26 de junio de 2012

Louise Vernet y su gato en su lecho de muerte

Théodore Géricault, Louise Vernet de niña (1818-1819), Museo del Louvre, París

Esta niña pizpireta de rosadas mejillas pellizcables (y pellizcadas, vistas las rojeces) es Louise Vernet (1814-1845), hija del pintor francés Horace Vernet. El retrato lo pintó nada menos que Théodore Géricault, que había conocido al padre de la criatura en el taller de Carle Vernet, donde ambos trabajaban como alumnos. Horace era además, como su propio apellido indica, hijo aventajado del maestro. Es un retrato típicamente romántico, con la niña sentada de forma naturalista sobre una roca, en medio de un paisaje un tanto amenazador. Rodea con su brazo izquierdo a un enorme Micifú atigrado que descansa plácidamente sobre su regazo.

Años más tarde, Horace Vernet pintaría un nuevo retrato de su hija, que para entonces se había convertido en una bella e inteligente jovencita de diecinueve años. Es un retrato más académico, pintado durante la estancia de la familia Vernet en Italia. Al fondo se vislumbran las torrecillas de la Villa Medici, sede de la Academia Francesa en Roma (haced clic en el enlace para ver una foto del edificio), una importante institución que Horace Vernet dirigió entre 1829 y 1834 donde se congregaban todos los artistas franceses que visitaban Italia.

Horace Vernet, Retrato de Louise Vernet (1833), Museo del Louvre, París

En 1832, el compositor Hector Berlioz, que estaba disfrutando de una especie de beca en Roma, le dedicó a Louise Vernet una canción de carácter orientalizante titulada La captive. Según cuenta el propio Berlioz, Louise le ayudó en la composición: ella cantaba y él tocaba el acompañamiento al piano. La cancioncilla se puso muy de moda en la Villa Medici. Todos, señores y criados, la tarareaban por las esquinas. Horace Vernet, harto de escucharla por todos lados, llegó a quejarse en broma al compositor. Aquí la tenéis interpretada por Veronique Gens y en este enlace la letra.



Otro de los artistas que visitaron en esos años la Villa Medici fue el pintor Paul Delaroche (en realidad se llamaba Hippolyte pero se cambió el nombre por coquetería). Delaroche se enamoró locamente de Louise y ella de él. La pareja se casó en el otoño de 1835 en la iglesia de San Luigi dei Francesi de Roma. Louise tenía 21 años y Paul 38.

Tras parir dos hermosos hijos, Horace y Philippe, y disfrutar diez años de un idílico matrimonio, la pobre Louise murió de unas fiebres a sus 31 primaveras. El último retrato que tenemos de ella es el que le hizo el desconsolado viudo en su lecho de muerte (no deja de ser sorprendente la capacidad que tenían los artistas de aprovechar los velatorios para retratar a sus difuntos). Aunque el detalle de pintarla con los ojos entreabiertos no deja de ser un tanto desagradable, hay que reconocer que es un retrato precioso. Delaroche idolatraba tanto a su esposa que hasta le puso halo.

Paul Delaroche, Estudio de Louise Vernet en su lecho de muerte (1845), Walters Art Museum, Baltimore

Curiosamente, en la misma pared del museo del Louvre en la que cuelga el retrato de la Louise de cuatro o cinco años que pintó Géricault, nos encontramos con otra obra de este mismo artista que nos da una pista del trágico destino del gato al que abrazaba la niña: el retrato postmortem del pobre Micifú (y si no es Micifú, seguro que es un primo hermano).

Théodore Géricault, El gato muerto (hacia 1820), Museo del Louvre, París

7 de junio de 2012

Invitación a una taza de leche

Henri de Toulouse-Lautrec, Invitationa une tasse de lait (litografía. 1897), Muséé Toulouse-Lautrec, Albi

En mayo de 1897, Henri de Toulouse-Lautrec alquiló un estudio en el número 15 de la Avenue Frochot, en el barrio de Montmartre. El estudio estaba cerca de la casa de su madre, la condesa Adéle. Pero sobre todo, estaba cerca de los antros nocturnos de todo tipo que le gustaba frecuentar.

Una vez decorado el estudio en el estilo art-nouveau, envió a sus amigos y conocidos esta original invitación para inaugurarlo: 
Henri de Toulouse Lautrec sera très flatté si vous voulez bien accepter une tasse de lait le samedi 15 mai vers 3 heures et demi après midi. (Henri de Toulouse-Lautrec se sentiría muy halagado si aceptase tomar una taza de leche el sábado 15 de mayo hacia las 3 y media de la tarde.)
En la invitación se autorretrata de perfil, con espuelas y fusta, poniendo a raya a una mansa vaca de generosas ubres. Un pájaro le mira desde el suelo. Se equivocó al escribir la dirección y puso el número 5, en vez del 15, pero parece ser que sus amigos le encontraron igual.

Sabiendo lo juerguista que era este pequeño gran hombre, casi no hace falta aclarar que lo de la "taza de leche" era un vulgar eufemismo. En vez de servir esta nutritiva bebida (aunque también había), contrató a un experto barman para que les quitase la sed a base de cocktails.