22 de diciembre de 2013

Se armó el Belén (1)

Duccio di Buoninsegna, Natividad (detalle, 1308-1377), National Gallery of Art, Washington

Cuando a un artista le encargaban un cuadro sobre la natividad, tenía claro que no podía pintar lo que le viniese en gana. Si no quería meterse en líos, debía ajustarse milimétricamente a los textos sagrados. Pero había un problema, los libros aceptados oficialmente por la iglesia católica, los evangelios canónicos, no contenían mucha información sobre este episodio y además se contradecían en algunos detalles. Para poder completar la historia, no tuvieron más remedio que acudir a los evangelios apócrifos, concretamente al Protoevangelio de Santiago y al Evangelio del pseudo Mateo, unos textos extraoficiales plagados de jugosas anécdotas.

Poco a poco, el tema iconográfico de la natividad se fue normalizando y se llegó a un modelo estándar que hoy conocemos como "modelo bizantino", que estuvo vigente hasta el siglo XIV. Lo primero que nos llama la atención es que el nacimiento no tiene lugar en el típico establo, sino dentro de una cueva, en las montañas. Según los evangelios apócrifos, María se puso de parto cuando aún estaban de camino a Belén y el pobre José, muy apurado, la metió en una gruta para "ocultar su desnudez" (parir en medio del campo no era de recibo) y se fue corriendo a Belén a buscar una comadrona.

Pietro Cavallini, Natividad (1296-1300), mosaico de Santa Maria in Trastevere, Roma

Cuando José volvió con las parteras, Zelomi y Salomé, la criatura ya había nacido. Salomé era bastante escéptica y no podía creer que María pudiese seguir siendo virgen después de haber parido a un niño, así que pidió permiso para "meter el dedo" y comprobarlo. El cielo castigó su incredulidad de manera fulminante. Nada más poner el dedo en el sagrado orificio, el brazo se le quedó reseco como una pasa, o se le quemó según otra versión. La mujer aullaba de dolor y rezaba desesperada pero en cuanto tocó al niño, se curó por arte de magia. Evidentemente, la anécdota de la partera descreída y el dedo no suele representarse en el arte, pero sí que podemos encontrar a las dos parteras en muchas natividades. Zelomi y Salomé suelen estar bañando al niño que, como es omnipresente, aparece por duplicado, en el pesebre y en la bañera. Generalmente es un recién nacido gigantesco, por eso de la perspectiva jerárquica (cuanto más importante sea el personaje, más grande lo pintan). En el siglo XVI, el Concilio de Trento condenó la historia de las parteras por considerarla poco seria y las dos mujeres dejaron de salir en la película.

Duccio di Buoninsegna, Natividad (detalle de las parteras Zelomi y Salomé)

Duccio di Buoninsegna, Natividad (1308-1311), National Gallery of Art, Washington

Natividad (mosaico de 1140-1170), Capilla Palatina, Palermo

En las natividades de tipo bizantino, a María se la representa acostada (lo natural en una recién parida) sobre un colchón que muchas veces parece un saco de acampada, y más aún cuando el artista pasa de pintar la gruta y coloca la escena directamente en las montañas. El niño suele estar inmovilizado en el pesebre, envuelto de la cabeza a los pies como una pequeña momia. Se sigue al pie de la letra el Evangelio de Lucas, que dice que María "lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre". La mula y el buey pertenecen a los evangelios apócrifos, aunque también se les menciona muy de pasada en el libro profético de Isaías. El que hubiese un pesebre y ganado dentro de una cueva tenía cierto sentido ya que, en esa época, algunas grutas se utilizaban como establos.

Aprovechando que hay montañas, muchos artistas matan dos pájaros de un tiro y encajan en alguna esquina la escena del anuncio del ángel a los pastores, con mini rebaño incluido. El gran Pietro da Rimini merecería estar en el libro Guiness de los records por meter en una tablita de veinte centímetros de ancho la natividad, las parteras bañando al niño, el anuncio a los pastores y el viaje de los Reyes Magos. Casi nada...

Pietro da Rimini, Natividad (h.1330), Museo Thyssen Bornemisza-MNAC, Barcelona

Giotto, Natividad (fresco de 1304-1306), Capilla Scrovegni, Padua

Giotto, Natividad (detalle, María le entrega el niño a una de las parteras)

El bueno de José suele estar sentado junto a María, con la cabeza apoyada en la mano, aburrido como una ostra. Se le representa como a un hombre anciano porque según la Biblia, tenía más de cien años cuando se desposó con María, de dieciséis (sin comentarios). A partir del Gótico, el venerable ancianito se digna a levantarse para colaborar en las tareas domésticas, como preparar la comida o lavar los pañales.

José acercándole el niño a María, con muy poca maña
Maestro Bertram, Natividad (Retablo Grabow, 1379-1383), Kunsthalle, Hamburgo

José preparando la papilla
Conrad von Soest, Natividad (Retablo Niederwildungen, 1403), Iglesia evangelista de Bad Wildungen

José calentando los pañales
El Bosco, detalle de la Adoración de los Reyes Magos ( h.1495), Museo del Prado, Madrid

En la próxima entrega, explicaremos cómo las alucinaciones de una monja visionaria hicieron cambiar radicalmente la forma de pintar la natividad.

6 comentarios:

  1. Me encanta este capítulo, algo investigué el año pasado, pero tu artículo me ha hecho la luz..supongo que también conoces la versión del maestro desconocido: qué mimbres, que José más inútil y qué animales tan simpáticos, recuerda al Von Soest, no?
    http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Unknown_painter_-_The_Nativity_-_WGA23511.jpg

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    1. Pues sí, se parece muchísimo al maestro desconocido. Y el pobre José, aunque inútil, al menos ayuda, que en esa época no era poca cosa :-)
      Ahora me pongo con la parte 2 del artículo, que es también bastante curiosa

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  2. Qué bonito y qué interesante. ¿La Biblia dice que José tenía más de 100 años? O es algún apócrifo?

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    1. Me has pillado. Para escribir el apunte, he reciclado los apuntes de una conferencia que di el año pasado sobre este tema. Lo más probable es que sea un dato de los apócrifos. En cuanto lo encuentre, te lo confirmo.

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    2. No era mi intencion pillarte sino felicitarte. Uno de estos días verás que ando también entre apócrifos.

      Felices fiestas!

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  3. Qué interesante todo... Yo también quisiera ver dónde se dice que José tenía más de cien años. Fascinante. Felicidades por el artículo

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