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16 de junio de 2014

La rinoceronte Clara

Marga Fdez-Villaverde
Jean-Baptiste Oudry, La rinoceronte Clara en París (1749), Staatliches Museum, Schwerin
Jean-Baptiste Oudry, La rinoceronte Clara en París (1749), Staatliches Museum, Schwerin. 
Este bellezón del cuadro es Clara, uno de los personajes más influyentes del siglo XVIII. Nació en la India en 1738 y se quedó huérfana a los tres meses de edad, cuando unos cazadores sin escrúpulos mataron a su madre de un disparo (igual que Bambi). Jan Albert Sichterman, director de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, decidió adoptar a Clarita y la tuvo en su casa durante casi tres años. La pequeña era muy dócil y tenía permiso para deambular por donde le viniese en gana, así que podemos suponer que vivía feliz y contenta.

Como es natural, Clara fue creciendo y llegó un momento en que dejó de ser una graciosa mascota  para convertirse en un problema. En 1740, Sichterman se la vendió o se la regaló a su compatriota Douwe Mout van der Meer, que la metió en un barco, se la llevó a Rotterdam y empezó a exhibirla por los Países Bajos.

Desde la muerte de Ganda, en el siglo XVI, no se habían vuelto a ver rinocerontes en Europa (a excepción de unos pocos que apenas llegaron a salir de los zoológicos privados de determinados monarcas caprichosos). Gracias a la enorme difusión que había tenido la estampa de Durero, que nunca vio ninguno con sus propios ojos, los europeos estaban convencidos de que los rinocerontes eran así de raros:

Alberto Durero, Rinoceronte
Alberto Durero, Rinoceronte (1515, dibujo a tinta sobre papel), Museo Británico, Londres
Prácticamente todas las representaciones que se hicieron de rinocerontes a partir del siglo XVI copiaban, con mayor o menor fidelidad el grabado de Durero, con resultados tan hilarantes como el de este grabado (aunque dicho sea de paso, los dedos de los pies del elefante son también de juzgado de guardia).

Jan Griffier, Francis Barlow y Pierre Tempest, Elefante y rinoceronte
Jan Griffier, Francis Barlow y Pierre Tempest, Elefante y rinoceronte (Londres, 1667-1717)
Rijksmuseum, Amsterdam
El éxito de Clara fue tal que Douwe decidió dejar su trabajo para vivir exclusivamente de ella. Mandó construir un carromato para transportarla por tierra que, según se cuenta, tenía que ser arrastrado por veinte caballos o doce bueyes, y se la llevó de tour por las grandes capitales europeas: Berlín, Frankfurt, Viena, Dresde, Zurich, Reims, París, Roma, Venecia, Nápoles, Londres...

En este cuadro de Pietro Longhi, podemos ver a Clara en los carnavales de Venecia de 1751. Está comiendo paja tranquilamente, ajena a los hombres y mujeres disfrazados que han ido a verla. Su cuidador les está enseñando el cuerno de la rinoceronte, que se le había caído (o se lo habían cortado) en Roma, poco tiempo antes. Si la vida de un animal de circo nos parece espantosa a día de hoy, imaginad cómo debía ser en el siglo XVIII.

Pietro Longhi, Exhibición de un rinoceronte en Venecia - Clara la rinoceronte
Pietro Longhi, Exhibición de un rinoceronte en Venecia (h. 1751), National Gallery, Londres
Clara se convirtió en una mina de oro para Douwe, que a partir de 1748 empezó a vender también merchandising relacionado con el animal, como grabados, medallas e incluso frasquitos con orina de rinoceronte, que supuestamente tenía virtudes curativas (prefiero no imaginarme cómo se administraba este remedio a los pacientes). En París, se pusieron de moda los peinados femeninos à la rhinocèros, con una pluma a modo de cuerno, y en la fábrica de porcelana de Meissen, se fabricaron figurillas inspiradas en Clara. Tapices, vajillas, cajitas... La claramanía arrasó en Europa.

H. Oster, A. A. Beck y J.G. Schmidt, La rinoceronte Clara
H. Oster, A. A. Beck y J.G. Schmidt, La rinoceronte Clara (1747, grabado souvenir)
Rijksmuseum, Amsterdam

Meissen - Jonann Joachim Kändler y Paul Reinicke, Turco montando un rinoceronte
Jonann Joachim Kändler y Paul Reinicke, Turco montando un rinoceronte (1742, porcelana de Meissen)
Historisches Museum, Bern
La pobre Clara murió en Lambeth (Inglaterra) el 14 de abril de 1758, con tan solo veinte años de edad (los rinocerontes pueden llegar a vivir hasta sesenta años en libertad). Su vida debió ser un infierno, pero les dio a los europeos el gustazo de saber, por fin, como era un rinoceronte de verdad.

8 de junio de 2014

Ganda, el rinoceronte de Durero

Marga Fdez-Villaverde
Alberto Durero, Rinoceronte - 1515 - dibujo
Alberto Durero, Rinoceronte (1515, dibujo a tinta sobre papel), Museo Británico, Londres. 
Tras ciento veinte días de travesía marítima, el 20 de mayo de 1515 desembarcó en Lisboa, procedente de la India, el primer rinoceronte que se veía en Europa desde la época de los romanos. Era un regalo que le había hecho el sultán de Gujarat a Alfonso de Albuquerque, gobernador de Indias portuguesas. Alfonso se lo agradeció en el alma, pero no entraba en sus planes tener en casa una mascota de ese calibre, así que se libró hábilmente de la criatura enviándosela como presente al rey Manuel I de Portugal.

El rinoceronte causó sensación en Europa. Se sabía de la existencia de este extraño animal gracias a las descripciones que había hecho Plinio el Viejo en su Historia Natural, allá por el siglo I, pero muchos sospechaban que se trataba de un ser legendario, como las sirenas o los unicornios. Ahora tenían la prueba palpable de que realmente existía. El pobre bicho, al que se conocía con el nombre de Ganda (rinoceronte en gujarati), estuvo durante unos meses en Lisboa, formando parte del zoológico privado del rey. En esa época, se estaba construyendo la Torre de Belém y en el exterior, bajo una de sus torrecillas, aún puede verse un retrato del famoso rinoceronte.

El rinoceronte de la Torre de Belém (1515-1520), Lisboa
La imagen más antigua que se conserva del rinoceronte es la que ilustra un poema escrito por un médico italiano llamado Giovanni Giacomo Penni. Se imprimió en Roma el 13 de julio de 1515, dos meses escasos después de la llegada del animal a Lisboa, lo que demuestra que la noticia corrió como la pólvora. El poema es bastante malo (de hecho, el autor confiesa al principio del mismo que tiene a su musa "enferma") y su título es "cortito": Forma & natura & costumi de lo Rinocerothe stato condutto importogallo dal Capitanio de larmata del Re & altre belle cose condutte dalle insule nouamente trouate. La descripción que hace Penni del rinoceronte, aunque esté escrita en verso, es sospechosamente parecida a la de Plinio el Viejo... Y es que ¿para qué innovar si ya había una escrita? La única copia que se conoce de esta "joya" literaria está en la Biblioteca Colombina de Sevilla.

Giovanni Giacomo Penni - Rinoceronte
Giovanni Giacomo Penni, Forma & natura & costumi de lo Rinocerothe (1515)
Biblioteca Colombina, Sevilla
Cuando el monarca portugués se cansó del rinoceronte, lo despachó a Roma como regalo para el papa León X, a quien convenía tener contento. Por el camino, lo desembarcaron en una islita cercana a Marsella para que pudiese verlo también el rey Francisco I de Francia. Lamentablemente, el animal no llegó a su destino, puesto que el barco naufragó junto a la costa de Liguria, antes de llegar a Roma. En condiciones normales, habría podido nadar hasta la orilla pero como estaba encadenado, se hundió con el resto de la nave. Hay una historia que dice que recuperaron la piel, la rellenaron de serrín y se la mandaron igualmente al papa, pero no se sabe con certeza si fue así o no.

La representación más famosa del rinoceronte es la xilografía que hizo Alberto Durero en 1515. El bicho se da un cierto aire a los rinocerontes indios, pero hay mucho de cosecha propia. La verdad es que Durero no había visto al animal y lo dibujó basándose en una descripción y un boceto que circulaban por Europa (en los que también debió inspirarse Giovanni Giacomo Penni). Retrató al rinoceronte como buenamente pudo, creando esta original criatura con armadura ornamentada y un cuerno de más en la espalda. Consigue que el animal parezca más colosal comprimiéndolo entre los márgenes de la estampa, como si no cupiese bien en ella. Aparte de la xilografía, se conservan un par de dibujos preparatorios en los que el rinoceronte mira hacia la izquierda (al imprimirlo luego desde la plancha al papel, queda reflejado).

Alberto Durero, Rinoceronte - 1515 - grabado
Alberto Durero, Rinoceronte (1515, xilografía sobre papel), Museo Británico, Londres
En la parte superior de la xilografía, Durero incluyó una descripción escrita del animal, basada otra vez en la que había hecho Plinio el Viejo y que dice más o menos lo siguiente:
El primero de mayo de 1513 el poderoso rey de Portugal, Manuel de Lisboa, trajo este animal vivo desde la India, llamado rinoceronte. Esta es una representación fiel del mismo. Es del color de una tortuga manchada y está recubierto casi en su totalidad de gruesas escamas. Es del tamaño de un elefante, pero tiene las piernas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un cuerno fuerte y puntiagudo sobre el hocico, que afila en las rocas. Es el enemigo mortal del elefante. El elefante tiene miedo del rinoceronte porque cuando se encuentran, el rinoceronte carga con la cabeza entre las patas delanteras del elefante y desgarra  su estómago, sin que el elefante pueda defenderse. El rinoceronte está tan bien armado que el elefante no puede dañarle. Se dice que el rinoceronte es rápido, impetuoso y astuto.
La estampa de Durero tuvo mucho éxito y llegaron a imprimirse entre 4.000 y 5.000 copias durante la vida del artista, y muchísimas más luego. Muy pocos europeos había podido ver el prodigio con sus propios ojos y esta es la imagen que quedó para la posteridad del verdadero aspecto de un rinoceronte, hasta que llegó otro congénere suyo en el siglo XVIII que eclipsaría su leyenda. Pero mejor dejamos la historia de Clara para otra entrega.

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