16 de marzo de 2013

¡Qué espanto, una Guggenheim tendera!

Gisèle Freund, Herbert Read y Peggy Guggenheim (1939)

Nota: este artículo forma parte de una serie. Si no te quieres perder nada, te recomendamos leer antes estos otros dos:
  1. Los Guggenheim "pobres"
  2. Peggy pagafantas

Hemos llegado a 1937. Peggy tiene treinta y nueve años y se ha hartado de aguantar a maridos neuróticos; busca otro tipo de relación más estable y el arte del siglo XX está encantado de dejarse querer. Abrir una galería de arte en Londres sin tener ni idea de arte no es muy recomendable, a no ser que tengas entre tus amigos a Marcel Duchamp, cicerone de primera, siempre dispuesto a echarle un cable a su querida Peggy. 

La galería Guggenheim Jeune se inaugura en enero de 1938 con una exposición dedicada a Jean Cocteau que incluye dibujos y muebles diseñados por él para su obra de teatro Les chevalieurs de la table rounde (Los caballeros de la tabla redonda). Peggy le visitó varias veces en París para concretar los detalles, pero la negociación fue una tarea ardua: Cocteau estaba siempre de opio hasta las cejas y mantener una conversación coherente con él resultaba casi imposible.

 
Jean Cocteau fotografiado por Philippe Halsman (1949)

Peggy empieza a reunir su colección artística durante estos años. Se impuso la tarea de comprar una obra de todos los artistas que expusieran en su galería. De este modo, en el caso de que no se vendiese nada, al menos no se irían con las manos vacías. La primera pieza de su colección, sin embargo, la compró directamente en el taller de Jean Arp, donde había ido con Duchamp de visita. Nada más ver la escultura, le pidió a Arp permiso para cogerla y como explica ella misma: "en cuanto la sentí entre mis manos quise que fuera mía". Y se la compró:

Jean Arp, Cabeza y concha (1933), Peggy Guggenheim Collection, Venecia

A raíz de la exposición dedicada a la obra de Kandinsky, organizada por el propio artista y su antipática esposa Nina, la baronesa Rebay, conservadora de la colección de arte de su tío Solomon, le envía a Peggy una carta bastante desagradable en la que la recrimina por utilizar el exquisito apellido Guggenheim en una galería en la que se estaba "promocionando la mediocridad, por no decir basura". En realidad, lo que más les fastidiaba a los Guggenheim "ricos" es que la Guggenheim "pobre" se hubiese convertido en una vulgar tendera.

La exposición sobre escultura contemporánea fue la más controvertida de todas. Duchamp le había enviado desde París un conjunto de obras de Brancusi, Arp, Laurens y Calder, entre otros. Las piezas estaban retenidas en la aduana, esperando a que algún experto dictaminase si eran obras de arte o no (el arte estaba exento de pagar tasas de importación). El director de la Tate, James B. Manson dijo que no lo eran. Se armó un revuelo enorme, el caso acabó en el Parlamento, Peggy se salió con la suya y el pobre Manson acabó engrosando las listas del paro. Una de las piezas más discutidas fue la Escultura para ciegos de Constantin Brancusi que representaba una cabeza abstracta de mujer y que no era más que la simplificación llevada al extremo de una obra anterior del artista, Musa dormida:

Brancusi, Musa dormida (1910, MOMA) y Escultura para ciegos (h.1920, Philadelphia Museum of Art)

Otra de las muestras se la dedicó al surrealista Yves Tanguy (del que hablamos largo y tendido en el post Cara de surrealista). Aprovechando la coyuntura, Peggy decidió echarse una canita al aire con el artista y de paso ponerle los cuernos a su amante de turno, que no era otro que el escritor Samuel Beckett (Peggy era una experta en elegir compañeros de cama interesantes). La obra que compró en esta exposición fue Le soleil dans son écrin, aunque según dice le daba bastante miedo, y de remate, se llevó como regalo un par de pendientes pintados por Tanguy, de los que hablaremos en otro capítulo.

Yves Tanguy, Le soleil dans son écrin (1937), Peggy Guggenheim Collection, Venecia
Samuel Beckett por Brassaï (1957)

¿Sabíais que la primera exposición "oficial" del pintor Lucian Freud (nieto del famoso loquero) fue en la galería Guggenheim Jeune? Era una muestra dedicada al arte infantil en la que también participaba Pegeen, la hija de Peggy. Quién iba a decirle a la galerista que ese chavalín acabaría por convertirse en uno de los mejores pintores ingleses de la historia, y más teniendo en cuenta el tipo de obras que exponía en ese momento:

Lucian Freud, Pájaros en un árbol (1930; pintado con 7 años y expuesto en la galería Guggenheim Jeune)

La galería tenía éxito, pero no era para nada un negocio rentable. Perdía mucho dinero. Y ya puestos a perder, mejor perderlo en condiciones. Peggy cierra Guggenheim Jeune para montar un museo de arte contemporáneo. Convence al crítico de arte Herbert Read para que sea el director del museo y, mano a mano, empiezan a definir el proyecto. (En la foto del principio del post podéis verlos trabajando en el piso de Peggy, con el cuadro de Tanguy al fondo.)

Todo va viento en popa. Encuentran un edificio perfecto y Herbert Read confecciona una lista con los artistas que deben formar parte de la exposición inicial. La idea era pedir obras prestadas a los propios artistas y a coleccionistas, hasta poder formar una colección propia. No hubo suerte. Estalla la Segunda Guerra Mundial y el plan se va al garete. Peggy prefiere no alejarse mucho de sus hijos y de su ex, Laurence Vail, por si cierran las fronteras, y vuelve a Francia con la lista de la compra de Herbert Read bajo del brazo. Empiezan las rebajas.

Continuará...

Capítulo siguiente: Peggy se va de rebajas

9 comentarios:

  1. Real como la vida misma. Y con mucho name-dropping.

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    1. Pues el name-dropping no ha hecho más que empezar...

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  2. Qué tela!! Toda una emprendedora, como diríamos ahora! Eso sí, con la ventaja de estar bien acompañada... Debió ser una mujer muy muy fuerte, porque resistir a esas críticas y seguir confiando en el talento contemporáneo... tiene su miga.
    Quedo a la espera del siguiente capítulo!! :) :)

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    1. Arriesgada era un rato. Ahora vemos todos esos cuadros y esas esculturas en los museos y nos parecen increíbles, pero ella no los veía en museos, sino en galerías y talleres. Apostar por el arte contemporáneo era un riesgo. Suerte que tenía buenos consejeros.

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  3. yo quiero muchos siguientes capítulos. ¡son fantásticos y se aprende muchísimo¡¡
    Carmen Argentina...

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    1. Necesito tres más para acabar la historia. Pero luego seguro que te compras sus memorias, ya verás...

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  4. Acabo de conocer este blog y estoy enanorada de el. Es justo lo que siempre habia querido en un blog!! Me estoy leyendo todos los post y son geniales.
    Espero que sigas con la saga de reinas del destape.
    Un saludo de una nueva pero gran fan!

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    1. Gracias Ana y bienvenida. Lo de las reinas del destape lo había dado por finiquitado pero nunca se sabe. Tengo a la reina Margot por ahí pendiente...

      Si quieres, puedes seguir a Harte con Hache en Facebook:
      www.facebook.com/harteconhache (creo)

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  5. Pues los pájaros son una ricura y si son de memoria, es que era un crack, Lucianito.

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