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12 de noviembre de 2012

Epidemia de bostezos en el arte

Marga Fdez-Villaverde
Edgar Degas, Planchadoras (1884-1886), Museo d'Orsay, París. 
¿Por qué los hombres generalmente bostezan cuando ven bostezar a otros?Aristóteles, Problemata (IV a.c.)
Pues eso me pregunto yo. A día de hoy, el contagio de los bostezos sigue estando en la lista de tareas pendientes de la ciencia. Nos afecta a hombres, babuinos y chimpancés por igual. Hay quien dice que es por empatía, que cuando un semejante bosteza por aburrimiento o sueño, nosotros le respondemos con otro bostezo que significa "te entiendo perfectamente, yo estoy igual". ¿Quiere eso decir que también somos empáticos con los animales? Porque al menos yo, cuando veo bostezar a un perro o un gato, le acompaño en el "sentimiento".

Pero quizás lo que más inquieta de este tema es que cuando contemplamos la foto de una persona bostezando o leemos la palabra "bostezo", ¡también se nos abre la boca! ¿Pasará lo mismo con los cuadros? Venga, hagamos un experimento científico. Coged papel y lápiz y anotad las veces que bostezáis leyendo este artículo.

Preparados, listos... Ya.

Empecemos con uno de los cuadros más famosos de Edgar Degas, Las planchadoras (que tenéis ahí arriba, encabezando el post). Y es que Degas, además de pintar bailarinas y carreras de caballos, a veces también retrataba a mujeres humildes trabajando. Aquí tenemos a dos empleadas de una lavandería. La de la derecha se está dejando los brazos y la espalda para planchar la camisa blanca que hay sobre la mesa. La de la izquierda, un poco borrachina y bastante desconsiderada con su compañera, agarra la botella de vino, se estira y... ¡aaaaahhhh! (¿A que ya ha caído el primero?)

El segundo cuadro es obra de un pintor húngaro del siglo XIX llamado Mihály Munkácsy que tonteaba entre la pintura historicista y la realista. Esta obra en concreto es más bien realista. Un chaval despeinado y descamisado bostezando, probablemente después de una dura jornada de trabajo. (¿Qué? ¿Ya van dos?)

Mihály Munkácsy, Aprendiz bostezando (1868-1869), Galería Nacional de Hungría, Budapest
El tercero es un dibujo al pastel del pintor alemán Adolph von Menzel. Un señor elegante y bien vestido en la intimidad de su calesa, un pendón desorejado que regresa a casa de madrugada, después de una fiesta desenfrenada con rapé, chicas escotadas y polkas (la versión decimonónica del drogas, sexo y rock and roll). Apoya la cabeza en el asiento, cierra los ojos, se deja mecer por el traqueteo y... bosteza sin pudor. (Venga, un bostecito empático para solidarizarnos con este fiestero.)


Adolph van MenzelHombre bostezando en una calesa (1859), Kupferstichkabinett, Berlín
Sigamos con un curioso autorretrato del pintor francés Joseph Ducreux, al que le encantaba investigar expresiones faciales poco convencionales en su pintura. Se ganaba la vida como retratista y como no podía pintar a sus clientes haciendo el canelo, experimentaba con sus autorretratos. Aquí le vemos vestido de andar por casa, con la bata y el turbante, y estirándose placenteramente: brazo al aire, espalda hacia dentro, barriga para fuera y descomunal bostezo. (¿Cuántos llevas ya?)

Joseph Ducreux, Autorretrato bostezando (antes de 1783), J. Paul Getty Museum, Los Ángeles
La chica de esta pintura de Edvard Munch acaba de levantarse de la cama. Aún se está desperezando y debe llevar un buen rato ahí sentada, porque el gato ha tenido tiempo de acomodarse en su regazo. Y también debe tener muy buena calefacción en casa, ya que duerme en pelota picada y en Noruega debe hacer fresquito. Sea como sea, no ha podido reprimir un bostezo. (¿A que tú tampoco?)

Edvard Munch, Joven bostezando (1913), KODE, Bergen
Y acabamos con esta miniatura genial de un hombre bostezando que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Bruselas. La atribución de la obra es dudosa, puede que sea de Pieter Brueghel el Viejo o puede que no. Da igual, el bostezo de este campesino no puede ser más expresivo. (¿Y con este hacen...?)


¿Pieter Brueghel el Viejo?Hombre bostezando (fines del XVI), Museo de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas
¿Qué tal ese recuento? ¿Habéis bostezado mucho? Espero que no os levantéis mañana con agujetas de mandíbula. Sí, yo también os quiero.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

10 comentarios:

  1. Se contagian, jajajajaja. Alguna vez en el metro había simulado un bostezo y era automático, la gente a mi alrededor se lo transmitían.
    En este caso que nos propones, encima se disfruta con la propuesta.

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    1. He leído por ahí que si los reprimes y bostezas con la boca casi cerrada, como disimulando, se contagian tal cual. Habrá que probar en el metro...

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  2. No he bostezado ni una sola vez, pero no he perdido la sonrisa durante toda la lectura. Yo también te quiero.

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    1. Uy, me preocupas. Eso significa que no eres ni humano, ni chimpancé ni babuino...

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  3. ¡Qué mala eres! ¿Y ahora quién se pone a trabajar? ¡Ay, no que hoy hay huelga!

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    1. He avanzado rápido por los cuadros del post para llegar a los comentarios y contestarte y ya he bostezado tres veces... ¿Es culpa mía o tuya?

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  4. pues yo no he bostezado, me ha parecido muy entretenido

    (esto... ¿me pudo piyar la imagen del Munch pa mi cole de desarropaos?

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    1. Todo tuyo el Munch. El otro día se me pasó decirte que conozco tu página desde hace varios años y me parece genial. Gracias por compartirlo con todos

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    2. eso se lo dices a todas, para levantarle las faldas, pero luego te vas a recoger con la gordinglas y formal de la Wiki..... que no sé que os dará.
      y es que no haceis buena pareja, que te lo digo yo, juas, y rejuas

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  5. el Ducreux lo vi por primera vez en el perfil de fb de l'hora del lector, y me contagia de lo lindo, suerte que es domingo.
    Algunos parecen cantar un do de pecho. Un arte, bostezar!
    Yo le pido a mis pupilos que por favor, por educación, se tapen la boca cuando bostecen, que les veo hasta el yeyuno (en realidad es para que no me contagien).

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