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6 de julio de 2013

Hércules de profesión "sus labores" (Hércules y Onfale)

Marga Fdez-Villaverde
Hans Cranach, Hércules en la corte de Onfale (1537), Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. 
El cafre de Hércules, que iba bastante sobrado de musculatura pero era algo deficitario en cuestión de materia gris, asesinó al joven Ífito por culpa de un malentendido, tirándole desde una torre. Una vez disipado el ofuscamiento, cuando las neuronas volvieron a funcionarle, Hércules se arrepintió y cayó en una profunda depresión. En esa época, uno no iba al psiquiatra para resolver este tipo de problemas, sino al oráculo de Apolo. Así que pidió cita y la pitonisa de turno le explicó que la única forma de quitarse el muerto de la conciencia era que se vendiese como esclavo y obedeciese durante tres años a quien le comprara. Extraña terapia.

Dispuesto a cumplir su penitencia, nuestro atormentado héroe se colgó al cuello una etiqueta con el precio y se dirigió al mercado para ofrecer sus servicios. La que se llevó la ganga fue Onfale, reina de Lidia que, tras revisar cuidadosamente la dentadura del mocetón, decidió que podría servirle para algún apaño. En la corte de Onfale, Hércules se "afeminó". Empezó a vestirse con delicadas sedas, velos y turbantes y a lucir brazaletes y collares. También aprendió a hilar. Ahí arriba le tenéis pintado por Hans Cranach, mientras se deja acicalar por tres sirvientas de la reina. Sin embargo, lo más habitual es que los artistas le representen junto a la propia Onfale, con los atributos de ambos intercambiados: ella con la maza y la piel del león de Hércules y él vestido de mujer y sujetando un huso. Un buen ejemplo puede ser este dibujo de Gaspare Diziani, en el que Onfale sujeta la maza de Hércules en una pose un tanto fálica, demostrando quién lleva los pantalones en su palacio. También nos puede servir la versión cursilita de François Lemoyne, con Cupido y cortinaje de terciopelo rojo incluidos.

Gaspare Diziani, Hércules y Onfale (primera mitad XVIII), Museo Metropolitan, Nueva York
François Lemoyne, Hércules y Onfale (1724), Museo del Louvre, París
Evidentemente, el tema iconográfico es machista a más no poder. El héroe por antonomasia del panteón grecorromano, el forzudo entre los forzudos, el hombre al que no se le resistía ningún enemigo, purgaba su crimen de la peor forma posible: no solo dominado por una mujer, sino casi convirtiéndose en una. ¿Se os ocurre un castigo peor?

Este fresco pompeyano nos ofrece una variante del tema: el bueno de Hércules, al que se le ha ido la mano con la crema autobronceadora, está tirado por los suelos cantando "el vino que tiene Asunción" mientras Onfale, junto a sus sirvientas, le echa esa miradita de "ya hablaremos mañana".

Hércules y Onfale (Pompeya, 1-79 d.C.), Museo Arqueológico, Nápoles
Pero la versión más divertida es la de Rubens. Parece que Hércules no ha aprendido a hilar como es debido y Onfale le regaña tirándole de la oreja, ante el pasmo de la vieja del fondo. A juzgar por la cara de Hércules y la rojez de la oreja, la reina no se andaba con chiquitas.

Rubens, Hércules y Onfale (1602-1605), Museo del Louvre, París
Rubens, Hércules y Onfale (detalle)
Además de dedicarse a sus labores, Hércules también trabajaba como esclavo de cama de Onfale. Podemos ver a la pareja en acción en esta erótica escena de François Boucher (los putti de abajo sujetan los atributos de ambos para que podamos identificar a los personajes). Si nos fiamos del cuadro, el héroe no parece muy ducho en cuestiones amatorias, está envarado a más no poder y debe estar dejando a Onfale llena de babas con ese morro de pez.

François Boucher, Hércules y Onfale (1735), Museo Pushkin, Moscú
François Boucher, Hércules y Onfale (detalle)
Según cuenta la leyenda, una noche negra como boca de lobo, Hércules estaba durmiendo a pierna suelta en la cama de Onfale, vestido de mujer. El dios Pan, que estaba enamoriscado de la reina, creyó vislumbrarla entre las sábanas y se metió de un salto en la cama dispuesto a pasar un buen rato con ella. En cuanto Hércules se percató de que quien le estaba haciendo cariñitos tenía peludas patas de cabra y unos atributos parecidos a los suyos, le sacó a patadas del lecho. (En este cuadro de Abraham Janssens, el autor ha incluido también a Onfale en la escena.)

Abraham Janssens, Hércules echa a Pan de la cama (1607), Museo Estatal de Copenhague
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

2 comentarios:

  1. la pitonisa del oráculo de Apolo, tenía más peligro que el fiscal anticorrupción,
    ....y acertó a pasar por allí Onfal.., pues ale.

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  2. besa fatal, y encima se le pone una cara de Pan!

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