13 de abril de 2012

A falta de ninfas, buenos son velos

Léon Bakst, Nijinsky en L'après-midi d'un faune (1912)

En 1912, el empresario ruso Sergei Diaghilev estrenó dos ballets inspirados en la antigüedad clásica, ambos con música de compositores franceses contemporáneos: Daphnis et Chloé de Maurice Ravel y L'après-midi d'un faune de Claude Debussy.

El tráfico de influencias a la hora de hacer la programación fue bastante evidente. Mikhail Fokine, su coreógrafo de siempre, se encargó de Daphnis et Chloé, una partitura de más de una hora de duración, que se ensayó muy poco y se representó solo un par de veces al final de la temporada. La perita en dulce de L'après-midi d'un faune, de poco más de diez minutos, era la obra con la que se estrenaba como coreógrafo Vaslav Nijinsky, bailarín estrella de la compañía y amante de Diaghilev, que pudo ensayarla todo lo que quiso y la vio representada muchas más veces durante ese año. La rabieta que se agarró Fokine estaba más que justificada.  ¿Qué era eso de darle tanto bombo a Nijinsky, que nunca había hecho una coreografía, cuando él lo había dado todo por la compañía? A Diaghilev le importaron un pito las quejas de Fokine y éste abandonó los Ballets Rusos ese mismo año, suponemos que dando un sonoro portazo.

Claude Debussy

Mientras que Ravel se esforzó en componer una partitura específica para el ballet que le habían encargado -y que dicho sea de paso acabó siendo una de sus mejores obras orquestales-, la pieza de Debussy era de segunda mano. Se había estrenado en 1894 con el título Prelude à l'après-midi d'un faune (Preludio a la siesta de un fauno) y era una obrita evocadora, de unos diez minutos de duración, inspirada en un poema simbolista de Stéphane Mallarmé, que contaba las fantasías sexuales de un fauno salidorro y que había sido publicado en 1876 con ilustraciones de Édouard Manet, gran amigo del escritor (podéis leerlo en este enlace).

Caricatura de Mallarmé como fauno. Portada de la revista Les hommes d'aujourdhui (1887)
Èdouard Manet, Retrato de Stéphane Mallarmé (1876), Museo d'Orsay, París
Como explicó en su día el propio Debussy, lo que pretendía en esta pieza no era hacer una narración del poema de Mallarmé, sino expresar los sentimientos de un fauno que, en una tarde calurosa de verano, cansado de perseguir ninfas esquivas, se abandona a un sueño embriagador que le permite "la posesión completa de toda la naturaleza" (que es la forma bonita de decir que tuvo un sueño húmedo).

Diaghilev le encargó la escenografía y el vestuario del ballet a Léon Bakst, creador de Schéhérazade, El pájaro de fuego y El espectro de la rosa, de los que ya hemos hablado largo y tendido. Sin lugar a dudas, L'après-midi d'un faune es una de las mejores obras de Bakst, que consiguió hacer una fusión magistral entre bailarines y escenario, creando un todo perfecto en el que los personajes formaban parte de una gigantesca pintura en movimiento.

Léon Bakst, diseño de escenografía para L'après-midi d'un faune (1912)

El debut de Nijinsky como coreógrafo fue todo un éxito, con las dosis suficientes de polémica y escándalo que tanto le gustaban a Diaghilev. El fauno de esta historia está tumbado en una roca, tocando la flauta, cuando aparecen un grupo de ninfas asustadizas. Una de las ninfas se siente atraída por el fauno, baila un rato con él y al marcharse, deja olvidado un velo en el suelo. A falta de ninfa, el fauno, que está muy necesitado de cariño (eufemismo), utiliza el pañuelo para desahogarse (pensad mal y acertaréis).

Nijinsky quería plasmar este carácter primitivo de la historia en su coreografía. Para ello no podía inspirarse en la Grecia clásica, una época demasiado civilizada, así que echó la mirada atrás para buscar unos modelos más adecuados. Y los encontró en las cerámicas griegas arcaicas de figuras negras. Los bailarines imitan continuamente las posturas de estas cerámicas, con la cabeza, pies y piernas de perfil y el torso y los brazos de frente. Los gestos son de carácter geométrico y bidimensional, para resaltar esa idea de cuadro en movimiento que había concebido Bakst. Cien años después de su estreno en el Teatro Châtelet de París, la coreografia de L'après-midi d'un faune nos sigue sorprendiendo con su combinación vanguardista de poses arcaicas y movimientos animales.

Cerámica griega de figuras negras, El jucio de Paris (VI a.C.), Museo del Louvre, París

La caracterización de Nijinsky como fauno era magnífica. Bakst le vistió con unas mallas ceñidas de manchas oscuras, que se extendían también por los brazos desnudos del bailarín imitando la piel de un animal, y le plantó unos cuernos hechos con trenzas y un rabo en el trasero. Los rasgos tártaros de Nijinsky y sus movimientos felinos destacaban aún más el exotismo del personaje.

Nijinsky caracterizado de fauno en L'après-midi d'un faune
Busto de Nijinsky como fauno (aquí podéis apreciar la peluca)

Para los trajes de las ninfas, Bakst se basó en las korai griegas, esculturas femeninas del periodo arcaico, vestidas con túnicas y peinadas con una especie de casquete de largas trenzas.

Kore de Euthydikos (hacia 650 a.C.), Museo de la Acrópolis, Atenas

Léon Bakst, diseño de vestuario para una ninfa (1912)

L'après-midi d'un faune, una ninfa y el fauno (Nijinsky)

Escena de L'apres-midi d'un faune. Vestuario y decorado de Léon Bakst

Lo que hizo correr más ríos de tinta fue el final del ballet: la danza fetichista que se marca el fauno con el velo de la ninfa y los gestos abiertamente sexuales con los que culmina la faena. Uno de los más fervientes defensores de L'après-midi d'un faune fue el escultor Auguste Rodin que escribió las siguientes líneas para un periódico:
"En aquella danza, forma y significado están aunados de un modo indisoluble en su cuerpo. Es el modelo ideal, a quien uno anhela dibujar y esculpir. Nada podría ser más sorprendente que el impulso con el que, en el apogeo, yace boca abajo con el velo perfumado, besándolo y abrazándolo con apasionado abandono."
El anciano Rodin quedó tan fascinado con la interpretación de Nijinsky que le dedicó una escultura.

Nijinsky contemplando el velo de la discordia
Auguste Rodin, Nijinsky como fauno (1912)

Lógicamente, tenemos que acabar con un vídeo del ballet interpretado por Charles Jude y Marie-Claude Pietragalla. La calidad de la imagen y el sonido no es demasiado buena, pero estoy convencida de que la sugerente melodía de Debussy, la hermosa escenografía de Bakst y la hipnótica coreografía de Nijinsky os dejarán pegados a la pantalla los diez minutos que dura. Y no lo olvidéis... aunque parezca mentira, ¡se estrenó en 1912!


Vídeo de guyslan

Para los que se queden con ganas de más, en este enlace tenéis otra versión interpretada por Rudolph Nureyev, que aunque tiene algunos pequeños cortes y se ve peor, es soberbia.

Esta entrada se la dedico a mi amigo Lucas. Se la debía desde su cumpleaños.

4 comentarios:

  1. 100 años de esta maravilla, qué principio de siglo artístico tan exuberante, realmente parece que ya estamos en el final de la era europea, sólo somos un museo.
    No había visto nunca el fauno de Rodin, es la esencia de Nijinski, maravilloso.
    Magnífico post, Marga.
    Te va el ballet contemporáneo, verdad? lo prefiero mil veces más que los pasitos Petipa..
    un beso

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  2. Más que el ballet contemporáneo, que según que obras tampoco me gusta, lo que realmente me fascina desde siempre es el arte de fines del XIX y primera mitad del XX (cualquier tipo de manifestación artísitica). El paso de lo "antiguo" a lo "contemporáneo" me trae loquita.

    Petipa, bien bailado, me gusta también, aunque me parece mucho menos expresivo que otras coreografías más modernas, como las de MacMillan, por ejemplo.

    De ballet no sé gran cosa, sólo cuando se mezcla con el arte, como estos de Diaghilev. Pero estoy trabajando para subsanar esta laguna.

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  3. Es interesante conocer las obra de los ballets clásicos de comositores que se inspiraron
    en la poesía de los célebres poetas como Mallarme, en el pintor Edouard Manet y en escultores como Auguse Rodin.

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  4. excelentes comentarios, como siempre.

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