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13 de enero de 2014

Carnaval de Schumann y la Commedia dell'Arte

Marga Fdez-Villaverde
Mikhail Bobyshev, Michail Fokine y Vera Fokina en el ballet Carnaval (1916) 
El 20 de mayo de 1910 el empresario ruso Sergei Diaghilev estrenó en el Theater des Westens de Berlín un ballet entre cursi y delicioso titulado Carnaval. Era la segunda temporada de ballet que organizaba en Europa y gracias una fórmula muy bien pensada, consiguió volver a poner de moda un género artístico que la burguesía de aquel entonces consideraba anticuado y aburrido. En vez de representar un ballet clásico de larga duración (como por ejemplo, El lago de los cisnes), Diaghilev programaba tres o cuatro obras cortas por función, a ser posible muy contrastadas entre sí, con música atractiva, coreografías modernas, producciones llamativas e intérpretes inmejorables. De este modo, el público no se aburría y él minimizaba riesgos, ya que si un ballet no gustaba, era fácil que otro sí lo hiciese.

La música de este ballet son unas piezas breves para piano, convenientemente orquestadas, que compuso Robert Schumann entre 1834 y 1835, y que también se llaman Carnaval. En ellas, Schumann describe musicalmente a personas reales de su entorno y a personajes de la Commedia dell'Arte, como Pierrot, Arlequín y Colombina. Para crear el ballet, el bailarín y coreógrafo Mikhail Fokine solo tuvo que seguir al pie de la letra los títulos de las diferentes piezas. Apenas hay argumento, aparte de los encuentros y desencuentros de varios personajes que asisten a un baile de máscaras. Aquí podéis escuchar la suite original para piano interpretada por Alicia de Larrocha


Los decorados y el vestuario se los encargaron al pintor León Bakst, que ese mismo año revolucionaría París con sus diseños para el ballet Schéhérazade. En este caso, Bakst optó por un escenario sorprendentemente minimalista para la época: una simple cortina de terciopelo azul, decorada con unas cenefas pintadas, y un par de sofás. Nada más. La interpretación de la escena quedaba en manos del espectador que podía ver en ella la antesala de un salón de baile, una carpa en la que se celebraba una fiesta o el escenario donde se representaba la Commedia dell'Arte. Ingenioso, ¿verdad?

Georges Barbier, Pierrot, Colombina y Arlequín del ballet Carnaval (ilustración, 1913)
Si el escenario era parco a más no poder, el vestuario no podía ser más recargado. Está claro que tanta contención debía ser difícil para un tipo tan excesivo como Bakst, que acabó soltándose la melena con los vestidos de las damas. La profusión de volantes, encajes y lazos del periodo Biedermeier resulta difícil de digerir hoy en día.

Léon Bakst, diseño para el traje de Chiarina (1910) y el traje en cuestión
Entre los protagonistas de la obra, encontramos a dos jovencitos con las hormonas alteradas que representan dos facetas de la personalidad de Schumann: Florestán, su yo apasionado e impulsivo, enamorado de Estrella, y Eusebius, su yo tímido y romántico, enamorado de Chiarina. Efectivamente, en la época en que compuso Carnaval, Schumann tenía el corazón dividido entre dos chicas: Ernestine von Fricken (Estrella), a la que abandonó vilmente cuando supo que no podía aportar ninguna dote al matrimonio, y Clara Wieck (Chiarina), que acabaría siendo su esposa.

Sin embargo, los que dan vidilla al ballet son los personajes de la Commedia dell'Arte, especialmente Arlequín y Colombina, que se traen entre manos un flirteo encantador mientras se burlan del grotesco Pantaleón. Como muestra, este fragmento interpretado por Yevgenia Obraztsova y Vladimir Shklyarov en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo:


Por diferentes motivos que no vienen al caso, las dos grandes estrellas de los ballets de Diaghilev, Tamara Karsavina y Vaslav Nijinsky, no bailaron estos papeles en el estreno, pero pronto se convirtieron en los referentes de ambos roles. La simpática Karsavina era perfecta para el papel de Colombina. Y las complicadas piruetas y saltos del Arlequín, así como su aspecto andrógino y misterioso, le iban a Nijisky como anillo al dedo.

Tamara Karsavina como Colombina y el traje diseñado por Bakst

Nijinsky como Arlequín y el traje diseñado por Bakst

Vaslav Nijinsky como Arlequín, en el ballet "Carnaval"

Carnaval fue un éxito inmediato y Diaghilev lo incluyó en su repertorio habitual. Cuando se representó en Dresde, en 1912, la exclusiva fábrica de porcelana de Meissen fabricó figurillas de los diferentes personajes del ballet, cursis a rabiar, pero que se vendían estupendamente entre los acomodados fans de los ballets rusos.

Arlequín y Colombina del ballet Carnaval (porcelana de Meissen, h.1914)
No todos los souvenirs de este ballet son tan relamidos. El pintor expresionista alemán August Macke pintó una versión bastante más atractiva. Sobre las tablas, podemos ver a Pierrot, Arlequín y Colombina, en una escena que no aparece en el ballet, ejem. Pero bueno, el colorido del óleo es tan estupendo que le perdonaremos las licencias artísticas que se tomó.

Auguste Macke, Ballets Rusos I (1912), Kunsthalle, Bremen

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

1 comentarios:

  1. luego de leerme la anotación me he tenido que ir a por un vaso de agua, pues se me han atrancado las jtas, las ves las kaskis...está to mu jodío de pronunciar, hasta en la cabeza. Pero bien, el jijinsssski-2 y lady collejas, están mu propios con sus vestidos en el yutuve,
    Un placer.

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