23 de mayo de 2013

¿El pintor o su obra?

Si me diesen a escoger entre los dos grandes paisajistas ingleses, John Constable (1776-1837) y Joseph Mallord William Turner (1775-1851), me quedaría probablemente con el segundo. Los dos pelearon para que el paisaje fuera considerado un género pictórico digno, elevándolo al nivel de la pintura de historia, religiosa y mitológica.

Constable destaca por sus óleos empastados de la típica campiña inglesa, dejando patente su alma de romántico atormentado, que es lo que se llevaba entonces, en unos cielos dramáticos plagados de nubes amenazantes, como podemos ver en El carro del heno, uno de sus cuadros más famosos:

John Constable, El carro del heno (1821), National Gallery, Londres

Turner, más aficionado a la acuarela, utilizaba una pintura más diluída, lo que le permitía superponer capas de color casi transparente. A medida que su estilo evolucionaba, la luz fue adueñádose de sus paisajes que llegaron a rozar casi la abstracción. (No es poca cosa, si tenemos en cuenta que la abstracción propiamente dicha no se "inventó" hasta principios del siglo XX.)

J.M.W. Turner, Lluvia, vapor y velocidad (1844), National Gallery, Londres

Ahora bien, si tuviese que escoger solo al pintor, sin tener en cuenta su obra... Pues, en fin... ¿Cómo os diría?

Ramsay Richard Reinagle, Retrato de John Constable (h.1799)
National Portrait Gallery, Londres
John Linnell, Retrato de J.M.W. Turner (1838)
National Portrait Gallery, Londres

13 de mayo de 2013

Rafael y la panadera

Rafael, La Fornarina (1518-1519), Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma

Si fuésemos políticamente correctos, tendríamos que decir: esta misteriosa y bella mujer, conocida como La Fornarina (la panadera), fue el amor secreto del pintor Rafael. Pero no vamos a serlo. En primer lugar, porque no tenemos la certeza histórica de que realmente sea La Fornarina, como explicaremos a continuación. Y en segundo lugar, porque la chica no es que sea fea, pero vamos, que un bellezón tampoco es. ¿Alguien puede explicarme por qué todas las protagonistas de los cuadros famosos tienen que ser obligatoriamente "guapas"? Y cuando es evidente que no lo son, nos acogemos a la manida justificación de que "antes había otros cánones de belleza". No es mi intención quitarle méritos a esta chica, que seguro que era encantadora, inteligente, atractiva y simpatiquísima, pero definitivamente no era una miss mundo, por mucho que trajese loco al bueno de Rafael.

Rafael, La donna velata (h.1515), Palazzo Pitti, Florencia

Según Giorgio Vasari, cotilla oficial del Renacimiento, este cuadro titulado La donna velata (la mujer del velo) es un retrato de Margherita, donna di Rafaello, a quien el pintor amó hasta su muerte. Sin embargo, también nos dice que Rafael era un tipo bastante salidorro, siempre dispuesto a satisfacer a las señoras:
Era Rafaello persona molto amorosa et affezzionata alle donne e di continuo presto a i servigi loro (Era Rafael un hombre muy apasionado y aficionado a las mujeres, siempre dispuesto a servirlas). 
Cuando el banquero Agostino Chigi le encargó a Rafael los frescos de la logia de la Villa Farnesina, no tuvo más remedio que instalar en la casa a una de las amantes del artista, ya que éste era incapaz de concentrarse en el trabajo si no mojaba el pincel con cierta frecuencia. Más adelante, Vasari añade que la temprana muerte del pintor, a los treinta y siete años, fue consecuencia de unas fiebres producidas por un exceso de uso del pito:
Però egli di nuovo in luogo importante andava di nascosto a' suoi amori. E cosí continuando fuor di modo i piaceri amorosi, avvenne ch'una volta fra l'altre disordinò piú del solito, perché a casa se ne tornò con una grandissima febbre (Pero él, nuevamente en una posición importante, seguía con sus amores a escondidas. Y continuando de este modo con los placeres amorosos, un día abusó de la práctica y regresó a casa con unas violentas fiebres). 
Rafael hizo testamento en su lecho de muerte, asegurándose de que su amada, de la que no se dice el nombre, quedaba bien protegida. Se da por hecho que esta mujer era Margherita (La donna velata), pero las fuentes de la época, que tampoco es que sean especialmente fiables, no nos dicen más sobre ella. A finales del siglo XIX, se encontró un documento que decía que una tal Margherita, hija de Francesco Luti, panadero de Siena, se retiró al convento de Santa Apolonia cuatro meses después de la muerte de Rafael. Si unimos pruebas y hacemos un acto de fe para creernos todo, podemos llegar a la conclusión de que Margherita Luti, apodada posteriormente La Fornarina (la panadera), fue este último gran amor Rafael y la mujer retratada en La donna velata.

Rafael, La fornarina (1518-1519), Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma

Y ahora nos toca la ardua tarea de encajar estas pruebas, un tanto endebles, con el cuadro de La Fornarina, que parece que estaba en el estudio de Rafael cuando falleció. El título por el que lo conocemos es muy posterior, así que no nos sirve como referencia. Se cree que uno de los discípulos de Rafael hizo algunos retoques posteriores a la obra para ocultar detalles que podrían haber comprometido la memoria de su difunto maestro: en una restauración reciente del cuadro, se ha comprobado mediante la técnica de la radiografía que la mujer llevaba un anillo en el tercer dedo de la mano izquierda. Este anillo oculto y el brazalete que luce orgullosa con el nombre de Rafael pueden ser indicios de que entre el artista y la modelo hubo algo más que negocio.

En el cabello lleva un joyel con una perla, un zafiro y un rubí, casi casi idéntico al de La donna velata (cambia el orden de las piedras preciosas). Margarita significa perla, por lo que el adorno podría estar haciendo mención al nombre de la retratada.

El adorno de la perla de La donna velata (izquierda) y La Fornarina (derecha)

Brazalete de La Fornarina

Y esta es toda la relación que hay entre este segundo retrato y Margherita Luti, La Fornarina. Las dos son morenazas de ojos negros, se peinan con raya al medio y están sentadas con la misma pose. ¿Pero realmente son la misma mujer?

¿La misma chica?

Algunos historiadores han ido un poco más allá y han buscado otros cuadros de Rafael en los que esta joven pudo posar como modelo. El más famoso es La Madonna dalla seggiola (La Vírgen de la silla) que efectivamente se parece bastante a La donna velata, aunque el tono del cabello difiere:

Rafael, Madonna dalla seggiola (1514), Palazzo Pitti, Florencia

Aunque toda la historia está un poco cogida por alfileres, la relación entre el pintor y su amante ha hecho correr ríos de tinta y de óleo. En el siglo XIX, Ingres pintó cinco versiones de Rafael y La Fornarina, donde el artista y su modelo se hacen arrumacos en medio de la sesión de pintura:

Ingres, Rafael y La Fornarina (1814), Fogg Art Museum, Harvard

Al fondo aparece La virgen de la silla, obra que volvemos a encontrar en otros cuadros de Ingres: sobre la mesa del retrato de Monsieur Rivière (1805), en forma de grabado, y en uno de los medallones de la alfombra de Napoleón en el trono imperial (1806). Y ya puestos, ¿no es sospechosamente parecido el turbante de La gran odalisca al de La Fornarina?

Ingres, Monsieur Rivière (1805), Museo del Louvre, París
Ingres, Napoleón en el trono imperial (1806), Museo del Ejército, Los Inválidos, París
Ingres, La gran odalisca (1814), Museo del Louvre, París
Los turbantes de La gran odalisca (Ingres) y La Fornarina (Rafael)

Ingres no fue el único que fantaseó con estos amoríos de pintor y modelo. En 1820, Joseph Mallord William Turner pintó Rafael con La Fornarina trabajando en la Villa Farnesina, dando por sentando que la amante de la que hablaba Vasari en la historia que contamos más arriba era Margherita Luti. Una vez más, volvemos a ver La virgen de la silla:

Turner, Rafael con La Fornarina trabajando en la Villa Farnesina (1820), Tate Britain, Londres

En sus años de viejo verde, Picasso realizó una serie de grabados eróticos sobre el tema del pintor y la modelo titulados Rafael y La Fornarina (pertenecientes a la Suite 347), con diferentes escenas en las que el pintor se revuelca con la modelo ante la mirada indiscreta de algún voyeur (que muchas veces es el Papa):

Pablo Picasso, Rafael y La Fornarina (1968)

Y acabamos con la Galarina de Salvador Dalí, que retrata a su musa Gala en semi topless, haciendo un guiño a la famosa pintura de Rafael, aunque sin llegarle a ésta ni a la punta del zapato (en mi modesta opinión, aunque claro, la modelo tampoco era para tirar cohetes, cánones de belleza al margen).

Salvador Dalí, Galarina (1945), Museo Dalí, Figueres