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8 de julio de 2014

El Gran Hermano de El Bosco (La Mesa de los Pecados Capitales)

Marga Fdez-Villaverde
El Bosco - Mesa de los pecados capitales
El Bosco, Mesa de los pecados capitales (fines XV), Museo del Prado, Madrid. 
Hacía ya bastante tiempo que tenía ganas de diseccionar la mesa de los pecados capitales de El Bosco, así que he cogido el instrumental quirúrgico (Photoshop) y me he puesto manos a la obra, despiezándola escena a escena, para poder analizarlas por separado.

La obra está pintada sobre una tabla de madera gruesa, prácticamente cuadrada (120 x 130 cm). Si le añadimos unas patas, a ser posible que no sean de Ikea, se convierte en una mesa de diseño y como mesa, está pensada para que podamos contemplarla desde diferentes ángulos. La composición es muy original y al mismo tiempo muy fácil de entender. Los cuatro círculos de las esquinas corresponden a las llamadas postrimerías de la vida: la muerte, el juicio final, el cielo y el infierno. El círculo grande del centro es un ojo gigantesco en cuyo iris están representados los siete pecados capitales y en el centro, a modo de pupila, la figura de Jesucristo saliendo de la tumba, junto a una inscripción bastante inquietante: cave, cave deus videt (cuidado, cuidado, Dios está mirando). El Bosco se adelantó en varios siglos a Georges Orwell y su novela 1984, al representar a Jesucristo como el Gran Hermano que vigila todos y cada uno de nuestros movimientos. (Aunque la verdad es que este señor flamenco se adelantó a casi todos y si no, que se lo pregunten a Dalí y compañía.)

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - Ojo
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - Jesucristo como el Gran Hermano
El mensaje está claro. Estamos rodeados de cámaras de seguridad divinas y lo que nos suceda después de morir dependerá de los pecados que hayamos cometido en vida. El Bosco añade dos filacterias con frases extraídas del Deuteronomio: Es gente sin consejo, no tienen conocimiento; si fueran sabios, comprenderían esto y atenderían a lo que les espera (32: 28-29) y Apartaré de ellos mi rostro y observaré cuál será su fin (32:20). Una vez más, la voz del Gran Hermano que repite sus consignas por los altavoces de la ciudad. (Debajo de esta segunda filacteria, puede verse la firma del artista pintada en negro.)

Las representaciones de los siete pecados capitales son verdaderas escenas de género en las que están presentes todas las clases sociales, porque la tentación no depende de lo llenos o vacíos que tengamos los bolsillos. Además, como veremos, los pecados están interconectados. El Bosco introduce en casi todas las escenas pequeñas alusiones a otros pecados, para advertirnos que es muy fácil pasar de unos a otros y que una vez que empiezas, ya no hay quien pare. Dicho esto, veamos el primero de ellos.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La ira
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La ira
El pecado de la ira es una pelea de campesinos frente a una posada. No sabemos bien qué ha podido suscitar la bronca, pero es probable que la señora de rojo haya tenido algo que ver (alusión al pecado de la lujuria). Han volado mesas y sillas, y el hombre de marrón ha acabado con un taburete de sombrero. El marido o acompañante de la mujer blande en una mano una espada y en la otra, una jarra de cerveza (gula). Y es que cuando uno pimpla más de la cuenta, las cosas pueden desmadrarse en un abrir y cerrar de ojos.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La soberbia
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La soberbia
El pecado de la soberbia tiene lugar en un interior doméstico lleno de objetos lujosos (avaricia). La protagonista ha abierto el baúl para ponerse un elegante tocado. No parece importarle mucho que su asesor de imagen sea un feo demonio que luce un tocado similar. Lo que El Bosco nos está diciendo es que los espejos nos devuelven una imagen falsa de la realidad. Lo verdaderamente importante es lo que el espejo no muestra: el alma. Por tanto, el verdadero reflejo de esta señora no es el que aparece en el espejo, sino el bicho feo con cola que se esconde tras el armario.


El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La lujuria
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La lujuria
El pecado de la lujuria está protagonizado por tres parejas de amantes en diferentes fases del proceso de seducción. Han ido a pasar el día al campo y se han llevado la tienda de campaña para poder "dormir la siesta" a salvo de miradas indiscretas. La elegante mesa de picnic está llena de deliciosos alimentos (pecado de la gula) y en el suelo hay tirados varios instrumentos musicales que, según el contexto (y éste es bastante propicio), pueden simbolizar escarceos amorosos. A lo lejos, por el camino del fondo, un hombre y una mujer pasean acompañados de un perrito blanco. Aún no han superado la fase del tonteo. La pareja que está junto a la mesa está en una etapa más avanzada del juego. Con la excusa de acercarle el plato de aceitunas, el hombre ha aprovechado para arrimar la cebolleta a la pierna de la dama. La tercera pareja ya está dentro de la tienda. Y por si no nos habían quedado claras las intenciones de estos seis domingueros, los dos bufones nos lo explican interpretando una escena sadomasoquista de azotes en el trasero.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La pereza
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La pereza
El pecado de la pereza está simbolizado por un señor durmiendo en el sillón de su casa, a plena luz del día. De todos es sabido que el día se hizo para trabajar y lo de dormir la siesta es cosa de vagos, maleantes y latinos. El perro, que es otro degenerado, también está roncando. No se sabe bien quién es la misteriosa mujer que trata de despertar al buen hombre. Por la toca, el rosario y el misal podría ser una especie monja, pero la verdad es que no es frecuente encontrarse con monjas vestidas de rojo.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La gula
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La gula
El pecado de la gula tiene lugar en el interior de una taberna. La posadera, a quien reconocemos por las llaves y la bolsa de dinero que lleva colgadas de la cintura, está sirviendo un pollo asado a unos clientes. Son un par de desastrados, con la ropa y los zapatos llenos de manchas y agujeros, que prefieren gastarse el dinero en comer y beber como cerdos que en vestirse decentemente. El más delgado bebe con tal ansia que le chorrea el líquido por encima de la camisa. El gordo que rechupetea el hueso es la imagen típica de la gula. Pasa olímpicamente de su hijito obeso y como no le ha enseñado utilizar el sillón-orinal, la criatura se ha manchado toda la camisa de caca. (Por cierto, junto al orinal puede verse la silueta de un perro que se quedó en simple dibujo.) El sombrero con la flecha y el puñal de la pared son símbolos de la ira, a la que se llega fácilmente cuando se bebe más de la cuenta. En un nicho sobre la puerta, se esconde una lechuza que ha dejado la pared llena de cagaditas. Cualquier inspector de sanidad se pondría las botas en este antro.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La avaricia
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La avaricia
El pecado de la avaricia está representado por un juez muy "íntegro" que se deja sobornar por una de las partes, mientras dialoga con la parte contraria, que ya tiene la bolsa preparada en la mano. La posada del fondo, con una mujer en la puerta, podría aludir al pecado de la gula o al de la lujuria, en función del tipo de carne que se venda en ella.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La envidia
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La envidia
El pecado de la envidia lo protagoniza un matrimonio burgués. Su hija, que está asomada a la ventana, ha encontrado un pretendiente bien apañado, con una buena bolsa, pero ellos preferirían que diese un braguetazo con el aristócrata del halcón y así poder subir en la escala social. Los perros de la puerta son como sus amos: están más pendientes del hueso que tiene el hombre en la mano que de los que tienen en el suelo.

Estos son los siete pecados capitales. A simple vista, no parece que estas personas estén sufriendo demasiado (más bien lo contrario), así que para disuadir a los fieles, había que añadir otras cuatro imágenes que explicasen las consecuencias de portarse mal. Son los cuatro círculos que representan las postrimerías de la vida: la muerte, el juicio final, el cielo y el infierno.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - La muerte
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - La muerte
El tondo que representa la muerte es la clásica imagen medieval del ars moriendi (el arte de morir). El hombre agonizante está rodeado de religiosos (un fraile, un cura con su ayudante y una monja). El médico ya  no tiene nada que hacer y se ha retirado prudentemente a los pies de la cama (a su lado podemos ver otro perro fantasma acurrucado). Tras el cabecero de la cama, acecha la figura de la muerte, junto a un demonio y un ángel que se disputarán el alma del difunto.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - El juicio
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - El juicio final
En el siguiente círculo, El Bosco representa la escena del juicio final o la resurrección de los muertos, con Jesucristo flotando en el centro como juez, acompañado de su corte de santos, santas y ángeles. Los muertos están saliendo de sus tumbas. Uno de ellos se ha despertado con un terrible dolor de cabeza y otro está teniendo serias dificultades para quitarse la lápida de la espalda.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - El cielo
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - El cielo
La fila de nudistas que vemos en esta tercera escena son las almas de los muertos que han conseguido entrar en el cielo. (En el arte, las almas se representan siempre como figurillas desnudas). Mientras San Pedro va dando la bienvenida a los recién llegados, el arcángel Miguel ataca con su cruz a un demonio que intenta llevarse a la rubia de pelo largo.

El Bosco - Mesa de los pecados capitales - El infierno
El Bosco, Mesa de los pecados capitales - El infierno
En mi opinión, la mejor de estas cuatro escenas es la del infierno. Para pintar personajes sagrados, los artistas tenían que ajustarse a unas normas bastante estrictas, pero no les imponían límites a la hora de pintar el infierno (cuanto más truculento, mejor funcionaba). Generalmente, son representaciones mucho más frescas y libres, en las que un artista como El Bosco podía dejar vía libre a su imaginación. En este caso, ha ideado una condena diferente para cada uno de los siete pecados capitales, a cada cual más macabra.

Estas torturas, combinadas con el ojo que todo lo ve, disuadían a cualquier creyente de salirse del camino marcado. El rey Felipe II, que era bastante meapilas, había comprado esta mesa para El Escorial y la tenía en sus aposentos, junto con un montón de crucifijos y cuadros devocionales, que le recordaban en todo momento que el Gran Hermano nunca dormía (y la Inquisición, tampoco).

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

9 comentarios:

  1. Muy interesante este y otros artículos. Enhorabuena!

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    1. Muchas gracias :-) No conocía vuestra página, pero tiene muy buena pinta.

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  2. Tengo la suerte de poder verlo a menudo,
    (cuando dejan los turistas)
    pero no lo hubiera explicado mejor.
    Un saludo

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    1. Lo que más echo de menos de cuando vivía en Madrid es el Prado. Eso de poder ir cuando te viniese en gana era todo un lujazo... (En segundo lugar están los bocadillos de calamares, jajaja)

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  3. Es una suerte tener una "guia" como tu, que te hace ver las cosas que se te escapan (que son muuuuchas).
    Una abraçada

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    1. Me alegro de que mis explicaciones te tengan entretenido en tu convalescencia. Un abrazo enorme!!!

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  4. Genial, mil gracias.Yo también me quedo con el infierno,si es que no me dejan quedarme con el parchís completo

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    1. Me encanta lo del parchís, jajaja... ¡Se te ocurren unas cosas!

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  5. Gracias por las explicaciones y también por las reproducciones, que no es tan fácil encontrarlas tan cartesianamente claras y definidas.

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