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20 de octubre de 2012

Apolonia la desdentada

Marga Fdez-Villaverde
Francisco de Zurbarán, Santa Apolonia (h.1614), Museo del Louvre, París. 
Mientras buscaba cuadros para ilustrar el post anterior, dentistas y sacamuelas, encontré otro tema relacionado bastante jugosillo que, para no alargarme demasiado, decidí dejar para otro día. Como por ejemplo hoy: la trágica vida de santa Apolonia, patrona de los dentistas.

Apolonia era una virgen cristiana que vivía en Alejandría en el siglo III d. de C. En esa época, se produjo un levantamiento local contra los cristianos y a Apolonia le tocó el gordo. La turba enfurecida la cogió prisionera y le dió la opción de renegar de su fe si quería seguir intacta. Como buena mártir, dijo que no, así que le arrancaron todos los dientes, uno a uno. En ese momento, los dentistas la aclamaron como patrona y supongo que los protésicos dentales, también conocidos como "fabricantes de dentaduras", aún más.

Acto seguido, Apolonia fue arrastrada a una plaza en la que ardía una gigantesca hoguera. Sus captores, tan clementes ellos, le dieron una nueva oportunidad de salvarse: "blasfema y te liberaremos, quédate callada y vas a la hoguera de cabeza". La pobre Apolonia estaba desolada y pidió en voz baja que le aflojasen un poco las cuerdas mientras se lo pensaba. Difícil decisión, traicionar sus principios y encima tener que farfullar blasfemias en voz alta, toda desdentada, ¡qué vergüenza! Mejor la hoguera, pensó, y ni corta ni perezosa saltó a las llamas.

Si hubiera sido más lista, sabría que los mártires cristianos nunca se mueren a la primera. Y que para ganarse el título, unos dientes y unas quemaduras no iban a ser suficientes. La cosa es que Apolonia no ardió y para acabar con ella tuvieron que cortarle su desdentada cabeza. Estos mártires cristianos eran un poco walking dead, ¿no os parece?

La mayoría de representaciones artísticas de Apolonia no hacen justicia a la verdad. Cuando nos dicen que era una "virgen cristiana", a todos nos viene a la cabeza automáticamente una jovencita casta y preciosa. Pues no, Apolonia era una virgen viejuna, una especie de monja. Aún así, los artistas han preferido siempre pintarla joven. Lo más habitual es que aparezca con sus atributos de santa: la palma, que es el símbolo de todos los mártires, la corona de flores, símbolo de su virginidad, y su DNI artístico: unas tenazas con un diente. El mejor ejemplo es la bellísima imagen pintada por Francisco de Zurbarán que podéis ver al principio del post. Si no fuese por las tenazas, Apolonia pasaría perfectamente por una niña en la procesión del domingo de ramos.

Esta otra Apolonia, del pintor italiano renacentista Ercole de' Roberti, formaba parte del llamado políptico Griffoni que realizó junto a Francesco del Cossa para una capilla de la basílica de san Petronio de Bolonia. Hoy en día, el políptico está desmembrado y repartido entre muchos museos (en este enlace podéis ver cómo se dispersó y su posible reconstrucción). La Apolonia de Ercole de' Roberti es mucho más monumental y menos grácil que la de Zurbarán, pero sigue siendo muy hermosa, aunque parezca que viene de desdentar a un caballo.

Ercole de' Roberti, Santa Apolonia (políptico Griffoni, 1472-1473), Museo del Louvre, París
Y ahora vamos a lo bueno, a las representaciones del martirio de Apolonia, que es donde está la chicha. Empezamos con un martirio edulcorado de Guido Reni que, como buen clasicista, nos ahorra los detalles gore. En un hermoso paisaje con ruinas clásicas, un verdugo a medio vestir se acerca con las tenazas a la santa, guapísima y blanquísima ella, que eleva al cielo sus ojillos píos. De entre las nubes, sale un angelito de mofletes sonrosados ofreciéndole la corona de flores y la palma.

Guido Reni, Martirio de santa Apolonia (h.1606), colección particular
En pleno gótico internacional, el francés Jean Fouquet ilustró el Libro de horas de Étienne Chevalier, donde incluyó una miniatura con el martirio de la santa. Este sí que es un martirio en toda regla, con gradas para que la multitud se entretenga viendo el espectáculo. Los verdugos inmovilizan a Apolonia apretando sus cuerdas y uno de ellos le estira del pelo para evitar que mueva la cabeza. Las tenazas son larguísimas y el hombre que las maneja tira de un diente con pose torera. Un maestro de orquesta, batuta en mano, dirige a los músicos situados en las gradas (y es que sería inconcebible
un buen martirio sin música). Como detalle anecdótico el bufón con los calzoncillos caídos de la izquierda, que se rasca el culo sin disimulo.

Jean Fouquet, miniatura del Libro de horas de Étienne Chevalier (1452-1460), Musée Condé, Chantilly
Y acabamos con otra miniatura francesa de la misma época perteneciente al Libro de horas de Simon de Varie. El estilo es bastante más arcaico que el de Fouquet, que fue uno de los grandes pintores góticos, pero la escena tiene su aquel. También es de menor tamaño, por lo que el detallismo se reduce. Este pintor anónimo (al menos para mí) representa un martirio privado, al que están invitados tan solo unos pocos privilegiados. La cara de Apolonia es más o menos la misma que la que ponemos todos en el dentista, a pesar de que el verdugo, bastante más cafre que nuestros odontólogos, tiene que apoyar el pie en el asiento para arrancarle los dientes.

Anónimo, miniatura del Libro de horas de Simon de Varie (1455), Biblioteca Real de La Haya

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

4 comentarios:

  1. sublime marga, encontras arte en la tediosa visita al dentista.

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  2. Gracias anónimo, eso procuro, encontrar algo bonito allá donde mire. Aunque a veces cuesta mucho :)

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  3. Bellísima la Apolonia de Ercole de'Roberti y magistral el escenario de Jean Fouquet, como corresponde a toda buena descripción de un martirio. El martirologio cristiano lo tengo siempre a mano para no olvidar quiénes somos.

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    Respuestas
    1. Realmente sorprende lo ingeniosos que podemos ser los humanos para torturar y lo poco que utilizamos el ingenio para temas más positivos. En fin...

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