28 de marzo de 2013

La penúltima cena

Paolo Veronese, La Última Cena (o puede que no), 1573, Galleria dell'Accademia, Venecia

El 8 de julio de 1573 el pintor italiano Paolo Veronese tuvo que comparecer frente al tribunal de la Inquisición para dar explicaciones sobre algunos de los personajes que había pintado en un cuadro de la Última Cena. El lienzo en cuestión era un encargo para el refectorio del convento de San Juan y San Pablo de Venecia. (Era habitual que los comedores de los monasterios se decorasen con temas religiosos relacionados con el arte del buen zampar.)

Aquí tenéis traducido el interrogatorio completo. No tiene desperdicio. Es hilarante ver cómo Veronés se hace el tonto para torear a los jueces a base de respuestas muchas veces absurdas. (Los comentarios de color gris entre paréntesis son aclaraciones mías.)
 
Paolo Veronese, Autorretrato (h.1558-1563), Museo Hermitage, San Petersburgo

Acta de la sesión del Tribunal de la Inquisición del sábado, 18 de julio de 1573

Hoy sábado, día 18 del mes de Julio de 1573, habiendo sido llamado por el Santo Oficio para comparecer ante el Santo Tribunal, Paolo Caliari de Verona, con domicilio en la parroquia de San Samuel, al ser preguntado por su nombre y apellido, responde como se indica.
Se le pregunta por su profesión:


Veronés: Pinto y compongo figuras.
Tribunal: ¿Sabe el motivo por el que ha sido llamado? 
V: No.
T: ¿Puede suponerlo?
V: Puedo suponerlo.
T: Díganos cuál cree que es el motivo.
V: El Reverendo Padre, prior del monasterio de San Juan y San Pablo, cuyo nombre desconozco, me dijo que había estado aquí y que Sus Señorías le ordenaron que me hiciese pintar una Magdalena en lugar de un perro. Yo le respondí que con mucho gusto haría todo lo necesario para ensalzar mi notoriedad y la del cuadro, pero que no entendía qué pintaba allí la figura de la Magdalena, por muchos motivos que podría explicarles si es que me permiten hacerlo.
T: ¿A qué pintura se refiere?
V: A una pintura que representa la Última Cena de Jesucristo con sus discípulos, en la casa de Simón.
T: ¿Dónde está esa pintura?
V: En el refectorio del convento de San Juan y San Pablo.
T: ¿Es una pintura al fresco, sobre tabla o sobre lienzo?
V: Sobre lienzo.
T: ¿Cuánto mide de alto?
V: Tiene unos diecisiete pies.
T: ¿Y de ancho?
V: Unos treinta y nueve. 

(La obra es enorme, mide 5,55 metros de alto por 12,80 de largo.)
T: En esta Cena de Nuestro Señor, ¿ha pintado otras figuras?
V: Sí, Señorías.
T: Díganos cuántas figuras hay y descríbanos qué hace cada una.
V: En primer lugar, está el dueño de la posada, Simón. También he pintado a un camarero que imaginé que había ido por su propia voluntad, para aprender a servir la mesa. Y hay muchas otras figuras de las que no me acuerdo, ya que pinté la obra hace tiempo.

T: ¿Ha pintado otras Cenas aparte de esta?
V: Sí, Señorías.
T: ¿Cuántas ha pintado y dónde están?
V: Pinté una en Verona para los monjes de San Nazaro, que está en el refectorio (1). Pinté otra para el refectorio de los hermanos de San Jorge, aquí en Venecia (2).
T: Esa no es una Última Cena. Le estamos preguntando por representaciones de la Cena de Nuestro Señor.
V: Hice una para el refectorio de Santa Maria dei Servi de Venecia (3), otra para el refectorio de San Sebastián de Venecia (4). Pinté una en Padua para los hermanos de Santa Magdalena y no recuerdo haber pintado ninguna más.


(1) La cena en casa de Simón el fariseo, h.1560, Pinacoteca de Turín.
(2) Las bodas de Caná, h.1559, Museo del Louvre, París.
(3) La cena en casa de Simón, h.1570, Museo del Louvre, París.
(4) La cena en casa de Simón el fariseo, h.1570, Pinacoteca Brera, Milán.


Paolo Veronese, La cena en casa de Simón el fariseo (h.1560), Galleria Sabauda, Turín
Paolo Veronese, Las bodas de Caná (h.1559), Museo del Louvre, París
Paolo Veronese, La cena en casa de Simón el fariseo (h.1570), Pinacoteca Brera, Milán
Paolo Veronese, La cena en casa de Simón (h.1570), Musée National du Château, Versalles

T: En esta Cena que hizo para el convento de San Juan y San Pablo, ¿qué significa la figura del hombre al que le sangra la nariz?
V: Quise representar a un criado que ha sufrido un accidente.
T: ¿Y qué significan esos hombres armados, vestidos a la alemana, que llevan alabardas en sus manos?
V: Para explicarlo, necesitaría decir bastantes cosas.
T: Dígalas.

V: Nosotros, los pintores, nos tomamos las mismas licencias que los poetas y los bufones, por eso he representado a estos dos alabarderos a los pies de la escalera, uno comiendo y otro bebiendo. Los coloqué en ese lugar porque se supone que están de servicio y me pareció lógico y adecuado que el señor de la casa, que según me han contado era rico y espléndido, tuviese sirvientes de este tipo.

Creo que este es el criado al que le sangra la nariz
(el pañuelo parece estar manchado de sangre)
Los dos soldados alemanes

T: Y ese hombre vestido de bufón con un loro en la muñeca, ¿por qué lo pintó?
V: Está de adorno, como es habitual.
T: ¿Quiénes son las personas que están en la mesa con Nuestro Señor?
V: Los doce apóstoles.
T: ¿Qué está haciendo San Pedro, que es el primero?
V: Está trinchando el cordero para pasarlo al otro extremo de la mesa.
T: ¿Qué hace el apóstol que está a su lado?
V: Sujeta un plato, esperando a que San Pedro le sirva.
T: Díganos qué hace el tercero.

V: Se está escarbando los dientes con un pequeño tenedor.

El bufón con el loro
(aunque más bien parece un murciélago)

Apostol hurgándose los dientes
(las hebras de la carne de cordero, ya se sabe)


T: ¿Qué personas estuvieron realmente presentes en la Cena, según usted?
V: Yo creo que Cristo y sus apóstoles. Pero cuando en una pintura me sobra algo de espacio, lo enriquezco con figuras inventadas.
T: ¿Le encargó alguien que pintase alemanes, bufones y figuras por el estilo en este cuadro?
V: No, Señorías, pero me encargaron que decorase el cuadro como considerase oportuno. Es grande, así que me pareció que podía contener muchas figuras.
T: Y los adornos que ustedes, los pintores, acostumbran a añadir a sus obras, ¿no deberían ser decorosos y estar relacionados con el tema y las figuras principales? ¿O los pintan por puro placer, haciendo caso solo a su fantasía, sin moderación ni lógica ninguna?
V: Yo pinto mis obras como considero conveniente, teniendo en cuenta su espíritu, y todo lo bien que me permite mi talento.
T: ¿Le parece decoroso entonces incluir en la Última Cena de Nuestro Señor bufones, borrachos, alemanes, enanos y otras vulgaridades por el estilo?
V: No, Señorías.
T: ¿Y entonces por qué lo ha hecho?
V: Los pinté dando por hecho que esas personas estaban fuera de la estancia en la que se celebraba la Cena.

T: ¿No sabe acaso que en Alemania y en otros países infestados de herejes, es habitual vilipendiar y ridiculizar las cuestiones de la Santa Iglesia Católica mediante pinturas llenas de necedades, para enseñar así doctrinas falsas a gentes ignorantes y sin sentido?
V: Sí, eso está mal; pero repito lo que he dicho: es mi deber seguir el ejemplo que me han dado mis maestros.
T: ¿Y qué pintaban sus maestros? ¿Cosas de este tipo, quizás?
V: Miguel Ángel, en la Capilla Pontificia de Roma, pintó a Nuestro Señor Jesucristo, a su Madre, a San Juan , a San Pedro y a toda la corte celestial. Y los pintó a todos desnudos, incluida la Virgen María, y a veces en posturas tan poco reverentes que es imposible que hayan estado inspiradas por un profundo sentimiento religioso. 


(Como sabréis todos, años más tarde las figuras desnudas del Juicio Final fueron "vestidas" por Daniele da Volterra, apodado Il braghettone.)

T: ¿Ignora acaso que para representar el Juicio Final, donde se supone que nadie llevará ropas, no hay ningún motivo para pintarlas y que en esas figuras no hay nada que no sea espiritual? No hay bufones, ni perros, ni armas ni otras tonterías. ¿Le parece por tanto que, en base a este o a cualquier otro ejemplo, puede justificar haber pintando su obra de la forma en que lo ha hecho y sigue manteniendo que es una pintura honrada y decente?
V: No, Señorías, no pretendo demostrarlo, pero pensé que lo estaba haciendo bien. No tuve en cuenta algunas cosas, pero nunca pretendí confundir a nadie, especialmente cuando esas figuras de bufones están fuera de la estancia donde se encuentra Nuestro Señor.

Estas cosas se dijeron. Los jueces dictaminaron que el mencionado Paolo estaba obligado a corregir su pintura en el espacio de tres meses desde la fecha de la amonestación, de acuerdo a los juicios y a la decisión del Sagrado Tribunal, y todo a expensas del dicho Paolo.


¿Y qué cambios hizo Veronés, que era más chulo que un ocho? Se limitó a añadir una inscripción en la base de las columnas: "FECIT D. COVI MAGNUM LEVI - LUCA CAP. V". Con esto cambiaba el título a su obra, que en vez de representar la Última Cena, pasaba a ser La cena en la casa de Leví, un tema más "profano" con el que la Inquisición no se ponía tan quisquillosa. El quinto capítulo del evangelio de Lucas dice que Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa, una casa que estaba llena de pecadores y fariseos. Los alemanes, bufones y demás "tonterías" quedaban perfectamente justificados.

 

Es bastante probable que los Monty Python se basasen en esta historia para su divertidísimo gag titulado La penúltima cena. Disfrutadlo, que es para llorar de risa:


Vídeo de anesth

17 comentarios:

  1. ¡Magistral, Veronese! Por sus declaraciones y por la solución. ¡Qué gran apunte para empezar la Semana Santa!

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    1. La solución es genial... Cualquier cosa menos dar su brazo a torcer y quitar a los alemanes, bufones y demás "adornos"

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  2. Un genio este Veronese, como todos los de su època que debian escaquearse de la inquisición.
    La paródia de Monty Python me parece magnífica.
    Gràcias por explicarnos tan detalladamente este episodio de la história.
    Una abraçada

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    1. Era complicado en esos años ser artista y no resultar aburrido, caminando siempre al borde de la ley (eclesiástica). Las representaciones de los personajes "buenos" siempre estaban constreñidas por mil normas de decoro, pero con los "malos" podían desquitarse y pintarlos como querían.

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  3. excelente marga, espero ansiosamente visitar Barcelona para poder hacer alguna de las actividades.

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    1. A ver si las empiezo de nuevo, que de momento estoy de parón. Pero claro que sí, cuando vengas a Barcelona, avisa.

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  4. Desconocía por completo este interrogatorio. El pobre Veronés se topó con un concepto muy contrarreformista que desconocía (o no quería conocer): el del decoro, la pesadilla de todo pintor de historias religiosas.

    ¡Un saludo e interesantísima entrada!

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    1. Pobrecillos pintores con el maldito decoro. Se tenían que devanar los sesos para que los cuadros no fuesen meros cromos y arriesgarse a ver si pasaban la prueba del algodón después...

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  5. Me estreno de visita aquí con un apunte magnífico: Gracias y enhorabuena.

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    1. Bienvenido José Luis, aunque este no me lo he currado mucho, me bastó con traducirlo y poco más... Tengo tu serie del Moldava pendiente :-)

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  6. Obviamente lo que intentaban los propios monjes era convertirlo, "En la cena en la casa de Simón", para no tener que dar explicaciones, de ahí que le decían que "pusiera a la Magdalena". Por lo que se lee e intuye, tuvieron que dar algunas... y le pidieron al Verones el cambio o añadido. Este no creo que se negara de primeras, ahora bien, seguro que les pidió pasta. (ESE, me parece a mi que era el meollo de la cuestión) Y, esos monjes acudieron a justicia suya, y siendo jueces y parte se lo ordenaron a "costa suya", Y su astucia fue cambiarle el título y a contrapié cumplirles la sentencia.

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    1. Claro que era cuestión de pasta (además de cabezonería). La sentencia pone que los cambios iban a cargo de Veronés y me parece que no estaba dispuesto a invertir en más pigmento si con solo cambiar el título arreglaba el problema.

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  7. Hay mucha ópera en las pinturas de Veronese.
    La de la Bodas de Caná es especialmente brillante, pero sin duda aprecio mucho La cena en casa de Simón el fariseo, ya que cuando trabajé en Turín, una dia no me presenté a la oficina y me perdí en la Galleria Sabauda, y te aseguro que ese cuadro al natural me causó una impresión especial.
    También por esa época, ya que alternaba Turín con Mián, me perdí en la fabulosa Pinacoteca Brera y no recuerdo con tanto detalle la cena en casa de Simón el fariseo.
    ¿Qué tiempos aquellos!
    Gracias por este post

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    1. No sabía yo de tus andanzas por Turín... Eres una caja de sorpresas. Todos sus banquetes son impresionantes. El del Louvre es impresionante, colocadito frente a la Gioconda, es incomprensible como esa pavisosa rancia está siempre rodeada de cámaras y nadie se digne a mirar esta maravilla de Veronés.

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    2. En Turín se pasa mucho frio, se come da Dio, tienen una temporada de ópera de nivel y tiene unos museos para perderse unos cuantos días. El Museo Egipcio es alucinante y el del cine, de cine, pero la Sabauda es tela.
      Me dijeron antes de ir, que era una ciudad deprimente, yo lo pase fenomenal, curré muchísimo y en el trabajo me las hacían pasar canutas, pero cuando salía...

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  8. Qué divertido, qué bueno, todo.
    Cuando he visto sus bodas de Caná (te imaginas pq le tengo especial cariño) me acordé de una teoría que dice que el grupo de instrumentos fue copiado por Tiépolo para el palacio de Würzburg:
    http://www.xtec.cat/~fchorda/18web/img/jpg/wurz28.jpg

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    1. El parecido es más que razonable. Por suerte Tiepolo era bastante buen artista como para hacer una copia literal.
      ¡¡¡Ay Kalamar... en cuanto ves un armatoste de madera con cuerdas, pierdes el norte, jajaja!!!

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