5 de febrero de 2012

Los orígenes del wrestling

Léon Bonnat, La lucha de Jacob y el ángel (1876), colección privada
Buenas noches, señoras y señores, querido público... Bienvenidos a la final del Campeonato Mundial de Lucha Libre. Esta noche se enfrentan en el cuadrilátero dos reyes de la lucha, dos insuperables, incomparables y temibles estrellas del ring: Jacob el Porfiado y el Ángel de las Hostias. Atención señores que comienza la pelea. Jacob le propina una patada en la espinilla al Ángel de las Hostias, que le devuelve un tirón de pelo al más puro estilo maruja en las rebajas. Jacob intenta zafarse, pero el Ángel logra arrancarle un buen mechón de cabello que levanta orgulloso ante las gradas. El público brama enfervorecido, señores. Jacob se acerca furioso con las manos en alto, dispuesto a arañarle los ojos a su adversario, que le frena con una de sus legendarias llaves: el torniquete. Jacob no desiste, se aleja al otro extremo del cuadrilátero, coge carrerilla y... ¡¡¡Aaay, señores, eso ha debido de doler!!! ¡¡¡Una patada voladora directa a la entrepierna!!! Pero no, parece que es falsa alarma, el Ángel de las Hostias se incorpora tranquilamente con una sonrisa en la cara. En el fragor de la lucha, Jacob el Porfiado ha olvidado que los ángeles no tienen sexo. ¡¡¡Qué gran fallo, Jacob!!! El Ángel le agarra la pierna izquierda y le hace un molinillo, lanzándole contra las cuerdas, y de paso le suelta un guantazo a mano abierta de ida y vuelta gritando ¡¡toma ésta y ésta!!. Jacob no cede, confía en su poderosa musculatura, e intenta inmovilizar a su rival con la llave de la mecedora, pero el Ángel, luchador agilísimo, le propina un terrible golpe de karate en el muslo derecho. Jacob cae al suelo, no se mueve, señores, uno, dos, tres, cuatro, cinco... pero atención señores, se levanta del suelo cojeando, Jacob no se rinde, no está dispuesto a rendirse, se dirige al Ángel y...

(... y así, sin parar, hasta la madrugada, momento en que el árbitro declaró empate por aburrimiento.)

Este tema iconográfico se titula en realidad La lucha de Jacob y el ángel. La biblia cuenta que Jacob se pasó una noche enterita luchando con un ángel que le hizo migas el tendón femoral de un golpe en el muslo. Ya de madrugada, el ángel, aburrido de tanta pelea, le bendijo y le cambió el nombre por el de Israel, que significa algo así como "el que no se rinde por muchas leches que le den". Es un tema muy fácil de distinguir en el arte: dos hombres, uno con alas y otro sin ellas, luchando cuerpo a cuerpo.

Empezamos con un par de ejemplos en el que Jacob y el ángel están en claro empate técnico. El primero es una miniatura medieval del siglo XIV, de la biblia de Petrus Comestor. Realmente es admirable los pocos recursos que necesitaba un buen miniaturista para componer una imagen visualmente comprensible. 

Bible Historiale de Petrus Comestor (Francia, 1372)

El segundo es una pintura al fresco de Eugène Delacroix en la que el paisaje tiene tanta importancia como las figuras. Es típico de los artistas románticos "copiar" el colorido intenso de los pintores venecianos del siglo XVI (Tintoretto, Tiziano, Veronés...) Los de la esquina inferior derecha son los rebaños, criados y familia de Jacob (ya explicaremos en otro post cómo logró hacerse rico este señor, que tampoco tiene desperdicio).
 
Eugène Delacroix, La lucha de Jacob y el ángel (1854-1861), Saint-Sulpice, París

Seguimos con un cuadro del pintor simbolista Gustave Moreau. Sus obras se caracterizan por un estilo preciosista y orientalizante muy particular. Las figuras de Moreau suelen ir enjoyadas hasta las cejas (en el caso de Jacob no procede porque es un pastor). El ángel de esta pintura va tan sobradito que se permite luchar con un único brazo.

Gustave Moreau, Jacob y el ángel (1878), Museo Gustave Moreau, París

Gauguin era demasiado original para pintar la escena como el resto. Él coloca en primer plano una serie de mujeres bretonas que acaban de salir de misa, donde han escuchado un sermón sobre este tema (el cura asoma por la esquina inferior derecha y se parece sospechosamente a Gauguin). La lucha de Jacob y el ángel se convierte en una visión mística de estas señoras. Para que sepamos que es algo imaginario, las dos figuras forcejean en un prado de color rojo intenso. El tronco del árbol marca la separación entre lo real y lo irreal.

Paul Gauguin, Visión después del sermón (1888), National Gallery of Scotland, Edimburgo

En este pequeño cuadro de Maurice Denis, que pertenece al grupo simbolista de los nabis, necesitamos el título para entender el tema. El ángel no tiene alas y más que pelear, parece que estén bailando la sardana. Aún así, sigue siendo precioso.

Maurice Denis, Jacob y el ángel (hacia 1893), colección particular

Y acabamos con una impresionante escultura de alabastro del escultor Jacob Epstein. El ángel acaba de golpear a Jacob y sujeta su cuerpo inerte para evitar que caiga al suelo. Es mi escultura favorita de la Tate Gallery (vista al natural es sobrecogedora). Más abajo he puesto una foto del propio Epstein junto a la obra, para que podáis apreciar la monumentalidad de las figuras.

Jacob Epstein, Jacob y el ángel (1940-1941), Tate Gallery, Londres

Jacob Epstein junto a su obra

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