14 de marzo de 2013

Peggy pagafantas

Peggy Guggenheim en 1924 retratada por Man Ray

Nota: este artículo forma parte de una serie. Si no te quieres perder nada, te recomendamos leer primero este otro:
  1. Los Guggenheim "pobres"

Peggy Guggenheim llegó a París en 1921 con un objetivo claro en mente: perder la virginidad, que a sus veintitrés años empezaba a pesarle como una losa. El voluntario para llevar a cabo la tarea fue Laurence Vail, un artista y escritor guaperas al que había conocido en la librería de su tío, en Nueva York. Vail era el rey de la bohemia parisina, el que ponía los locales de moda o los vaciaba de gente, el que conocía a todos los artistas a los que había que conocer. Según cuenta en sus memorias, Peggy tenía por entonces una colección de fotos de frescos guarros que había visto en Pompeya y obligó a Vail a practicar todas las posturas que aparecían en ellos la primera noche que pasaron juntos. Al año siguiente, Peggy Guggenheim y Laurence Vail se casaron.

De la mano de su recién estrenado marido, Peggy conoce a los más importantes escritores, pintores y escultores de la época, entre los que se encuentra el dadaísta Marcel Duchamp, que se convertirá en su asesor artístico años después. Las fiestas que organizaban Peggy y Vail en su casa eran apoteósicas. Una de esas noches locas Peggy llevaba puesto un espectacular vestido de noche del modisto Paul Poiret. La amante y futura esposa de Igor Stravinsky, Vera de Bosset, le colocó un turbante dorado en la cabeza y Man Ray, con su cámara, hizo el resto:

Man Ray, retrato de Peggy Guggenheim (1923)

En 1923 y 1925, nacen su hijo Sindbad y su hija Pegeen. Todos estos años se los habían pasado dando tumbos de aquí para allá: París, Londres, Capri, Venecia, Normandía, Suiza, Egipto... Al final, deciden instalarse "definitivamente" en una casa de campo en Pramousquier, en el sureste de Francia.

Izquierda: Peggy con Laurence Vail y Sindbad. Derecha: Peggy con sus dos hijos.

Más o menos en esa época Peggy empieza a ayudar a artistas y a escritores amigos que estaban en apuros. A muchos directamente los "adoptaba" y se los llevaba a Pramousquier a vivir con ellos. Una de las visitantes habituales de la casa era Mina Loy, a quien Peggy había puesto una tienda en París para que vendiese sus pantallas decoradas para lámparas. Aquí podemos ver a las dos en la tienda, con las lámparas y unos cuadros de Laurence Vail al fondo que también estaban en venta:

Peggy Guggenheim (derecha) en la tienda de lámparas de Mina Loy (izquierda)

Le prestó dinero a la fotógrafa norteamericana Berenice Abbott para que pudiera comprarse una cámara de fotos. En esa época, Abbott trabajaba como ayudante a Man Ray y quería independizarse y montar su propio estudio (hay que decir que Man Ray también quería quitársela de encima porque empezaba a hacerle sombra). Para pagarle el favor, Berenice Abbott se trasladó a Pramousquier y retrató a Peggy y a sus hijos.

Berenice Abbott retratada por Man Ray (1925)
Peggy Guggenheim retratada por Berenice Abbott (1926)
También le compró una casa a la feminista Emma Goldman en el pueblecito pesquero de Saint-Tropez, para que pudiera escribir tranquila sus memorias, y ayudó a crear una fundación que recogiese dinero para su manutención. Al final, acabaron peleándose y Goldman no tuvo el detalle de agradecerle a Peggy la ayuda en una dedicatoria.


En 1928, Peggy se enamora de John Holms, un prometedor escritor inglés que nunca pasó de prometedor (no escribió nada en toda su vida). Se divorcia amistosamente de Vail y se reparten los niños de forma salomónica: el niño para él y la niña para ella (toda la vida se llevó bien con su ex, a quien también mantenía). Holms y Peggy alquilan una casa en el sur de Inglaterra para pasar los veranos. Allí escribirá Djuna Barnes su famosa novela Nightwood (El bosque de la noche), que dedicó amablemente a sus anfitriones (no como la desagradecida de Emma Goldman). El idilio de Peggy con Holms duró seis años. El pobre borrachín murió en una operación rutinaria de muñeca. Sus órganos, destrozados por el alcohol, no soportaron la anestesia.

La escritora Djuna Barnes retratada por Berenice Abbott (1926)

A rey muerto, rey puesto. Por entonces, Peggy ya estaba tonteando con otro intelectual inglés llamado Douglas Garman, que para variar era también un escritor frustrado. Estuvo viviendo con él un par de años, pero acabó hartándose de su inactividad literaria y su excesiva actividad como propagandista marxista y le abandonó,

Douglas Garman, el tercer "maromo" de Peggy

Aburrida de ser "la mujer de", por muy intelectuales que fuesen todos, Peggy decide pasar de los hombres, hacerse empresaria y dedicarse al arte en cuerpo y alma. Ha llegado el momento de abrir su primera galería en Londres.

Continuará... 

Capítulo siguiente: ¡Qué espanto, una Guggenheim tendera!

7 comentarios:

  1. Ya me he leído la anterior y ésta. Me han parecido muy interesantes así que confío en el "continuará" porque Peggy lo vale.
    Saludos.

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    1. Ya lo creo que continuará, he abierto la caja de los truenos... Por mucho que intente abreviar, me parece que necesitaré otros cuatro para rematar la faena.

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  2. no estoy de acuerdO.
    creo que es Marga, y su toque personal adjetivando la que nos va hacer divertida y tragadera la vida y milagros de esta virgeN.
    de momento lo consigue y bieN.

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    1. Muchas gracias por el piropo, nunca me habían llamado "adjetivadora" :-)
      Respecto a la señora Guggenheim, en cuanto pasó página con las fotos pompeyanas como manual de instrucciones, le cogió gusto a la cosa y fue de lo más variada. Tiene un catálogo de amantes que ya quisiéramos muchas.

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  3. Le iban los guapos, está claro, lo de escritores, una excusa..bueno ahora viene lo mejor. Qué ansia!

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    1. Pues sí. Tendría complejo de nariz, pero no veas qué maromos se ligaba... Era una señora con muy buen gusto, tanto comprando cuadros como coleccionando amantes.

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  4. Me estoy actualizando!!! Genial este capítulo... qué bien se lo montaba! Ahora me enamoro de este, ahora del otro... Voy corriendo a leer el siguiente :D

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