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22 de noviembre de 2012

Nos quieren dar gato por liebre, o mula por caballo: Napoleón cruzando los Alpes

Marga Fdez-Villaverde
Jacques-Louis David, Napoleón cruzando los Alpes (1801), Musée National du Château de Malmaison. 
En la primavera del 1800, a Napoleón se le ocurrió una idea un tanto suicida. Quería recuperar el norte de Italia de manos de los austriacos y para hacerlo, lo mejor era pillarlos desprevenidos. Así que en vez de cruzar la frontera por las vías habituales, hizo que su ejército atravesase los Alpes por el paso de Gran San Bernardo, un auténtico camino de cabras. ¿Cómo iban a sospechar los austriacos, ni nadie en su sano juicio, que Napoleón aparecería por ahí? Evidentemente logró sorprenderlos y acto seguido les dio un buen repaso en la batalla de Marengo.

Aquí le tenéis. Napoleón Bonaparte en toda su gloria. Elegantemente vestido, con su uniforme de gala, el bicornio y una enorme capa naranja agitada por el viento (como si fuese una especie de hombre-bandera). Un general victorioso capaz de mantener la calma a lomos de un semental encabritado (aunque si nos atenemos a las descripciones sobre su altura y tenemos en cuenta la diferencia de tamaño entre Napoleón y el caballo, bien podría tratarse de un poni). Su apellido aparece grabado en las rocas del suelo junto a los nombres de otros dos grandes generales que también habían cruzado los Alpes con sus respectivos ejércitos: Aníbal y Carlomagno. Ahí es nada. El pequeñín no andaba escaso de ego.

El cuadro fue un encargo que le hizo Carlos IV de España al pintor Jacques-Louis David, para hacerle la pelota a Napoleón, porque su afición por las conquistas empezaba a inquietarle. "Mira que retrato tan bonito he encargado, Napo, lo voy a colgar en uno de los salones de mi palacio, porque tú y yo somos colegas, ¿verdad, Napo? Y jamás se te ocurriría mirar con ojillos codiciosos mis fronteras..." Napo le dio las gracias y después de un tiempo prudencial, para no parecer descortés, invadió España. Y cuando su hermano Pepe Botella se marchó del país en 1813, se llevó el cuadro como souvenir.

Más que un retrato es un cartel electoral. Pura propaganda política. Ningún ejército osaría hacer frente a un héroe tan seductor y valeroso. Cuando Napoleón vio la primera versión en el taller del pintor, le encargó tres copias más: una para su casa (el Château de Saint-Cloud), otra para la biblioteca de los Inválidos y otra para el palacio de la República Cisalpina en Milán (para que no se les olvidase quién mandaba allí). Aparte de estas copias, Jacques-Louis David pintó una quinta versión para su uso particular y que permaneció en su taller hasta su muerte.

¿Cómo no iba a gustarle el cuadro a Napoleón? Jacques-Luis David, el mago del Photoshop, lo presentaba ante el mundo como un conquistador romano, dándonos a todos gato por liebre, o más bien mula por caballo. Porque Napoleón no cruzó los Alpes subido a un caballo, no señor, lo hizo a lomos de un burrus vulgaribus:

Paul Delaroche, Napoleón cruzando los Alpes (1848), Museo del Louvre, París
Este noble pollino era propiedad de un campesino de la zona llamado Dorsaz, que fue quien realmente guió a Napoleón y a su ejército a través del paso de Gran San Bernardo, llegando incluso a salvar la vida al emperador cuando éste estuvo a punto de despeñarse por culpa de una patinada del burro.

Entre un cuadro y otro han transcurrido casi cincuenta años. Luis Felipe de Orleans ha mandado repatriar los restos mortales de Napoleón, que estaban en Santa Elena, para enterrarle con todos los honores en los Inválidos. Los retratos del emperador han abandonado los almacenes de los museos y se exponen de nuevo. Pero los tiempos han cambiado. El Neoclasicismo de David ya no está de moda, ha sido sustituido por el Romanticismo y éste a su vez por el Realismo (el fin del Photoshop artístico, para entendernos).

Detalle de una segunda versión pintada por Delaroche en 1850, Walker Art Gallery, Liverpool
(clic en la imagen para agrandar)
Aunque Paul Delaroche sigue siendo un pintor romántico, en determinados aspectos se deja llevar por la corriente realista. En este caso quería representar lo que había sucedido en realidad: "la verdad de la historia con toda su dignidad y su poesía" como dijo él mismo. Al representar a Napoleón como un hombre cualquiera, lo que buscaba era engrandecerle. Un ser humano normal y corriente, con sus valentías y flaquezas, capaz de superar las adversidades a fuerza de voluntad. Delaroche admiraba mucho a Napoleón e incluso afirmaba que se parecía a él físicamente:

Paul Delaroche, Autorretrato (1835)
Un aire sí que se daba, ¿no?
Al artista le salió el tiro por la culata. Muchos críticos consideraron que se había pasado de realista y que denigraba la imagen de Napoleón al presentarle hecho una piltrafa. Le llamaron de todo menos bonito. Y eso que no era la primera vez que pintaba a Napoleón de bajón... ¿Qué me decís de este Napoleón en Fontainebleau el 31 de marzo de 1814? Es el día anterior a su abdicación. Acaba de llegar al castillo y se ha encerrado en su despacho. Ha arrojado el bicornio al suelo y la cartera con sus papeles encima del diván. Ni siquiera se ha molestado en quitarse las botas de montar, sucias por el polvo del camino. Se sienta en una silla literalmente derrotado, con la mirada perdida, consciente de que lo bueno se ha acabado.

Paul Delaroche, Napoleón en Fontainebleau (1840), Museo del Ejército, Los Inválidos, París
Detalle del rostro de Napoleón en Fontainebleau de Delaroche
Vamos, igualito, igualito que el Napoleón en traje imperial de Ingres, otro de los grandes pintores neoclásicos...

Jean Auguste Dominique Ingres, Napoleón en el trono imperial (1806), Museo del Ejército, Los Inválidos, París
¿Y vosotros con qué Napoleón os quedáis? ¿Con el Napoleón Bonaparte de los retratos oficiales neoclásicos o con este otro "Napo" más de andar por casa de los románticos-realistas? Yo, desde luego, lo tengo claro, me quedo con Napo.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

10 comentarios:

  1. depende del dia me quedo con uno distinto marga.

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    1. Eso está bien. Yo a veces tengo días neoclásicos, pero la mayor parte del tiempo estoy barroca o romántica. Y siempre siempre vanguardista.

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  2. Prefiero no quedarme con ninguno, que Napoleon fue como el virus feo de la estupenda Revolución.

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    1. También ayudó (a su manera)a propagar las ideas de la revolución por Europa y nos trajo unos cuantos ilustrados. Aunque cafre era un rato...

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  3. yo me quedo con el Napo de las botas sucias, que ahí se le ve el cuerpo corto en verdadera proporción, barriga y cansancio, parece un profe de física después de 4 horas de clase!

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    1. Bien podía estar con una cerveza en la mano viendo un partido de fútbol, ¿no te parece?

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  4. con los 26 añitos de Ingrés ¡menuda floritura de cuadro!, está tan exagerado tan al límite que resulta interesenta en su cinismo, porque nos está mintiendo desvergonzadamente.
    (a mi me lo parece)

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    1. Es recargado en exceso, tanto que duelen hasta los ojos. Pero al pobre hombre le ha puesto una cara de enfermo tratado con cortisona que no veas...

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  5. muy interesante, la verdad que si nos ponemos a pensar, el futuro de Europa estuvo en las pezuñas de un burro, se nos cae la boca de la impresión...

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  6. Ponle unas gafas y el parecido con Marhuenda es notable

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