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6 de junio de 2013

Hércules borracho en la boda de Baco

Marga Fdez-Villaverde
Hércules borracho, escultura romana de la Casa de los ciervos (Pompeya, 1-79 d.C.) 
Hércules, el gran héroe de la mitología clásica. Ese tiarrón inmenso que era capaz de llevar a cabo hazañas imposibles para el común de los mortales, e incluso de los dioses. Ese amante del exhibicionismo, cuyos únicos atributos son una maza y una piel de león que suele quedarle tan raquítica que apenas le tapa nada (ni falta que hace, porque él nació para lucir músculo). Un tío hecho y derecho. El macho alfa perfecto. La dignidad hecha hombre.

Hasta que te invitan a una boda y el novio no es otro que tu colega Baco. ¿Cómo rechazar una copita, o dos, o tres, o las que se tercien de ese delicioso tintorro que cosecha el anfitrión? En cuanto la orquesta empieza a tocar los primeros acordes de Paquito el Chocolatero, Hércules ya está en la pista, dándolo todo. Aquí podéis verle, inmortalizado en el súmmum del decoro en una escultura pompeyana, con su maza y la americana leonina al hombro, echándose una meadita en el jardín de Baco.

¿Y qué me decís de esta otra instantánea de final de fiesta, de donde le sacan a rastras un fauno y su señora fauna, incapaz de dar un paso? Y es que con unas copichuelas de más, hasta los héroes más héroes pierden los papeles...

Rubens, Hércules borracho (1616), Gemäldegalerie, Dresde

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