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21 de mayo de 2012

Los remordimientos de Picasso

Marga Fdez-Villaverde
Picasso, Retrato de Germaine Gargallo (París, 1900), colección particular

A muchos os sonará el nombre de Carlos Casagemas, ese "mejor amigo" de Picasso cuya trágica muerte supuso el inicio del depresivo periodo azul del artista. El mismo Picasso lo admitió años después: "fue pensar en la muerte de Casagemas lo que me hizo empezar a pintar en azul". Aunque la afirmación es cierta, conviene matizar. En cuanto hurgamos un poco, nos damos cuenta de que la historia de esta amistad tiene varios detalles escabrosos que no dejan a Picasso en muy buen lugar. Sin duda estaba triste por la muerte de su amigo, pero también se sentía culpable.

Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso (menos mal que no tuvo hermanos varones, porque a los padres ya no les debían quedar más nombres), conoció a Carlos Casagemas en la taberna Els Quatre Gats de Barcelona en 1899. Los dos tenían dieciocho años, aspiraban a ser pintores y se hicieron muy amigos. Compartieron estudio en la desaparecida calle Riera de Sant Joan, en el Barrio Gótico, y visitaban frecuentemente los burdeles de la ciudad. De esa época son la acuarela Casagemas y Picasso persiguiendo a dos muchachas y el Retrato de Casagemas, ambos en el museo Picasso de Barcelona.

Picasso, Casagemas y Picasso persiguiendo a dos muchachas (Barcelona, 1900), Museo Picasso, Barcelona
Picasso, Retrato de Casagemas (Barcelona, 1899-1900), Museo Picasso, Barcelona

En octubre de 1902, los dos amigos viajan a París para visitar la Exposición Universal, donde Picasso exponía una obra titulada Últimos momentos (luego veremos dónde está ahora este cuadro que hasta hace poco se creía desaparecido). Se instalan en el estudio que les presta Isidre Nonell y unos días después se les une Manuel Pallarès, un compañero de estudios de Picasso. Los tres pintores se hacen amigos de tres modelos que posaban habitualmente para los expatriados españoles: Laure Gargallo (nombre de guerra Germaine), su medio hermana Antoinette Fornerod y una amiga de ambas llamada Louise Lenoir (Odette para los amigos). El reparto de parejas no se hace esperar: Casagemas con Germaine, Pallarès con Antoinette y Picasso con Odette. Ni Odette hablaba español (las otras dos chicas sí), ni Picasso francés, pero supongo que tampoco tenían especial interés en mantener conversaciones trascendentales.

De esa época es el famoso lienzo El Moulin de la Galette, una obra de estilo modernista que refleja a la perfección el decadente ambiente nocturno de Montmartre. No sería raro que Odette, Germaine o Antoinette posasen para alguna de las tres figuras femeninas que se sientan a la mesa en primer término.

Picasso, El Moulin de la Galette (París, 1900), Guggenheim Museum, Nueva York

Las tres modelos se instalaron en el estudio con los pintores. Allí vivieron los seis juntos y revueltos durante una temporada, en plan comuna hippy. Los problemas empezaron cuando Casagemas se enamoró perdidamente de Germaine y le pidió matrimonio. Germaine le dio calabazas, más que nada porque ya estaba casada con un tal Florentin, un hombre complaciente que le dejaba hacer lo que le daba la gana. Además, Casagemas no era muy buen partido: bebía como un cosaco, estaba enganchado a la morfina, tenía un serio problema de impotencia y para colmo de males era feo como un demonio (prueba de ello son los retratos y caricaturas que hizo Picasso de él, sin exagerar demasiado su poco agraciado perfil).

Mateu Fernández de Soto, Picasso y Casagemas
Picasso, Retrato de Carles Casagemas (1900), Metropolitan Museum, Nueva York

La negativa de Germaine dejó a Casagemas devastado. Al llegar la Navidad, Picasso decide llevárselo con él a Barcelona y luego a Málaga, con la esperanza de que las salerosas andaluzas le hagan olvidar a Germaine. El plan no funciona. Casagemas escribe a Germaine a diario, lloriquea por los rincones y da el coñazo sin parar a su amigo del alma. Picasso, acaba tan harto de Casagemas que le pide dinero a su tío para comprar un pasaje y embarcarle rumbo a Barcelona.

El 16 de febrero de 1901 Casagemas está de vuelta en París. Germaine le repite por enésima vez que no quiere saber nada de él. La noche siguiente el pintor invita a sus amigos a una cena de despedida en el Hippodrome Café. Se pone de pie, como para dar un discurso, saca una pistola del bolsillo, apunta a Germaine y dispara. No acierta, pero ella se tira al suelo aterrorizada detrás de Manuel Pallarès. Casagemas, convencido de que la ha matado, se pega un tiro en la sien derecha y fallece a las pocas horas.

Picasso estaba en Madrid y no asistió ni al entierro en Montmartre, ni al funeral que se celebró en Barcelona. En mayo de ese mismo año, regresa a París para preparar su primera exposición en la galería de Ambroise Vollard. Se instala en el estudio de Casagemas con el marchante Pere Manyac. Y no contento con "robarle" el estudio, manda a Odette a freír espárragos y se lía con Germaine, que en el intervalo había tenido un affaire con el escultor catalán Manolo Hugué. La exposición fue un éxito y le hizo ganar bastantes francos, que se gastó en un abrir y cerrar de ojos. A finales de año volvía a estar sin blanca y la relación con Germaine se había enfriado. Es entonces cuando empieza a remorderle la conciencia (ya iba siendo hora) e inicia su famoso periodo azul. ¡Y de qué manera! Durante el otoño de 1901 pinta tres impactantes retratos del cadáver de Casagemas.

Picasso, Casagemas en su ataúd (París, 1901), colección particular
Picasso, La muerte de Casagemas (París, 1901), Museo Picasso, París

El mejor de los tres es el que se conserva en el Museo Picasso de París. Casagemas yace en su ataud, con la marca del disparo en la sien derecha, iluminado por una enorme llama en la que algunos han querido ver una representación de los genitales femeninos (tendría cierto sentido). Tanto en el colorido como en las pinceladas, Picasso está imitando a Van Gogh, y lo hace a propósito. Es un homenaje póstumo a dos pintores que, deprimidos, se quitaron la vida de un disparo.

Durante los dos años siguientes, a caballo entre París y Barcelona, Picasso se dedicará a pintar personajes marginales: enfermos, prostitutas, mendigos... Inspirado en el manierismo del Greco, estiliza y alarga las figuras, de aspecto demacrado y triste, y utiliza una paleta fría de tonos verdosos y azules. Es probable que Germaine posase como modelo para el cuadro La planchadora, que Picasso dedicó en la esquina superior derecha a su amigo Jaume Sabartès.

Picasso, La planchadora (París, 1901), Metropolitan Museum, Nueva York

Picasso seguirá rindiendo homenaje a su amigo Casagemas (y de paso exorcizando demonios) en una obra un tanto irreverente titulada Evocación. El entierro de Casagemas, inspirada en El entierro del Conde Orgaz del Greco. Al igual que el Greco, divide el lienzo en dos mitades: el entierro abajo y el mundo celestial arriba. La parte inferior representa un cementerio, donde nueve plañideras rodean el cuerpo sin vida de Casagemas. En la parte superior, Casagemas asciende triunfal al cielo montado en un caballo blanco, con Germaine colgada literalmente del cuello. Pero el cielo de Picasso no es un cielo místico como el del Greco, lleno de santos aburridos. Al cielo uno va para pasárselo bien, como atestiguan las tres prostitutas de la izquierda y las dos mujeres desnudas de la derecha. La madre y los dos niños del centro (si sumamos vuelven a ser nueve figuras) nos están diciendo que, aunque Casagemas "no podía" en la tierra, en el cielo estaba hecho todo un semental.

Picasso, Evocación. El entierro de Casagemas (París, 1901), Centre Pompidou, París
El Greco, El entierro del Conde Orgaz (1587), Iglesia de Santo Tomé, Toledo

Durante una estancia en Barcelona en 1902, Picasso pintó de memoria un extraño retrato de Germaine, que en esa época ya estaba emparejada con el pintor catalán Ramón Pichot. El elemento que más destaca es el rojo intenso de la boca entreabierta de la mujer, a quien viste con la indumentaria que solían llevar las prostitutas de la prisión de Saint-Lazare. Sobran los comentarios.

Picasso, Retrato de Germaine (Barcelona, 1902), colección particular

La gran obra maestra del periodo azul, La vida, vuelve a tener como protagonista a Casagemas. Aunque repite temas que ya hemos visto, es un cuadro bastante difícil de interpretar. La pareja de la izquierda son Germaine y Casagemas, ella desnuda y él "vestido" con un taparrabos estilo Jesucristo, ¿en alusión a su impotencia o para presentarle como mártir? Los cuadros del fondo, que sitúan la escena en un estudio, están protagonizados por figuras femeninas desamparadas, en posturas similares a la que adopta Germaine. A la derecha, volvemos a encontarnos con el tema de la maternidad. Un poco confuso, ¿verdad? Pues eso no es todo. En los dibujos preparatorios del cuadro y en la primera versión que pintó del mismo (que puede verse mediante radiografía), el que está con Germaine no es Casagemas, sino Picasso. Por algún extraño motivo, en el útimo minuto decidió cambiar su rostro por el de su amigo. ¿Y qué más hay debajo de esta pintura? El cuadro Últimos momentos, el que había presentado a la Exposición Universal cuando viajó a París por primera vez con Casagemas, que representaba a un hombre en su lecho de muerte. De esta forma tan magistral, el alma de los dos amigos, abrazados a la amante que compartieron, queda unida para siempre en una maravillosa alegoría. Picasso puede por fin dormir tranquilo.

Picasso, La vie (Barcelona, 1903), Cleveland Museum of Art

Radiografía de La vida, en la que se puede ver el rostro de Picasso y algunos detalles del cuadro Últimos momentos
Boceto a lápiz de Últimos momentos (18991-1900), Museo Picasso, Barcelona.
La mesilla de noche con el cajón abierto se ve muy bien en la radiografía.

En 1925, la muerte de su amigo Ramón Pichot, que se había casado con Germaine, hace que Picasso regrese al tema por última vez. En el cuadro La danza, su obra más surrealista, pinta a tres figuras bailando frente a un balcón abierto. La de derecha es una silueta doble, con dos cabezas de perfil, una marrón y una negra, que se convierte a su vez en sombrero de la primera. Este tipo de imágenes múltiples son típicas del surrealismo. Según Picasso, la sombra negra sería el alma de Ramón Pichot. La bailarina de la izquierda, de aspecto más salvaje que sensual, es Germaine y la figura del centro, una especie de crucificado, aludiría a Casagemas (esto ya no es cosecha de Picasso, es lo que dicen los entendidos).

Picasso, La danza (1925), Tate Britain, Londres

La última "penitencia" del pintor para acabar de purgar sus pecados fue mantener económicamente a Germaine, la pobre viuda, hasta su muerte.

Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.

Marga Fdez-Villaverde / Historia del arte - Gestión Cultural

Autora de los blogs Harte con Hache y El cuadro del día. Organizo visitas a museos y exposiciones en Madrid e imparto cursos online sobre arte.

14 comentarios:

  1. Por dios, ¡cuánto marro! Y yo que pensaba que se trataba de alta cultura. Para que luego digan que lo del lupanar es cosa de ahora.

    Pero a Picasso lo que es de Picasso, le salieron algunos cuadros la mar de chulos, como el Casagemas muerto pintado por el cuñado vivo de Van Gogh.

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  2. Los lupanares parisinos de principios del XX harían sonrojar hasta el más impúdico. Pero bueno, si sirvieron para dejarnos esta herencia, bienvenidos sean, ¿no crees?

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  3. ¡Creo! Sin dejar lugar a dudas, ni a ninguna de sus impúdicas cuñadas.

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  4. que turbio todo, pero no sé por que La Tragedia (miserables delante del Mar) me robaba la mirada cuando era peque.

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  5. Vaya culebrón!. Debo decir que conozco poco de la vida de Picasso, però me lo he pasado "pipa" leyendo este "peliculón". Magnífico trabajo y una forma extraordinaria de ver y entender el porqué de determinadas obras.
    Una abraçada

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  6. Todo lo que uno lee de Picasso le lleva a pensar que efectivamente ese hombre fué un fenómeno de la naturaleza. La poderosa mezcla de pintura y vida supera cualquier novela, cualquier intento de escribirlo. En general se tiende a hablar de Picasso como de un mujeriego compulsivo, poco empático y muy egoísta, pero está claro que fue algo casi sobrenatural y difícil de entender. Me quedo con esa mezcla sangrienta y visceral de vida y pintura.

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  7. Pues sí, Pao, muchos de los cuadros de Picasso roban la mirada... hasta los cubistas y todo.

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  8. JOSEP, la vida de Picasso es un culebrón toda entera y muchas veces está tan relacionada con sus obras que no puede dejarse al margen. Vamos, que el cotilleo es obligatorio (y nos encanta)

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  9. LLUÍS, como bien dices fue un artista excepcional, pero como amigo y amante dejó bastantes cadáveres más por el camino (en sentido figurado). Se sabía un genio y eso debe ser complicado de digerir sin una buena dosis de humildad, de lo que realmente andaba escasito. Pero bueno, dejó un gran legado a la posteridad y realmente siempre tuvo la honestidad de pintar con su propia sangre.

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  10. Fabuloso! a veces pienso que si no eres un egoísta empedernido, imposible dedicarte en cuerpo y alma al arte.
    Me entusiasma el primer Casagemas muerto, lo ví por primera vez en una expo sobre París? del Museo Picasso, para mí es una obra de amor.

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  11. La suerte que tenemos nosotros es que podemos disfrutar del producto sin tener que sufrir al pintor, ¿no te parece?

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  12. toma artista, espero que te guste,
    http://kalamarlee.blogspot.com.es/2012/05/querido-blog.html

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  13. Hola Marga me he quedado dormida con la netbook anoche leyendo tu blog,es verdad que venia cansada el día pero estas historias,anécdotas y descripciones de las obras y sus artistas como en este caso de Picasso me atrapan.Qué interesantes esas comparaciones entre las obras, intimidades acerca de la vida amorosa y de estudio que nos cuentas lo que redunda en la interpretación de estas pinturas.¡Excelente!

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