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29 de mayo de 2012

El ojo de Picabia y el buey de Milhaud

Marga Fdez-Villaverde
Francis Picabia, L'oeil cacodylate (1921), Centre Pompidou, París
Un cuadro un tanto raro, ¿verdad? Aunque su calidad estética es discutible, está colgado en las paredes de un gran museo. Y además le envuelve una historia fascinante.

Empecemos por ponerle banda sonora, que la tiene. Y nada menos que del compositor francés Darius Milhaud. Este señor había estado trabajando dos años en Brasil como secretario del poeta Paul Claudel, el hermano de la escultora Camille Claudel, que además de poeta era diplomático y se había ido a Brasil como embajador... pero me estoy yendo del tema. A su vuelta de Brasil, Milhaud compuso una pieza llamada Le boeuf sur le toit (El buey en el tejado) inspirada en la música y los ritmos que había escuchado por allí. El título lo "cogió prestado" de un tango compuesto por José Monteiro para el carnaval de 1918, O boi no telhado, que se había puesto muy de moda. Es una partitura genial, llena de ritmo y buen humor, y que os recomiendo escuchar mientas seguís leyendo.


Milhaud era uno de los integrantes de Les six, un grupo de compositores franceses formado por Georges Auric, Francis Poulenc, Louis Durey, Arthur Honegger, Germaine Tailleferre, Eric Satie y Darius Milhaud (sí, eran siete y a veces incluso mas, pero era la época del dadaísmo y estas cosas no importaban mucho). El manager del grupo era el genial Jean Cocteau.

En origen, Le boef sur le toit era una pieza para violín y piano, titulada Cinéma fantaisie, que Milhaud había compuesto para que sirviese de acompañamiento a una película de Chaplin. Pero Cocteau tenía otros planes para la partitura de Milhaud: escribió un libreto y le convenció para que orquestase la pieza y creasen un ballet con ella. El estreno tuvo lugar el 21 de febrero de 1920 en el Thèâtre des Champs-Élysées de París, con escenarios de Raoul Dufy y vestuario de Guy-Pierre Fauconnet, y tuvo muchísimo éxito.

El argumento es típicamente dadaísta. En el interior de un bar se reúnen una serie de personajes variopintos: una mujer elegante, una pelirroja vestida de hombre, el barman que prepara los cocktails, un hombre que juega al billar, un librero, un boxeador... De repente, entra un policía y los clientes se ponen a beber leche para disimular. El policía muere decapitado accidentalmente por las aspas del ventilador del bar y la mujer pelirroja baila con su cabeza, como Salomé con la cabeza del Bautista. Una vez que todos los clientes se han marchado del bar, el policía resucita y le toca pagar la cuenta.

La mujer pelirroja baila haciendo el pino junto a la cabeza del policía. De fondo, los decorados de Dufy.
Algunos personajes del ballet: la pelirroja, la mujer elegante, el jugador de billar,
el boxeador, un hombre trajeado y el barman.
Los intérpretes de esta absurda historia no eran bailarines, sino payasos y acróbatas del circo Médrano. Los dos papeles principales, el de la mujer elegante y la pelirroja, se los dieron a los hermanos Fratellini, grandes estrellas del circo. Los personajes, que llevaban puestas unas enormes máscaras de papel maché, se movían por el escenario de forma deliberadamente lenta, para que la coreografía contrastase con la animada música de Milhaud.

El grupo de Les six se reunía habitualmente en un bar llamado La Gaya, propiedad de Louis Moysés. Ese mismo año de 1921, Moysés se mudó de local y abrió un nuevo cabaret en el número 28 de la rue Boissy d'Angles, llevándose a cuestas a su fiel clientela. ¿El nombre del nuevo bar? No podía ser otro: Le boeuf sur le toit. Se convirtió en uno de los locales de moda de París en el periodo de entreguerras. Por allí pasaban frecuentemente Picasso, Stravinsky, Diaghilev, André Breton, Tristan Tzara, René Clair, Hemingway, Josephine Baker... y para qué seguir.

Fachada de Le boeuf sur le toit
Y por fin llegamos al cuadro, L'oeil cacodylate, que Louis Moysés compró a Francis Picabia y que estaba colgado en un lugar de honor de Le boeuf sur le toit. Cuando se "pintó" este cuadro, Picabia estaba convaleciente de una enfermedad ocular que aparentemente se trataba con cacodilato. De ahí, el extraño título de la obra. Unos cincuenta amigos pasaron por su casa a visitarle y él les pidió que le escribiesen dedicatorias en el cuadro, más o menos igual que cuando uno se rompe una pierna y le pintan la escayola.
Francis Picabia en su estudio
Es una obra plenamente dadaísta: colectiva, fruto del azar, que utiliza las técnicas del collage y el fotomontaje y sobre todo, muy absurda. Basta con leer algunas de las dedicatorias:

Darius Milhaud: Je m'apelle DADA depuis 1892 (Me llamo dadá desde 1892)

Dedicatoria de Darius Milhaud
Jean Cocteau: Couronne de mélancolie (Corona de melancolía; junto a una foto suya en la que se ha colocado unos guantes en la frente)

Dedicatoria de Jean Cocteau
El dadaísta Tristan Tzara: Je me trouve très (Me encuentro muy)
El compositor Francis Poulenc: J'aime la salade (Me gusta la ensalada)

Dedicatorias de Tristan Tzara y Francis Poulenc
La bailarina Isadora Duncan: Isadora aime Picabia de tout son ame (Isadora quiere a Picabia con toda su alma)

Dedicatoria de Isadora Duncan, junto a la firma y foto de Picabia
El compositor Georges Auric: Je n'ai rien à vous dire (No tengo nada que decirle)
El poeta surrealista Jacques Rigaut: Parlez pour moi (Hablad por mí)

Dedicatorias de Georges Auric y Jacques Rigaut
El poeta surrealista Benjamin Peret: J'ai tout perdu et tout perdu est gagné (Lo perdí todo y todo lo perdido está ganado)
La pintora Suzanne Duchamp, hermana de Marcel Duchamp: Quand on me prend au-dépourvu, MOI=Je suis bête (Cuando me pillan desprevenida, Yo = soy tonta)


El pintor cubista Jean Metzinger: J'arrive de la campagne (Vengo del campo).

Dedicatoria de Jean Metzinger
La pianista Renata Borgatti: Les croissants son bons (Los cruasáns son buenos)

Dedicatoria de Renata Borgatti
Su señora Gabrielle Buffet-Picabia: A Francis Picabia qui raconte des histoires de nègre (A Francis Picabia que cuenta las historias de negros; con su foto)

Dedicatoria de Gabrielle Buffet-Picabia
Marcel Duchamp: Pi Qu'habilla Rrose Sélavy (de esta dedicatoria no pongo foto porque está medio borrada y se ve mal). Es un juego de palabras que leído rápido suena igual que Picabia arroser la vie (Picabia brindar por la vida). Además, Rrose Sélavy era el alter ego femenino que se había inventado Duchamp, que a su vez podía leerse como Eros c'est la vie (amor es la vida). A falta de dedicatoria visible, cerramos con una foto de Duchamp como Rrose Sélavy hecha por Man Ray. ¿No eran geniales estos dadaístas?
Man Ray, Marcel Duchamp como Rrose Sélavy (1921)
Para saber más: The Boeuf Chronicles de Daniella Thompson

21 de mayo de 2012

Los remordimientos de Picasso

Marga Fdez-Villaverde
Picasso, Retrato de Germaine Gargallo (París, 1900), colección particular

A muchos os sonará el nombre de Carlos Casagemas, ese "mejor amigo" de Picasso cuya trágica muerte supuso el inicio del depresivo periodo azul del artista. El mismo Picasso lo admitió años después: "fue pensar en la muerte de Casagemas lo que me hizo empezar a pintar en azul". Aunque la afirmación es cierta, conviene matizar. En cuanto hurgamos un poco, nos damos cuenta de que la historia de esta amistad tiene varios detalles escabrosos que no dejan a Picasso en muy buen lugar. Sin duda estaba triste por la muerte de su amigo, pero también se sentía culpable.

Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso (menos mal que no tuvo hermanos varones, porque a los padres ya no les debían quedar más nombres), conoció a Carlos Casagemas en la taberna Els Quatre Gats de Barcelona en 1899. Los dos tenían dieciocho años, aspiraban a ser pintores y se hicieron muy amigos. Compartieron estudio en la desaparecida calle Riera de Sant Joan, en el Barrio Gótico, y visitaban frecuentemente los burdeles de la ciudad. De esa época son la acuarela Casagemas y Picasso persiguiendo a dos muchachas y el Retrato de Casagemas, ambos en el museo Picasso de Barcelona.

Picasso, Casagemas y Picasso persiguiendo a dos muchachas (Barcelona, 1900), Museo Picasso, Barcelona
Picasso, Retrato de Casagemas (Barcelona, 1899-1900), Museo Picasso, Barcelona

En octubre de 1902, los dos amigos viajan a París para visitar la Exposición Universal, donde Picasso exponía una obra titulada Últimos momentos (luego veremos dónde está ahora este cuadro que hasta hace poco se creía desaparecido). Se instalan en el estudio que les presta Isidre Nonell y unos días después se les une Manuel Pallarès, un compañero de estudios de Picasso. Los tres pintores se hacen amigos de tres modelos que posaban habitualmente para los expatriados españoles: Laure Gargallo (nombre de guerra Germaine), su medio hermana Antoinette Fornerod y una amiga de ambas llamada Louise Lenoir (Odette para los amigos). El reparto de parejas no se hace esperar: Casagemas con Germaine, Pallarès con Antoinette y Picasso con Odette. Ni Odette hablaba español (las otras dos chicas sí), ni Picasso francés, pero supongo que tampoco tenían especial interés en mantener conversaciones trascendentales.

De esa época es el famoso lienzo El Moulin de la Galette, una obra de estilo modernista que refleja a la perfección el decadente ambiente nocturno de Montmartre. No sería raro que Odette, Germaine o Antoinette posasen para alguna de las tres figuras femeninas que se sientan a la mesa en primer término.

Picasso, El Moulin de la Galette (París, 1900), Guggenheim Museum, Nueva York

Las tres modelos se instalaron en el estudio con los pintores. Allí vivieron los seis juntos y revueltos durante una temporada, en plan comuna hippy. Los problemas empezaron cuando Casagemas se enamoró perdidamente de Germaine y le pidió matrimonio. Germaine le dio calabazas, más que nada porque ya estaba casada con un tal Florentin, un hombre complaciente que le dejaba hacer lo que le daba la gana. Además, Casagemas no era muy buen partido: bebía como un cosaco, estaba enganchado a la morfina, tenía un serio problema de impotencia y para colmo de males era feo como un demonio (prueba de ello son los retratos y caricaturas que hizo Picasso de él, sin exagerar demasiado su poco agraciado perfil).

Mateu Fernández de Soto, Picasso y Casagemas
Picasso, Retrato de Carles Casagemas (1900), Metropolitan Museum, Nueva York

La negativa de Germaine dejó a Casagemas devastado. Al llegar la Navidad, Picasso decide llevárselo con él a Barcelona y luego a Málaga, con la esperanza de que las salerosas andaluzas le hagan olvidar a Germaine. El plan no funciona. Casagemas escribe a Germaine a diario, lloriquea por los rincones y da el coñazo sin parar a su amigo del alma. Picasso, acaba tan harto de Casagemas que le pide dinero a su tío para comprar un pasaje y embarcarle rumbo a Barcelona.

El 16 de febrero de 1901 Casagemas está de vuelta en París. Germaine le repite por enésima vez que no quiere saber nada de él. La noche siguiente el pintor invita a sus amigos a una cena de despedida en el Hippodrome Café. Se pone de pie, como para dar un discurso, saca una pistola del bolsillo, apunta a Germaine y dispara. No acierta, pero ella se tira al suelo aterrorizada detrás de Manuel Pallarès. Casagemas, convencido de que la ha matado, se pega un tiro en la sien derecha y fallece a las pocas horas.

Picasso estaba en Madrid y no asistió ni al entierro en Montmartre, ni al funeral que se celebró en Barcelona. En mayo de ese mismo año, regresa a París para preparar su primera exposición en la galería de Ambroise Vollard. Se instala en el estudio de Casagemas con el marchante Pere Manyac. Y no contento con "robarle" el estudio, manda a Odette a freír espárragos y se lía con Germaine, que en el intervalo había tenido un affaire con el escultor catalán Manolo Hugué. La exposición fue un éxito y le hizo ganar bastantes francos, que se gastó en un abrir y cerrar de ojos. A finales de año volvía a estar sin blanca y la relación con Germaine se había enfriado. Es entonces cuando empieza a remorderle la conciencia (ya iba siendo hora) e inicia su famoso periodo azul. ¡Y de qué manera! Durante el otoño de 1901 pinta tres impactantes retratos del cadáver de Casagemas.

Picasso, Casagemas en su ataúd (París, 1901), colección particular
Picasso, La muerte de Casagemas (París, 1901), Museo Picasso, París

El mejor de los tres es el que se conserva en el Museo Picasso de París. Casagemas yace en su ataud, con la marca del disparo en la sien derecha, iluminado por una enorme llama en la que algunos han querido ver una representación de los genitales femeninos (tendría cierto sentido). Tanto en el colorido como en las pinceladas, Picasso está imitando a Van Gogh, y lo hace a propósito. Es un homenaje póstumo a dos pintores que, deprimidos, se quitaron la vida de un disparo.

Durante los dos años siguientes, a caballo entre París y Barcelona, Picasso se dedicará a pintar personajes marginales: enfermos, prostitutas, mendigos... Inspirado en el manierismo del Greco, estiliza y alarga las figuras, de aspecto demacrado y triste, y utiliza una paleta fría de tonos verdosos y azules. Es probable que Germaine posase como modelo para el cuadro La planchadora, que Picasso dedicó en la esquina superior derecha a su amigo Jaume Sabartès.

Picasso, La planchadora (París, 1901), Metropolitan Museum, Nueva York

Picasso seguirá rindiendo homenaje a su amigo Casagemas (y de paso exorcizando demonios) en una obra un tanto irreverente titulada Evocación. El entierro de Casagemas, inspirada en El entierro del Conde Orgaz del Greco. Al igual que el Greco, divide el lienzo en dos mitades: el entierro abajo y el mundo celestial arriba. La parte inferior representa un cementerio, donde nueve plañideras rodean el cuerpo sin vida de Casagemas. En la parte superior, Casagemas asciende triunfal al cielo montado en un caballo blanco, con Germaine colgada literalmente del cuello. Pero el cielo de Picasso no es un cielo místico como el del Greco, lleno de santos aburridos. Al cielo uno va para pasárselo bien, como atestiguan las tres prostitutas de la izquierda y las dos mujeres desnudas de la derecha. La madre y los dos niños del centro (si sumamos vuelven a ser nueve figuras) nos están diciendo que, aunque Casagemas "no podía" en la tierra, en el cielo estaba hecho todo un semental.

Picasso, Evocación. El entierro de Casagemas (París, 1901), Centre Pompidou, París
El Greco, El entierro del Conde Orgaz (1587), Iglesia de Santo Tomé, Toledo

Durante una estancia en Barcelona en 1902, Picasso pintó de memoria un extraño retrato de Germaine, que en esa época ya estaba emparejada con el pintor catalán Ramón Pichot. El elemento que más destaca es el rojo intenso de la boca entreabierta de la mujer, a quien viste con la indumentaria que solían llevar las prostitutas de la prisión de Saint-Lazare. Sobran los comentarios.

Picasso, Retrato de Germaine (Barcelona, 1902), colección particular

La gran obra maestra del periodo azul, La vida, vuelve a tener como protagonista a Casagemas. Aunque repite temas que ya hemos visto, es un cuadro bastante difícil de interpretar. La pareja de la izquierda son Germaine y Casagemas, ella desnuda y él "vestido" con un taparrabos estilo Jesucristo, ¿en alusión a su impotencia o para presentarle como mártir? Los cuadros del fondo, que sitúan la escena en un estudio, están protagonizados por figuras femeninas desamparadas, en posturas similares a la que adopta Germaine. A la derecha, volvemos a encontarnos con el tema de la maternidad. Un poco confuso, ¿verdad? Pues eso no es todo. En los dibujos preparatorios del cuadro y en la primera versión que pintó del mismo (que puede verse mediante radiografía), el que está con Germaine no es Casagemas, sino Picasso. Por algún extraño motivo, en el útimo minuto decidió cambiar su rostro por el de su amigo. ¿Y qué más hay debajo de esta pintura? El cuadro Últimos momentos, el que había presentado a la Exposición Universal cuando viajó a París por primera vez con Casagemas, que representaba a un hombre en su lecho de muerte. De esta forma tan magistral, el alma de los dos amigos, abrazados a la amante que compartieron, queda unida para siempre en una maravillosa alegoría. Picasso puede por fin dormir tranquilo.

Picasso, La vie (Barcelona, 1903), Cleveland Museum of Art

Radiografía de La vida, en la que se puede ver el rostro de Picasso y algunos detalles del cuadro Últimos momentos
Boceto a lápiz de Últimos momentos (18991-1900), Museo Picasso, Barcelona.
La mesilla de noche con el cajón abierto se ve muy bien en la radiografía.

En 1925, la muerte de su amigo Ramón Pichot, que se había casado con Germaine, hace que Picasso regrese al tema por última vez. En el cuadro La danza, su obra más surrealista, pinta a tres figuras bailando frente a un balcón abierto. La de derecha es una silueta doble, con dos cabezas de perfil, una marrón y una negra, que se convierte a su vez en sombrero de la primera. Este tipo de imágenes múltiples son típicas del surrealismo. Según Picasso, la sombra negra sería el alma de Ramón Pichot. La bailarina de la izquierda, de aspecto más salvaje que sensual, es Germaine y la figura del centro, una especie de crucificado, aludiría a Casagemas (esto ya no es cosecha de Picasso, es lo que dicen los entendidos).

Picasso, La danza (1925), Tate Britain, Londres

La última "penitencia" del pintor para acabar de purgar sus pecados fue mantener económicamente a Germaine, la pobre viuda, hasta su muerte.

Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.

15 de mayo de 2012

Boronali, pintor excesivista y burro en sus horas libres

Marga Fdez-Villaverde
El burro Lolo, alias Joachim-Raphaël Boronali, pintor excesivista

Os presento a Joachim-Raphaël Boronali, pintor futurista genovés, impulsor y único representante del Excesivismo, un breve y polémico movimiento artístico de vanguardia que se desarrolló en París durante 1910. ¿Qué cara se os ha quedado? Supongo que parecida a la que se les quedó a los franceses en aquella época.

Pero empecemos la historia por el principio, en uno de los cabarets más antiguos de Montmartre, situado en el número 22 de la Rue des Saules: Au Lapin Agile. La historia del nombre de este cabaret no deja de ser curiosa. Hacia 1880, el propietario del Cabaret des Assassins, que así era como se llamaba entonces, le encargó al caricaturista André Gill un emblema para la fachada de su local. El artista pintó un divertido conejo escapandose de una cazuela. La imagen era tan llamativa que la gente empezó a llamar al cabaret Le Lapin à Gill (el conejo de Gill), que con el tiempo derivaría en Le Lapin Agile (el conejo ágil).

Copia del conejo de André Gill
(el auténtico se conserva en el Museo de Montmartre)
Le Lapin Agile hacia 1872. En esos años, se llamaba À ma campagne
y era propiedad de Adèle, una antigua bailarina de cancan

A principios del siglo XX, el cabaret pasó a manos de una pintoresca pareja: Berthe Sébource y Frédéric Gerard, a quien todos llamaban le père Frédé. Este personaje, que calzaba zuecos y lucía una larguísima barba blanca, no tenía problemas en dar de comer y beber a los artistas indigentes a cambio de poemas, canciones, dibujos o cuadros. Eso sí, los clientes del local tenían que compartir espacio con las numerosas mascotas de Frédé: el mono Théodule, la cabra Blanchette, una corneja amaestrada, un perro y varios ratones blancos. Pero sin duda, el más querido por todos era Lolo, un delicioso burro con el que Frédé se había ganado la vida como vendedor ambulante algunos años antes. Toda esta fauna se codeaba los mejores artistas y escritores de la época como Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Amedeo Modigliani, Georges Braque, André Derain, Maurice Utrillo o Pablo Picasso.

Le Père Frédé con su burro Lolo

Frédé logró convertir este antro en un cabaret artístico de primer orden. En sus mugrientas paredes, colgaban obras de arte por las que entonces nadie daba ni dos francos y que ahora ocupan lugares privilegiados en las paredes de grandes museos. El propio Picasso colaboró con dos obras. La primera de ellas, La femme à la corneille, es un retrato de Margot Luc, la hija de Berthe (que luego se casaría con el escritor Pierre Mac Orlan), una figura estilizada que acaricia con ternura a la corneja adiestrada de Frédé. La pintura está a medio camino entre la época azul y la época rosa de Picasso.

Pablo Picasso, La femme à la corneille (retrato de Marguerite Luc, 1904), Toledo Museum of Art, Ohio

La segunda de estas obras, Au Lapin Agile, es un autorretrato del propio Picasso vestido de arlequín en el interior del cabaret. Al fondo podemos ver a Frédé cantando y tocando la guitarra (una de sus aficiones, aunque parece ser que no se le daba demasiado bien). La joven que está junto a Picasso es su amante de aquel momento, Germaine Pichot, la mujer por la que se había suicidado su amigo Carlos Casagemas cuatro años antes, y que Picasso no tuvo reparos en llevarse a la cama pasado un prudencial periodo de luto. Este cuadro, que Picasso le cedió a Frédé a cambio de comida y bebida, se vendió en 1989 en Sotheby's por la friolera de 40,7 millones de dólares (en ese momento, ya no pertenecía al Lapin Agile; Frédé se lo había vendido en 1914 a un coleccionista americano por unos 20 dólares).

Pablo Picasso, Au Lapin Agile (1905), Metropolitan Museum of Art, Nueva York
El interior del Lapin Agile durante esos años, con Frédé tocando la guitarra

Pero vayamos al grano. En 1910, uno de los habituales del local, el escritor Roland Dorgelès, ayudado por unos compinches, decidió dejar al mundo del arte en evidencia. En pleno auge de las vanguardias, se inventó un nuevo movimiento llamado Excesivismo y a un joven artista italiano, Joachim-Raphaël Boronali. Los conspiradores se reunieron en el Lapin Agile y pidieron a dos artistas que pasaban por allí que pintasen el fondo de un lienzo con colores vivos, al estilo de los pintores fauvistas. Acto seguido, ataron un pincel a la cola de Lolo, colocaron el cuadro en un taburete detrás de él y empezaron a hacerle monerías para que rematase la obra a base de coletazos. Todo se hizo en presencia de un notario, Paul-Henri Brionn, que levantó acta del proceso.

Lolo pintando su obra de arte mientras Frédé le da de comer. Al fondo, los conspiradores enmascarados.

Documento notarial certificando la autoría de Lolo.

Unos días después, se envió la obra de Lolo al Salón de los Independientes con el pomposo título Et le soleil s'endormit sur l'Adriatique (Y el sol se quedó dormido sobre el Adriático), acompañada de un manifiesto del Excesivismo redactado por el propio Dorgelès. Allí estuvo colgada durante quince días, junto a cuadros de Matisse y de Rousseau el Aduanero entre otros. Los críticos de arte, azuzados por los cómplices de Dorgelès, cayeron de lleno en la trampa y escribieron en los periódicos sobre este joven artista desconocido, alabándole o criticándole según el caso, e incluyendo fragmentos del manifiesto en sus artículos:
"L'excès en tout est un défaut, a dit un âne. Tout au contraire, nous proclamons que l'excès en tout est une force, la seule force." (El exceso en todo es un fracaso, dijo un asno. Todo lo contrario, proclamamos nosotros, el exceso en todo es una fuerza, la única fuerza.)
No podían ni imaginar que "Boronali" era el anagrama de "Aliboron", el nombre de uno de los personajes de una fábula de la Fontaine titulada Los ladrones y el asno, que venía a ser sinónimo de persona corta e ignorante.

J.R. Boronali, Et le soleil s'endormit sur l'Adriatique (1910), Espace Paul Bedú, Milly-la-Forêt

Varios días más tarde, Dorgelès se presentó en la redacción del periódico Le Matin con el documento notarial que certificaba que todo había sido una gran broma. Al día siguiente, se podía leer este titular en primera plana: "Un asno por jefe de escuela".

Le Lapin Agile hoy en día, uno de los edificios más deliciosos de Montmartre

En estos dos enlaces, podéis leer un artículo de la época que explica todo el asunto: hoja 1 y hoja 2. Y en este vídeo, ver al genial artista Lolo paseándose entre las mesas del Lapin Agile y a Frédé fumando su pipa:


Vídeo de Nickwallacesmith


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