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22 de diciembre de 2012

Los orígenes de Papá Noel: San Nicolás de Bari

Marga Fdez-Villaverde
Thomas Nast, Merry Old Santa Claus (ilustración para Harper's Weekly, 1881)
Para celebrar la navidad, hoy vamos a hablar de San Nicolás de Bari, el primo flamenco de Papá Noel. Nicolás nació en Licia (la actual Turquía) en el siglo IV y tuvo la mala suerte de quedarse huérfano muy jovencito. Era tan buena persona que repartió entre los pobres la inmensa fortuna que heredó de sus padres. Cuando murió el obispo de la ciudad de Myra, los sacerdotes no conseguían ponerse de acuerdo sobre quién sería su sustituto. Al final optaron por una solución muy "sensata": nombrar obispo al primero que entrase por la puerta de la iglesia. Mira tú por dónde, nuestro amigo Nicolás pasaba justo por allí en ese preciso instante y, sin comerlo ni beberlo, acabó convertido en obispo de la ciudad. También tuvo bastante suerte en la época de las persecuciones, ya que los romanos, altamente imaginativos en cuestión de martirios, solo se limitaron a quemarle las barbas.

El caso es que en Myra vivía un padre con tres hijas casaderas. Como no tenía dinero para proporcionarles una dote, estaba sopesando la lucrativa posibilidad de prostituirlas para sacar a la familia de la ruina (¡eso es un padre!). El bueno de Nicolás decidió librar de tan agrio destino a estas pobres chicas. Lo curioso es que en vez de darles el dinero sin más, que hubiese sido lo más sencillo, lo que hacía era salir furtivamente por las noches hasta su casa y lanzarles monedas de oro por la ventana mientras dormían. Una versión más elaborada de la leyenda dice que tenía tan buena puntería que lograba encestar el oro en las medias recién lavadas que las chicas colgaban junto a la chimenea para que se secasen. De ahí viene la costumbre de colgar calcetines en las chimeneas en navidad.

Aquí podéis verle en acción, en la predela de un retablo pintado por Fra Angelico con escenas sobre su vida. A la izquierda, tenemos el nacimiento de Nicolasito, que fue tan precoz que se puso de pie a rezar nada más salir de la barriga de su madre, para pasmo de la partera. En el centro del cuadro, Nicolás, convertido en obispo, sermonea a las masas. Y a la derecha, sin mitra para pasar desapercibido, se pone de puntillas para lanzar el oro por la ventana de las chicas (con lo fácil que habría sido tirarlo por la puerta, aprovechando que el padre se la ha dejado abierta).

Fra Angelico, La historia de San Nicolás (1447-1448), Pinacoteca Vaticana

Fra Angelico, detalle de La historia de San Nicolás
La familia pintada por Bicci di Lorenzo es tan pobre que el padre y las tres hijas tienen que dormir sentados en un banco de madera, en unas posturas que no recomendaría ningún fisioterapeuta. ¡Pobrecilla la hermana de la izquierda! Nicolás va a dejar caer la saca de dinero (¿o es una piedra?) justo encima de su cabeza.

Bicci di Lorenzo, Escena de la leyenda de San Nicolás (1400-1410), Museo de arte de Indianapolis
El san Nicolás de Palmerino di Guido es más generoso y en vez de monedas, tira lingotes de oro encima de las piernas de una de las chicas. En la imagen siguiente, de Ambrogio Lorenzetti, el que se va a llevar el lingotazo en la cabeza es el padre.

Palmerino di Guido, San Nicolás tirando lingotes de oro a tres pobres (1300-1301),
fresco de la capilla de San Nicolás, iglesia de San Francisco de Asís

Ambrogio Lorenzetti, Escenas de la vida de San Nicolás (h.1332),
Galleria degli Uffizi, Florencia
Los belgas y los holandeses celebran la festividad de san Nicolás la noche del 5 al 6 de diciembre. Los niños colocan sus zapatos junto a la chimenea y el santo deja dulces y juguetes a los que se han portado bien (como nuestros reyes magos, solo que un mes antes). El que hace el trabajo sucio de bajar por la chimenea es el ayudante de san Nicolás, Pedrito el negro o Zwarte Piet, porque como es negro no se le nota tanto el hollín (una tradición pelín racista, ¿no?).

Gracias al pintor holandés Jan Steen podemos saber cómo celebraba esta festividad una familia holandesa del siglo XVII. La escena es un tanto caótica, pero es lo que toca en una casa con padre, madre, abuela y ¡siete hijos! La que mejor se ha debido portar es la niña rubia del centro, que lleva entre los brazos un muñeco de san Juan Bautista, que protegía de las enfermedades infantiles, y un cubo lleno de juguetes. El niño de la izquierda no ha tenido tanta suerte y llora desconsolado, mientras sus hermanos se burlan de lo que le ha dejado san Nicolás dentro del zapato: unas ramitas de abedul, símbolo de una buena zurra. Pero la abuela le mira con cara cómplice y corre la cortina del fondo. Seguro que ha escondido el regalo para darle un pequeño susto.

Jan Steen, La fiesta de San Nicolás (1665-1668), Rijksmuseum, Amsterdam
Tanto la cesta de la izquierda, como la mesa de la derecha están llenas de deliciosos dulces navideños: panes de jengibre, waffles, bollos, frutas y nueces. El enorme pan en forma de rombo que está apoyado en la mesa es un duivekater, un postre holandés típico de esta festividad (perfecto para alimentar a una familia numerosa).



La escena del fondo es entrañable. El hermano mayor, con un bebé en brazos, señala hacia la chimenea explicándole a uno de los pequeños por dónde ha bajado Pedrito el negro para traerles los regalos. La cara de asombro del chaval, con la bocaza abierta, es genial. El bebé sujeta entre sus manos una galleta con la forma del santo, un dulce que prohibieron los protestantes poco tiempo después, ya que lo asociaban a la adoración de los santos por parte de los católicos (cómo si fuese lo mismo rezar delante de un santo que comérselo, en fin.)


El nombre holandés de la fiesta es Sinterklaas, que en Estados Unidos durante el siglo XIX acabó derivando en Santa Claus. Al final, gracias al cambio de imagen de Thomas Nast (veáse la imagen del principio del post) y al marketing de Coca-Cola, la falsificación acabó siendo más famosa que el original. Menos mal que los holandeses siguen fieles al bueno de san Nicolás, que era mucho más generoso con sus lingotes de oro.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

2 comentarios:

  1. Sensacional! lo de las medias de las chicas me ha parecido muy erótico, y el santo pagando..lástima que la herencia sean las latas de don Cocacolás porque esos panes y dulces tienen un aspecto y un sabor envidiables.
    En casa de la bisabuela alemana de Joan celebraban la llegada de San Nicolás el 6 de Dic y traían una saca llena de mandarinas ;) , nueces y sorpresitas del tamaño kinderhuevo. Lástima que se perdió la tradición.
    feliz Navidad y feliz conferencia, Marga.

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  2. Me ha gustado tanto que he puesto un enlace permanente en mi blog (lateral dercho, con la imagen de Santa).

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