29 de abril de 2013

Arcimboldo el biólogo

La biografía de Giuseppe Arcimboldo (1526-1593) no fue especialmente trepidante. Empezó su carrera haciendo frescos y vidrieras en Milán con su padre. A los 36 años, se convirtió en pintor de corte de los Habsburgo, en Viena y Praga, trabajando para tres emperadores: Fernando I, Maximiliano II y Rodolfo II. Veintinco años más tarde regresó a Milán. Y luego se murió. Fin.

Sin embargo, sus obras son mágicas e inacabables, plagadas de detalles maravillosos. Sus cuadros reversibles son ciertamente sorprendentes: una encantadora cesta de frutas, se convierte al darle la vuelta en un rostro "humano", un cacharro lleno de verduras, en un jardinero y una fuente de asado, en un terrorífico cocinero. Por el precio de un Arcimboldo, te llevas dos.

Arcimboldo, Cesta de frutas reversible (h.1590), French & Company, Nueva York
Arcimboldo, Cesta de frutas reversible (h.1590), French & Company, Nueva York
Arcimboldo, El jardinero (1587-1590), Museo Civico Ala Ponzone, Cremona
Arcimboldo, El jardinero (1587-1590), Museo Civico Ala Ponzone, Cremona
Arcimboldo, El cocinero (h.1570), Museo Nacional de Estocolmo
Arcimboldo, El cocinero (h.1570), Museo Nacional de Estocolmo

Y todo esto creando unos bodegones impresionantes, de texturas perfectas, donde todas las flores, animales y vegetales pueden identificarse sin problema. Sus obras más famosas son las dos series que pintó sobre los elementos y las estaciones, que en muchos casos incluyen símbolos de los emperadores austriacos para dejar bien claro que eran los máster del universo. 

Esta maraña de animales es un detalle de la alegoría El agua, que está formada por nada más y nada menos que sesenta y dos especies que viven inmersas en este líquido elemento. La serie original de los cuatro elementos (1566) no se conserva entera: dos de los cuadros (El fuego y El agua) están en el Kunsthistorisches Museum de Viena, La Tierra pertenece a una colección particular y El aire se conoce a través de una copia posterior.

Arcimboldo, detalle de El agua (1566), Kunsthistorisches Museum, Viena
Arcimboldo, El agua (1566), Kunsthistorisches Museum, Viena

En la parte inferior de La tierra, compuesta por mamíferos terrestres más o menos exóticos, podemos ver dos de los símbolos de los Habsburgo: la piel del león, atributo de Hércules, del que se consideraban descendientes, y una piel de cordero, que hace referencia a la Orden del Toisón de Oro. Volvemos a encontrar el Toisón de Oro adornando el cuello de El fuego, junto al escudo imperial del águila bicéfala.

Arcimboldo, detalle de La tierra (1566), colección particular
Arcimboldo, La tierra (1566), colección particular
Arcimboldo, El fuego (1566), Kunsthistorisches Museum, Viena

La serie de las cuatro estaciones (1563) tampoco está completa, aunque el Louvre conserva una copia posterior de las cuatro alegorías realizada por el propio Arcimboldo, que añadió unas guirnaldas ornamentales alrededor de las figuras (para mi gusto, con un resultado pelín recargado).

Arcimboldo, Las cuatro estaciones (1573), Museo del Louvre, París

En el Kunsthistorisches Museum de Viena están dos de los originales de esta serie, El verano y El invierno. En El verano, Arcimboldo incluye un detalle curioso: una mazorca de maíz, cereal que por aquel entonces era muy poco conocido en Europa. La nariz es un pepino, el ojo es una cereza, la ceja es una espiga de trigo, la mejilla es un melocotón y la boca, una vaina de guisantes. La obra está firmada y fechada en la casaca de trigo de este elegante señor, decorada con una deliciosa alcachofa. ¿Se puede hacer mejor?

Arcimboldo, detalle de El verano (1563), Kunsthistorisches Museum, Viena
Arcimboldo, El verano (1563), Kunsthistorisches Museum, Viena

La alegoría de El invierno es probablemente una de las más famosas. La habilidad con la que Arcimboldo consigue modelar el rostro del anciano, con las ramas rotas del tronco de un árbol, es impresionante. El ojo es un agujero en la madera, la boca un par de hongos, el musgo se convierte en barba y la hiedra en cabello.

Arcimboldo, detalle de El invierno (1563), Kunsthistorisches Museum, Viena
Arcimboldo, El invierno (1563), Kunsthistorisches Museum, Viena

El artista norteamericano Philip Haas construyó una gigantesca escultura de fibra de vidrio basada en El invierno, de cuatro metros y medio de altura, para la exposición que la National Gallery de Washington dedicó a Arcimboldo en 2010. La cosa tiene su dificultad, porque la escultura es en tres dimensiones y el cuadro sólo muestra la figura de perfil.

Philip Haas, El invierno (2010)
Philip Haas, El invierno (2010)

Haas no fue el primero en inspirarse en este genial visionario. A mediados del siglo XX, Man Ray le rindió homenaje en un cuadro también basado en El invierno que salío a subasta en Christie's hace seis años. Arcimboldo se convirtió en uno de los referentes de los pintores surrealistas. ¿En quién creeis que se basó Magritte para su famoso cuadro Le viol? ¿O Salvador Dalí para componer sus imágenes dobles?

Man Ray, El invierno (1944), ¿colección particular?
René Magritte, Le viol (1934), colección particular
Salvador Dalí, Aparición de un rostro y un frutero en la playa (1938)
Wadsworth Atheneum, Hartford

Pues eso, que todo está inventado.

23 de abril de 2013

San Arcimboldi

Giuseppe Arcimboldo, El bibliotecario (h.1566), Palacio Skokloster, Suecia

La verdad es que nadie salía favorecido en los retratos de Giuseppe Arcimboldo. Este pintor italiano, uno de los más originales del Renacimiento, componía sus obras como si fuesen puzles, a base de objetos, flores, vegetales y animales de todo tipo. En esta en concreto, quiso inmortalizar a Wolfgang Lazius, un intelectual pedante de la corte de los Habsburgo, donde trabajaba también él. También se cree que puede ser una crítica a todos aquellos pseudolectores que compran libros para que hagan bonito en la estantería. Como curiosidad, las barbas de este personaje son colas de animales, que se utilizaban para limpiar el polvo de los libros.

 ¿Y qué me decís de esta alegoría de la primavera, formada por más de ochenta variedades de flores y plantas perfectamente distinguibles (para los que saben de botánica, claro)?

Giuseppe Arcimboldo, La primavera (1563),
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

Pero bueno, mejor dejamos a Arcimboldo para la próxima entrada. Yo solo quería desearos un feliz día del libro y como por aquí se celebra Sant Jordi, que cada uno escoja lo que más le guste, libro o rosa (aunque ésta tendréis que encontrarla en esa maraña de flores primaverales).

12 de abril de 2013

Los orígenes del Playboy

Dibujo censurado del cuaderno de apuntes Fossombrone,
perteneciente al taller de Rafael Sanzio
 
Aviso a navegantes: esta entrada tiene como poco dos rombos, por lo que recomendamos a los menores de edad, mojigatos y enfermos del corazón que se abstengan de seguir leyendo. Va en serio.

¿Qué veis en la imagen de ahí arriba, aparte de un manchurrón de tinta y unos cuantos rayajos? He de reconocer que cuesta bastante distinguir el motivo y sé que muchos de vosotros no estaréis dispuestos a malgastar dos o tres minutos de vuestro valioso tiempo en desentrañar esta especie de borrón expresionista. A no ser que os diga que se trata de uno de los dibujos eróticos censurados del cuaderno Fossombrone, un libro de esbozos perteneciente al taller del pintor Rafael Sanzio de Urbino. ¡Ah amigos, la cosa se pone interesante! Seguro que ya no os da tanta pereza y estáis agudizando la vista, tratando de identificar contornos y detalles escabrosos en esa maraña de manchas y trazos de tinta... ¡picarones!

Es bastante probable que los dibujos que se censuraron en este cuaderno tengan relación directa con uno de los libros más famosos del Renacimiento. En el año 1524, el grabador Marcantonio Raimondi (ese que copiaba los grabados de Durero) publicó un libro triple X titulado I modi, también conocido como Los dieciséis placeres. Era una obrita muy entretenida formada por dieciséis grabados que representaban diferentes posturas acrobáticas (ya me entendéis). Los dibujos originales de este kamasutra del siglo XVI eran de Giulio Romano, el discípulo más aventajado de Rafael, que se los habría entregado a Marcantonio Raimondi para que los publicase y así ganarse un sobresueldo vendiendo las copias en el mercado negro.

Cuando el papa Clemente VII se enteró de la noticia, le pidó al obispo Giberti que borrase de la faz de la tierra ese impúdico manual para libertinos. Giberti mandó destruir las planchas de los grabados, hizo quemar todos los ejemplares y encarceló al degenerado de Raimondi. Era la primera vez que se comercializaban en Italia imágenes pornográficas en serie mediante la técnica del grabado. Este sistema permitía una difusión pública a gran escala; a diferencia de lo que sucedía con los dibujos eróticos que, al tener que confeccionarse uno a uno, rara vez salían del ámbito privado. Giulio Romano, que por entonces estaba trabajando en el Palazzo del Te de Mantua, se libró de la cárcel precisamente por este motivo: sus diseños originales no eran más que "divertimentos" para uso particular.

Marcantonio Raimondi, Retrato de Pietro Aretino (h-1524-1525), Metropolitan Museum, Nueva York

Y aquí es cuando entra en escena el tercer elemento en discordia: el poeta Pietro Aretino, enemigo declarado del obispo Giberti y amigo de Marcantonio Raimondi. Aretino empieza a incordiar por aquí y por allá hasta que logra sacar de prisión a Raimondi, que se lo agradece retratándole en un grabado. Las cosas se ponen feas en Roma. El obispo Giberti, blanco habitual de la pluma del poeta, contrata a unos sicarios para que le den pasaporte y Aretino sobrevive a las heridas de milagro. Con muy buen juicio, decide poner tierra de por medio y se instala en Venecia, una ciudad bastante más tolerante.

La venganza es un plato que se sirve mejor frío. Aretino se alía con Raimondi y escribe dieciséis sonetos guarros para acompañar a las imágenes de I modi. Los Sonetos lujuriosos de Aretino son textos narrados en primera persona por los protagonistas de los grabados, que le dan una cierta pátina "cultural" al libro de Raimondi. En 1527, se publica en Venecia esta segunda edición mejorada de I modi, que ahora incluía imágenes y textos.

Primera postura de I modi, único grabado completo que se conserva de la serie

El papa no acaba de dar crédito a lo que ven sus ojos. Una vez más, manda destruir todos los ejemplares, aunque esta vez la obra se había extendido tanto que no consigue hacerla desaparecer del todo. Lamentablemente, hoy en día no se conserva ningún ejemplar completo de esta segunda edición (y mucho menos de la primera). Solo perviven dos grabados sueltos de la primera postura (uno en la Albertina de Viena y otro en la Biblioteca Nacional de París, véase la imagen de arriba) y una serie de fragmentos castamente recortados en el Museo Británico. Aún así, permiten hacerse una idea de la calidad técnica de los grabados de Raimondi y de los dibujos de Giulio Romano.

Fragmentos de la segunda edición de I modi, Museo Británico, Londres
Detalle de uno de los fragmentos del Museo Británico

En el año 1928, Walter Toscanini, hijo del famoso director de orquesta, encuentra un pequeño librito (157 x 99 mm) de mediados del siglo XVI con una reproducción pirata de la segunda edición de I modi. En vez de utilizar el grabado sobre cobre, el libro está impreso mediante la técnica de la xilografía, un sistema más tosco y con menos posibilidad de detalle. Es una edición poco cuidada, los textos tienen incorrecciones y las imágenes se han recortado para adaptarlas a un espacio más pequeño, prescindiendo en gran medida de los escenarios arquitectónicos originales (lo que importa es la chicha). Sin embargo, nos permiten saber cómo se combinaban los poemas con los grabados y el aspecto general que tenía el libro (aunque le faltan dos hojas, las de los sonetos V y VI).

Copia Toscanini de I Modi, edición pirata hecha en Venecia a mediados del XVI, colección particular

Aparte de este ejemplar pirata, existen una serie de dibujos realizados a medidados del siglo XIX por el conde de Waldbeck, que dijo haber visto un ejemplar original en un monasterio de México. Cosa poco probable, aunque lo cierto es que sus dibujos coinciden con los fragmentos conservados en París, Viena y Londres y también con las posturas de la edición pirata de Toscanini, que por aquel entonces no había salido todavía a la luz. El trazo de Waldbeck es algo más relamido, de gusto neoclásico, y además se pasó de frenada e hizo veinte posturas, en vez de las dieciséis originales, pero menos es nada. Aquí podéis ver dos de los dibujos de Waldbeck, que coinciden con los fragmentos del Museo Británico y con los sonetos V y XI de Aretino:

Conde de Waldbeck, postura 5 de I modi, Museo Británico, Londres
Fragmentos de las posturas 5 y 11 del Museo Británico
Conde de Waldbeck, postura 11 de I modi, Museo Británico, Londres

¿Y qué relación tiene el dibujo censurado que vimos al principio con I modi? Parece ser que en el taller de Rafael, era habitual que el maestro y los discípulos se entretuviesen haciendo dibujos guarretes, por lo que no sería descabellado pensar que los originales de Giulio Romano, que trabajaba allí, se basasen en alguno de estos esbozos o que tuviesen algo que ver con ellos. Incluso hay fuentes de la época que insinúan que los dibujos de I modi eran obra del propio Rafael. Comparemos nuestro dibujo tachado con la postura número 16, ¿conseguís verlo ahora? El parecido es sorprendente. 

Postura 11 de I modi de la edición Toscanini
Cuaderno Fossombrone, ¿el original o una copia de la postura 11?
 
Y aquí tenéis el soneto XVI de Aretino que acompaña a tan deliciosa escena, en versión original sin subtítulos. He resaltado en color verde las palabras que dice ella y en morado, las que contesta él:

  
Tu pur a gambe in collo in cul me l'hai
ficcato questo cazzo: urta, fracassa!
del letto mi ritruovo in su la cassa.

Oh, che piacer è questo che me dai!

Ritornami sul letto, che mi fai
crepar qui sotto con la testa bassa.
Dolor de' figli, merda questo passa.
Amor crudel, a che redutto me hai!


Che pensi tu di far? Quel che ti piace.
Dammi la lingua un poco, anima mia:
assai dimanda chi ben serv'e tace.
 

La potta alquanto di piacer vorria,
se non tra lei e il cul non fia mai pace.
Spinge, compar, chè 'l cazzo sen va via!

Certo morta saria,
se stava un poco più aver ristoro
da te, mio ben, mio cor e mio tesoro.




¿Y qué os parece si rematamos el apunte con una banda sonora? El año 2007 el compositor Michael Nyman puso música a ocho de los Sonetti lussuriosi de Aretino, disco que podéis encontrar en el siguiente enlace de Spotify: Michael Nyman – 8 Lust Songs: I Sonetti Lussuriosi

Os dejo con la canción que más me ha gustado del ciclo, Dammi la lingua (soneto XIII). El texto y su imagen correspondiente más abajo. La traducción es mía, así que perdonad por los posibles errores y también por el lenguaje soez, que no puede evitarse si se quiere ser fiel al texto original del cafre de Aretino. (En morado y verde las palabras de él y ella respectivamente y en gris, la traducción.)



SONETTO LUSSURIOSO XIII - Pietro Aretino

[ÉL] Dammi la lingua e apponta i piedi al muro,
stringe le coscie e tiemmi stretto stretto,
lasciatev'ir a riverso sul letto,
che d'altro che di fotter non mi curo.


Dame la lengua y apoya el pie en el muro,
aprieta los muslos y sostenme prieto prieto
ponte boca abajo sobre el lecho
que nada me interesa excepto follar.


[ELLA]Ahi, traditor, tu hai che cazzo duro!
Oh, come? su la potta ci confetto!
Un dì tormelo in culo ti prometto,
e di farlo uscir netto t'assicuro.


¡Ay, traidor, qué dura tienes la verga!
¡Oh! ¿Cómo? ¡Es como un confite para el coño!
Un día me la meteré en el culo, te lo prometo
y te aseguro que saldrá limpia.


Io vi ringrazio, cara Lorenzina.
Mi sforzerò servirvi, ma spingete,
spingete come fa la Ciabattina.

Te lo agradezco, querida Lorenzina.
Me esforzaré por servirte, pero empuja,
empuja como hace la Ciabattina.


Io farò adesso, e voi quando farete?
Adesso dammi tutta la lenguina,
ch'io moro.
E io... E voi cagion ne sete.


Ahora mismo ¿y tú cuándo lo harás?
En seguida, tú dame toda tu lengüecita,
que me muero. Yo también... y tú eres la razón.


Adunque compirete?
Adesso, adesso faccio, signor mio,
adesso ho fatto.
E io....ahimè, o Dio!


Entonces, ¿cumplirás?
Ahora mismo, ahora lo hago, mi señor,
ahora lo hago. Y yo... ¡Ay de mí, oh Dios!


Conde de Waldbeck, postura 13 de I modi, Museo Británico, Londres

Y para los que quieran seguir investigando, unos cuantos enlaces:

Texto en italiano de los Sonetti lussuriosi de Aretino
Imágenes de la edición Toscanini de I Modi
Los dibujos del conde de Waldbeck del Museo Británico
Un magnífico estudio de James Grantham Turner sobre el cuaderno Fossombrone

7 de abril de 2013

Los orígenes del copyright

Alberto Durero, Autorretrato (1500), Alte Pinakothek, Munich

Alberto Durero estaba hasta los cataplines de falsificadores. Sus magníficos grabados no solo le daban de comer a él, sino también a muchos listillos que se lucraban vendiendo copias ilegales de los mismos. (O mejor dicho alegales, ya que en esa época los derechos de autor eran algo tan irreal como viajar a la luna.)

Uno de estos aprovechados era el impresor Marcantonio Raimondi, al que tampoco podemos quitarle mérito como artista: sus grabados, que reproducían las pinturas y dibujos de los grandes maestros del momento, contribuyeron a difundir los modelos renacentistas por Europa. Hasta la invención de la fotografía, los grabados eran la única forma que había de llevarse a casa una "postal" de un cuadro o escultura que te había gustado, o de que los artistas pudiesen conocer las obras de los grandes sin tener que viajar a tierras lejanas.

Rafael, El triunfo de Galatea (fresco, 1511), Villa Farnesina, Roma
Marcantonio Raimondi, El triunfo de Galatea (h.1515)
a partir del fresco de Rafael

Los grabados de Durero eran prohibitivos para los bolsillos medios. Sin embargo, las copias piratas de Raimondi eran asequibles y se vendían bien. Era casi imposible encontrar las diferencias entre unas y otras, especialmente al principio, cuando Raimondi copiaba sin pudor hasta el monograma de Durero (AD). El alemán, cansado de que le tomasen por el pito del sereno, acabó demandando a Raimondi por apropiación indebida y la cosa acabó en los tribunales. El juez dictaminó que Raimondi podía seguir copiando a Durero siempre y cuando no utilizase su logotipo, puesto que de este modo no induciría a engaño. Es una de las primeras sentencias que se conocen sobre propiedad intelectual.

El monograma de la discordia, "marca comercial" de Durero
Alberto Durero, El nacimiento de la Virgen (1503-1504)
Marcantonio Raimondi, El nacimiento de la Virgen (h.1510)
Encuentra las diferencias: el original de Durero arriba y la copia de Raimondi abajo

Como era de esperar, Durero no se conformó con la sentencia y cuando en 1511, decidió publicar sus tres libros de grabados, La vida de la Virgen, El Apocalipsis y La Pasión pequeña, añadió a cada uno de ellos un colofón con el primer copyright de la historia. Un copyright bastante más disuasorio que las leyes políticamente correctas que tenemos hoy en día:

Colofón de La Pasión pequeña de Durero (1511)

Impreso en Nuremberg por Alberto Durero, pintor.
Año de nuestro señor mil quinientos once

¡Ay de ti! Ratero del trabajo y del ingenio ajenos.
Cuidado con poner tus temerarias manos sobre mis obras.
¿No sabes acaso la concesión que tengo del glorioso emperador Maximiliano?
Nadie está autorizado para imprimir o vender copias falsas
de estos grabados en todo el territorio del imperio.
Y ten en cuenta que si lo haces, ya sea por despecho o por codicia,
no solo serán confiscados todos tus bienes,
sino que además estarás en peligro de muerte.

No se andaba con chiquitas nuestro amigo Alberto.