10 de diciembre de 2013

Dos en uno, el mito del hermafrodita

Hermafrodita dormido, copia romana del II d.C. de un original griego del II a.C.
Restaurada por Bernini en 1620, Museo del Louvre, París

Una belleza clásica durmiendo plácidamente. Guapa como ella sola... o guapo, porque si miramos por el otro lado nos encontraremos con un inesperado apéndice que nos revela, indiscreto, lo mucho que está disfrutando de la siestecita.

Hermafrodita dormido, detalle

Según nos cuenta Ovidio en Las metamorfosis, Hermafrodito era el hijo ilegítimo de los dioses Hermes y Afrodita, que no estuvieron especialmente inspirados a la hora de buscar nombre para la berreante criatura que acababa de nacer. Con los años, el niño se convirtió en un adolescente guapo a rabiar y se marchó de casa para conocer mundo. Cansado de caminar, se detuvo un día junto al estanque de la náyade Salmacis que, obviando las reglas más básicas del cortejo, le echó los brazos al cuello y le preguntó directamente si le apetecía un revolcón. El chavalín, que aún era algo pasmarote, se puso rojo como un pimiento y le contestó que no, que él no hacía cosas de esas. Ella le respondió con un displicente "tú te lo pierdes" y haciendo ver que se marchaba, se escondió tras unos arbustos. Creyéndose solo, Hermafrodito se desnudó y se metió en el agua para aliviar el calentón o para recuperarse del susto, no lo sabemos con certeza. Era una oportunidad de oro para la náyade que, sin dudarlo, se lanzó de cabeza al estanque y se agarró a él con brazos y piernas. El chico forcejeó espantado pero Salmacis no estaba dispuesta a dejarle escapar y desesperada gritó a los dioses "no permitáis que se separe nunca de mí". Dicho y hecho, los dos cuerpos se fundieron en uno.

En el arte griego y romano, lo habitual era representar a este personaje como una mujer con genitales masculinos. Cuando encontraron esta escultura en Roma, en el siglo XVII, el cardenal Borghese ordenó que la restaurasen y le encargó a Bernini que le esculpiese un cómodo colchón. La obra estuvo en la colección Borghese hasta que Camillo Borghese no tuvo más remedio que vendérsela a su cuñado Napoleón, junto con otras trescientas y pico obras de la colección familiar. (A Napoleón era mejor no llevarle la contraria.) Y de Napoleón pasó al Louvre.

Hermafrodita dormido, Museo del Louvre, París

Cuando Velázquez hizo su segundo viaje a Italia, de 1649 a 1651 (eso sí que eran viajes), tuvo la oportunidad de ver esta escultura en Roma y le pidió al fundidor Matteo Bonarelli, colaborador de Bernini, que hiciese una copia en bronce para el Alcázar de Madrid, que hoy está en el Museo del Prado. Es bastante probable que Velázquez se inspirase en la deliciosa espalda del Hermafrodita al pintar en esa misma época su famosa Venus del espejo. Lástima que no podamos verla por delante para descubrir si también esconde algo...

Diego Velázquez, Venus del espejo (1647-1651), National Gallery, Londres

Es posible que el Hermafrodita inspirase también a Mariano Fortuny, varios siglos más tarde, cuando hizo este pequeño cuadrito titulado Desnudo en la playa de Portici, en el que la figura del niño imita exactamente la colocación de los brazos y las piernas de la escultura, con la derecha estirada y la izquierda flexionada por encima.

Mariano Fortuny, Desnudo en la playa de Portici (1874), Museo del Prado

En la colección Borghese, había otro Hermafrodita que también acabó en el Louvre, pero que estuvo bastantes años escondido, no sé por qué sería... Esta pose tan elegante de la que hace gala la figura recibe el nombre de anasyrma, que en cristiano significa "con las faldas levantadas en plan exhibicionista".

Hermafrodita de pie, copia romana del III d.C. de un original griego, Museo del Louvre, París

En las pinturas romanas de Pompeya y Herculano, podemos encontrar algún que otro Hermafrodita. Suelen ser escenas de carácter cómico en las que uno de los compinches de Baco, el dios Pan o un sátiro, trata de ligarse a la chica y huye espantado cuando ve lo que esconde entre las piernas.

Fresco pompeyano (I d.C.), Museo Arqueológico, Nápoles

¡Casi se me olvida! Si pasáis algún día por el estanque de Salmacis, antes de que os deis un chapuzón conviene que sepáis que desde ese día, cualquiera que se bañe allí se convertirá automáticamente en hermafrodita. Queda a vuestra elección el meter o no el pie en el agua.

5 comentarios:

  1. Me has piyao, no conocía ese hermafrodita (escondido) del louvre,
    le acabo de hacer un seguimiento y lo encuentro en una exposición en la Borguese con un montón de comentarios a que se lo apropió Bonaparte, y no pagó el total del contrato..( como si Augusto y companía de emperadores pagasen entonces a los griegos lo que les tomaron) Estos Italianos a veces se mean fuera del tiesto, y se mojan la pata del pantalón.
    Un saludo

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    1. Esto de las apropiaciones indebidas es complicado. Está claro que si hay transacción económica de por medio, en teoría es una venta, no un robo (igual que pasa con los mármoles del Partenón del British). Pero luego está el tema de si la venta fue o no limpia, sin coacciones de ningún tipo.
      En fin...

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  2. Tampoco parece muy grande el placer del del colchón... :-)

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    1. Es un colchón duro, estupendo para la espalda. Sobre todo cuando se duerme en una postura tan retorcida como la de este señor-señora.

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  3. Interesantes historias, desconocía gran parte de la información tan graciosamente relatada.Les dejo un breve cuento publicado en la página de Vorax Lectora en Facebook :
    Le vi por vez primera en el interior de un carromato. Junto a otros de su especie exhibía impúdicamente su vergüenza procurándose el sustento. Se decía que algunas parturientas modelaban desde su propio seno sus horrores para venderlos al nacer. Niños bicéfalos y acéfalos, gemelos unidos por la frente, potros con cabeza humana, seres medio hombre medio puerco, mujeres con cinco manos, con serpientes en la espalda, con apéndices vivientes y pezuñas de cordero, se unían en un gremio malsano para explotar dolorosamente su desgracia.

    Él, en cambio, era un hermafrodita enigmático y hermoso. Condensaba en su ser todo lo sublime, el misterio original del Demiurgo y la Creación. Y aunque a todos parecía repugnar, ejercía sobre mí un magnetismo inconciliable. Durante algunas semanas fui a verle todas las mañanas en aquel sórdido museo, agasajándole y mostrándole mi admiración. Después él también se enamoró y huyó conmigo de aquel antro fantasmal. Así comenzó una comunión perfecta cuya miel nos deleitó durante meses. Hasta la noche en que, consumido por los celos, terminé con su existencia ambigua al sorprenderle yaciendo consigo mismo en una contorsión repulsivamente obscena.

    El Hermafrodita Vicente Muñoz Álvarez Bio en http://voraxlectora.blogspot.com.ar/2013/10/el-hermafrodita-vicente-munoz-alvarez.html

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