26 de febrero de 2013

"Queridos" banqueros

Petrus Christus, Un orfebre en su estudio o San Eloy (1449), Museo Metropolitan, Nueva York

A mediados del siglo XV, el gremio de orfebres de Brujas le encargó este cuadro al pintor flamenco Petrus Christus. Es una escena de género típica de esa época. Una pareja de ricos burgueses van al taller del orfebre para comprar sus anillos de boda (el fajín rojo que hay sobre la mesa es un elemento típico de las ceremonias nupciales). El orfebre no es otro que San Eloy, patrono del gremio, un santo que vivió durante el siglo VII y que era tan, tan, tan honrado que cuando el rey merovingio Clotario II le encargó un trono de oro y piedras preciosas, Eloy le hizo dos por el precio de uno, demostrando así lo bien que aprovechaba el material que le daban.

Detalle de la balanza y los anillos (Petrus Christus, San Eloy, 1449)

En los estantes del fondo podemos ver objetos relacionados con su profesión de orfebre (cuentas, coral, perlas, anillos, piedras preciosas, etc.) junto con otros vinculados a su profesión de santo, como el tarro de cristal con tapa de oro rematada por un pequeño pelícano. El motivo del pelícano que se perfora el pecho con el pico para alimentar a sus crías con su propia sangre es un símbolo del sacrificio de Jesucristo, que suele aparecer muy a menudo en los tupperware que fabricaban los orfebres para guardar hostias. Sobre la mesa, tenemos el típico dispositivo de seguridad de una joyería de nivel: un espejo que apunta a la calle, para tener bien vigilados a los amigos de lo ajeno. El cuadro está firmado y fechado en el borde de la mesa con la siguiente inscripción: m petr xpi me. . fecit. aº 1499 (magister Petrus Christi me fecit anno 1499), seguida por el emblema del artista.

Los trastos de la estantería (Petrus Christus, San Eloy, 1449)
Dispositivo de seguridad (Petrus Christus, San Eloy, 1449)
Firma y fecha (Petrus Christus, San Eloy, 1449)

Unos años más tarde, otro gran pintor flamenco, Quentin Massys, pintó una obra similar titulada El cambista y su mujer. En este caso, ya no estamos en el taller de un orfebre, sino en la oficina de un banquero. La profesión de cambista, prestamista o banquero era relativamente nueva en el siglo XV. Se desarrolló sobre todo en ciudades en las que había mucho comercio, como era el caso de Amberes, donde vivía nuestro artista.

Quentin Massys, El cambista y su mujer (1514), Museo del Louvre, París

En el cuadro de Massys, el cambista está muy concentrado pesando monedas de oro. Su esposa está sentada junto a él, frente a un libro de oraciones abierto (se ve claramente una miniatura de la virgen María con el niño en una de sus páginas). La mujer se ha distraído momentáneamente de sus rezos y mira fijamente las manos de su costilla, atraída por el resplandor del oro.

Los objetos de la estantería del fondo nos dan de nuevo información sobre los personajes. Está relativamente ordenada, aunque no tanto como la de San Eligio, que era más bueno que ellos. Junto a la manzana del pecado original y la vela, símbolo de la fe, que aquí está apagada, vemos otros elementos más "piadosos", como un rosario o una botella de vidrio con agua (símbolo de la pureza de la virgen). Es por tanto una pintura de género con "moralina": condena la avaricia, pero los personajes aún pueden salvarse, ya que no se han alejado del todo del buen camino.

En lo que respecta a los sistemas de seguridad de la oficina, dejan bastante que desear. El espejo apunta a una ventana, pero está colocado de tal manera que la pareja no puede ver lo que se refleja en él. Y para más inri, se han dejado la puerta de atrás abierta.

Libro de oraciones (Quentin Massys, El cambista y su mujer, 1514)
Detalle de la mesa (Quentin Massys, El cambista y su mujer, 1514)

Veinticinco años después, Marinus van Reymerswaele pinta su versión particular de El cambista y su mujer. El detalle más llamativo es que la señora ya no está leyendo un libro de oraciones, sino revisando el libro de cuentas del negocio (lo que ya no sabemos es si es la contabilidad A o la B). Al fondo volvemos a encontrar la vela de la fe apagada. Además, tanto la mesa como la estantería son un verdadero caos, todo lleno de trastos y papeles desordenados. Estos dos han caído en el lado oscuro y les van a cerrar las puertas del cielo en las narices.

Marinus van Reymerswaele, El cambista y su mujer (1539), Museo del Prado, Madrid
El libro de cuentas (Marinus van Reymerswaele, El cambista y su mujer, 1539)
Papelajos del fondo (Marinus van Reymerswaele, El cambista y su mujer, 1539)

Estos tres cuadros, pintados en el transcurso de un siglo, son testimonio claro de la paulatina degradación de la banca, que a día de hoy continúa con su descenso a los infiernos, cuesta abajo y sin frenos. (Este debe ser también uno de esos post con "moralina"...)

11 comentarios:

  1. la culpa no es del banquero, sino quien le da de comer...

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    1. Es el sistema en general el que está hecho un asco. Vivimos en un mundo en el que es más importante el dinero que las personas. Así nos va...

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  2. Vaya por delante, como siempre, mi felicitación por el texto y las imágenes y el subsiguiente robo de éstas.
    Me ha encantado su último párrafo, pero no se fíe Vd. Los banqueros son aves fénix que renacen siempre de sus cenizas (desde los fenicios). Se lo dice una que los ha conocido muy bien y de cerca.

    No me haga mucho caso pero en algún sitio he leído u oído que el coral -en tanto símbolo de la vida- es talismán propiciatorio de la fertilidad y aparece especialmente en escenas de desposorios, capitulaciones o compromisos de boda. Pero tampoco se lo puedo asegurar pues no soy capaz de confirmar la fuente.

    Un abrazo.

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    1. ¿Robo? ¿Has dicho robo? Bueno, roba, ya estamos todos acostumbrados a que nos roben :-)

      Interesante lo del coral. Por lo que he encontrado en los libros que tengo por aquí: "se le atribuyen desde la Edad Media propiedades curativas y la capacidad de rechazar el mal de ojo. Se colgaba muchas veces al cuello de los niños como protección. Se ve con este sentido, generalmente en forma de fila de cuentas, en los cuadros de la virgen con el niño." Pero vamos, que si tiene propiedades curativas, es posible que también sirva para temas de fertilidad. Mejor quitarse los pendientes de coral para ir a dormir, no vaya a ser que...

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  3. Pues no, va a tener Vd. razón y yo he oído campanas y no sabía dónde. Me suena mucho más lo de la protección contra el mal de ojo. Y sí, jajajaja, Vd. quítese los pendientes que yo por más zarcillos que me quite...

    Un abrazo, Marga

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  4. http://www.historia-del-arte-erotico.com/Plinio_el_viejo/libro32.htm#21 (deprisa y corriendo con faltas y tó)
    a mi me suena algo sobre el coral en las etimologías de san Isidoro de "hispalis", por cierto que estaban casi completas subidas, pero han desaparecido del internet, ( otro al que se le han hinchado los guevos)
    menuda discusión y guasa se traen ustedes con el collar y los pendientes de coral, cuidado con esas cosas que las carga el diablo, y luego andan con "No está embarazada, solo un poquito embarazadita" sin saberlo, como le decía excusandose la vecina a la portera, y la portera le decía que a medias de eso no se queda naide, y que por milagro solo la virgen.
    Les añadía a las banqueras que quizás el último cuadro podría resumir ya la legalización del interés del dinero, pero nada tiene que ver con endiñarle al público "preferentes", eso ya es "malaje",

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    1. ¡¡Gracias por el enlace!! Ahora sabemos más sobre las propiedades curativas del coral. Eso sí, no está la economía como para machacar un collar de coral cuando uno tenga retortijones, jajaja.

      Creo que último cuadro es bastante crítico. En el segundo se critica la "posible" codicia de los personajes. En el tercero, se condena la codicia "real". De ahí a las preferentes, unos pocos siglos.

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  5. ¡Ja, ja, ja...! Está muy bien traído, Marga. Y como siempre, divertido e instructivo.

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    1. Gracias Enric!! Leer la prensa inspira mucho.

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  6. Buenísima e instructiva esta entrada , si señora ! saludos cordiales !!

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