4 de mayo de 2014

Madres de artistas

Casi todos los artistas han retratado alguna vez a miembros de su familia. Aunque a algunos de ellos les servía para canalizar un superávit de amor filial, muchos otros se movían por un motivo bastante más prosaico: la pasta. Contratar a un modelo para practicar el noble arte del retrato salía caro, mientras que la familia posaba gratis. (Esto no quita para que luego les pintasen con cariño, que conste.) Las madres eran las víctimas predilectas: casi siempre estaban en casa, aguantaban sin quejarse horas y horas de posado y al acabar, agasajaban al artista con un entusiasta "ay, hijo mío, qué guapa me has pintado", aunque no fuese verdad. Las más comprometidas, incluso soltaban una lagrimilla. Y el artista incomprendido volvía a salir por la puerta con el ego fortalecido.

James Abbot McNeill Whistler, Composición en gris y negro nº1 (la madre del artista)
James Abbot McNeill Whistler, Composición en gris y negro nº1 (la madre del artista) (1871), Museo d’Orsay, París

La madre de James McNeill Whistler se ha acabado convirtiendo, sin comerlo ni beberlo, en uno de los iconos más famosos de la historia del arte. Se llamaba Anna Matilda y cuando posó para su hijo, andaba por sus sesenta y siete otoños (a partir de cierta edad, uno deja de cumplir primaveras). Estuvo varios años viviendo con él en Londres, regañándole por la vida de bandarra que llevaba, pero apoyando siempre su carrera artística. Según se cuenta, ayudaba a ablandar a los potenciales clientes que visitaban el estudio de su hijo ofreciéndoles deliciosos pasteles que ella misma horneaba.

Anna Matilda y su hijo James McNeill Whistler
Anna Matilda y su hijo James McNeill Whistler

Sin embargo, Whistler no pretendía pintar un retrato de Anna Matilda. Era un firme defensor del eslogan "el arte por el arte" y pensaba que las obras no debían tener ningún contenido anecdótico, moral o didáctico. Él únicamente quería hacer un estudio cromático de los diferentes tonos de gris y negro y le resultaba indiferente quién posase, su madre o Perico el de los Palotes. Para dejar clara la esencia intangible de sus obras, solía ponerles títulos musicales, como "composición" o "sinfonía". Whistler tituló a esta obra Composición en gris y negro y le sacaba de sus casillas que le preguntasen por "el retrato de su madre":
El cuadro de mi madre expuesto en la Royal Academy es una "Composición en gris y negro". Eso es lo que es. Para mí, tiene interés como retrato de mi madre, pero ¿qué puede importarle al público la identidad del retratado?
James McNeil Whistler, The Gentle Art of Making Enemies, 1980.

Berthe Morisot, La madre y la hermana de la artista
Berthe Morisot, La madre y la hermana de la artista (1869-1870), National Gallery of Art, Washington

Las pintoras impresionistas, como Berthe Morisot, no tenían demasiadas opciones para elegir modelos. No estaba bien visto que las mujeres decentes se dejasen ver solas en sociedad, así que no les quedaba otra que pintar insulsas escenas domésticas protagonizadas por su familia. Berthe Morisot pertenecía a la alta burguesía y fue su madre, Cornélie, una mujer culta e independiente, quien animó a sus hijas a pintar. Las dos más pequeñas, Edma y Berthe, le cogieron el gustillo y fueron pasando de unos instructores a otros hasta llegar a manos del famoso paisajista Camille Corot. Al ver el talento de las chicas, el pintor le escribió a su madre:
Con un carácter como el de sus hijas, mis enseñanzas acabarán por convertirlas en pintoras profesionales, no en simple aficionadas talentosas. ¿Es realmente consciente de lo que esto significa? En el mundo de la alta burguesía en que se mueven, sería una revolución. Yo diría incluso que una catástrofe.
Corot tenía razón. Era escandaloso que una señorita de buena familia se pusiese a trabajar y a vender sus obras, pero los Morisot estaban por encima de las habladurías. Cornélie dio el visto bueno y empezó a organizar reuniones en su casa para promover el arte de sus niñas. Estuvieron trabajando juntas durante varios años, hasta que Edma se casó y abandonó la pintura, presionada por su marido. Sin embargo, Berthe siguió adelante y acabó convirtiéndose en una pintora profesional de éxito que exponía sus obras en el Salón de París y en las controvertidas muestras organizadas por los impresionistas.

Berthe Morisot
Berthe Morisot (hacia 1875)

En el retrato de arriba, podemos ver a su madre y a su hermana Edma sentadas en una salita, una leyendo y la otra pensativa. El aire ausente de Edma puede deberse a que en esa época estaba embarazada de su primer hijo y echaba de menos la libertad que tenía cuando pintaba con su hermana. Antes de presentar el cuadro al Salón de 1870, Berthe le pidió su opinión a su amigo Édouard Manet que en vez de dársela de palabra, repintó completamente la figura de la madre (ese color negro casi plano es típico del estilo de Manet). Morisot se enfadó tanto que estuvo a punto de retirar la obra, pero el jurado la admitió y acabó por exponerla.

Vincent Van Gogh, Retrato de la madre del artista - Anna Cornelia Van Gogh
Vincent Van Gogh, Retrato de la madre del artista (1888), The Norton Simon Museum of Art, Pasadena, California

Anna Cornelia Van Gogh también aficionó a sus hijos al arte. Era muy buena dibujante y el pequeño Vincent Van Gogh empezó a hacer sus pinitos como artista copiando los dibujos que hacía su madre. Era una mujer de clase media, respetable y muy religiosa. Durante su estancia en Arlés, Van Gogh recibió una fotografía de ella por correo pero le ponía muy nervioso ver su imagen en blanco y negro, así que hizó un retrato a partir de ella. Se lo cuenta a su hermano Teo en una carta, escrita el 8 de octubre de 1888:
Estoy trabajando en un retrato de nuestra madre para mí. No puedo soportrar esa fotografía sin color, así que estoy intentando hacer su imagen en tonos armoniosos, tal y como la recuerdo en mi memoria.
Anna Cornelia Van Gogh
Anna Cornelia Van Gogh

Comparado con otros cuadros del artista, este retrato de su madre no le quedó especialmente colorido. Utilizó el verde de los ojos de su madre para rellenar el fondo, pero le dio al rostro una tonalidad cenicienta bastante apagada. ¿Recordaba a su madre así de desvaída o sería por culpa del gris de la foto que estaba copiando? 

Henri de Toulouse-Lautrec, La condesa Adèle de Toulouse-Lautrec
Henri de Toulouse-Lautrec, La condesa Adèle de Toulouse-Lautrec (1883), Museo Toulouse-Lautrec, Albi

Los padres de Toulouse-Lautrec se separaron cuando murió su segundo hijo. El pequeño Henri fue criado por su madre, la condesa Adèle, que siempre procuró que no le faltase de nada. Desde muy chiquitín demostró grandes dotes para el dibujo y la pintura. Idolatraba a su madre y la retrató infinidad de veces. Aquí podemos verla a punto de tomarse una taza de té en el salón del Château de Malromé, una propiedad que acababa de adquirir cerca de Burdeos. Al igual que en el resto de retratos que su hijo pintó de ella, su mirada rehuye la del espectador. Lautrec siempre la representa con el mismo aire pensativo y distante, como si fuese un ser humano excepcional al que solo tenemos derecho a contemplar desde lejos.

La pobre mujer vivió siempre preocupada por la mala salud de su único hijo, al que no había quien metiese en cintura. Aunque le daba libertad, nunca se alejaba demasiado de él, por si la llegaba a necesitar en cualquier momento. Cuando el artista murió de sífilis, a los treinta y seis años, fue ella quien se encargó de recopilar toda su obra y donarla para crear el museo de Albi, contribuyendo también a su financiación. En esta foto podemos verles a los dos, madre e hijo, descansando en el jardín del Malromé en el verano de 1900.

Toulouse-Lautrec y su madre en Malromé
Toulouse-Lautrec y su madre en Malromé (verano de 1900)

Acabamos nuestro paseo con Marie Michaud Vuillard, la madre del pintor Édouard Vuillard. Marie era hija de un fabricante textil que al quedarse viuda con tres hijos, abrió un taller de costura para mantenerlos. Édouard era el más pequeño y el único chico. Solterón empedernido, vivió en casa de su madre hasta los sesenta años, que es la edad que tenía cuando ella falleció. El hombre se pasó la vida rodeado de telas y estampados, que acabaron por convertirse en los verdaderos protagonistas de sus cuadros. Las figuras humanas que pinta siempre quedan empequeñecidas y camufladas en medio del exceso abrumador de motivos que decoran papeles y tejidos.

Édouard Vuillard, Interior con la madre y la hermana del artista
Édouard Vuillard, Interior con la madre y la hermana del artista (1893), MOMA, Nueva York

Éste es el más impactante de los retratos que hizo de su madre y sus hermanas, por la presencia poderosa de la mujer como centro de gravedad de la familia. Está sentada en el centro de la habitación, en una postura decidida y dominante, mirando fijamente al espectador. Su rostro y sus manos destacan poderosamente sobre el vestido negro y la cómoda oscura del fondo. El resto de los elementos de la composición parecen inclinarse hacia ella: paredes, muebles e incluso su hija. La pobre chica, que apenas destaca sobre el fondo estampado, se inclina hacia delante para caber en el marco, encajonada literalmente por la perspectiva asfixiante de la sala. Desde luego, está más que claro quién era la que llevaba los pantalones.

Marie Michaud Vuillard fotografiada por su hijo Édouard
Marie Michaud Vuillard fotografiada por su hijo Édouard

Desde este enlace, podréis acceder a la entrada que publiqué hace varias semanas sobre los padres de Durero, Cézanne, Dalí y Frida Kahlo: Padres de artistas.

6 comentarios:

  1. Aunque no sé si se pintaron mutuamente, tiene jugo la relación de Utrillo con Suzanne Valadon, su madre. Quizá algo más que un incesto contenido. ¿Qué nos puedes contar?

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    1. Escribí sobre la madre hace bastante tiempo, pero pasé bastante del pobre hijo. La pobre las debió pasar moradas para intentar desintoxicar a la criatura y su afición por la botella, y al final acabó liada con uno de sus amigos... Una familia poco corriente.
      http://www.harteconhache.com/2011/03/la-bella-suzanne.html

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    2. Se me había pasado ese apunte, Marga.

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  2. Al Utrillo hay quien lo hace hijo del Toulouse,... por unos 2 años y pico no cuadra, pero el gesto destartalao y el gusto por la bebida lo harían el hijo perfecto...
    Lo del incesto contenido.. ummm, (La primera vez que lo oigo) La Valadon se estropeó cuando Utrillo tendría a unos 12 o 13 años, hacia 1896/7 dejo de posar, pero los amiguetes tiraban de fotografías nu, Degas tiene obras fechadas 1906/7 me paree que imposibles para su cuerpo, de entonces de Valadón y que coinciden mucho con fotografías conocidas..
    Igual el musaso cambiaba cromos... no se....

    Otros, Se ha tirado un poquíño de tiempo sin anotar...me tenía desesperá, ya pensé que había abandonado.

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    1. Es un decir, Anarkasis. Pura especulación. Familia rara sí que lo era. Y ese tipo de relaciones siempre dejan huella.

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    2. bueno, rara rara, no tanto, (quizás en términos vasarianos) por aquí por madrí cruzas una calle y al otro lado ya eres un raro, y te cambias a la otra acera y eres una rara,, y no pasa ná, ni puta huella....
      juas juas y rejuas.
      Un saludo ,
      (troleando a Marga sin su permiso,
      Me gusta mucho su ximagenes, pero es que nací limitá y allì ni me explico ni me entiendo, pero miro con mucha atención como los buhos)

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