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8 de diciembre de 2012

El prodigioso caso de los González

Marga Fdez-Villaverde
Os presento a la familia González: Pedro, cabeza de familia, su rubia esposa Catherine y sus dos hijos mayores Maddalena y Enrico. En realidad es solo parte de la familia, ya que Pedro y Catherine tuvieron bastantes más retoños, unos peludos como el padre y otros lampiños como la madre.

Anónimo, cuatro miniaturas de la familia González (h.1580), colección Ambras
De arriba abajo y de izquierda a derecha: Pedro, Catherine, Maddalena y Enrico

Los González son el primer caso documentado de hipertricosis o síndrome de Ambras, una alteración genética hereditaria caracterizada por el crecimiento excesivo de vello por todo el cuerpo, especialmente en el rostro. Es un síndrome tan infrecuente que a lo largo de la historia, la mayoría de afectados acabaron convirtiéndose por su rareza en fenómenos de feria, la única profesión que les permitía ganarse el pan y mitigar el ostracismo en una sociedad que rechazaba lo diferente. Triste, ¿verdad?

Pero antes de hablar de los González, vamos a meternos en contexto. Durante la Edad Media y el Renacimiento, se había extendido mucho el mito del salvaje, un mito antiquísimo cuyo origen se remonta a la antigua Mesopotamia. Los principales artífices de esta difusión fueron los autores de los libros de viajes, que narraban a los atónitos lectores occidentales, con bastante más fantasía que realidad, las maravillas que podían encontrarse en tierras lejanas y exóticas. Uno de estos prodigios era "el salvaje", un ser completamente cubierto de pelo, mitad hombre y mitad animal, que vivía desnudo en los bosques ajeno a cualquier tipo de civilización. Este era el aspecto que se supone que tenían estos salvajes:

Maestro de los Naipes, El rey de los salvajes (h.1440), Kupferstichkabinett, Dresde

Anónimo, Dama domesticando a un salvaje (1470-1480), Museo Nacional de Copenhague

Durero, Dos salvajes (1499), Alte Pinakothek, Munich

Los renacentistas cultos creían a pies juntillas en estos extraños seres. Por tanto, no nos resultará difícil imaginar la ilusión que debió hacerles el descubrimiento del pequeño Pedro González en Tenerife, tierra exótica a más no poder, y que constituía la prueba fehaciente de que los salvajes realmente existían. Sin dudarlo ni un momento, sacaron a Pedro de su entorno "salvaje" y se lo llevaron como regalo al rey Enrique II de Francia. El monarca francés se percató enseguida de la gran inteligencia del niño e hizo todo lo posible por convertirle en un "salvaje civilizado". En la corte de Enrique II, Pedrito aprendió latín y otros idiomas europeos y fue honrado con el título menor de sommelier de panneterie de bouche (una especie de sumiller del pan). Cuando estuvo en edad de merecer, el "salvaje de Canarias", apodo con el que se le conocía, contrajo matrimonio con una jovencita rubia y sonrosada llamada Catherine que le dio varios hijos, algunos de los cuales heredaron su condición. Según parece, el matrimonio González fue el que inspiró el famoso cuento de La Bella y la Bestia, y también la caracterización de la Bestia en la maravillosa adaptación cinematográfica que hizo Jean Cocteau de esta historia en 1946.

Joris Hoefnagel, ilustración de Petrus Gonsalvus y su esposa Catherine (1482)

A pesar de que vivían bastante bien para la época, Pedro González y sus hijos peludos no dejaron nunca de ser una propiedad valiosa, curiosos objetos de coleccionista de los que se podía presumir ante conocidos y amigos y que también podían regalarse. Catalina de Medici se había hecho cargo de los González tras la muerte de su esposo Enrique II, y cuando ésta falleció la familia al completo se trasladó a la corte de Alejandro Farnesio, el duque de Parma.

Desde el punto de vista artístico, los dos mejores retratos del clan González (o Gonsalvus en su versión latina) son de la época en que se instalaron en la corte de Parma con los Farnesio. El primero de ellos es el retrato de Antonieta (Tonigna para los amigos), una de las hijas de Pedro y Catherine. El duque Ranuccio I de Parma, hijo de Alejandro Farnesio, se la había regalado a su amante, la marquesa de Soragna. La pintora Lavinia Fontana deja de lado la curiosidad científica para crear un delicioso retrato infantil de enorme dulzura. La niña, elegantemente vestida, sujeta con sus manos regordetas una carta que la designa como propiedad de la marquesa:
De las islas Canarias fue llevado / al señor Enrique II de Francia / don Pietro el hombre salvaje / de allí, se instala en la corte / del duque de Parma, junto conmigo / Antonietta, y ahora yo estoy / en la casa de la señora doña / Isabella Pallavicina, marquesa de Soragna.
Lavinia Fontana, Retrato de Antonietta González (h.1595), Musée du Château, Blois

El pintor clasicista Agostino Carracci fue el encargado de retratar al hermano mayor de Antonietta, Enrico o Arrigo González, que es el niño que aparecía en los retratos del principio de esta entrada. Al igual que le sucedió a Antonietta, Enrico volvió a ser entregado como valioso presente, esta vez para el cardenal Odoardo, de parte de su hermano Ranuccio. La pintura de Carracci no es un retrato al uso, más bien parece un cuadro mitológico. Enrico, con el rostro lleno de pelo y vestido con pieles, es la encarnación del salvaje mitológico. Está rodeado de animales (un loro, dos monos y dos perros) y flanqueado por el enano Amón y el bufón Pedro. Animales y humanos, sin distinción, son los encargados del entretenimiento de la corte.

Agostino Carracci, Enrico el peludo, el bufón Pedro y el enano Amon (1598-1600),
Museo Nazionale di Capodimonte, Nápoles

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

6 comentarios:

  1. Ay pobres!! Desde luego... Estoy muy de acuerdo contigo sobre el retrato de Lavinia Fontana. Me parece, como a ti, que se centra más en la bondad e inocencia de la niña que en su apariencia exterior. :)
    Y sobre Van Gogh... jeje la verdad es que esos trazos sí dan que pensar!!
    Un abrazo gordo!

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    Respuestas
    1. A ese retrato de Van Gogh siempre lo llamo "el hombre lobo", por la especie de pelos que se ha pintado en la cara.

      Besos

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  2. hay que ver, qué amor de niña la de la Fontana, cómo le peina los pelitos de la cara, aunque su hermana Maddalena, la veo más arreglada. ¿Y Enrico? mucho pelo en la cara pero qué birria de pelusilla en el cuerpo. Este Carracci es impresionante!
    Se lo voy a enseñar a mis conocidos a ver si se les van las manías y valoran el vello en su proporción justa, que hay muchos con caetofobia.

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    Respuestas
    1. Es que este síndrome parece que es así, tal cual lo pinta Carracci: mucho pelo en la cara y en el cuerpo no tanto, sólo unos pocos pelos largos.
      Mira las fotos de esta niña tailandesa: http://www.dailymail.co.uk/news/article-1361409/Supatra-Sasuphan-hairiest-girl-Wolf-child-says-Ambras-syndrome-makes-popular.html

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  3. Estoy precisamente preparando una entrada sobre esta familia (y los retratos que de ellos realizaron Agostino Carracci y Lavinia Fontana) para el blog de la asociación cultural de la que formo parte y he dado de casualidad con este blog. Enhorabuena por él y por el proyecto en general de Harte con hache (me gusta eso de explicar el harte antiacadémicamente; es muy difícil conseguirlo sin perder el rigor y/o la seriedad de lo que se dice). ¡Un saludo y os invitamos de paso a nuestro blog! http://asociacionacastellano.blogspot.com.es/

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  4. Muchas gracias y encantada de que te haya servido para algo esta entrada. Es un tema de lo más curioso. Me pasaré por vuestro blog...

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