17 de diciembre de 2012

¡Feliz fin del mundo!

Queridos lectores,

Harte con Hache no quería dejar pasar la oportunidad de desearos un feliz fin del mundo este próximo 21 de diciembre, suponiendo que el calendario maya no se equivoque. Como queremos que estéis preparados para el gran día, os traemos un bello cuadro de Pieter Brueghel el Viejo titulado El triunfo de la muerte, donde se narra con todo lujo de detalles lo que nos espera el viernes que viene.

Pieter Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte (h.1562), Museo del Prado, Madrid

El tema de la muerte en el arte empieza a tener difusión a partir de la Edad Media. Era una época en la que la muerte estaba mucho más presente en las vidas de todos. No respetaba a nadie (y sigue sin hacerlo): niños, ancianos, jóvenes amantes, papas, cardenales, reyes, emperadores, nobles, soldados, monjes, campesinos y criados. Desde el millonetis hasta el mileurista, todos acabamos llegando a la misma meta. Y esto es precisamente lo que pretenden destacar este tipo de pinturas: la igualdad del ser humano ante la muerte y la vanidad de los bienes y glorias terrenas.

Brueghel no escatima los detalles terroríficos. El color predominante del cuadro es un ocre rojizo de lo más apocalíptico. Un enorme ejército de esqueletos, armados con espadas, lanzas y escudos en forma de ataud, avanza arrasando todo lo que encuentra a su paso. Empujan a las figuras que vemos en primer término hacia un gigantesco ataud. Unos se resisten, otros no. Los hay que intentan esconderse y los hay que no se enteran de nada. (Podéis hacer clic en cada imágen para verla más grande.)

Entrada al ataud gigante (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

La protagonista del cuadro es la figura de la muerte. Monta a lomos de un rocinante anaranjado, escuálido y despelujado, tan terrorífico como ella. La guadaña que sujeta con ambas manos, atributo tradicional de la muerte, es también símbolo del dios Saturno (o Cronos, el dios del tiempo) y su función en ambos casos es segar vidas humanas.

La figura de la muerte a caballo (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

Al fondo del cuadro, en su parte izquierda, dos esqueletos tocan las campanas para avisar del fin del mundo. Un pobre hombre desnudo corre perseguido por un esqueleto y unos galgos, intentando evitar la muerte. En un momento tan dramático, sorprende un poco que siga preocupado por taparse los cataplines con la mano.

Toque de campanas para avisar del fin del mundo (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

También en la parte izquierda, un poco más abajo, podemos ver un carro tirado por otro caballo desnutrido. Está repleto de calaveras y huesos que supongo que servirán para "montar" nuevos soldados. El esqueleto que está subido al carro toca un instrumento musical tipo organillo. Porque debéis saber que, a pesar de los espantos y horrores, los esqueletos tendrán la deferencia de amenizarnos el fin del mundo con una bellísima música interpretada por ellos mismos (en diferentes lugares del cuadro, Brueghel pinta esqueletos tocando instrumentos). Los melómanos estamos de enhorabuena: moriremos disfrutando de nuestro último concierto.

El carro de los huesos (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

Sección de metales de la orquesta (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

Si seguimos bajando hacia la parte inferior del lienzo, encontraremos víctimas de lo más variopinto. Brueghel quiere demostrar que la muerte nos llega a todos por igual, por eso representa diferentes arquetipos sociales. Aquí podemos ver al emperador, que cae al suelo dando sus últimos estertores, junto a unos barriles de monedas llenos de oro y plata. El esqueleto que le sostiene lleva en la mano un reloj de arena, otro de los atributos tradicionales de la muerte y que como todos sabéis simboliza el paso del tiempo.

El emperador caído (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

Los amantes de la esquina inferior derecha del cuadro están tan ensimismados uno con el otro que siguen con sus canciones, completamente ajenos a la hecatombe que les rodea. Con gran ironía, Brueghel coloca detrás de ellos a un esqueleto que acompaña sus cánticos con un violín.

Pareja de amantes (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

Al lado de los amantes podemos ver una mesa circular con un mantel blanco y restos de comida. El tablero de backgammon y las cartas se han caído al suelo. Por lo general, los juegos de azar simbolizan el destino de los hombres: nunca sabes cuando te eliminarán de la partida. Un esqueleto agarra por la cintura a una mujer que corre espantada, el bufón trata de esconderse bajo la mesa y el noble envalentonado se dispone a desenvainar la espada. Ninguno se salvará.

 
La mesa de juego (Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte)

Este impactante y original cuadro de Brueghel deriva de un tema iconográfico llamado "la danza macabra", que tiene su origen a fines de la Edad Media. Podemos econtrar dos tipos de danza macabra en el arte. La primera es un baile exclusivo para difuntos: los muertos salen de sus tumbas por la noche y mueven el esqueleto en una discoteca improvisada en el cementerio. En la segunda danza macabra, pueden participar también humanos; es una especie de conga en la que se van intercalando vivos y muertos, procurando que participen miembros de todos los estamentos sociales. A continuación podéis ver un ejemplo de cada una de ellas:

Michael Wolgemut, Danza macabra (1493)

Bern Notke, Danza macabra (1463), Iglesia de San Nicolás, Tallin
Detalle de la dama y el cardenal (Bern Notke, Danza macabra)

Varios siglos después, en 1874, el compositor francés Camille Saint-Saëns retomó el tema en un original poema sinfónico titulado Danse macabre. ¿Qué os parece si lo escuchamos? Seguro que no os arrepentís. Estamos en un cementerio y suenan las campanadas de la medianoche (el arpa repite doce veces la misma nota). Entra la muerte tocando una animada danza con su violín. Los muertos empiezan a salir de sus tumbas y bailan al son de la música. Al moverse, sus huesos entrechocan haciendo extraños ruidos (melodía del xilófono). En un crescendo magistral, la danza se va haciendo cada vez más frenética hasta llegar al clímax. Tras un breve silencio, escuchamos el canto del gallo (el obóe) anunciando la llegada del día. Empieza a amanecer y los muertos vuelven a sus tumbas para poder descansar tras la noche de parranda.

Aquí tenéis un vídeo de la Danse macabre dirigida por Gustavo Dudamel. Como estos enlaces no suelen durar mucho, añado también un vínculo a Spotify con una segunda versión, no tan pasada de decibelios, dirigida por Charles Dutoit.


Vídeo de SinfonicaJuvenilTC



Y acabamos con tres obras más modernas relacionadas con el tema. La primera de ellas es un maravilloso autorretrato del pintor simbolista Arnold Böcklin, con la muerte tocando el violín a sus espaldas (igual que el esqueleto que aparecía tras la pareja de enamorados en el cuadro de Brueghel o la muerte violinista del poema sinfónico de Saint-Säens). El artista se detiene de repente para escuchar algo, la música del violín o quizás las palabras que le susurra la muerte al oído. ¿Os habéis fijado que al violín sólo le queda una cuerda?

Arnold Böcklin, Autorretrato con la muerte tocando el violín (1871-1874), Nationalgalerie, Berlín

La segunda obra, aunque no lo parezca, es de Van Gogh. Cuando la pintó, estaba viviendo en Amberes y se había apuntado a la academia de arte de la ciudad. Los profesores solían utilizar calaveras para enseñar anatomía a los alumnos. A Van Gogh le repelían los estudios academicistas y reaccionó con esta burla, perfecta para un anuncio de la liga antitabaco. En este caso concreto, no es la muerte la que amenaza al hombre, sino el academicismo el que acabará con la pintura.

Vincent Van Gogh, Calavera con cigarrillo encendido (1885-1886), Museo Van Gogh, Amsterdam

La tercera y última obra es otra parodia artística, esta vez del belga James Ensor: Esqueletos disputándose un arenque. Como ya explicamos en un post anterior sobre Ensor (Pobrecito Wagner), el arenque era su alter ego (la palabra en francés, hareng-saur, suena igual que art Ensor). Por tanto, lo que se representa aquí son dos críticos (la muerte del arte) peleándose por la obra de Ensor.

James Ensor, Esqueletos disputándose un arenque (1891), Musée Royaux de Beaux-Arts, Bruselas

Y con esto os dejo, queridos lectores. Espero que nos volvamos a encontrar un día de estos, en el más allá o en el más acá. Mientras tanto, disfrutad del fin del mundo, que estas cosas solo pasan una vez en la vida.

5 comentarios:

  1. Extraordinario; la cuerda de Böcklin es el de la parca? como se le rompa, le va a pegar un latigazo en el parietal, que don esqueleto no lo cuenta.
    Cómo me gusta van Gogh académico.
    Y Brueghel es uno de mis topfive. Le dediqué a la enorme obra un mini apunte con la excusa del gran Macabre del Liceu http://kalamarlee.blogspot.com.es/2011/11/almacabra-1.html

    el viernes 21 yo tengo movidas festivaleras en el cole, es una locura apoteósica-apocalíptica, espero que el 22 el azar se porte bien conmigo y con todos vosostros,

    feliz semana
    felix dies

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    1. Pues no sé si será la cuerda de la parca o es que la muerte es un tanto desastrada... Poca música va a tocar con esa cuerda, la pobre.

      Acabo de leer tu post sobre Brueghel-Macabre. ¡Genial combinación!

      En fin, nos vemos a partir del 22... o no. Espero que sobrevivas a las festividades (y al fin del mundo)

      Besos

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  2. Llego tarde, pero felicitémonos por haber sobrevivido (¡qué somos si no supervivientes!).

    Ante Brueghel el Viejo hay que ponerse de rodillas. Hay obras y pintores que parece mentira que pertenezcan a la época que pertenecen. ¿Qué verían sus contemporáneos ante sus cuadros?

    Y los "Esqueletos disputándose un arenque" para quitarse el sombrero.

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  3. No tengo certeza del por qué una sola cuerda en la obra de Böcklin, pero la que queda es la cuerda de sol..., es la cuerda que suena más apagada en el violin, y sirve para darle los matices obscuros a la música..., quizás ese sea el motivo no?. Es solo una suposición mía. Slds

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    1. Muchas gracias por tu ayuda Xanthia. Lo que comentas tiene mucha lógica :-)

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