22 de octubre de 2013

Níobe: chulerías, las justas

Jacques-Louis David, Los hijos de Níobe (1772), Dallas Museum of Art

Níobe era una chulita de cuidado. Hija de Tántalo, nieta de Zeus y casada con el rey Anfión de Tebas, se lo tenía bastante creído. Tanto, que cometió la estupidez de comparar su numerosa prole, siete hijos y siete hijas, con la mini prole de la diosa Leto, que sólo había parido una miserable pareja de mellizos. Estos mellizos no eran otros que Apolo y Artemisa, que tenían mucho más pedigrí que los catorce hijos de Níobe juntos, puesto que eran dioses de pura raza, hijos de Leto y del mismísimo Zeus. Lo de tener genes mortales era una faena porque, por muchos dioses parientes que tuvieras, si en tu árbol genealógico aparecía un vulgar humano, como ocurría con los nióbidas, ya te podías ir olvidando de ser inmortal.

No contenta con la metida de pata, Níobe tuvo la desfachatez de prohibir además el culto a la diosa Leto en la ciudad de Tebas. Eso fue la gota que colmó el vaso. La diosa, con un enfado olímpico, mandó a sus dos criaturas a ajustar cuentas con Níobe. Artemisa y Apolo, armados con sus arcos, se acomodaron en unas nubes y mataron a todos los hijos de la reina, dejando sólo dos con vida, un chico y una chica, para que las proles quedasen empatadas. La desconsolada Níobe se fue al monte Sípilo donde los dioses la convirtieron en una roca de la que fluía un manantial (sus lágrimas).

La versión pictórica más antigua del mito que se conoce es esta crátera de figuras rojas del museo del Louvre. Es especialmente importante porque muestra algunos de los avances que se estaban produciendo en la pintura mural en ese momento. El artista ha intentado representar algo así como un fondo montañoso, árbolillo birrioso incluído, y ha colocado a las figuras en distintos planos, algunas parcialmente ocultas por las rocas, en un alarde de perspectiva. No os de la risa, que esto era el colmo del realismo para esa época.

Pintor de los nióbides, crátera con la escena de la muerte de los hijos de Níobe
(Atenas, 460-450 a.C.), Museo del Louvre, París

Detalle de la crátera de los nióbides del Louvre

La famosa escultura Nióbide herida, que se conserva en el Museo de las Termas de Roma, es también de mediados del siglo V a.C. Se cree que es un original griego que se llevó a Roma en época de Augusto para decorar el frontón de un templo dedicado a Apolo y que luego se trasladó a un jardín, junto con sus hermanos nióbides. Sea como sea, es una escultura de lo más efectista, con la pobre chica semi arrodillada, intentando arrancarse sin éxito la flecha de la espalda. Se supone que el rostro, con la boca entreabierta, refleja el terrible dolor de la nióbide, pero bueno, si nos dicen que está mirando pasar un avión también nos lo creemos.

Nióbide herida (h.440 a.C.), Museo de las Termas, Roma

Detalle de la Nióbide herida del Museo de las Termas

Acabamos con una obra muy posterior de Jacques-Louis David. Es un cuadro de juventud, por lo que tendremos que perdonarle el deje rococó. Por mucha matanza que haya, sigue siendo una auténtica tarta (esto es una apreciación personal). Con esta pintura se presentaba por segunda vez al Grand Prix de Rome, una beca que le permitiría ir a acabar sus estudios a Italia. ¡Le catearon! Parece que el chaval, desesperado, intentó suicidarse haciendo una huelga de hambre, pero un amigo le convenció para que volviese a intentarlo y dos años más tarde lo consiguió con otro cuadro de tema clásico, Antíoco y Estratonice.

Jacques-Louis David, Los hijos de Níobe (1772), Dallas Museum of Art

2 comentarios:

  1. La Niobe esta, es que ni se abrió el libro de la Iliada, sino sabría de las malas pulgas de Apolo, (namás empezar), y de Artemisa, hijos políticamente correctos de a dos y ya no más, y claro en todo lo polis griego ella tendría que morir, por exxxxxxajerá y darle tanto trabajo a su marido, y dejar en evidencia a todos los maridos de las demás, sobre todo a los escritores. Pero si Níobe se la hubiera leido, la Iliada,
    http://www.anarkasis.net/Homero/Iliada.htm#24-599
    sabiendo que iba a morir, se cambia el nombre de Níobe, a Rascallú, o, "rascandome la espalda que me pica", y el wikelman ese o como se escriba, se la traga, y salva la vida. ...
    bueno que yo le quería contar con respecto a esa estatua, que me la llevaba como tarea de ver en el museo de las termas en mi litigio con wikelman, y paleta de mi, que me meti en el de las termas de Diocleciano el que está pegando a la iglesia de santa maria de los ángeles, dos horas viendo salas con epigrafias en lápidas de tumbas... hasta que sospeché que se me había acabado el museo y le pregunte a un bedelo que -¿Dónde tenían escondido al boxer?-, se escojonó de risa.. ya casi era hora de cierre, ¡que me lo dejé sin ver!. Ni la niobe, ni el boxer...
    Un saludo

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  2. Da mucha rabia ir a ver una pieza concreta a un museo y no poder hacerlo porque no lo encuentres, porque esté cerrado, porque hayan decidido meterlo en el almacén, lo estén restaurando o porque lo hayan prestado para una exposición. Mi más sentido pésame.

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