29 de octubre de 2013

La muerte y la doncella (2)

Egon Schiele y Wally Neuzil

Continuamos con la trilogía sobre el tema iconográfico de la muerte y la doncella, que empezamos ayer: La muerte y la doncella (1). Y es que el cuadro La muerte y la doncella del pintor austriaco Egon Schiele nos cuenta tantas cosas y está tan vinculado a su biografía, que es imposible despacharlo en un simple párrafo.

Egon Schiele conoció a Wally Neuzil en 1911, cuando él tenía veintiún años y ella diecisiete. A pesar de ser tan joven, Wally ya había estado trabajando como modelo para Gustav Klimt, con todo lo que ello significaba (pensad mal y acertaréis). Al poco tiempo, la pareja decidió irse a vivir al campo para alejarse del ambiente claustrofóbico de Viena, sin tener en cuenta que en los pueblos uno pasa menos desapercibido que en las ciudades.

La primera parada la hacen en Krumau, el pueblo donde había nacido la madre de Schiele, a orillas del río Moldava. El tipo de vida que llevaban resultaba chocante para los sencillos lugareños, que acabaron corriéndoles a gorrazos de allí. (El hecho de que Schiele contratase a adolescentes del pueblo para pintar desnudos semi pornográficos no ayudaba mucho a la hora de hacer amigos en Krumau.)

Egon Schiele, Casas junto al río. La ciudad vieja. Krumau (1914), Museo Thyssen Bornemisza, Madrid

Se trasladaron con todos sus bártulos a Neulengbach, un pueblo cercano a Viena, donde volvió a suceder lo mismo, pero esta vez Schiele acabó en la cárcel acusado de raptar a una menor. Le confiscaron más de cien obras consideradas “obscenas” y le encerraron durante 24 días en prisión. Al final se retiraron los cargos, pero continuó siendo culpable de tener expuestas pinturas eróticas en un lugar frecuentado por menores (su taller). Como castigo, las autoridades quemaron publicamente uno de sus dibujos. Wally y Schiele regresaron a Viena de su aventura campestre con el rabo entre las piernas.

Todos estos hechos apenas influyeron en la exitosa carrera artística Egon Schiele. La sociedad vienesa seguía comprando sus obras y encargándole retratos sin parar. En 1912, realizó un precioso díptico con el retrato de los dos sobre fondo blanco. A diferencia de otras obras suyas, esta es una pintura bastante amable, con un ligero toque de melancolía.

Egon Schiele, Autorretrato con Physalis (1912), Osterreichische Galerie - Belvedere, Viena
Egon Schiele, Retrato de Wally Neuzil (1912), Osterreichische Galerie - Belvedere, Viena

En 1914, Schiele decidió que ya era hora de sentar la cabeza. La presión social le impedía casarse con Wally, que a los ojos de la gente que compraba sus cuadros no era más que una prostituta regenerada. Así que empezó a cortejar a Edith Harms, una chica de buena familia que vivía con sus padres justo enfrente de su taller. Schiele y Edith se casaron el 17 de junio de 1915. ¿Y que pasó con Wally? Parece ser que Schiele tuvo la poca vergüenza de proponerle este maravilloso plan: seguir pasando las vacaciones juntos todos los años. Lógicamente, Wally le mandó a freir espárragos.

La vía de escape para superar el mal trago de la separación fue la pintura, como era habitual en él. Su impresionante óleo La muerte y la doncella es el adiós artístico a su amante Wally Neuzil, un último abrazo desesperado. El estilo de Schiele es inconfundible: trazos quebrados y angulosos, manos largas y huesudas, deformaciones expresivas... A diferencia de su maestro Gustav Klimt, mago del erotismo encubierto, adornado de arabescos y hermosos colores, Schiele nos muestra una realidad descarnada, sobre fondos vacíos que aislan a las figuras. No le interesa que nos distraigamos con lo superficial, él sólo quiere enfrentarnos cara a cara con los instintos, temores y flaquezas del ser humano. Expresionismo en estado puro.

Egon Schiele, La muerte y la doncella (1915), Osterreichische Galerie - Belvedere, Viena

Schiele se autorretrata como la muerte y Wally hace el papel de la doncella. La pareja parece flotar en medio de un paisaje árido y rocoso, que les tocará afrontar una vez salgan de su nidito de amor, simbolizado por una sábana blanca que está pidiendo a gritos un buen lavado. Con la mirada perdida, Schiele sujeta la cabeza de Wally contra su pecho, mientras que con la otra mano parece empujarla, alejándola de él. Los brazos de Wally se han quedado literalmente en los huesos (es lo que tiene abrazar a la muerte). Parece evidente que Schiele se sentía culpable por haber hecho polvo a la pobre Wally, con la que había compartido tantos momentos buenos y malos.

Al final, el cuadro resultó ser profético. Wally se hizo enfermera y se apuntó a la Cruz Roja para ayudar en la Primera Guerra Mundial, muriendo en 1917 de escarlatina en un hospital militar de Dalmacia, con tan solo veintitrés años. Un año más tarde Schiele y su esposa Edith sucumbieron, con pocos días de diferencia, a la epidemia de fiebre española que estaba asolando Europa.

Continuación:
La muerte y la doncella (3): Franz Schubert


2 comentarios:

  1. esta es la que mas me gusto de las 3 marga

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  2. Gracias Max :-) Si te ha gustado este, seguro que también te interesará el post que acabo de publicar hoy, también sobre Egon Schiele... Y es que mira que pintaba bien el tío...

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