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31 de enero de 2013

Las reinas del destape (I): Agnès Sorel

Marga Fdez-Villaverde
Jean Fouquet, Agnès Sorel como la virgen María (Díptico de Melún, h.1452), Koninklijk Museum, Amberes. 
El rey Carlos VII de Francia era un hombre tímido, tristón, pusilánime y sin iniciativa. Y si pasó a la historia con el sobrenombre de "el victorioso" no fue por méritos propios, sino gracias a dos mujeres de bandera que se cruzaron en su camino y evitaron, cada una a su manera, que el reino se fuese al garete. La primera de ellas fue Juana de Arco, que reconquistó para Carlos VII gran parte de los territorios que estaban en manos de los ingleses. Como recompensa, fue acusada de brujería y condenada a morir en la hoguera en 1431. Carlos VII, con su habitual indolencia, no movió ni un dedo para evitarlo.

La segunda era, según las crónicas, la mujer más bella de Francia. Agnès Sorel, una joven de veintiún años, llegó a la corte francesa en 1443 como dama de honor de Isabel de Lorena, esposa de Renato I de Sicilia. Carlos VII se encaprichó de ella y Agnès no tuvo más remedio que ceder a sus deseos. En esa época, no era prudente negarle nada a un rey por muy cuarentón y feo que fuese (y este lo era un rato).

Jean Fouquet, Carlos VII de Francia (h.1445), Museo del Louvre, París
La esposa oficial, María de Anjou, aceptó los cuernos con deportividad y se hizo amiga de su rival, consciente de que no le convenía competir con ella. Según Chastellain, cronista oficial del duque de Borgoña, la reina tenía "un rostro que infundiría miedo hasta a los ingleses". Viendo su retrato, no nos queda más remedio que darle la razón. Aun así, el aspecto de la reina no fue obstáculo para que Carlos VII le ayudase a fabricar la friolera de trece hijos. Y es que el rey era paradete en temas de estado pero cuando había mujeres de por medio, revivía milagrosamente.

La reina Marie de Anjou, esposa de Carlos VII
Agnès Sorel fue la primera en ostentar el título oficial de maîtresse royale (amante real). Su influencia sobre el rey era tan grande que prácticamente gobernaba Francia ella sola. Una de sus mayores hazañas fue conseguir que Carlos VII retomase la lucha contra los ingleses, recuperando la totalidad de su territorio y poniendo fin a la guerra de los Cien Años.

En la corte, causaban sensación sus espectaculares vestidos con escotes de vértigo. Tan de vértigo, que dejaban su busto totalmente al descubierto, sin dejar nada a la imaginación. Podríamos decir que Agnès Sorel puso de moda el topless en las cortes europeas.

En el invierno de 1450, embarazadísima de su cuarta hija, Agnès deja el castillo de Chinon para reunirse con el rey en la campaña de Jumièges y avisarle de una conspiración o darle apoyo moral (no se sabe con certeza). Nada más llegar, enferma gravemente de disentería y da a luz a una niña prematura, muriendo al poco tiempo. Tenía solo veintiocho años. Desde el principio, se habló de un posible envenenamiento, aunque no se pudo demostrar. El principal sospechoso no era otro que el primogénito de Carlos VII, el futuro Luis XI, que llevaba varios años conspirando contra su padre y su querida.

En el año 2004, aprovechando el traslado de la sepultura de Agnès Sorel en la colegiata de Saint-Ours de Loches, se hizo un estudio de sus restos. El resultado de este CSI Loches fue concluyente: la maîtresse royale murió envenenada por una ingesta excesiva de mercurio. ¿Suicidio? ¿Error médico? ¿Asesinato? Quién sabe...

El retrato más famoso de La Dame de beauté, sobrenombre con el que se conocía a Agnès Sorel, es el díptico de Melún pintado por Jean Fouquet hacia 1452. Fue un encargo de Étienne Chevalier, tesorero de Carlos VII, para la tumba de su esposa, Catherine Budé, en la colegiata de Notre-Dame de Melun. Sus dos mitades están hoy en museos diferentes, una en Berlín y otra en Amberes.

Jean Fouquet, Díptico de Melun (h.1452)
En el panel de la izquierda, está retratado el propio Étienne Chevalier de rodillas y con las manos unidas en oración. Seguramente está rezando por su esposa, que había muerto hacía poco. Le acompaña San Esteban, su santo protector (Étienne es Esteban en francés), que actúa como intermediario entre el donante y la Virgen. San Esteban fue el primer mártir cristiano y murió lapidado por sus sermones incendiarios, por eso lleva una piedra encima del libro. Detrás de ellos, Fouquet pinta una impresionante arquitectura renacentista en perspectiva, en la que está inscrito el nombre de Étienne Chevalier.

Jean Fouquet, Étienne Chevalier y San Esteban (Díptico de Melún, h.1452), Staatliche Museen, Berlín
La precisión y el realismo con el que Foquet pinta estas dos figuras es impactante, como podéis comprobar en los dos detalles siguientes (haced clic en las imágenes para verlas mucho más grandes, merece la pena). El terciopelo rojo del traje de Étienne Chevalier es casi hipnótico, al igual que su piel curtida y el gesto serio y concentrado. Lo único que falla es el corte de pelo, que no le favorece nada.

Jean Fouquet, retrato de Étienne Chevalier (Díptico de Melun, h.1452)
El bellísimo rostro de San Esteban está en mi top ten particular de la pintura francesa: las mejillas chupadas, las leves ojeras, el naranja subido de los labios, el color más gris de la piel allí donde se ha rapado y sobre todo ese impactante churrete de sangre que le cae por la coronilla, manchándole su vestimenta de diácono. Chapeau, monsieur Fouquet. Sólo por este rostro, entre ascético y sexy, merece usted un puesto de honor en la historia del arte.

Jean Fouquet, San Esteban (Díptico de Melun, h.1452)
En la parte derecha del díptico, podemos ver a la Virgen María con el niño Jesús sobre sus rodillas. Está sentada en un trono de oro y piedras preciosas que sujetan varios ángeles. Aquí no hay perspectiva y las figuras son mucho más esenciales, sin buscar detalles realistas. El pintor quiere dejar clara la diferencia entre el mundo terrenal y el mundo celestial. El color intenso de los ángeles contribuye a crear este ambiente idealizado, aunque es absolutamente fiel a los preceptos de la iconografía religiosa, según la cual los serafines son de color rojo y los querubines de color azul.

Jean Fouquet, La Virgen y el Niño rodeados de ángeles (Díptico de Melún, h.1452), Koninklijk Museum, Amberes
Los dos paneles no pueden ser más diferentes entre sí, pero el artista crea un juego de miradas entre uno y otro para darle unidad al conjunto: Étienne y Esteban miran hacia la derecha y el niño Jesús apunta con el dedo hacia la izquierda, dándonos a entender que está escuchando las plegarias del primero.

¿Y qué me decís de la Virgen María, tan virginal ella? Los rasgos son los de Agnès Sorel, que podemos ver también en la escultura tallada para su tumba: la frente depilada, la boca pequeña y la barbilla partida. El panel está pintado con los colores heráldicos del rey: rojo, azul y blanco (que también son los colores que más destacan en el panel de la izquierda). La anatomía de la modelo es totalmente artificial, con una cintura de avispa imposible y unos enormes pechos esféricos demasiado separados (¿de dónde sacarían la inspiración los de Mattel para crear a la Barbie?) El vestido, con el escote abierto, podría hacer referencia a la moda del destape impuesta por Agnès Sorel en la corte.

Detalle de la sepultura de Agnès Sorel (Colegiata de Saint-Ours, Loches)
Jean Fouquet nunca firmaba sus obras pero en este caso, estaba tan orgulloso del resultado, que hizo una excepción. Colocó un pequeño autorretrato, conservado en el Louvre, sobre el marco de terciopelo azul del díptico. Es el primer autorretrato independiente de un artista que se conoce. Se merecía esta distinción, ¿no os parece?

Jean Fouquet, Autorretrato (h.1452), Museo del Louvre, París

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

12 comentarios:

  1. Esta serie del "destape regio" promete mucho. El díptico de Fouquet es bellísimo.
    Y una pregunta que se repite en la historia: ¿por qué hombres tan mediocres como Carlos VII se rodean de mujeres de bandera?

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    1. ¿Porque las mujeres no contaban para nada y no podían permitirse decir que "no" a según que mediocres?

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  2. joé, está currao y gracioso, pero ¡vaya paseiyo nos das por la kiwi!, Le hago un trato, la invito a una caña, por cada enlace que no sea kiwi en su próximo post..
    En el Château de Loches hay otro Agnes Sorel que también se lo atribuyen a Jean Fouquet, (en general parece una obra bastante más tardía, tipo réplica), pero te hubiera valido "paponele el lazo" al tema.
    Chapeau!.

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    1. Los enlaces de la Wikipedia son muy útiles. De un vistazo, con las primeras líneas, ya te haces una idea de quién era cada personaje. Pero vamos, que tampoco es obligatorio consultarlos. Es más que nada por si alguien tiene curiosidad sobre un tema, para que sigan rebuscando.

      El cuadro de Loches es una réplica y no me gusta mucho. Demasiado anaranjada la chica, como si se hubiese untado crema autobronceadora: http://www.jbiphoto.com/ValDeLoire/Loches/pages-Loches/Loches-23.htm

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    2. no digo que no enlace la kiwi, ni que la kiwi sea cosa mala, digo que si algún enlace que ponga no es de la kiwi, le envito a una caña, por el trabajo de encontralo.
      Hace ya más de 5 años que nadie intenta hacerlo mejor que la kiwi, (internete se lee monotono).
      ahora estos enlaces, lo único que ahorran, es el no usar el buscador. Todos los enlaces que ha puesto usted, sale el primero el kiwi.es, y luego, otros tantos kiwis+: kiwi.us kiwi.it....

      (le apuntillaba lo del "lazo", por el lazo pintado, anacrónico que seguro no estaba de moda, que presenta el cuadro)
      coincido con usted en que parece una (mala) réplica.

      Otros,...... yo le daría un mordisco en el cuello al sanse, que es donde ha puesto la invitación, el foco y la luz fouqueT

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    3. Yo con el santo haría algo más que darle un mordisco en el cuello (y eso que lo de la tonsura me corta un poco el rollo). Coincido con lo de las apreciaciones sobre la wiki y procuraré ganarme una caña un día de estos. :-)

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  3. Una maravilla de díptico, sólo había visto la parte derecha, tan extraña y que a primera vista parezca rodeada de ángeles y demonios. Me ha encantado S Esteban, es mi santo favorito y aquí al menos no le han dejado las piedras incrustadas en la testa.
    Ah, también se podría titular el post: galería de napias hermosas!

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    1. Si me dejasen llevarme una mitad a casa, no sé con cuál de las dos me quedaría, la verdad. Una me fascina por lo raro, la otra por los detalles.
      San Esteban es un bellezón, ¿no te parece? Y lo de las napias de acuerdo, menos la del pobre E.Chevalier que desluce un poco al lado del santo.

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  4. Vengo hasta aquí de la mano de Eroticón y me ha encantado el post.
    No siempre es fácil hablar de historia y de pintura de una forma tan amena.
    Las fotografías, espléndidas. Y salgo bastante más ilustrada de lo que entré. Sin bromas, que lo digo completamente en serio.
    Aunque Eroticón se meta con Vd. no le haga caso en exceso. Le gusta pinchar.

    Un saludo,

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    1. Bienvenida Freia y muchas gracias por la visita. Hago lo que buenamente puedo y tengo que confesar que buscar las fotos me lleva muuuuuuucho tiempo porque me gusta que sean de buena calidad. Si no se pueden ver las obras en directo, al menos que la reproducción sea decente.

      Y no me preocupo por Eroticón... Me río mucho con sus comentarios.

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  5. Marga, hablas de los famosos escotes de Agnès Sorel. No creo que sean los de pecho descubierto, ¿verdad? No se paseaba de esta guisa por la corte, supongo!

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  6. Pues sí, eso parece. Se conservan testimonios de miembros de la iglesia quejándose al rey de los escotes que puso de moda esta señora, que dejaban ver "hasta los pezones"... O sea, que iba enseñando todo todo.

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