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16 de septiembre de 2012

Abuelitas lectoras

Marga Fdez-Villaverde
Allá por el siglo XVII, tres grandes artistas de los Países Bajos pintaron tres encantadoras obras de ancianitas leyendo. Estas arrugadísimas abuelitas no leen novelas, sino libros piadosos. En esa época, muchos de los habitantes de los Países Bajos sabían leer. A diferencia de los católicos, los protestantes promovían la lectura entre sus fieles, para que todos y cada uno de ellos pudieran interpretar las sagradas escrituras por sí mismos (mejor que no entremos a divagar sobre la influencia que tuvo esta cuestión en la evolución cultural de los países). Podemos deducir, por tanto, que pintar viejecitas leyendo era una buena forma de presumir de tener una población culta. Hoy en día, estos tres cuadros se conservan en el Rijksmuseum de Amsterdam.

Rembrandt, Anciana leyendo o La profetisa Ana (1631), Rijksmuseum, Amsterdam

Empecemos por el de Rembrandt. En este caso, la viejecilla no es una mujer anónima, sino la profetisa Ana del templo de Jerusalén, de ahí su tocado de tipo oriental. La iluminación es magistral. El artista decide dejar el rostro de la mujer casi en penumbra y mediante un foco de luz diagonal, ilumina intensamente el libro y la mano con la que se ayuda para seguir las líneas del texto. Las arrugas de la mano están pintadas con una precisión extrema (haced clic en la imagen para verla en grande), sin embargo, el texto no puede leerse. Esto era típico de Rembrandt, combinar áreas de mucho detalle con otras más abocetadas.
 
Gerrit Dou, Anciana leyendo un leccionario (1630), Rijksmuseum, Amsterdam

La segunda abuelita está pintada por Gerrit Dou, discípulo de Rembrandt, más o menos en la misma época en que Rembrandt pintó la suya, cuando Dou aún trabajaba en el taller del maestro. Las principales diferencias son la luz, mucho más homogénea en este caso, y un mayor detalle. Aquí podemos leer claramente los títulos del libro (el que entendamos lo que pone es otra historia). Los que saben dicen que es un fragmento del evangelio de Lucas en el que se narra la entrada de Jesucristo en Jerusalén. De todas formas, la anciana parece estar más concentrada en mirar los santos que en el texto. La textura de los distintos materiales es impresionante, casi podemos sentirlos en los dedos.

Gabriël Metsu, Anciana meditando (h.1662-1663), Rijksmuseum, Amsterdam

La tercera ancianita es obra de Gabriël Metsu, discípulo del anterior. La iluminación no procede de un foco de luz concreto, sino que viene dada por los contrastes tonales del cuadro. El rostro, las manos y el libro destacan sobre un fondo prácticamente negro. La mujer se ha quitado las gafas y tiene los ojos entrecerrados. ¿Está leyendo o "meditando" como dice el título? Mi abuela también decía que estaba "pensando" cuando la pillábamos cabeceando delante de la tele...

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

7 comentarios:

  1. Con leer la palabra "abuelitas" ya sabía que hablarías de Rembrandt. Él es el Alzheimer de la pintura.

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  2. Impresionante!!
    Gracias Marga!! queremos clase de Harte con Hache ya!!!!!

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  3. Allau: Se le daban genial, pero tampoco le andaban a la zaga José de Ribera y Fortuny :)

    Pao: Tengo que programar algo, pero es que estoy de un vagoooooo...

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  4. venga Marga ya esta bien de vacaciones, ya queremos aprender muchas cosas contigo!!

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  5. Por cierto, me encanta Rembrandt!! desde que tuve que hacer un trabajo sobre él en la Massana y lo estudie a fondo, gran re descubrimiento!!!

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  6. No son analfabetas, van bien abrigadas y con buena vista. Qué suerte estas abuelitas.
    Ni que decir tiene, son preciosas las pinturitas.

    nos vemos!

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  7. Pao, Rembrandt es mágico. Pero la verdad es que es un artista para ver en directo, en foto es de los que más pierde.

    Kalamar: Abrigadísimas... Esas casas debían ser heladoras en invierno.

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