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22 de febrero de 2013

Las reinas del destape (III): Gabrielle d'Estrées

Marga Fdez-Villaverde
Segunda escuela de Fontainebleau, Gabrielle d'Estrées y su hermana (detalle, h.1594), Museo del Louvre, París. 
Después de unos cuantos paréntesis, rematamos la serie de "reinas" del destape con una última favorita real, esta vez la de Enrique IV de Francia, apodado le vert galant por la cantidad de amantes que tenía en nómina. (Las protagonistas de los dos capítulos anteriores de esta serie fueron Agnès Sorel y Diana de Poitiers, por si os los habéis perdido.)

Cuando conoció a Gabrielle d'Estrées, Enrique IV era en teoría rey de Francia, pero no en la práctica. Los tres hijos de Enrique II y Catalina de Medici, que gobernaron sucesivamente tras la muerte de su padre, habían fallecido sin descendencia y la corona pasó a este primo lejano, que era también rey de Navarra. Sin embargo, Enrique se encontró con un problema: era protestante y la liga católica francesa no le aceptaba como monarca. Entre 1589 y 1594, el rey sin corona tuvo que ir abriéndose paso hasta París a base de mamporros, reclamando su derecho al trono con la ayuda de la facción protestante y de Isabel I de Inglaterra

Catalina de Medici, que era muy lista, había tenido la precaución de casar en 1572 a Enrique con su hija menor, Margarita de Valois (la famosa reina Margot). Un matrimonio de conveniencia que no convencía a ninguno de los dos. La pareja vivió unos cuantos años en armonía, entretenidos con sus numerosos amantes y sin molestarse mutuamente. Al menos hasta 1586, cuando Catalina decidió que era hora de acabar con tanta fiesta y mandó encerrar en el castillo de Usson a la "indecente" de su hija que, con su comportamiento inmoral, estaba arrastrando por el fango el nombre de los Valois. A Enrique le pareció estupendo.

Enrique IV y Margarita de Valois, miniatura del Libro de Horas de Catalina de Medici (1572-1575)
Biblioteca Nacional de Francia, París
Nuestra historia comienza en 1590, cuando el duque de Bellegarde se va de la lengua y le comenta a su amigo Enrique IV lo estupenda que está su amante Gabrielle d'Estrées, tan rubia ella, con esos ojazos azules, diecisiete primaveras y una piel blanquísima. La descripción de la joven dispara la imaginación del rey. Le exige a Bellegarde que se la presente para, acto seguido, cual vulgar ave de rapiña, tratar de robarle la presa.

Gabrielle no era tonta. Con Bellegarde tenía posibilidades de casarse, mientras que con Enrique sabía que no pasaría de favorita real. Le dice al rey que no le interesa y sigue a lo suyo. Tras un largo tira y afloja, en el que la familia de Gabrielle sale bastante beneficiada con tierras, títulos y demás prebendas, la chica acaba por ceder y se convierte en amante del rey. Existen un par de retratos de Gabrielle d'Estrées de esa época, uno pintado por Benjamin Foulon y otro por Daniel Dumoûtier. Comparando objetivamente uno con otro, podemos llegar a cualquiera de las siguientes conclusiones:
  1. Benjamin Foulon y los cronistas de la época eran todos unos pelotas y Gabrielle era del montón, tirando a fea.
  2. Gabrielle le caía fatal a Daniel Dumoûtier.
Benjamin Foulon, Gabrielle d'Estrées (h.1594-1596), Biblioteca Nacional de Francia, París
Daniel Dumoûtier, Gabrielle d'Estrées (h.1599), Biblioteca Nacional de Francia, París
Una vez formalizados sus amores, Enrique casa a su favorita con Nicolas d'Armenval, señor de Liancourt, previo pago de una cuantiosa suma al futuro marido. Era un mero trámite que liberaba a Gabrielle de su familia y le daba una mayor autonomía legal, como esposa de un hombre de paja comprado por el rey. En la práctica, Gabrielle vivía con el monarca y se comportaba como la verdadera reina de Francia.

En 1593, viendo que el trono se le resistía, Enrique decide bajarse los pantalones y convertirse al catolicismo con la famosa frase, seguramente apócrifa, de "París bien vale una misa". El 27 de febrero del año siguiente es coronado en la catedral de Chartres. El hecho de que Gabrielle fuese católica debió influir bastante en esta decisión del rey.

Unos pocos meses después, nace César, el primer hijo bastardo de Enrique y Gabrielle. Para evitar confusiones, se apresuran a "descasar" a la favorita y al señor de Liancourt, no vaya a ser que alguno piense que el niño es del marido y no del amante. La excusa que alegan para solicitar la anulación del matrimonio es que Liancourt es impotente, sin importar lo más mínimo que el buen hombre hubiese tenido más de de diez hijos con su primera esposa.

Segunda escuela de Fontainebleau, Gabrielle d'Estrées y su hermana (h.1594), Museo del Louvre, París
El famoso cuadro del Louvre, Gabrielle d'Estrées y su hermana la duquesa de Villars, es justo de esa época. El artista retrata a Gabrielle y a una de sus hermanas en la bañera. Gabrielle (la rubia) sujeta entre sus dedos un anillo, testimonio de su compromiso con el rey. En un gesto bastante chocante, su hermana le pellizca un pezón. No es más que una forma, un tanto rara, de decirnos que Gabrielle está embarazada. Al fondo, podemos ver a una mujer cosiendo, probablemente el ajuar del bebé. Sobre la chimenea, asoma un fragmento de una pintura de carácter erótico que simbolizaría los amores de Gabrielle y Enrique IV. Como curiosidad, las tres mujeres utilizan la mano izquierda para pellizcar, sujetar el anillo y coser.

Segunda escuela de Fontainebleau, Gabrielle d'Estrées y su hermana (detalle, h.1594), Museo del Louvre, París
Segunda escuela de Fontainebleau, Gabrielle d'Estrées y su hermana (detalle, h.1594), Museo del Louvre, París
Poco a poco van llegando más criaturas: Catherine-Henriette en 1596 y Alexandre en 1598. Empieza a plantearse el problema de la sucesión. A falta de hijos legales, lo más práctico es que Enrique se case con Gabrielle para regularizar la situación. Margarita, que sigue encerrada, se niega a facilitar la anulación del matrimonio y cederle su puesto a "la puta del rey" (literalmente, la reina Margot no se andaba con chiquitas). Cornuda vale, pero apaleada, eso sí que no.

Gabrielle vuelve a quedarse embarazada en 1599 y Enrique le entrega públicamente el anillo de la coronación como muestra de su compromiso. Se solicita la anulación a Roma y para ablandar al santo padre, la pareja se separa durante la semana santa a modo de penitencia. Enrique se queda en Fontainebleau y Gabrielle se marcha a París, convencida de que será la próxima reina: "Il n’y a plus que Dieu et la mort du roi pour m’empêcher d’être reine de France" (sólo Dios o la muerte del rey pueden impedir que sea reina de Francia). 

El optimismo hizo que olvidase añadir un tercer parámetro a la afirmación: el de su propia muerte. El 10 de abril de 1599, con veintiseis años, Gabrielle d'Estrées fallecía en París por culpa de una eclampsia. Enrique IV no llegó a tiempo de verla con vida. Guardó luto una temporada, consiguió la anulación de Margarita, la liberó de la cárcel y finalmente se casó con María de Medici, con la que tuvo seis hijos antes de morir asesinado a manos de un católico fanático.

Y para que no os quedéis con cara de pena, os dejo con un curioso retrato de Enrique IV que pretendía ensalzar su virilidad y acabo por conseguir más bien lo contrario:

Círculo de Toussant Dubreuil, Enrique IV como Hércules (h.1600), Museo del Louvre (París)

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

3 comentarios:

  1. Ahora que lo dices, el botón mamario en el embarazo se vuelve duro y oscuro, así que igual lo estaba demostrando..
    Caray con la corte francesa, qué estrés.

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  2. Ya me dirás, qué cuadro tan críptico para anunciar un embarazo... En fin, como bien dices, era una corte de lo más estresante.

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  3. qué fotoshop se mandaron en 1600...!!!

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