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19 de marzo de 2014

Padres de artistas

Marga Fdez-Villaverde
Atribuído a Alberto Durero, Retrato del padre de Durero a los 70 años
Atribuído a Alberto Durero, Retrato del padre de Durero a los 70 años (1497), National Gallery, Londres. 
Muchos pintores iniciaban su andadura retratando a familiares cercanos. Eran los modelos perfectos: estaban a mano, posaban gratis y había confianza para pegarles un par de gritos cuando se movían demasiado. Las madres eran las víctimas propiciatorias más habituales, puesto que generalmente estaban en casa y aguantaban estoicamente horas y horas de posado (¡por mi hijo, cualquier cosa!). Los retratos de padres son menos abundantes, pero también los hay. Y ya que es el día del padre, ¿qué os parecería conocer a los progenitores de Durero, Cézanne, Dalí y Frida Kahlo?

Empecemos por el más antiguo: Alberto Durero senior. Este señor era un orfebre que nunca consiguió salir de pobre (veía pasar el oro por sus manos, pero nunca quedarse). Se casó con la hija de su maestro y tuvo diecisiete hijos con ella, de los que solo dos llegaron a la edad adulta. Le encantaba el arte y le contagió esta afición a su hijo Albertito. Al ver que el niño tenía buena mano para el dibujo, le colocó en el mejor taller de pintura de Nuremberg, el de Michael Walgemut.

Este es el último retrato que Durero hizo de su padre, cuando el hombre tenía ya setenta años. No se sabe con certeza si ésta es la obra original que pintó Durero o una copia posterior hecha por otro artista. Lo que sí es seguro es que formaba pareja con el autorretrato que se conserva en el Museo del Prado. Es como si el artista quisiera rendir homenaje a su anciano padre diciéndole "todo lo que soy, te lo debo a ti". O quizás sólo quería dejar patente el haber podido ascender por la escala social, de simple artesano a artista intelectual (por eso se pinta vestido como un caballero, sin siquiera lucir las manos con las que trabajaba, mientras que las ropas del padre son bastante más sencillas y podemos verle los dedos).

Alberto Durero, Autorretrato (1498), Museo del Prado, Madrid
Alberto Durero, Autorretrato (1498), Museo del Prado, Madrid
En el caso de Paul Cézanne, la relación paterno-filial dejaba bastante que desear. El señor Louis-Auguste Cézanne era un rico banquero de Aix-en-Provence que pretendía que su primogénito y único hijo varón estudiase leyes y le sucediese en el banco. El chaval le salió rana y se largó a París para convertirse en pintor, con el consiguiente disgusto paterno. Aún así, el buen hombre le mandaba siempre una asignación mensual para que no pasase penurias. Paul tenía miedo de que el viejecillo le retirase la asignación si se enteraba de que estaba viviendo en pecado con su amante Hortense Fiquet y el hijo que habían tenido en común, así que le ocultó a su padre la existencia de ambos durante cerca de diez años. Cuando finalmente se enteró, le rebajó el sueldo a la mitad y Cézanne aceptó casarse con Hortense para apaciguarle.

Paul Cézanne, Retrato del padre del artista (h.1866), National Gallery of Art, Washington
Paul Cézanne, Retrato del padre del artista (h.1866), National Gallery of Art, Washington
Aunque este retrato es anterior a todo el lío con Hortense, ya es evidente la tensión entre padre e hijo. La composición es inestable. El suelo parece inclinarse hacia el espectador, dando la sensación de que la figura del padre se nos echa encima. El hombre está sentado en un enorme sillón en forma de trono, como jefe de la casa, mientras lee un periódico que en realidad nunca leía: L'Événement. Es el diario donde publicaba sus artículos el mejor amigo de Cézanne, Émile Zola, defendiendo los nuevos movimientos artísticos de París. En la pared del fondo, Cézanne ha pintado uno de sus bodegones. Si nos guiásemos sólamente por lo que vemos, pensaríamos que el padre estaba orgulloso del trabajo de su hijo, pero no era así. El retrato no pasa de ser una proyección de la relación que al pintor le habría gustado tener con su padre.

Salvador Dalí, Retrato de mi padre (1925), MNAC, Barcelona
Salvador Dalí, Retrato de mi padre (1925), MNAC, Barcelona
Salvador Dalí i Cusí era un abogado y notario de Figueras que llevaba muy mal la profesión que había escogido su primogénito. El chico siempre había estado muy unido a su madre y cuando ésta murió, le pareció una puñalada trapera que su padre se casase de nuevo con la hermana de la difunta. Entre ellos había poco feeling, que acabó por romperse del todo en 1929. Dalí senior no podía soportar las noticias que le llegaban sobre la vida disipada que llevaba su hijo, y tampoco aguantaba a su novia rusa Gala (en su descargo, tenemos que decir que Gala era indigesta para casi todo el mundo). Acabaron por hacer las paces unos años más tarde, pero la relación siempre estuvo llena de altibajos y al final de su vida, le desheredó, dejándoselo todo a su hermana Ana María (Dalí ni siquiera pudo recuperar los cuadros que había guardado en la casa paterna). El carácter severo e intransigente del padre queda perfectamente plasmado en este retrato.

Frida Kahlo, Retrato de mi padre (1951), Museo Frida Kahlo, Coyoacán
Frida Kahlo, Retrato de mi padre (1951), Museo Frida Kahlo, Coyoacán
La que sí se llevaba estupendamente con su padre era Frida Kahlo. Guillermo Kahlo era un fotógrafo de origen alemán que había emigrado a México en su juventud. Allí se casó con Matilde Calderón, con la que tuvo cuatro hijas. Guillermo le enseñó a Frida el arte de la fotografía: a utilizar la cámara, a revelar las fotos y a pintar sobre ellas. Para hacer este retrato póstumo, Frida utilizó fotografías de su padre cuando era joven (ella le recordaba con el pelo gris). El colorido del cuadro imita también los tonos sepias de las fotos que hacía Guillermo Kahlo. En la parte inferior, añade la siguiente inscripción (transcripción exacta, con faltas de ortografía incluídas):
Pinte a mi padre Wilhelm Kahlo de origen húngaro alemán artista fotógrafo de/Profesión, de carácter generoso inteligente y fino valiente porque padeció durante/Sesenta años epilepcia, pero jamás dejo de trabajar y luchó contra Hitler,/Con adoración, Su hija Frida Kahlo
Guillermo Kahlo
Dos fotografías (autorretratos) de Guillermo Kahlo
Frida Kahlo pintando el retrato de su padre (1941)
Frida Kahlo pintando el retrato de su padre (1941)

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

2 comentarios:

  1. Los padres tienen la obligación de decirle a sus hijos
    - ¡Vaya mierda! ¿Ese soy yo?
    para azuzarlos y que no se duerman. Con las hijas no hay problema, y si su novio es un pinche, malaje, y farrandas, menos todavía.
    El tema de las madres es más peliagudo

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  2. ¡JAJAJAJA! El tema de las madres lo dejo para el día de la madre. Extrañamente (o sin extrañezas) hay muchos más ejemplos. Supongo que muchas dirían "qué guapa me has pintado", aunque no fuese verdad, para levantar la moral del hijo o hija.

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