17 de marzo de 2013

Peggy se va de rebajas

Peggy Guggenheim el día de su regreso a Nueva York (14 de julio de 1941)

Nota: este artículo forma parte de una serie. Si no te quieres perder nada, te recomendamos leer antes estos tres:
  1. Los Guggenheim "pobres"
  2. Peggy pagafantas
  3. ¡Qué espanto, una Guggenheim tendera!

Para reunir en un tiempo record una colección de arte contemporáneo como la de Peggy Guggenheim y con recursos limitados (recordemos que era una Guggenheim "pobre" y que tenía a su cargo una buena prole de artistas y escritores mantenidos), hace falta saber comprar. En cuanto volvió a París, Peggy se impuso la tarea de adquirir un cuadro cada día. Su lista de la compra era la que había hecho Herbert Read para su museo fallido de Londres, convenientemente retocada por su amiga Nellie van Doesburg (viuda del pintor y arquitecto holandés Theo van Doesburg) y por Marcel Duchamp.

Peggy empezó a contactar con marchantes y a visitar estudios de pintores y escultores. En plena guerra, muchos artistas necesitaban dinero contante y sonante para poder salir de Europa y cuanto menos equipaje tuviesen que llevar, mejor. Esto le permitió a Peggy hacerse con obras de primera a precio de saldo. No le interesaba comprar obras "mediocres" de buenos artistas, ella quería lo mejor de cada uno.

Constantin Brancusi por Edward Steichen (1922)

La obra de Constantin Brancusi le fascinaba. Sin embargo, el rumano era un hueso duro de roer a la hora de vender sus esculturas. Peggy había comprado previamente una de sus primeras obras, Maiastra, a la hermana del modisto Paul Poiret, pero estaba obsesionada con una pieza que había visto en su estudio: Pájaro en el espacio. Aunque era muy amiga de Brancusi, fueron necesarias bastantes visitas al taller para convencer al artista de que se la vendiera. Era un hombre encantador, siempre dispuesto a prepararle deliciosos cócteles y suculentas comidas, que cocinaba en el horno de su estudio. A pesar del buen rollito, consiguió sablearle a su adorada Pegitza 4.000 dólares por la escultura, la pieza más cara que compró Peggy nunca (aunque hizo buen negocio, porque hoy está valorada en más de diez millones). Cuando Peggy pasó a recoger su Pájaro en el espacio, Brancusi lloró de pena.

Brancusi en su estudio por Edward Steichen (1925)
Constantin Brancusi, Maiastra (h.1912), Colección Peggy Guggenheim, Venecia
Constantin Brancusi, Pájaro en el espacio (1932-1940), Colección Peggy Guggenheim, Venecia

Como persona, Salvador Dalí no le gustaba nada (reconozcamos que era bastante payaso), pero era obligatorio tener alguna obra suya en la colección y a ser posible de los años treinta, su mejor época. Mary Reynolds, la pareja de Marcel Duchamp y una de las mejores amigas de Peggy, era también amiga de Gala y organizó una cena para presentársela. Gala le recomendó a Peggy que dejase de hacer el memo comprando arte y se amancebase con algún artista importante, como había hecho ella. Peggy le dijo que vale, vale, pero tú véndeme un cuadro. Al día siguiente, se hizo con El nacimiento de los deseos líquidos, un Dalí de manual.

Salvador Dalí, El nacimiento de los deseos líquidos (1931-1932), Colección Peggy Guggenheim, Venecia

También fue a visitar a Alberto Giacometti a su diminuto estudio. Según Peggy, "parecía un león enjaulado, con aquella melena tan espesa y revuelta". Rebuscando por allí, encontró un yeso de 1932 que le gustó mucho y le pidió a Giacometti que le hiciese el vaciado en bronce. Mujer con el cuello cortado es una de las esculturas más impactantes de la colección de Peggy Guggenheim. Mitad mujer, mitad insecto, la figura parece retorcerse angustiada en el suelo, con su cabeza diminuta y su larguísimo cuello cortado. 

Alberto Giacometti, Mujer con el cuello cortado (yeso 1932, vaciado 1940), Colección Peggy Guggenheim, Venecia
Giacometti en su estudio por Denise Colomb (h.1950)

El día en que Hitler invadió Noruega, Peggy estaba comprando en el estudio de Fernand Léger el cuadro Hombres en la ciudad por tan solo mil dólares. Su valor hoy es incalculable. A Man Ray le compró varios rayogramas y un cuadro de 1916. A Antoine Pevsner, una construcción... Día a día, iba tachando nombres de su lista de la compra.

Fernand Léger, Hombres en la ciudad (1919), Colección Peggy Guggenheim, Venecia
Man Ray, rayograma sin título (1927), Colección Peggy Guggenheim, Venecia
Antoine Pevsner, Surface développable (1938-1939), Colección Peggy Guggenheim, Venecia

En el invierno de 1938-1939, le presentaron a Max Ernst, uno de los surrealistas más reconocidos y que acabaría convirtiéndose en su segundo esposo. Por aquel entonces, el artista era amante de Leonora Carrington, una prometedora pintora inglesa veinticinco años más joven. Unos meses más tarde, encerraron a Ernst en un campo de concentración por su nacionalidad alemana. Leonora Carrington enloqueció de pena y huyó a España, abandonando la casa que compartían. Acabó internada en un psiquiátrico de Santander por orden de sus padres.

Max Ernst y Leonora Carrington

Los bombardeos eran constantes y los alemanes estaban a las puertas de París, pero Peggy tenía los ovarios bien puestos. Hay que tener en cuenta que era una mujer judía comprando lo que los nazis consideraban "arte degenerado". Si la pillaban, podía darse por muerta. Al final, acabó haciendo caso a sus amigos y salió de la ciudad, tres días antes de que entrasen los alemanes.
 
No sabía qué hacer con su colección. Fue trasladándola de unos escondites a otros hasta que finalmente la empaquetó en unos contenedores, junto con mantas, sábanas y manteles, y la despachó a Estados Unidos como "material doméstico". Durante el tiempo que permaneció en Francia, Peggy estuvo en contacto con el comité de liberación y ayudó a muchos artistas a salir de Europa (André Breton entre ellos), pagándoles los pasajes o echándoles una mano para conseguir la documentación.

En este momento, vuelve a aparecer el pintor Max Ernst, que había sido liberado de la cárcel y pide dinero a Peggy para el viaje a Estados Unidos a cambio de algunos cuadros. Acaban todos en Lisboa. Peggy que se ha enamorado de Max Ernst. Max Ernst, que sigue colado por Leonora Carrington, aunque ser amante de Peggy le resulta mucho más práctico. Leonora Carrington, que ha salido del psiquiátrico y que va a casarse con un mexicano para conseguir "papeles". Laurence Vail, el ex marido de Peggy. La escritora Kay Boyle, casada con Vail. Y un montón de niños, hijos de unos y de otros. Viva la tolerancia.

Laurence Vail, su esposa Kay Boyle y una de sus hijas

El 14 de julio de 1941, Peggy, Max, Laurence, Kay y los niños aterrizan en Nueva York como auténticas celebridades. Peggy es fotografiada por los paparazzi con una pamela enorme que se había comprado durante una escala en las Azores (es la primera imagen de este post). Empieza la aventura americana.

Peggy Guggenheim y Max Ernst explicándoles cosas a los de inmigración (14 de julio de 1941)

Continuará... 

Capítulo siguiente: Los pendientes de Peggy

8 comentarios:

  1. Y tanto que tenía los ovarios bien puestos! Cada vez soy más fan de esta mujer! Conocía algo de su vida pero contigo está resultando apasionante. Te has planteado convertirte en biógrafa de artistas? Te iría genial, estoy segura! :)

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  2. Te recomiendo su autobiografía. TE VA A ENCANTAR. Es como leerse la historia del arte del siglo XX.

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    1. Marga, ¿la tienes en versión papel? dejámela, Pleeeeease, pídeme lo que quieras!
      vaya con la Peggy, coleccionista de todo,todo. Qué ojo. A ver mañana que nos cuentas..

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    2. La tengo, toda pintarrajeada y fatal traducida. Por supuesto que te la presto, pero primero déjame acabar los dos post que me quedan... El siguiente capítulo te va a gustar más que ninguno, seguro. Y hasta aquí puedo leer.

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  3. ¿Podéis explicar la importancia del cuadro de Léger "hombres en la ciudad" y por qué se revaloriza tanto?
    gracias

    Felicitaciones por los posts, interesantísimos!!!

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    1. La importancia del cuadro de Léger es como la del resto de cuadros de esta colección: suelen ser del mejor periodo (o el más característico del artista) y por tanto, los más buscados y los más caros. Se revalorizan cuando pasa el tiempo puesto que deja de ser una obra contemporánea (de galería) y pasa a ser una obra clásica (de museo).
      Lógicamente, cuando compras a artistas contemporáneos, es muy dificil saber si acabarán en los museos o acabarán siendo olvidados. Si acaban en los museos (como le sucedió a la señora Guggenheim), has hecho una inversión espectacular. Si acaban olvidados, pierdes pasta, porque un artista "antiguo" (una obra que tenga 50-100 años) y no famoso vendido en subasta SIEMPRE es más barato que en galería, a no ser que sea un clásico. Las galerías de arte hinchan mucho los precios y tienen precios marcados por ellas y los artistas, que no corresponden con los precios de oferta-demanda de las casas de subastas (más reales, aunque con reservas). Pero bueno, este tema de las cotizaciones es complicado. Igual me animo a hablar de ello algún día en un post...
      Resumiendo: Peggy pagó por toda su colección 97.000$ (incluidas las obras que compró luego en EE.UU) y hoy, esas mismas obras, están valoradas en cerca de 700 millones de dólares. Casi nada...

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  4. con esa pamela ¡¡tiene que triunfar!!,
    y despues de seguir el guión por París de estudio en estudio, el ojo se le tuvo que afinar como al de una vívora.
    -Ssssssssste para mí, ssssssssi.

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    1. Quiero una pamela como esa... Con esa pamela, no se te resiste un artista.

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