9 de febrero de 2013

Las "reinas" del destape (II): Diana de Poitiers

Escuela de Fontainebleau, Fuente de Diana (detalle, h.1554), Museo del Louvre, París

He estado dudando sobre si incluir o no a Diana de Poitiers en esta serie de "reinas" del destape porque, la verdad sea dicha, era una señora de lo más recatado. Pero bueno, teniendo en cuenta que fue favorita real, que hay alguna obra de arte en que enseña pectorales y que tuvo una biografía fascinante, no he tenido más remedio que hacerle un hueco.

A Diana de Poitiers la casaron muy jovencita con el gran senescal de Normandía, Louis de Brézé, un nieto de Carlos VII y Agnès Sorel que le sacaba treinta y muchos años. Como era de prever, se quedó viuda muy joven. A partir de ese momento y hasta su muerte, Diana de Poitiers solo vestiría con los colores blanco y negro, en parte como señal de luto, pero sobre todo como alegoría de la luna y de la noche, en honor a la diosa Diana con la que compartía nombre.

Cuando el emperador Carlos V derrotó a Francisco I en la batalla de Pavía, se llevó a España como rehenes a sus dos hijos mayores, Francisco y Enrique, para asegurarse de que el rey francés no se la volvía a liar en Italia. Retuvo a los niños en Madrid durante cuatro largos años, hasta que Francisco I aceptó la poco atractiva oferta de casarse con la hermana de Carlos, Leonor de Austria, que había sido una belleza de joven pero ahora sufría de elefantiasis. Una vez que estuvieron emparentados, Carlos V liberó a los niños.

El menor de los dos hermanos, Enrique, se había aficionado durante su cautiverio a los libros de caballería. Regresó a Francia con diez años y la cabeza llena de pájaros, dispuesto a batallar hasta la muerte por el honor de frágiles damas. Francisco I necesitaba que alguien le ayudase a enderezar a ese niño fantasioso y retraído, convirtiéndole en un hombre de provecho. La labor recayó en una atractiva e inteligente viuda de treinta y tantos años que andaba por la corte: Diana de Poitiers.

Diana de Potiers de joven (a partir de un original anterior a 1525), Biblioteca Nacional de Francia, París

Enrique, que estaba a la búsqueda de una dama ante quien rendir su lanza, se enamoró locamente de su tutora, a pesar de que ésta le sacaba veinte años. Diana supo esquivar hábilmente los deseos del pequeño galán; estaba dispuesta a enseñarle todo lo que sabía, pero que no soñara con tocarle un pelo. En 1533, Enrique cumple las órdenes de su padre y se casa con Catalina de Medici, una princesa italiana de segunda que tenía catorce años, la misma edad que él.

Pocos años después, la vida de Enrique da un giro inesperado. Tras la repentina muerte de su hermano mayor, se convierte de golpe en el heredero de la corona. Sin embargo había un problema, Enrique estaba enfermo de melancolía por el rechazo de Diana y era incapaz de producir hijos con su joven esposa italiana. La madre patria necesitaba herederos y Diana, francesa hasta la médula, accedió a convertirse en amante del príncipe para levantarle la moral. Eso sí, le obligaba a visitar frecuentemente el lecho de Catalina con la que acabó teniendo diez hijos. ¿Y quién se encargó de educarlos? Diana de Poitiers.

Enrique II de Francia y Catalina de Medici (siglo XVI), Biblioteca Nacional de Francia, París

Con veintiocho años, Enrique de Valois se convierte en Enrique II de Francia. Y la mujer que estuvo sentada a su lado durante la coronación en Reims no fue Catalina, sino su amante oficial Diana de Poitiers. Enrique empezó a vestirse con los colores de Diana, le regaló las joyas de la corona, le dio varios castillos y gobernó el país junto a ella. A Catalina le tocó conformarse con el puesto de segundona.

El monograma de Enrique II, que encontramos por todos lados (suelos, paredes, artesonados, pilastras, puertas, tapices, etc.), enlaza habilmente la H de Henri, su inicial, con dos C de Catalina, una al derecho y otra al revés, pero que al unirse con los palos de la H, se convierten en la D de Diana. Otro de los emblemas del rey eran tres lunas crecientes entrelazadas, también en honor a su amante (abajo a la derecha).

Monograma y emblema de Enrique II de Francia

En el escudo y la armadura de Enrique II, conservados en el Metropolitan de Nueva York, podemos ver alusiones a Diana de Poitiers: monogramas y lunas (no entrelazadas) en el escudo y una luna en la parte de atrás de la coraza. A ver quién es el primero que las encuentra (haced clic en la imagen para agrandarla).

Escudo de Enrique II (h.1555), Metropolitan Museum, Nueva York
Armadura de Enrique II (h.1555), Metropolitan Museum, Nueva York

La verdad es que Diana de Poitiers se conservaba muy bien para su edad: se daba baños de agua fría, montaba (a caballo) todos los días y cuidaba mucho su alimentación. Era una especie de Demi Moore renacentista, pero mucho más seria y discreta.

Uno de los regalos de Enrique II a Diana de Poitiers fue este tímpano en bronce que había encargado su padre al escultor italiano Benvenuto Cellini para colocarlo en la entrada del castillo de Fontainebleau. Nunca llegó a instalarse allí y Enrique se lo dio a Diana para que lo pusiera en la puerta de su castillo de Anet. El relieve representa a la ninfa de Fontainebleau apoyada en una vasija, pero en cuanto pasó a manos de la favorita real, se convirtió por arte de magia en la diosa Diana.

Benvenuto Cellini, La ninfa de Fontainebleau (1542-1543), Museo del Louvre, París

Benvenuto Cellini, La ninfa de Fontainebleau (detalle)

Diana de Poitiers se inspiró en este relieve para encargar su "retrato": una escultura de bulto redondo de la diosa Diana que coronaba una fuente en los jardines del castillo de Anet. La escultura es una maravilla y ha sido atribuida sin éxito a varios artistas, sin que los historiadores logren ponerse de acuerdo. Así que por el momento, sigue siendo "obra de la escuela de Fontainebleau". Las figuras de esta escuela se caracterizan por un manierismo extremo: cuerpos muy alargados, cabezas pequeñas, rostros idealizados y pechos menudos (nada que ver con la generosa delantera de Agnès Sorel que veíamos el otro día).

Escuela de Fontainebleau, Fuente de Diana (h.1544), Museo del Louvre, Francia
Escuela de Fontainebleau, Fuente de Diana (detalle, h.1544)

La diosa Diana está descansando junto a sus dos canes de caza, un lebrel y un perro de aguas. Se apoya con delicadeza en el ciervo que acaba de apresar, rodeando el cuello del animal con el brazo derecho. En la mano izquierda, sostiene el arco. Curiosamente, no lleva la luna sobre la frente, atributo habitual de la diosa, pero sí que podemos ver en la base de la escultura el monograma del rey. El ciervo y la diosa son, por tanto, retratos "idealizados" de Enrique II y su amante.

También aparece el monograma en este tapiz que encargó Diana de Poitiers para su castillo, con el tema de la diosa Diana y Britomartis, una doncella que prefirió tirarse al mar antes que ceder a los impulsos amatorios del rey Minos. Al final unos pescadores la rescataron con sus redes.

Tapiz de Diana y Britamartis (1547-1559), Metropolitan Museum, Nueva York
Detalle de la figura de Diana
El monograma de Enrique II en el borde de la falda de la diosa Diana

Este otro cuadro de la escuela de Fontainebleau representa otra vez a Diana cazadora. Es bastante probable que se trate de otro retrato alegórico de Diana de Poitiers. El problema es que las obras de esta escuela son tan poco realistas que es casi imposible hacerse una idea exacta de la fisonomía de la favorita real.

Escuela de Fontainebleau, Diana cazadora (mediados XVI), Museo del Louvre, París

En julio de 1559, se celebró en la catedral de Notre Dame la boda por poderes de Isabel de Valois, hija de Enrique y Catalina, con el Felipe II de España. Para festejarlo, organizaron un fastuoso torneo en el que también participó el monarca. En plena contienda, la lanza de su oponente se quebró y una de las astillas se clavó en el ojo de Enrique II, penetrándole hasta el cerebro. Murió pocos días después en los brazos de Catalina, que no permitió a Diana de Poitiers entrar en las habitaciones del rey. La favorita le devolvió a la reina las joyas de la corona y varias de sus posesiones (obligada, claro está) y se retiró elegantemente a su castillo de Anet, dejando que Catalina gobernase Francia a través de sus tres hijos, Francisco II (1559-1560, primer marido de María Estuardo), Carlos IX (1560-1574) y Enrique III (1574-1589), con los que se extinguiría la dinastía de los Valois. Les sucedería ese gran cínico que fue Enrique IV, el Borbón que dijo la famosa frase de "París bien vale una misa" y del que ya hablamos en un apunte hace tiempo: Ríete tú de Tarantino. ¿Os acordáis?

Diana de Poitiers falleció en Anet a los sesenta y seis años, envenenada por la ingesta de oro líquido, que parece ser que tomaba todas las mañanas para mantenerse joven y guapa.

12 comentarios:

  1. La escultura es una preciosidad por arriba por abajo por derecha y por izquierda, es de las que te obliga a perder un ratito, ... un ejercicio irresuelto el buscarle similitudes
    Yo sospecho de Ammanatti.
    ..y le debo una caña (sin envenenar).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El problema con esta escultura es que está muy restaurada y eso complica mucho su atribución. Supongo que es probable que con el tiempo salga algún documento que nos dé alguna pista. Es una obra lo bastante importante como para que se conserve algo de documentación, creo yo.

      ¿La caña en Madrid, verdad?

      Eliminar
  2. ¡Absolutamente genial! ¡¡Cada vez te superas más!!
    Pobre "Demi Moore renacentista", era muy difícil tener un final feliz, y también es comprensible el cabreo de Catalina...
    ¡Por cierto! Creo que he encontrado la lunita en la coraza. ¿Es la que está justo en el centro de la línea de la cintura? ^ ^

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Catalina fue una mosquita muerta mientras Diana de Poitiers estaba en activo, pero luego se desquitó con ganas. Acabó siendo una bruja de armas tomar.
      ¡Encontraste la luna! ¿Y el monograma del escudo no los has visto? Hay muchas lunas, varios monogramas H-C y uno de los HCC o HDD. Se ven bastante bien

      Eliminar
    2. Ayy siii!! Ahora los veo!! en los roleos del escudo!! :) :)
      Me encanta, quiero otra reina del destape!! Que por cierto, no sé por qué no me deja comentarte en el post anterior (lo he intentado varias veces y no sé qué le pasa :S), así que aprovecho para decirte aquí que alucino con el destape de Agnés y que coincido con lo de la belleza de San Esteban (de jovencita me parecía muy guapo el San Esteban del Entierro del Conde Orgaz, del Greco xD, así que imagínate...).

      Eliminar
  3. Precioso todo. Un post ideal para el día de hoy, qué amores! Debía ser lista la dama, además de guapa. Y el oro bebido, para qué sirve? es un metal algo pesado.

    ResponderEliminar
  4. atengo un escudo de enrique ii quiero saber su precio segaimpresiones09@hotmail.com

    ResponderEliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  7. El oro líquido era lógicamente un medicamento de ricos, Luis XII también lo tomaba y es posible que DIana lo tomara para tratar su artritis,hoy en día todavía se usan las sales de oro igual que entonces y nadie muere intoxicado aunque si se deposita en el hueso.Uno de los síntomas de la intoxicacacion es la caída del pelo y DIana tenía una preciosa cabellera al morir,tan hermosa que cuando profanaron su tumba durante la revolución se llevaron su cabellera como trofeo.

    ResponderEliminar