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20 de marzo de 2013

Art of This Century, la galería de Peggy Guggenheim en NY

Marga Fdez-Villaverde
Peggy Guggenheim con unos pendientes de Alexander Calder. 
Nota: este artículo forma parte de una serie. Si no quieres perderte nada, te recomendamos leer antes estos cuatro:
  1. Los Guggenheim pobres
  2. Peggy pagafantas (bueno, mecenas) 
  3. Guggenheim Jeune, la galería de Peggy Guggenheim en Londres
  4. Cómo comprar una colección de arte (si eres Peggy Guggenheim)  
El 20 de octubre de 1942 Peggy Guggenheim inauguró su galería-museo Art of This Century en Nueva York, su ciudad natal, con la colección de arte surrealista y abstracto que había reunido entre los años 1939 y 1942. Para demostrar su imparcialidad entre el surrealismo y la abstracción, ese día se puso un pendiente pintado por Yves Tanguy en una oreja y un pendiente fabricado por Alexander Calder en la otra. Eso es poderío y lo demás son pamplinas.

La galería ocupaba el ático de un edificio situado en el número 30 de la calle 57 Oeste, en pleno Manhattan (el edificio aún existe pero de la galería no queda ni rastro; el que vaya ahora se encontrará un taller de costura). Peggy le encargó el diseño al arquitecto Frederik Kiesler, que tenía carta blanca para hacer lo que le viniese en gana, siempre y cuando los cuadros se expusieran sin marcos. La galería se dividió en dos espacios principales, uno para el arte surrealista y otro para el arte abstracto, en los que se exponía la colección de Peggy. Además, había otra sala para exposiciones temporales y una pequeña habitación que llamaron "sala cinética". La galería Art of This Century se convirtió en una obra de arte en sí misma.

La galería Art of This Century estaba en el último piso
del edificio de la izquierda

Las paredes de la sala surrealista eran cóncavas y estaban forradas de madera de gomero, al igual que el techo. Para colocar los lienzos, Kiesler ideó una especie de brazos que sobresalían de la pared y que permitían inclinar las obras, de modo que pareciesen flotar en el aire. Kiesler diseñó también unos muebles de madera multiusos que, dependiendo de cómo se colocasen, podían servir de butacas, balancines, bancos, mesas, pedestales para las esculturas o caballetes para los cuadros. En la foto, podemos ver al propio Kiesler descansando en una de sus "butacas", junto con otras dos que hacen las funciones de pedestal y caballete respectivamente. La iluminación era tenue y focalizada, creando un ambiente íntimo y onírico. En resumen, una sala surrealista para obras surrealistas.

La sala surrealista de Art of This Century

Si os fijáis en la foto, veréis colgadas en las paredes algunas de las obras que están actualmente en el museo Guggenheim de Venecia, junto con el resto de la colección de Peggy: La aurora de Paul Delvaux, La voz del espacio de René Magritte y La mujer sentada de Joan Miró.

Paul Delvaux, La aurora (1937), Peggy Guggenheim Collection, Venecia
René Magritte, Voz del espacio (1931), Peggy Guggenheim Collection, Venecia
Joan Miró, Mujer sentada (1939), Peggy Guggenheim Collection, Venecia
Frederik Kiesler, Sillas multiusos para Art of This Century (1942), MOMA, Nueva York
Peggy Guggenheim en la sala surrealista de Art of This Century

La sala dedicada al arte abstracto, que era por donde se entraba a la galería, era radicalmente distinta. Dos de las paredes estaban cubiertas por una lona azul marino curvada, que hacía juego con el suelo color turquesa. La iluminación de la sala era más intensa y homogénea, a base de fluorescentes. El sistema de sujeción de los cuadros consistía en una serie de cables tensados formando uves, de suelo a techo, que dejaban los lienzos literalmente en el aire. Las esculturas se colocaban sobre pequeñas plataformas triangulares que colgaban del techo. Estas tensiones visuales entre las líneas rectas de los cables, las formas geométricas de los lienzos y las curvas de la pared son típicas de la pintura abstracta. El estar dentro de esta sala era como meterse dentro de un cuadro abstracto para contemplar obras abstractas.

La zona abstracta de la galería Art of This Century

Aquí era donde se exponían las piezas abstractas y cubistas de la colección de Peggy Guggenheim. Algunas de las obras que podemos ver en la imagen son el Paisaje con puntos rojos nº 2 de Vasily Kandinsky,  Equilibrio de Jean Hélion y Andamio: estudio para cuadro III de Piet Mondrian.

Vasily Kandinsky, Paisaje con puntos rojos nº 2 (1913), Peggy Guggenheim Collection, Venecia
Jean Hélion, Equilibrio (1933-1934), Peggy Guggenheim Collection, Venecia
Piet Mondrian, Andamio: estudio para cuadro III (1914), Peggy Guggenheim Collection, Venecia

La sala cinética era el no va más en tecnología expositiva. En ella podían verse siete cuadros de Paul Klee colocados en una rueda giratoria que se movía cuando los visitantes pasaban frente a una célula fotoeléctrica. También estaba expuesta la Boîte en-valise de Marcel Duchamp, un maletín que contenía réplicas en miniatura de todas sus obras. Estas mini-piezas había que contemplarlas a través de una mirilla, dando vueltas a una espiral en forma de tela de araña para moverlas (que es lo que está haciendo la chica de la foto).

La sala cinética de Art of This Century

La sala que daba a la fachada del edificio, iluminada con luz natural, era para exposiciones temporales. Allí es donde Peggy Guggenheim dio a conocer la obra de una serie de artistas jóvenes por los que nadie daba un duro, como Jackson Pollock, Robert Motherwell, Mark Rothko o Clyfford Still. Sin la labor de difusión de Peggy, el Expresionismo abstracto norteamericano no habría sido lo que fue. Su galería se convirtió en el punto de encuentro entre las vanguardias europeas, representadas por los artistas exiliados, y la nueva vanguardia americana. El epicentro del arte pasaba de París a Nueva York y Peggy dirigía el cotarro.

En esta divertida foto, hecha en el apartamento de Peggy, podemos ver a la colonia de artistas exiliados. En la fila superior, de izquierda a derecha, tenemos a Jimmy Ernst (hijo de Max Ernst y secretario de Peggy), Peggy Guggenheim, John Ferren, Marcel Duchamp y Piet Mondrian. En la fila central, también de izquierda a derecha, a Max Ernst, Amédée Ozenfant, André Breton, Fernand Léger y Berenice Abbott. Y en la fila de abajo, a Stanley William Hayder, Leonora Carrington, Frederick Kiesler y Kurt Seligmann.

Los artistas emigrados en el apartamento de Peggy Guggenheim (Nueva York, 1942)

El matrimonio con Max Ernst duró entre poco y nada. Al poco tiempo de llegar a Nueva York, Max ya estaba tonteando con una pintora joven, Dorothea Tanning, con la que acabaría pasando el resto de su vida. Por su parte, Peggy se largó con un inglés madurito e interesante llamado Kenneth MacPherson, un homosexual armarizado al que le venía muy bien aparentar que tenía una amante distinguida. Vivían en un dúplex espectacular, él arriba y ella abajo, haciendo ver que eran más que amigos. Para decorar el vestíbulo, Peggy le encargó a Jackson Pollock un enorme mural sobre lienzo que donó a la Universidad de Iowa cuando regresó a Europa.

Peggy Guggenheim y Jackson Pollock frente al mural que le encargó en 1943
Jackson Pollok, Mural encargado por Peggy Guggenheim (1942), Universidad de Iowa

En esa época, Peggy se convirtió en la protectora de Pollock, pagándole una nómina a cambio de unos cuantos cuadros al año. Era un hombre muy difícil, con una afición desmesurada por la botella, incapaz de trabajar de forma constante. De este modo, Peggy se aseguraba de que el artista se pudiese dedicar a su obra sin pasar estrecheces y sin presión ninguna. Para poder mantener a Pollock y a su esposa Lee Krasner, tuvo que vender algunas de las obras de su colección.

Y acabamos la entrada con los pendientes que llevaba Peggy Guggenheim el día de la inauguración de Art of This Century, un pendiente surrealista y otro abstracto. El abstracto era un móvil en miniatura fabricado por Alexander Calder.

Alexander Calder, Pendiente para Peggy Guggenheim (h.1938), Peggy Guggenheim Collection, Venecia
Peggy Guggenheim con su colección de pendientes (varios de Calder)

El pendiente surrealista era un paisaje en miniatura de Yves Tanguy. El pintor se los regaló como agradecimiento por la exposición individual que le dedicó en su galería de Londres. Peggy tuvo demasiada prisa por estrenarlos y se los puso con la pintura aún húmeda, estropeando uno de ellos. Tanguy se ofreció a repararlo, y ella le pidió que pintase el fondo en azul, para diferenciarlo del primero, que era rosa.

Yves Tanguy, Pendientes pintados para Peggy Guggenheim (1938), Peggy Guggenheim Collection, Venecia

Peggy Guggenheim con sus pendientes de Yves Tanguy

Y dejamos para el próximo día el último capítulo de la serie: su aventura en Venecia.

Continuará...

Capítulo siguiente: Peggy Guggenheim en Venecia, la última dogaresa

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

5 comentarios:

  1. no me digás que se va a acabar, contame otro y otro, porfi....
    Carmen

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    Respuestas
    1. Ya me buscaré otra señora con biografía interesante para hacer otra serie. Prometido.

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  2. Qué increíble, en serio. Me deja cada vez más alucinada.

    Pero yo me pregunto, ¿tan difícil sería que se expusieran así las obras en los museos? Los llamados cubos blancos me marean, con lo bonito que queda todo contextualizado... Arte surrealista en paños surrealistas, arte abstracto colgando del techo... ¡es que me encanta! Parece que fue ella la que vivió en el siglo XXI, no nosotros!

    Geniales también los pendientes... jolines, yo también quiero ser como ella de mayor!! Qué gran ejemplo, en serio.

    PD: Yo tampoco quiero que se acabe la serie!! ;)

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    Respuestas
    1. Ella y Kiesler (el arquitecto) eran unos adelantados a su época y, fastidia decirlo, a la nuestra.
      Personalmente, me gusta más ver el arte en ambientes "adecuados", no tan asépticos como es habitual. El que te pongan unos cuadros de Velázquez en una sala forrada de brocado cursi me gusta bastante.
      ¿Y lo de la ausencia de marcos sabes por qué era? Porque tanto ella como Kiesler consideraban que el marco era un límite físico entre el espectador y la obra, que establecía una barrera que impedía que el espectador entrase en la pintura. Lo tenían todo muy bien pensado.

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    2. ¿Verdad? ¡Tú eres de las mías! :)

      Lo de los marcos, estoy de acuerdo con lo que dices! También creo recordar que a fue a raíz del descubrimiento de la fotografía, cuando los personajes ya no estaban necesariamente al 100% en el encuadre. Artistas como Degas, dejaban fuera de sus pinturas los pies de las bailarinas, personajes a medias... dando una continuidad al cuadro más allá del lienzo. Dejando al espectador libertad para imaginar cómo sería la escena real.

      Y también, es que es verdad... toda la vida enmarcando... esta gente, que como bien has dicho eran unos adelantados a la época, tenían que marcar la diferencia :)

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