina es la que contó toda la historia a Egg. Seguro que sale en los créditos.

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  2. Tu como guionista de culebrones no tienes precio!
    Excelente lectura de ese tríptico tan victoriano.
    Un abrazo Marga

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  3. Pues podría probar... Pero un culebrón estiloso, no de esos cutres que cuando dan un portazo se les caen todas las paredes de corcho de la casa.

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