29 de mayo de 2012

El ojo de Picabia y el buey de Milhaud

Francis Picabia, L'oeil cacodylate (1921), Centre Pompidou, París

Un cuadro un tanto raro, ¿verdad? Aunque su calidad artística es discutible, está colgado en las paredes de un gran museo. Y además le envuelve una historia fascinante.

Empecemos por ponerle banda sonora, que la tiene. Y nada menos que del compositor francés Darius Milhaud. Este señor había estado trabajando dos años en Brasil como secretario del poeta Paul Claudel, el hermano de Camille Claudel, la escultora y amante de Rodin, que además de poeta era diplomático y se había ido a Brasil como embajador... pero me estoy yendo del tema. A su vuelta de Brasil, Milhaud compuso una pieza llamada Le boeuf sur le toit (El buey en el tejado) inspirada en la música y los ritmos que había escuchado por allí. El título lo "cogió prestado" de un tango compuesto por José Monteiro para el carnaval de 1918, O boi no telhado, que se había puesto muy de moda. Es una partitura genial, llena de ritmo y buen humor, y que os recomiendo escuchar mientas seguís leyendo.


Milhaud era uno de los integrantes de Les six, un grupo de compositores franceses formado por Georges Auric, Francis Poulenc, Louis Durey, Arthur Honegger, Germaine Tailleferre, Eric Satie y Darius Milhaud (sí, eran siete y a veces incluso mas, pero era la época del dadaísmo y estas cosas no importaban mucho). El manager del grupo era el genial Jean Cocteau.

En origen, Le boef sur le toit era una pieza para violín y piano, titulada Cinéma fantaisie, que Milhaud había compuesto para que sirviese de acompañamiento a una película de Chaplin. Pero Cocteau tenía otros planes para la partitura de Milhaud: escribió un libreto y le convenció para que orquestase la pieza y creasen un ballet con ella. El estreno tuvo lugar el 21 de febrero de 1920 en el Thèâtre des Champs-Élysées de París, con escenarios de Raoul Dufy y vestuario de Guy-Pierre Fauconnet, y tuvo muchísimo éxito.

El argumento es típicamente dadaísta. En el interior de un bar se reúnen una serie de personajes variopintos: una mujer elegante, una pelirroja vestida de hombre, el barman que prepara los cocktails, un negro que juega al billar, un librero, un boxeador... De repente, entra un policía y los clientes se ponen a beber leche para disimular. El policía muere decapitado accidentalmente por las aspas del ventilador del bar y la mujer pelirroja baila con su cabeza, como Salomé con la cabeza del Bautista. Una vez que todos los clientes se han marchado del bar, el policía resucita y le toca pagar la cuenta.

La mujer pelirroja baila haciendo el pino junto a la cabeza del policía. De fondo, los decorados de Dufy.

Algunos personajes del ballet: la pelirroja, la mujer elegante, el jugador de billar,
el boxeador, un hombre trajeado y el barman.

Los intérpretes de esta absurda historia no eran bailarines, sino payasos y acróbatas del circo Médrano. Los dos papeles principales, el de la mujer elegante y la pelirroja, se los dieron a los hermanos Fratellini, grandes estrellas del circo. Los personajes, que llevaban puestas unas enormes máscaras de papel maché, se movían por el escenario de forma deliberadamente lenta, para que la coreografía contrastase con la animada música de Milhaud.

El grupo de Les six se reunía habitualmente en un bar llamado La Gaya, propiedad de Louis Moysés. Ese mismo año de 1921, Moysés se mudó de local y abrió un nuevo cabaret en el número 28 de la rue Boissy d'Angles, llevándose a cuestas a su fiel clientela. ¿El nombre del nuevo bar? No podía ser otro: Le boeuf sur le toit. Se convirtió en uno de los locales de moda de París en el periodo de entreguerras. Por allí pasaban frecuentemente Picasso, Stravinsky, Diaghilev, André Breton, Tristan Tzara, René Clair, Hemingway, Josephine Baker... y para qué seguir.

Fachada de Le boeuf sur le toit

Y por fin llegamos al cuadro, L'oeil cacodylate, que Louis Moysés compró a Francis Picabia y que estaba colgado en un lugar de honor de Le boeuf sur le toit. Cuando se "pintó" este cuadro, Picabia estaba convaleciente de una enfermedad ocular que aparentemente se trataba con cacodilato. De ahí, el extraño título de la obra. Unos cincuenta amigos pasaron por su casa a visitarle y él les pidió que le escribiesen dedicatorias en el cuadro, más o menos igual que cuando uno se rompe una pierna y le pintan la escayola.

Francis Picabia en su estudio

Es una obra plenamente dadaísta: colectiva, fruto del azar, que utiliza las técnicas del collage y el fotomontaje y sobre todo, muy absurda. Basta con leer algunas de las dedicatorias:

Darius Milhaud: Je m'apelle DADA depuis 1892 (Me llamo dadá desde 1892)

Dedicatoria de Darius Milhaud

Jean Cocteau: Couronne de mélancolie (Corona de melancolía; junto a una foto suya en la que se ha colocado unos guantes en la frente)

Dedicatoria de Jean Cocteau

El dadaísta Tristan Tzara: Je me trouve très (Me encuentro muy)
El compositor Francis Poulenc: J'aime la salade (Me gusta la ensalada)

Dedicatorias de Tristan Tzara y Francis Poulenc

La bailarina Isadora Duncan: Isadora aime Picabia de tout son ame (Isadora quiere a Picabia con toda su alma)

Dedicatoria de Isadora Duncan, junto a la firma y foto de Picabia

El compositor Georges Auric: Je n'ai rien à vous dire (No tengo nada que decirle)
El poeta surrealista Jacques Rigaut: Parlez pour moi (Hablad por mí)

Dedicatorias de Georges Auric y Jacques Rigaut

El poeta surrealista Benjamin Peret: J'ai tout perdu et tout perdu est gagné (Lo perdí todo y todo lo perdido está ganado)
La pintora Suzanne Duchamp, hermana de Marcel Duchamp: Quand on me prend au-dépourvu, MOI=Je suis bête (Cuando me pillan desprevenida, Yo = soy tonta)


El pintor cubista Jean Metzinger: J'arrive de la campagne (Vengo del campo).

Dedicatoria de Jean Metzinger

La pianista Renata Borgatti: Les croissants son bons (Los cruasáns son buenos)

Dedicatoria de Renata Borgatti

Su señora Gabrielle Buffet-Picabia: A Francis Picabia qui raconte des histoires de nègre (A Francis Picabia que cuenta las historias de negros; con su foto)

Dedicatoria de Gabrielle Buffet-Picabia

Marcel Duchamp: Pi Qu'habilla Rrose Sélavy (de esta dedicatoria no pongo foto porque está medio borrada y se ve mal). Es un juego de palabras que leído rápido suena igual que Picabia arroser la vie (Picabia brindar por la vida). Además, Rrose Sélavy era el alter ego femenino que se había inventado Duchamp, que a su vez podía leerse como Eros c'est la vie (amor es la vida). A falta de dedicatoria visible, cerramos con una foto de Duchamp como Rrose Sélavy hecha por Man Ray. ¿No eran geniales estos dadaístas?

Man Ray, Marcel Duchamp como Rrose Sélavy (1921)

Para saber más: The Boeuf Chronicles de Daniella Thompson

8 comentarios:

  1. Hola, Marga. Coincidimos la semana pasada en la representación de Sigfried, en el Icària. Nos presentó Lula.

    Había entrado en tu bloc muy de pasada, y ahora que lo hago con tiempo me encuentro con un magnífico apunte sobre el dadaísmo, Picabia, Cocteau y Milhaud. ¡Bravo!

    Tengo una especial predilección por el dadaísmo, pero con Milhaud me has llegado al corazón. Es una cuestión personal, muy ligada a un buen amigo que fue pianista del Conservatorio y del Liceo, un excelente interprete que, por desgracia murio hace unos años.

    Santi, que así se llamaba, nos deleitaba a un grupo de amigos con su piano y nos decubrió la música dadaísta. Desde entonces Milahud i Satie son una referencia musical y el recuerdo constante de Santi.

    Seguro que nos veremos por aquí, y más si publicas apuntes como este.

    Un abrazo.

    Enric

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  2. qué música más bailonga, me encanta!
    y qué bien se lo pasaban las pandillas vanguardistas, quién hubiera pillado una..
    Marga, qué hubieras escrito tú en el cuadro dedicatorio?
    yo: un collage de un calamar con ojo gigante deiciendo KAchisLAMAR (ves cómo te copio?)

    *cuidado con los suizos que se empreñarán como vean que has hecho francés al Honegger
    bss

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  3. kalamar, música "bailonga" y antirromántica: los dadaístas arremetían contra Wagner ;)

    El primer viaje en el tiempo me lo reservo para vivir en París entre finales del siglo XIX y 1939.

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  4. ¡¡Bienvenido Enric!! Me alegro de que te haya gustado, yo disfruté escribiéndolo con esa magnífica banda sonora de Milhaud.
    Satie ME APASIONA. Tengo pendiente una entrada relacionada con él que acabará por caer tarde o temprano.
    Esa época en París debió ser maravillosa. Supongo que en momentos difíciles, la creatividad va en aumento. A ver si la crisis actual nos espabila un poco, que hace falta.

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  5. KALAMAR, esta pieza de Milhaud es una maravilla que pone de buen humor a cualquiera.
    A Picabia le habría escrito un Harte con Hache, que al fin y al cabo es lo que ellos hacían, romper con todo y un poco más.

    * Espero que no se me enfaden los suizos. Pero bueno, no deja de ser medio francés, ¿no? Por mucho que el pasaporte diga lo contrario.

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  6. como veo que a los dos os gusta tanto Satie como a mi, me permito el lujo de mandaros un post antiguo dedicado al músico y a la superpintora S. Valadon:

    http://kalamarlee.blogspot.com.es/2010/10/la-pintora-bohemia-1-i-satie.html

    No me extraña que renegaran de Wagner después de 50 arrolladores años de wagnerismo, qué descanso estas vanguardias!

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  7. Graciasssss... También escribí hace tiempo un post sobre esta chica y le dediqué una clase una vez. Su vida es fascinante.
    Ahora estoy preparando una escapadita a París para el día 15. Quiero celebrar mi cumpleaños cenando en Le boeuf sur le toit (aunque ya no está en el mismo local que antes).

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  8. Vaya tour te espera, esperaremos detalles de los lugares, qué buena época viajar en Junio y felicidades por adelantado, Marga!

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