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8 de enero de 2013

La cara B del cuento de los reyes magos

Marga Fdez-Villaverde
El sueño de los magos (fines XII), catedral de Clermont. 
La adoración de los reyes magos es uno de los temas más representados en la historia del arte (hay ejemplos a patadas en cualquier museo que se precie). Sin embargo, la cara B de la historia no es tan conocida. ¿Qué hicieron estos tres señores después de llevarle al niño oro, incienso y mirra? Pues muy fácil, se fueron a la cama a dormir. Y mientras roncaban plácidamente, se les apareció un ángel para advertirles de que debían regresar a casa por un camino diferente al que habían tomado. De este modo evitarían el castillo de Herodes, que les esperaba frotándose las manos para sonsacarles el paradero de ese famoso niño que iba a quitarle el puesto como rey de los judíos.

Este tema iconográfico, denominado "el sueño de los magos", es típico de la Edad Media. No lo encontraremos representado en retablos, puesto que es un tema menor, pero sí que aparece con cierta frecuencia en las portadas de las iglesias, en los capiteles de los claustros, en las vidrieras de algunas catedrales y sobre todo en las miniaturas de los libros devocionales. A pesar de las limitaciones de espacio de este tipo de soportes, la naturalidad que consiguieron darle los artistas a la escena es asombrosa.

Empecemos con un par de vidrieras de finales del siglo XII. En la primera, la que encabeza esta entrada, de la Catedral de Clermont, podemos ver a los tres reyes magos tumbados en una especie de hoja gigante que en realidad intenta ser un colchón. El ángel baja de los cielos y despierta a uno de ellos, que le mira rascándose la barba con cara de incredulidad.

La segunda vidriera, de la Catedral de Canterbury, es bastante más detallada. Los reyes magos duermen juntitos en una cama de perspectiva cuestionable (la colocación del cabecero, las patas y el colchón es un tanto precaria). El ángel se les aparece con una filacteria en la mano. Las filacterias, como ya hemos visto en otras ocasiones, son como los bocadillos de los cómics, es decir, llevan escrito lo que está diciendo el personaje que las sujeta.

El sueño de los magos (h.1180), catedral de Canterbury
Con estas dos imágenes, ya podemos hacernos una idea de los elementos que incluye siempre esta escena:
  • Un ángel (con filacteria o sin ella) que está despertando a uno de los magos (los otros dos suelen estar dormidos).
  • Una única cama (en la Edad Media los viajeros solían compartir lecho).
  • Y los tres reyes magos durmiendo con la corona puesta, por muy incómodo que parezca.
Y aquí surge la pregunta del siglo: ¿los reyes magos dormían solo juntos, o juntos y revueltos? Veamos algunos ejemplos más, a ver si salimos de dudas.

En esta miniatura inglesa del siglo XII, da la sensación de que solo duermen juntos. Al menos, todos ellos llevan pijama (o más bien camisón). Además, si contamos el número de patas, parece que estén durmiendo en dos camas, no en una. Al pobre Gaspar le ha tocado en medio y es a él a quien despierta el ángel. Para indicarnos que sigue medio dormido, el artista le pinta con un ojo abierto y otro cerrado. ¿Y os habéis fijado en que la filacteria del ángel no lleva nada escrito? A lo mejor es un ángel mudo (o está hablando bajito).

El sueño de los magos, Salterio Royal 1 DX (Inglaterra, 1200-1220), British Library, Londres
Los reyes magos de esta otra miniatura son tan castos que prefieren dormir sentados en la cama y evitar cualquier tipo de contacto físico. Melchor, el del medio, tiene ya tanta práctica que es capaz de dormir con la cabeza apoyada en la mano y ¡el codo en el aire!

El sueño de los magos, Salterio Arundel 157 (Inglaterra, 1/4 XIII), British Library, Londres
Esta tercera miniatura incluye la escena de la adoración arriba y el sueño de los magos abajo. Volvemos a encontrarnos con un ángel mudo y unos reyes magos juntos, pero no revueltos. Suspenso en anatomía para el artista: las piernas y los torsos no concuerdan para nada.

Adoración y sueño de los magos, Salterio Landsowne 420 (1/4 XIII), British Library, Londres
En esta otra página aparecen otra vez las dos escenas unidas, con dos ángeles en las esquinas superiores, la creación de Adán y Eva en los semicírculos centrales y los tres caballos de los reyes magos en las esquinas de abajo. Aunque a simple vista parezca que sólo hay dos reyes, en realidad están los tres. ¿Habéis localizado al pobre Baltasar? Duerme literalmente aplastado debajo de sus dos compañeros de fatigas.

Adoración y sueño de los magos, Salterio Oscott (Inglaterra, XIV), British Library
Hasta aquí todo en orden. Nada especialmente sospechoso. ¿Pero qué me decís de este bellísimo capitel tallado por Gilabertus para la Catedral de Autun? ¡Los reyes magos están desnudos, se abrazan amorosamente y encima juegan al trenecito! Aquí hay tomate. Fijo.

Gislebertus, El sueño de los magos (XII), capitel de la catedral de Autun
En este otro relieve de una de las portadas de la Catedral de Amiens, volvemos a encontrarlos durmiendo en pelotas y además peleándose por la manta. (Bueno, en realidad no están desnudos, pero llevan un camisón tan ceñido que lo parece.)

El sueño de los magos (XIII), catedral de Amiens
¿Seguís necesitando pruebas de lo evidente? Pues bien, esta miniatura perteneciente a un salterio de la reina María Tudor es testimonio irrefutable de que los reyes magos eran un trío bien avenido.

El sueño de los magos, Salterio de la reina María (Inglaterra, 1310-1320), British Library, Londres
¿Y qué me decis de esta otra escena tan tierna, en la que Gaspar juguetea cariñoso con los rizos del joven Baltasar? Os dejo un detalle más grande debajo para que podáis apreciarlo.

Adoración y sueño de los magos, Libro de horas Taymouth (2/4 XIV), British Library, Londres
Sueño de los magos, Libro de horas Taymouth (detalle)
Esta me encanta: el cabrito del ángel le ha dado un susto de muerte al pobre Melchor, que levanta las manos espantado y lanza un grito (no es para menos, con una aparición sobrenatural de este tipo).

Adoración y sueño de los magos, manuscrito Selden Supra 38 (Inglaterra, h.1320), Bodleian Library, Oxford
Pero por muy bien que se lleve, toda pareja (o trío) tiene sus desavenencias de vez en cuando, como bien demuestra este libro de horas de la Biblioteca Morgan:

El sueño de los magos, Libro de Horas M.359 (París, h.1430), Biblioteca Morgan, Nueva York
Resumiendo, que ya va siendo hora de que los reyes magos se decidan a salir del armario de una vez. Quizás hasta se conviertan en un nuevo icono gay...

5 de enero de 2013

Los orígenes del roscón de reyes

Marga Fdez-Villaverde
David Teniers el Joven, detalle de El rey bebe (1650-1660), Museo del Prado, Madrid. 
Nuestro delicioso roscón de reyes, con sus frutas confitadas, la corona de papel, el haba y la sorpresa es una tradición antiquísima. Lo inventaron los romanos para las saturnalia, unas fiestas paganas muy populares en honor al dios Saturno. Durante esos días, nadie trabajaba, patricios, plebeyos y esclavos estaban de vacaciones, intercambiaban regalos, comían como cerdos y bebían todavía más. Uno de los dulces típicos de esas fiestas era una torta redonda con higos, dátiles y miel en cuyo interior se colocaba un haba. El que la encontraba, era coronado rey de la fiesta.

Luego vino la iglesia con las rebajas, dispuesta a cargarse todo lo que sonase a pagano, y colocó la navidad más o menos en las mismas fechas que las saturnalia, para tratar de convertir esta tradición de vicio y perversión en una festividad cristiana. Y hasta cierto punto lo consiguieron. Sin embargo, las comilonas, la abundancia de alcohol, los regalos y el roscón de las saturnalia pervivieron. Y es que la humanidad se adapta a todo, siempre y cuando no le quiten las juergas.

Durante la primera mitad del siglo XVII, estuvieron muy de moda entre los pintores flamencos y holandeses los temas iconográficos de el rey del haba o el rey bebe, unas escenas de tipo costumbrista que describen con todo lujo de detalles cómo se celebraba la festividad de reyes en el norte de Europa. Fieles continuadores de la tradición romana, los flamencos horneaban un rico bollo, metían dentro un haba seca y lo repartían entre los comensales. Al que le tocaba el haba, le encasquetaban una corona de papel y le nombraban rey. El monarca tenía la potestad de nombrar a otros cargos dentro de su corte, como el bufón, el mayordomo real o el maestro de música. Cada vez que levantaba la copa, sus súbditos tenían que meterse entre pecho y espalda un buen lingotazo de vino y gritar a coro: ¡el rey bebe!

Aquí tenéis un ejemplo de David Teniers el Joven que se conserva en el Museo del Prado. El rey está sentado a la mesa ante los restos de un opíparo banquete, bebiendo de la copa con pose chulesca. Si os fijáis en su corona (haced clic en la imagen del inicio del post para verlo con más detalle), veréis que lleva pintada la adoración de los reyes magos. El bufón baila muy animado con su copa en alto y una tortita en la mano, de las que está cocinando la mujer del fondo. Detrás de la mesa, un hombre con sonrisa picarona, sospechosamente parecido a Benny Hill, agarra por los hombros a una chica de mejillas sonrosadas.

David Teniers el Joven, El rey bebe (1650-1660), Museo del Prado, Madrid
David Teniers el Joven El rey bebe (detalle)
David Teniers el Joven El rey bebe (detalle)
La fiesta de reyes pintada por Jan Miense Molenaer está en un estadio de bebercio algo más avanzado. La corona está colgada en el respaldo de un sillón, ya no hay comida de por medio y ¿para qué utilizar copas cuando se puede beber directamente a morro de una divertida garrafa con cara, ojos y barba? Este sí que es un rey campechano.

Jan Miense Molenaer, El rey bebe (1636-1637), Liechtenstein Museum, Viena

Jan Miense Molenaer, El rey bebe (detalle)
En La fiesta del haba de Jan Steen, el rey es un niño pequeño que se ha subido a una mesa para hacerse ver y oír. Una anciana, probablemente su abuela, le anima a vaciar una copa que esperemos que sea de agua. La música corre a cargo de tres experimentados intérpretes: un violinista (bajo el cuadro del fondo), el bufón que toca una zambomba home-made (a la derecha) y un señor raro con un embudo en la cabeza que toca un stradivarius improvisado con una sartén y una espumadera (a la izquierda). Como curiosidad, el matrimonio sentado a la mesa son el pintor y su esposa.

Jan Steen, La fiesta del haba (1668), Staatliche Museen, Kassel
Aunque para fiestas salvajes, las de Jacob Jordaens. El genial artista flamenco pintó este tema en varias ocasiones, pero aquí solo veremos un par de ejemplos. En el primero de ellos, del Museo Hermitage de San Petersburgo, la fiesta se les empieza a ir de las manos. El rey es el suegro del artista, Adam van Noort, que también era pintor. Junto a él podemos ver a Elizabeth, la esposa de Jordaens, y al propio Jordaens dándolo todo.

Jacob Jordaens, El rey del haba (h.1638), Museo Hermitage, San Petersburgo
Jacob Jordaens, El rey del haba (detalle)
De izquierda a derecha: la mujer de Jordaens, Jacob Jordaens y su suegro.
Pero vayamos a los detalles escabrosos, como el bufón de la corte que despista hábilmente a una de las invitadas para tocar un poco de carnaza, o el rollizo bebé desnudo echándose una meadita sobre el pobre perro.

Jacob Jordaens, El rey del haba (detalle)
Jacob Jordaens, El rey del haba (detalle)
La versión del Museo de Bellas Artes de Bruselas es un completo desiderátum. El rey vuelve a ser el suegro del artista (que visto lo visto debía ser un borrachín de cuidado). Es el momento exacto en que levanta la copa y todos gritan a coro la famosa frase de "el rey bebe". El músico de la corte toca la gaita congestionado. El joven situado en primer término se levanta poseído a bailar y un perro salta junto a él. El bufón, con la cara desencajada, echa mano como quien no quiere la cosa a la pechuga de una señorita. El señor de la izquierda se agarra a una silla para vomitar y tira toda la loza al suelo. La señora elegante de la derecha le limpia "delicadamente" el culo a su hijito, que llora desconsolado con la cara llena de mocos... En la inscripción de la parte superior del cuadro podemos leer "donde hay comida gratis, es bueno ser huésped". ¿Crítica? ¿Ironía? ¿Diversión? Quién lo sabe.

Jacob Jordaens, El rey bebe (1640), Musées royaux des Beaux-Arts, Bruselas
Desde Harte con Hache os deseo que paséis un día de reyes tan animado como estos que hemos visto (a ser posible sin resaca). Y esto lo digo con la corona puesta, porque mientras estaba escribiendo, hice un viajecito a la cocina para cortar un trozo de roscón y, casualidades del destino, me tocó el haba. Hoy mando yo.

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