4 de marzo de 2012

Cámara oculta

En 1948, el fotógrafo francés Robert Doisneau se conchabó con el dueño de la galería Romi, en la rue de Seine de París, para gastar una broma a la gente que pasaba por la calle. Escondieron la cámara de Doisneau en una silla antigua, estratégicamente colocada para captar bien la escena. Colgaron en el escaparate una pintura un tanto indecente de una jovencita en pelotas, con sus alegres posaderas en pompa. Y se sentaron a esperar.

A tenor de las caras retratadas en esta divertida serie, titulada Regard oblique. Le vitrine de Romi (La mirada de soslayo. El escaparate de Romi), nos podemos hacer una idea de las risas que debieron echarse con el experimento.



El matrimonio respetable. Ella comentando lo bien que quedaría ese bodegón de flores en el dormitorio, ¿verdad, cariño? Y el muy pillín pensando que lo que querría llevarse al dormitorio es a esa maciza de medias negras. 


El gendarme preguntándose si debe precintar el local por escándalo público o dejar que los transeúntes sigan disfrutando del agradable espectáculo.


La señora escandalizada que sólo puede decir uyuyuyuyuyuyuy y luego salir corriendo a contárselo a sus amigas.


Al otro lado del escaparate, Romi a la izquierda con Robert Giraud, otro gran amigo de Doisneau.

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