31 de enero de 2013

Las "reinas" del destape (I): Agnès Sorel

Jean Fouquet, Agnès Sorel como la virgen María (Díptico de Melun, h.1452), Koninklijk Museum, Amberes

El rey Carlos VII de Francia era un hombre tímido, tristón, pusilánime y sin iniciativa. Y si pasó a la historia con el sobrenombre de "el victorioso" no fue por méritos propios, sino gracias a dos mujeres de bandera que se cruzaron en su camino y evitaron, cada una a su manera, que el reino se fuese al garete. La primera de ellas fue Juana de Arco, que reconquistó para Carlos VII gran parte de los territorios que estaban en manos de los ingleses. Como recompensa, fue acusada de brujería y condenada a morir en la hoguera en 1431. Carlos VII, con su habitual indolencia, no movió ni un dedo para evitarlo.

La segunda era, según las crónicas, la mujer más bella de Francia. Agnès Sorel, una jovencita de veintiún años, rubia, con ojos azules y un cuerpazo espectacular, llegó a la corte francesa en 1443 como dama de honor de Isabel de Lorena, esposa de Renato I de Sicilia. Carlos VII se encaprichó de ella y Agnès no tuvo más remedio que ceder a sus deseos. En esa época, no era prudente negarle nada a un rey por muy cuarentón y feo que fuese (y éste lo era un rato).

Jean Fouquet, Carlos VII de Francia (h.1445), Museo del Louvre, París

La esposa oficial, María de Anjou, aceptó los cuernos con deportividad y se hizo amiga de su rival, consciente de que no podría competir con ella. Según Chastellain, cronista oficial del duque de Borgoña, la reina tenía "un rostro que infundiría miedo hasta a los ingleses". Viendo su retrato, no nos queda más remedio que darle la razón. Aun así, el aspecto de la reina no fue obstáculo para que Carlos VII le fabricase la friolera de trece hijos. Y es que el rey era paradete en temas de estado pero cuando había mujeres de por medio, revivía milagrosamente.

La reina Marie de Anjou, esposa de Carlos VII

Agnès Sorel fue la primera en ostentar el título oficial de "amante real" (maîtresse royale). Su influencia sobre el rey era tan grande que prácticamente gobernaba Francia ella sola. Una de sus mayores hazañas fue conseguir que Carlos VII retomase la lucha contra los ingleses, recuperando la totalidad de su territorio y poniendo fin a la guerra de los Cien Años.

En la corte, causaban sensación sus espectaculares vestidos con escotes de vértigo. Tan de vértigo, que dejaban su busto totalmente al descubierto, sin dejar nada a la imaginación. Podríamos decir que la bella Agnès puso de moda el topless en las cortes europeas.

En el invierno de 1450, embarazadísima de su cuarta hija, Agnès Sorel deja el castillo de Chinon para reunirse con el rey en la campaña de Jumièges y avisarle de una conspiración o darle apoyo moral (no se sabe con certeza). Nada más llegar, enferma gravemente de disentería y da a luz a una niña prematura, muriendo al poco tiempo. Tenía solo veintiocho años. Desde el principio, se habló de un posible envenenamiento, aunque no se pudo demostrar. El principal sospechoso no era otro que el primogénito de Carlos VII, el futuro Luis XI, que llevaba varios años conspirando contra su padre y su querida.

En el año 2004, aprovechando el traslado de la sepultura de Agnès Sorel en la colegiata de Saint-Ours de Loches, se hizo un estudio de sus restos. El resultado de este CSI Loches fue concluyente: la maîtresse royale murió envenenada por una ingesta excesiva de mercurio. ¿Suicidio? ¿Error médico? ¿Asesinato? Quién sabe...

El retrato más famoso de La Dame de beauté, sobrenombre con el que se conocía a Agnès Sorel, es el díptico de Melún pintado por Jean Fouquet hacia 1452. Fue un encargo de Étienne Chevalier, tesorero de Carlos VII, para la tumba de su esposa, Catherine Budé, en la colegiata de Notre-Dame de Melun. Sus dos mitades están hoy en museos diferentes, una en Berlín y otra en Amberes.

Jean Fouquet, Díptico de Melun (h.1452)

En el panel de la izquierda, está retratado el propio Étienne Chevalier de rodillas y con las manos unidas en oración. Seguramente esté rezando por su esposa, que había muerto hacía poco. Le acompaña San Esteban, su santo protector (Étienne es Esteban en francés), que actúa como intermediario entre el donante y la Virgen. San Esteban fue el primer mártir cristiano y murió lapidado por sus sermones incendiarios, por eso lleva una piedra encima del libro. Detrás de ellos, Fouquet pinta una impresionante arquitectura renacentista en perspectiva, en la que está inscrito el nombre de Étienne Chevalier.

Jean Fouquet, Étienne Chevalier y San Esteban (Díptico de Melún, h.1452), Staatliche Museen, Berlín

La precisión y el realismo con el que Foquet pinta estas dos figuras es impactante, como podéis comprobar en los dos detalles siguientes (haced clic en las imágenes para verlas mucho más grandes, merece la pena). El terciopelo rojo del traje de Étienne Chevalier es casi hipnótico, al igual que su piel curtida y el gesto serio y concentrado. Lo único que falla es el corte de pelo, que no le favorece nada.

Jean Fouquet, retrato de Étienne Chevalier (Díptico de Melun, h.1452)

El bellísimo rostro de San Esteban está en mi top ten particular de la pintura francesa: las mejillas chupadas, las leves ojeras, el naranja subido de los labios, el color más gris de la piel allí donde se ha rapado y sobre todo ese impactante churrete de sangre que le cae por la coronilla, manchándole su vestimenta de diácono. Chapeau, monsieur Fouquet. Sólo por este rostro, entre ascético y sexy, merece usted un puesto de honor en la historia del arte.

Jean Fouquet, San Esteban (Díptico de Melun, h.1452)

En la parte derecha del díptico, podemos ver a la Virgen María con el niño Jesús sobre sus rodillas. Está sentada en un trono de oro y piedras preciosas que sujetan varios ángeles. Aquí no hay perspectiva y las figuras son mucho más esenciales, sin buscar detalles realistas. El pintor quiere dejar clara la diferencia entre el mundo terrenal y el mundo celestial. El color intenso de los ángeles contribuye a crear este ambiente idealizado, aunque es absolutamente fiel a los preceptos de la iconografía religiosa, según la cual los serafines son de color rojo y los querubines de color azul.

Jean Fouquet, La Virgen y el Niño rodeados de ángeles (Díptico de Melún, h.1452), Koninklijk Museum, Amberes

Los dos paneles no pueden ser más diferentes entre sí, pero el artista crea un juego de miradas entre uno y otro para darle unidad al conjunto: Étienne y Esteban miran hacia la derecha y el niño Jesús apunta con el dedo hacia la izquierda, dándonos a entender que está escuchando las plegarias del primero.

¿Y qué me decís de la virgen María, tan virginal ella? Los rasgos son claramente los de Agnès Sorel, que podemos ver también en la escultura tallada para su tumba: la frente depilada, la boca pequeña y la barbilla partida. El panel está pintado con los colores heráldicos del rey: rojo, azul y blanco (que también son los colores que más destacan en el panel de la izquierda). La anatomia de la modelo es totalmente artificial, con una cintura de avispa imposible y unos enormes pechos esféricos demasiado separados (¿de dónde sacarían la inspiración los de Mattel para crear a la Barbie?) El vestido, con el escote abierto, podría hacer referencia a la moda del destape impuesta por Agnès Sorel en la corte.

Detalle de la sepultura de Agnès Sorel (Colegiata de Saint-Ours, Loches)

Jean Fouquet nunca firmaba sus obras pero en este caso, estaba tan orgulloso del resultado, que hizo una excepción. Colocó un pequeño autorretrato, conservado en el Louvre, sobre el marco de terciopelo azul del díptico. Es el primer autorretrato independiente de un artista que se conoce. Se merecía esta distinción, ¿no os parece?

Jean Fouquet, Autorretrato (h.1452), Museo del Louvre, París

22 de enero de 2013

Filis, la primera dominatriz

Maestro M.Z. (Matthäus Zaisinger), Aristóteles y Filis (Alemania, h.1490-1500)

Los filósofos de la antigua Grecia sabían mucho de sofismas y esas cosas, pero las mujeres se les daban fatal. El anciano Aristóteles, preceptor de Alejandro Magno, estaba negro: su discípulo perdía el tiempo miserablemente con la bella cortesana Filis. Como mentor, se vio en la obligación moral de advertir al muchacho de los efectos nocivos que podían ejercer las mujeres en el desarrollo intelectual de los jóvenes. Alejandro le miró extrañado, se encogió de hombros y como buen adolescente, se apresuró a regresar a los brazos amorosos de Filis: "¿sabes lo que me acaba de decir el maestro...?"

Filis no estaba dispuesta a permitir que un carcamal le fastidiase el rollo con el futuro rey de Macedonia, así que decidió darle una lección a ese listillo jactancioso que tanto sabía. Se puso guapa, bajó al jardín y empezó a bailar sensualmente bajo la ventana de Aristóteles. El filósofo asomó la cabeza y se quedó prendado al instante de los encantos de la joven. Al verle babear, Filis le preguntó con picardía: "¿Te gustaría ser mi semental? Pues primero tendrás que dejarme montar en tu grupa y darme un paseo por el jardín." Aristóteles relinchó y se puso a cuatro patas. Filis le colocó el bocado y las riendas, se sentó sobre su espalda y le hizo trotar por la pradera dirigiéndole, a golpe de látigo, hasta el lugar en que se encontraba su amante.

Alejandro no podía creer lo que estaban viendo sus ojos: ¡su maestro convertido en un vulgar percherón! El filósofo se puso rojo como la grana e intentó salir del paso con una burda excusa: "Alejandrito, ¿ves lo que te decía? Si esta arpía es capaz de hacer esto con un sabio como yo, ¡qué no hará con un yogurín inexperto como tú!" El chico soltó una carcajada, perdonó a su maestro el intento frustrado de cuernos y siguió disfrutando de la hermosa Filis.

Aristóteles y Filis, Salterio Macclesfield (Inglaterra, h.1330), Fitzwilliam Museum, Cambridge

Aunque divertida, la historia es totalmente apócrifa. Procede de un cuento medieval de origen indio que popularizó Jacques de Vitry en el siglo XIII. Se utilizaba como sátira para criticar la debilidad del hombre ante las mujeres, un tema que estaba muy de moda en la época. La mayoría de representaciones artísticas son de la Edad Media y del Renacimiento. En ellas, Aristóteles aparece algunas veces desnudo, para ridiculizarle si cabe un poco más. También es habitual que uno de los dos personajes cruce su mirada con la del espectador, convirtiéndole de ese modo en el voyeur que pilla a la pareja in fraganti. Fijaos, por ejemplo, en estos tres grabados de los siglos XV y XVI:

Maestro de Housebook, Aristóteles y Filis (h.1485), Rijksmuseum, Amsterdam
Hans Baldung Grien, Aristóteles y Filis (1513), Germanisches National Museum, Nurenberg
Jan Sadeler, a partir de Bartholomäus Spranger, Aristóteles y Filis (h.1587-1593)

El cuadro de Lucas Cranach el Viejo, uno de los habituales de este blog, resulta delicioso de puro cruel. A esta Filis renacentista no le hacen falta ni látigo ni riendas, le basta con agarrarse de las barbas del anciano. El rostro frío e insensible de ella contrasta con la expresión intensa del filósofo, que la mira entre fascinado y aterrado. Su sumisión es absoluta.

Lucas Cranach el Viejo, Aristóteles y Filis (1530), colección particular
Lucas Cranach el Viejo, Aristóteles y Filis (detalle)

¿Y qué os parece este espectacular aguamanil del siglo XIV? Se rellenaba de agua por la cabeza de Filis (tiene un agujero por atrás) y se vertía a través del grifo. Formaba parte del servicio de mesa de una casa elegante. Lo que ya no resulta tan fino es esa mano que apoya la dama en el trasero de Aristóteles.

Aristóteles y Filis, aguamanil (Países Bajos, fines XIV), Metropolitan Museum, Nueva York
Aristóteles y Filis, aguamanil (Países Bajos, fines XIV), Metropolitan Museum, Nueva York

16 de enero de 2013

La reina rabanera y el payaso finolis

François Clouet, Maria I de Escocia (h.1558), Royal Collection, Windsor

Esta dulce jovencita de la imagen es María Estuardo, reina de Escocia. En toda la historia de la ópera, no hay ningún personaje, por muy grosero y barriobajero que sea, que le llegue  a la suela de los zapatos en cuestión de insultos. Las lindezas que es capaz de soltar por esa boquita de piñón en la ópera Maria Stuarda de Donizetti hacen enrojecer al más ordinario.

Estos reales improperios, que transcribimos a continuación, van dirigidos nada más y nada menos que a su tía, la también reina Isabel I de Inglaterra:

Figlia impura di Bolena,
Hija impura de Bolena
Parli tu di disonore?
¿Hablas tú de deshonor?
Meretrice indegna e oscena,
Meretriz indigna y obscena
In te cada il mio rossore.
que caiga sobre ti mi vergüenza
Profanato è il soglio inglese,
¡Estás profanando el trono inglés,
Vil bastarda, dal tuo piè!
vil bastarda, con tu pie!


¡Ahí es nada! Podéis escucharlo, si vuestros delicados oídos no se resienten, en esta interpretación de la soprano norteamericana Joyce DiDonato que puede verse actualmente en el Metropolitan de Nueva York:


Vídeo del canal MetropolitanOpera

Lo gracioso del tema es que en realidad, las dos reinas nunca llegaron a conocerse. Isabel I tuvo prisionera a María Estuardo durante dieciocho años, hasta que ordenó su ejecución en 1587. En todo este tiempo, no se dignó a visitarla. La escocesa era un grano en el culo para los ingleses. Como Isabel no se había casado y no tenía descendencia, María se convertía automáticamente en la heredera del trono inglés. A ojos de Isabel, María era un "dechado de virtudes": una intrigante que conspiraba continuamente contra ella, sospechosa de haber colaborado en el asesinato de su segundo esposo, Lord Darnley, y para colmo de males, católica. Lo más prudente, por el bien del reino, era deshacerse de ella y el hacha del verdugo fue una buena opción.

El argumento que utiliza Donizetti en su ópera lo saca de una obra teatral de Schiller que poco tiene que ver con la verdad histórica. En ella, las dos reinas se pelean por el amor del conde de Leicester, que en realidad fue uno de los favoritos (y probablemente amante) de Isabel I, la supuesta "reina virgen", ejem.

Enrico Caruso como Canio para la ópera Pagliacci de Leoncavallo

Volviendo al tema de los exabruptos, la verdad es que sorprende escuchar de boca de una reina tan noble y bien educada una retahíla de insultos de esas características. Del mismo modo que sorprende el meretrice abbietta que le espeta Canio a su mujer, en la ópera Pagliacci de Leoncavallo, cuando se entera de que le ha estado poniendo los cuernos. Verdaderamente, que un payaso siciliano de fines del XIX, inculto y corto de miras, sea capaz de llamar a su señora en pleno ataque de ira "meretriz abyecta" en vez de "mala puta" es digno de admirar.

Aquí tenéis el aria en cuestión cantada por Franco Corelli hace un porrón de años. La calidad de la imagen es la que es, pero la canta de maravilla. El insulto en cuestión podéis encontrarlo en el minuto 2:38.

Vídeo del canal mijano75

Y es que en la ópera saben cómo insultar... ¿Se os ocurre algún otro ejemplo?

Por cierto, los que quieran conocer mejor el culebrón de estas dos reinas, pueden ir a ver este sábado (19 de enero) a las 19:00 la retransmisión en directo que hacen desde el Met de Nueva York a cines de todo el mundo de la ópera Maria Stuarda. En España, la retransmiten los cines Yelmo. Más información aquí: http://www.metoperafamily.org/metopera/liveinhd/international_locations.aspx

8 de enero de 2013

La cara B del cuento de los reyes magos

La adoración de los reyes magos es uno de los temas más representados en la historia del arte (hay ejemplos a patadas en todos los museos). Sin embargo, la cara B de la historia no es tan conocida. ¿Qué hicieron estos tres señores después de llevarle al niño oro, incienso y mirra?

Pues muy fácil, se fueron a la cama a dormir. Y mientras roncaban plácidamente, se les apareció un ángel para advertirles que debían regresar a casa por un camino diferente al que habían tomado. De este modo evitarían el castillo de Herodes, que les esperaba frotándose las manos para sonsacarles el paradero de ese famoso niño que iba a quitarle el puesto como rey de los judíos.

Este tema iconográfico, denominado "el sueño de los magos", es típico de la Edad Media. No lo encontraremos representado en retablos, puesto que es un tema menor, pero sí que aparece con cierta frecuencia en las portadas de las iglesias, en los capiteles de los claustros, en las vidrieras de algunas catedrales y sobre todo en las miniaturas de los libros devocionales. A pesar de las limitaciones de espacio de este tipo de soportes, la naturalidad que consiguieron darle los artistas a la escena es asombrosa.

Empecemos con un par de vidrieras de finales del siglo XII. En la primera, de la catedral de Clermont, podemos ver a los tres reyes magos tumbados en una especie de hoja gigante que en realidad intenta ser un colchón. El ángel baja de los cielos y despierta a uno de ellos, que le mira rascándose la barba con cara de incredulidad.

El sueño de los magos (fines XII), catedral de Clermont

La segunda vidriera, de la catedral de Canterbury, es bastante más detallada. Los reyes magos duermen juntitos en una cama de perspectiva cuestionable (la colocación del cabecero, las patas y el colchón es un tanto precaria). El ángel se les aparece con una filacteria en la mano. Las filacterias, como ya hemos visto en otras ocasiones, son como los globos de los cómics; es decir, llevan escrito lo que está diciendo el personaje que las sujeta.

El sueño de los magos (h.1180), catedral de Canterbury

Con estas dos imágenes, ya podemos hacernos una idea de los elementos que incluye siempre esta escena:
  • Un ángel (con filacteria o sin ella) que está despertando a uno de los magos (los otros dos suelen estar dormidos).
  • Una única cama (en la Edad Media los viajeros solían compartir lecho).
  • Y los tres reyes magos durmiendo con la corona puesta, por muy incómodo que parezca.
Y aquí surge la pregunta del siglo: ¿los reyes magos dormían solo juntos o juntos y revueltos? Veamos algunos ejemplos más, a ver si salimos de dudas.

En esta miniatura inglesa del siglo XII, da la sensación de que solo duermen juntos. Al menos, todos ellos llevan pijama (o más bien camisón). Además, si contamos el número de patas, parece que estén durmiendo en dos camas, no en una. Al pobre Gaspar le ha tocado en medio y es a él a quien despierta el ángel. Para indicarnos que sigue medio dormido, el artista le pinta con un ojo abierto y otro cerrado. ¿Y os habéis fijado en que la filacteria del ángel no lleva nada escrito? A lo mejor es un ángel mudo (o está hablando bajito).

El sueño de los magos, Salterio Royal 1 DX (Inglaterra, 1200-1220), British Library, Londres

Los reyes magos de esta otra miniatura son tan castos que prefieren dormir sentados en la cama y evitar cualquier tipo de contacto físico. Melchor, el del medio, tiene ya tanta práctica que es capaz de dormir con la cabeza apoyada en la mano y ¡el codo en el aire!

El sueño de los magos, Salterio Arundel 157 (Inglaterra, 1/4 XIII), British Library, Londres

Esta tercera miniatura incluye la escena de la adoración arriba y el sueño de los magos abajo. Volvemos a encontrarnos con un ángel mudo y unos reyes magos juntos, pero no revueltos. Suspenso en anatomía para el artista: las piernas y los torsos no concuerdan para nada.

Adoración y sueño de los magos, Salterio Landsowne 420 (1/4 XIII), British Library, Londres

En esta otra página aparecen otra vez las dos escenas unidas, con dos ángeles en las esquinas superiores, la creación de Adán y Eva en los semicírculos centrales y los tres caballos de los reyes magos en las esquinas de abajo. Aunque a simple vista parezca que sólo hay dos reyes, en realidad están los tres. ¿Habéis localizado al pobre Baltasar? Duerme literalmente aplastado debajo de sus dos compañeros de fatigas.

Adoración y sueño de los magos, Salterio Oscott (Inglaterra, XIV), British Library

Hasta aquí todo en orden. Nada especialmente sospechoso. ¿Pero qué me decís de este bellísimo capitel tallado por Gislebertus para la catedral de Autun? ¡Los reyes magos están desnudos, se abrazan amorosamente y encima juegan al trenecito! Aquí hay tomate. Fijo.

Gislebertus, El sueño de los magos (XII), capitel de la catedral de Autun

En este otro relieve de una de las portadas de la catedral de Amiens, volvemos a encontrarlos durmiendo en pelotas y además peleándose por la manta.

El sueño de los magos (XIII), catedral de Amiens

¿Seguís necesitando pruebas de lo evidente? Pues bien, esta miniatura perteneciente a un salterio de la reina María Tudor es testimonio irrefutable de que los reyes magos eran un trío bien avenido.

El sueño de los magos, Salterio de la reina María (Inglaterra, 1310-1320), British Library, Londres

¿Y qué me decis de esta otra escena tan tierna, en la que Gaspar juguetea cariñoso con los rizos del joven Baltasar? Os dejo un detalle más grande debajo para que podáis apreciarlo.

Adoración y sueño de los magos, Libro de horas Taymouth (2/4 XIV), British Library, Londres
Sueño de los magos, Libro de horas Taymouth (detalle)

Esta me encanta: el cabrito del ángel le ha dado un susto de muerte al pobre Melchor, que levanta las manos espantado y lanza un grito (no es para menos, con una aparición sobrenatural de este tipo).
Adoración y sueño de los magos, manuscrito Selden Supra 38 (Inglaterra, h.1320), Bodleian Library, Oxford

Pero por muy bien que se lleve, toda pareja (o trío) tiene sus desavenencias de vez en cuando, como bien demuestra este libro de horas de la Biblioteca Morgan:

El sueño de los magos, Libro de Horas M.359 (París, h.1430), Biblioteca Morgan, Nueva York

Resumiendo, que ya va siendo hora de que los reyes magos se decidan a salir del armario de una vez. Quizás hasta se conviertan en un nuevo icono gay...

5 de enero de 2013

Los orígenes del roscón de reyes

David Teniers el Joven, detalle de El rey bebe (1650-1660), Museo del Prado, Madrid

El delicioso roscón de reyes con sus frutas confitadas, la corona de papel, el haba y la sorpresa es una tradición antiquísima. Lo inventaron los romanos para las saturnalia, unas fiestas paganas en honor al dios Saturno inmensamente populares. Durante esos días, nadie trabajaba, patricios, plebeyos y esclavos estaban de vacaciones, intercambiaban regalos, comían como cerdos y bebían todavía más. Uno de los dulces típicos de esas fiestas era una torta redonda con higos, dátiles y miel en cuyo interior se colocaba un haba. El que la encontraba, era coronado rey de la fiesta.

Luego vino la iglesia con las rebajas, dispuesta a cargarse todo lo que sonase a pagano, y colocó la navidad más o menos en las mismas fechas, para tratar de convertir esta tradición de vicio y perversión en una festividad cristiana. Y hasta cierto punto lo consiguieron. Sin embargo, las comilonas, la abundancia de alcohol, los regalos y el roscón de las saturnalia pervivieron. Y es que la humanidad se adapta a todo, siempre y cuando no le quiten las juergas.

Durante la primera mitad del siglo XVII, estuvieron muy de moda entre los pintores flamencos los temas iconográficos de el rey del haba o el rey bebe, unas escenas de tipo costumbrista que describen con todo lujo de detalles cómo se celebraba la festividad de reyes en el norte de Europa. Fieles continuadores de la tradición romana, los flamencos horneaban un rico bollo, metían dentro un haba seca y lo repartían entre los comensales. Al que le tocaba el haba, le encasquetaban una corona de papel y le nombraban rey. El monarca tenía la potestad de nombrar a otros cargos dentro de su corte, como el bufón, el mayordomo real o el maestro de música. Cada vez que levantaba la copa, sus súbditos tenían que meterse entre pecho y espalda un buen lingotazo de vino y gritar a coro: ¡el rey bebe!

Aquí tenéis un ejemplo de David Teniers el Joven que se conserva en el Museo del Prado. El rey está sentado a la mesa ante los restos de un opíparo banquete, bebiendo de la copa con pose chulesca. Si os fijáis en su corona (haced clic en la imagen del inicio del post para verlo con más detalle), veréis que lleva pintada la adoración de los reyes magos. El bufón baila muy animado con su copa en alto y una tortita en la mano que le ha debido dar la mujer que está cocinando al fondo. Detrás de la mesa, un hombre con sonrisa picarona, sospechosamente parecido a Benny Hill, agarra por los hombros a una chica de mejillas sonrosadas.

David Teniers el Joven, El rey bebe (1650-1660), Museo del Prado, Madrid

David Teniers el Joven El rey bebe (detalle)

David Teniers el Joven El rey bebe (detalle)

La fiesta de reyes pintada por Jan Miense Molenaer está en un estadio de bebercio algo más avanzado. La corona está colgada en el respaldo de un sillón, ya no hay comida de por medio y ¿para qué utilizar copas cuando se puede beber directamente a morro de una divertida garrafa con cara, ojos y barba? Este sí que es un rey campechano.

Jan Miense Molenaer, El rey bebe (1636-1637), Liechtenstein Museum, Viena

Jan Miense Molenaer, El rey bebe (detalle)

En La fiesta del haba de Jan Steen, el rey es un niño pequeño que se ha subido a una mesa para hacerse ver y oír. Una anciana, probablemente su abuela, le anima a vaciar una copa que esperemos que sea de agua. La música corre a cargo de tres experimentados intérpretes: un violinista (bajo el cuadro del fondo), el bufón que toca una zambomba home-made (a la derecha) y un señor raro con un embudo en la cabeza que toca un stradivarius improvisado con una sartén y una espumadera (a la izquierda). Como curiosidad, el matrimonio sentado a la mesa son el pintor y su esposa.

Jan Steen, La fiesta del haba (1668), Staatliche Museen, Kassel

Aunque para fiestas salvajes, las de Jacob Jordaens. El genial artista flamenco pintó este tema en multitud de ocasiones, pero aquí solo veremos un par de ejemplos. En el primero de ellos, del museo Hermitage de San Petersburgo, la fiesta empieza a irse de las manos. El rey es el suegro del artista, Adam van Noort, que también era pintor. Junto a él podemos ver a Elizabeth, la esposa de Jordaens, y al propio Jordaens dándolo todo.

Jacob Jordaens, El rey del haba (h.1638), Museo Hermitage, San Petersburgo

Jacob Jordaens, El rey del haba (detalle)
De izquierda a derecha: la mujer de Jordaens, Jacob Jordaens y su suegro.

Pero vayamos a los detalles escabrosos, como el bufón de la corte que despista habilmente a una de las invitadas para tocar un poco de carnaza, o el rollizo bebé desnudo echándose una meadita sobre el pobre perro.

Jacob Jordaens, El rey del haba (detalle)

Jacob Jordaens, El rey del haba (detalle)

La versión del Museo de Bellas Artes de Bruselas es un completo desiderátum. El rey vuelve a ser el suegro del artista (que visto lo visto debía ser un borrachín de cuidado). Es el momento exacto en que levanta la copa y todos gritan a coro la famosa frase de "el rey bebe". El músico de la corte toca la gaita congestionado. El joven situado en primer término se levanta poseído a bailar y un perro salta junto a él. El bufón, con la cara desencajada, echa mano como quien no quiere la cosa a la pechuga de una señorita. El señor de la izquierda se agarra a una silla para vomitar y tira toda la loza al suelo. La señora elegante de la derecha le limpia "delicadamente" el culo a su hijito, que llora desconsolado con la cara llena de mocos... En la inscripción de la parte superior del cuadro podemos leer "donde hay comida gratis, es bueno ser huesped". ¿Crítica? ¿Ironía? ¿Diversión? Quién lo sabe.

Jacob Jordaens, El rey bebe (1640), Musées royaux des Beaux-Arts, Bruselas

Desde Harte con Hache os deseo que paséis un día de reyes tan animado como estos que hemos visto (a ser posible sin resaca). Y esto lo digo con la corona puesta, porque mientras estaba escribiendo, hice un viajecito a la cocina para cortar un trozo de roscón y, casualidades del destino, me tocó el haba. Hoy mando yo.