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11 de noviembre de 2012

Los orígenes del trasplante: San Cosme y San Damián

Marga Fdez-Villaverde
Miniatura de El milagro de los santos Cosme y Damián (La leyenda dorada, Francia, XIII),
Huntington Library, San Marino (California). 

Si tuviera que hacer un ranking de las mejores leyendas de santos y mártires, los gemelos Cosme y Damián estarían, sin dudarlo, en uno de los primeros puestos. Intentaré contaros su prodigiosa historia tal y como fue, sin inventarme ni una coma. Lo que ya no puedo certificar es que Santiago de la Vorágine no se inventase comas, puntos, acentos y admiraciones cuando la escribió en siglo XIII, en su famosa enciclopedia de santos La leyenda dorada. De todos modos, como sé que hay mucho descreído por ahí suelto, ilustraré el relato con las imágenes de un retablo que pintó Fra Angelico en el siglo XV con escenas de la vida de Cosme y Damián, por si alguno necesita ver para creer.

Y me tendréis que perdonar si me extiendo más de lo habitual, pero es que estos dos santos me pierden...

Pero empecemos por el prólogo: la historia del retablo. En el siglo XV, los monjes dominicos decidieron hacer reformas en el convento de San Marcos de Florencia, que estaba hecho una birria. Aprovechando que pagaban los Medici, siempre dispuestos a soltar ducados para la salvación de sus almas, lo rehicieron prácticamente entero. En 1438, Cosme de Medici y su hermano Lorenzo di Giovanni le encargaron a un pintor dominico del propio convento que hiciese un retablo para el altar principal de la iglesia, que iba a estar dedicado a los santos Cosme y Damián, patronos de la familia. Este monje pintor no era otro que Fra Angelico, que se esmeró para complacer a unos mecenas que le proporcionaron el material necesario, pero que no debieron darle ni un chavo por la mano de obra (al fin y al cabo, trabajaba para decorar su propia casa).

Fra Angelico, Retablo de San Marco (1438-1440), Museo de San Marco, Florencia

El retablo estaba compuesto por un panel principal (que es este de aquí arriba) y nueve tablillas rectangulares, de unos 40 centímetros de alto, que colocadas debajo formaban la predela o banco del retablo. Estos nueve paneles son los que narran la vida y milagros de Cosme y Damián (nunca mejor dicho). Por desgracia, en una reforma posterior de la iglesia, a alguna mente lúcida se le ocurrió desmantelar el retablo y ahora está a trozos, desperdigado por el mundo.

En el panel principal, aparece la virgen entronizada, con el niño Jesús en las rodillas, rodeada de ángeles y santos. Lo más importante de este cuadro es que es una de las primeras sacra conversazione que se conoce, un tema pictórico que representa a la virgen con el niño y unos cuantos santos de charleta. La composición es perfectamente simétrica y triangular, típica del Quattrocento. A los pies de la virgen se arrodillan los santos Cosme y Damián, uno mirando al espectador y otro de espaldas. La cara del de la izquierda, Cosme, es la del propio Cosme de Medici (que para eso compartían nombre). Su hermano Lorenzo di Giovanni está retratado en el primer santo de la izquierda, San Lorenzo; los siguientes son San Juan evangelista (en honor al padre de los hermanos, que se llamaba Giovanni, y a un hijo de Cosme) y San Marcos, patrono del convento. En el grupo de la izquierda están Santo Domingo y San Pedro mártir en los extremos, los dos santos dominicos más importantes, y San Francisco de Asís en el centro (por un hijo de Lorenzo que se llamaba Pier Francesco). Todo quedaba en familia, vamos.

Y después de esta larga introducción, vamos a por la historia de los gemelos Cosme y Damián, unos médicos que vivieron en la provincia romana de Siria en el siglo III d.c. Eran una especie de médicos sin fronteras en versión antigua, que curaban a los desfavorecidos sin cobrar por sus servicios. En esta escena, podemos verlos curando a una mujer llamada Paladia, los dos vestiditos igual, para que se note que eran gemelos, con su bonete rojo y el nimbo dorado. A la izquierda, Paladia le está ofreciendo un regalo a Damián como agradecimiento. Aunque en un primer momento Damián lo rechazó, la mujer se puso tan pesada e insistente que no le quedó otra que llevárselo, para no hacerle un feo. Cuando llegó a casa con el presente (tres miserables huevos), su hermano Cosme se puso hecho una furia y declaró que no quería ser enterrado con un traidor como aquel, que aceptaba regalos por su trabajo.

Fra Angelico, La curación de Paladia (Retablo de San Marco, 1438-1440),
National Gallery of Art, Washington
El prefecto Lisias, un romano perverso, no estaba dispuesto a consentir que unos malditos cristianos se dedicasen a hacer buenas obras en su territorio, así que mandó apresar a Cosme y Damián, y ya de paso también a sus tres hermanos menores, Antimo, Leoncio y Euprepio (vaya nombrecitos que se gastaban los padres). La siguiente escena del retablo es la representación del juicio, con los cinco acusados a la izquierda, todos ellos con nimbo para diferenciarlos de los malos. Antimo, Leoncio y Euprepio son más bajitos (eran menores) y van vestidos con túnicas de colores distintos. El prefecto Lisias, sentado en un trono en el centro, señala una hornacina con un dios romano: "si queréis conservar vuestras miserables vidas, más os vale empezar a hacer sacrificios a los dioses paganos". Evidentemente, se negaron (si hubiesen aceptado, no serían santos y Fra Angelico no les habría pintado en este retablo). 

Fra Angelico, Cosme y Damián frente a Lisias (Retablo de San Marco, 1438-1440),
Alte Pinakothek, Munich
Después de un tormento en manos y pies, que Jacobo de la Vorágine menciona de pasada sin dar más detalles, Lisias les condena a morir ahogados en el mar. Esta tercera tablilla de Fra Angelico es de tipo cómic y representa tres escenas sucesivas que deben leerse de atrás hacia delante. Al fondo, los verdugos empujan a los hermanos por el acantilado, atados de pies y manos, pero un ángel desciende del cielo en picado para rescatarlos y los acompaña hasta la orilla. Lisias vuelve a llamarlos a su presencia y les pregunta cómo han conseguido salvarse. En ese preciso instante, aparecen dos demonios y se lían a collejas con el prefecto, que grita pidiendo ayuda desesperado. Los cinco hermanos se arrodillan para rezar por él y los demonios desaparecen como por arte de magia.

Fra Angelico, Cosme y Damián rescatados por los ángeles (Retablo de San Marco, 1438-1440),
Alte Pinakothek, Munich
Para agradecérselo, Lisias les condena a la hoguera. El prefecto y sus compinches se acomodan en la tribuna para contemplar el suplicio, ignorantes de que los mártires cristianos eran duros de pelar y nunca se morían a la primera, ni a la segunda. Milagrosamente, las llamas de la pira se alejan de Cosme, Damián y sus hermanos, abrasando a los verdugos y a los morbosos que se habían puesto en primera fila para ver mejor.

Fra Angelico, Cosme y Damián condenados a la hoguera (Retablo de San Marco, 1438-1440),
National Gallery of Ireland, Dublín
Y justo cuando la cosa se pone emocionante, Fra Angelico se marca un Intermedio/Visite nuestro bar. La tablilla central de la predela no forma parte de la historia, sino que representa el entierro de Jesucristo y hace juego con la mini crucifixión que podemos ver en la parte inferior del panel principal, que quedaría situada justo encima.

Fra Angelico, El entierro de Cristo (Retablo de San Marco, 1438-1440),
Alte Pinakothek, Munich
Prosigamos. El prefecto Lisias empezaba a ponerse nervioso. Tenía que encontrar una ejecución más efectiva. ¿Qué tal una mezcla de crucifixión y lapidación? Eso no podía fallar... ¿o sí? Cuelgan a Cosme y Damián de unas cruces y empiezan a lanzarles piedras pero, oh sorpresa, los proyectiles rebotan y regresan a los que las tiran, estilo boomerang, sin dañar a los gemelos. "Mecachislamar", dijo Lisias, "poned a los otros tres bajo las cruces y disparad flechas". Nada de nada, rien de rien, niente di niente. Las flechas también rebotaban y Lisias empezaba a quedarse corto de verdugos.

Fra Angelico, Crucifixión de Cosme y Damián (Retablo de San Marco, 1438-1440),
Alte Pinakothek, Munich
En este momento de confusión, es probable que Lisias tuviese que pedir consejo a otros romanos más aventajados en cuestión de martirios: "mira Lisias, si quieres acabar definitivamente con un vampiro, un zombie o un mártir cristiano, lo único que no falla nunca es la decapitación". En esta escena, quizás excesivamente gore para el gusto italiano, las cabezas de ojos vendados ruedan por el descampado sin perder el nimbo. Han caído dos hermanos, el tercero aún se tambalea y el veloz verdugo se gira hacia el cuarto para asestar el golpe. El quinto, de amarillo, espera su turno y Lisias parece estar a punto de empezar a aplaudir. Ahora sí que sí. (Nota: los cinco cipreses del fondo simbolizan las almas de los hermanos.)

Fra Angelico, La decapitación de Cosme y Damián (Retablo de San Marco, 1438-1440),
Museo del Louvre, París
La octava escena de la predela es el entierro de los hermanos, todos juntitos para que saliese más barato (y en una fosa muy poco profunda para mi gusto). Sin embargo, a los familiares les surge una duda de última hora. Cosme había dicho que no quería ser enterrado junto a su hermano gemelo por culpa de esos tres huevos que le dio Paladia. ¡Qué gran dilema! ¿Qué hacer ahora con el muerto, con la buena oferta que les habían hecho en el camposanto? De repente, aparece un camello, al que Cosme y Damián habían curado una pata hacía tiempo, y proclama solemnemente con voz humana: "no os preocupéis y ponedle con el resto" (¿no es genial cómo le salen las palabras de la boca, con esa especie de protobocadillo de cómic?)

Fra Angelico, El entierro de Cosme y Damián (Retablo de San Marco, 1438-1440),
Museo de San Marco, Florencia
Y si este entierro con camello parlanchín os ha parecido surrealista, preparaos para el final de la historia, que es de traca. Cada vez que lo consideraban oportuno, los gemelos Cosme y Damián volvían del más allá para seguir haciendo curaciones y milagros; como por ejemplo, ayudar a un labrador al que se le había colado una serpiente en el cuerpo por culpa de haberse quedado dormido en el campo con la boca abierta.

La tablilla final del retablo de Fra Angelico nos cuenta su milagro post mortem más famoso. En Roma, habían construido una iglesia en honor a los santos Cosme y Damián y el sacristán de esta iglesia padecía enormemente a causa de una pierna que se le había llenado de tumores. Una noche, mientras el buen hombre dormía, los gemelos se materializaron para hacerle un examen médico. La cosa pintaba mal. Había que amputar. Fueron a un cementerio cercano, le cortaron la pierna al cadáver aún fresco de un africano que acababa de morir y se la trasplantaron al sacristán sin que se éste se enterase. Seguidamente, volvieron al cementerio y dejaron la pierna cancerosa en la tumba del africano. ¡Cuál no sería la sorpresa del sacristán al despertarse a la mañana siguiente sin dolores y con una pierna de cada color!

Aquí podéis verlos, trabajando afanosamente, con una nubecilla a sus pies que nos recuerda a la de los monjes voladores del otro día:

Fra Angelico, La curación de Justiniano (Retablo de San Marco, 1438-1440),
Museo de San Marco, Florencia
¿Os ha gustado la historia? Espero que sí. Y para los títulos de crédito, otras tres escenas de trasplante. Aunque su calidad artística es un tanto psssst, son francamente divertidas. En las dos primeras, los ángeles ejercen de enfermeros en una especie de quirófanos de campaña, mientras los cirujanos cambian una pierna por otra. En la tercera, una talla castellana del siglo XVI, los gemelos parece que no han podido esperar a que muriese el pobre africano, que se queja dolorido de la amputación sufrida.

Maestro de los Balbases, El milagro de los santos Cosme y Damián (h.1495),
Wellcome Library, Londres
Maestro de Stettener, El milagro de los santos Cosme y Damián (XVI),
Württembergisches Landesmuseum, Stuttgart
Isidoro de Villoldo, Milagro de los santos Cosme y Damián (h.1547),
Museo Nacional de Escultura, Valladolid

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

5 comentarios:

  1. No es necesario inventar nada: ¡menudo tesoro en la tradición!

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    1. Está todo inventado. Ya solo podemos hacer remakes...

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  2. está muy bien explicao, mu clarito, y muy ameno.... Excepto lo del cojín que llevan en la cabeza, no le "cojo" la utilidad, igual con algún wikilink..

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  3. quiera o no quiera me choco con su blog.
    Me han venido las 9 imágenes de la tabla de San Marcos pero que muy bien, perfectamente localizadas, cuando empecé la traducción de Fra Angélico hace tiempo, solo pude localizar 2 malas imágenes. (Algún estudiante de arte lo agradecerá).
    ..y algún amante del arte le agradecería que continuara con el blog.
    Un saludo

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